Submarinos Asesinos (WWII)

Submarinos Asesinos (WWII)


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Submarino


A finales de la guerra habían muerto más de treinta mil tripulantes de submarinos, de una fuerza de alrededor de cincuenta y cinco mil, lo que representa una tasa de mortalidad de casi el cincuenta y cinco por ciento. Ninguna fuerza armada de ninguna nación moderna había sufrido tantas bajas y había seguido combatiendo. Los submarinos alemanes sí continuaron luchando. Pero las cosas siguieron empeorando. En los últimos meses de guerra los tripulantes de estas naves tuvieron la peor de las suertes.

Los submarinos alemanes enviados a combatir en 1945 tenían apenas el cincuenta por ciento de probabilidades de regresar. La esperanza de vida de un tripulante en ese período era de sesenta días. Los que tenían como destino las aguas estadounidenses o canadienses casi nunca volvían.

Según la mayoría de los testimonios, al final del conflicto los hombres de los submarinos alemanes no sólo habían combatido en las últimas horas de la Segunda Guerra Mundial, sino que lo habían hecho con nobleza y valentía, sabiendo que las probabilidades de sobrevivir eran muy escasas. Los Aliados esperaban motines a bordo de estas naves condenadas. Pero eso jamás ocurrió. Suponían que se rendirían. Tampoco sucedió nada parecido. En enero de 1945, mientras los Aliados perseguían y hundían submarinos alemanes con una regularidad inflexible, Churchill convocó a los principales comandantes y les advirtió del «espíritu mucho más ofensivo» que exhibían los submarinos de Alemania. Esa era la idea —el hecho de que sus tripulantes hacían algo más que sólo tratar de sobrevivir—

En octubre de 1940, en la cumbre de lo que los marineros alemanes llamaban la «época feliz», hundieron sesenta y seis barcos y perdieron un solo submarino. Tuvieron una segunda época feliz a principios de 1942, con la operación Toque de Tambor, un ataque inesperado a los buques norteamericanos cerca de la Costa Este de Estados Unidos. Durante esa ofensiva, los submarinos se acercaron tanto a la costa americana que los tripulantes sentían el olor de los bosques, veían cómo los automóviles aparcaban frente a las casas y sintonizaban emisoras de radio que emitían el jazz que tanto les gustaba a muchos de ellos. Las primeras semanas de la operación Toque de Tambor fueron una matanza constante, en la que los alemanes torpedearon a muchos buques desprotegidos. En todas las playas del litoral oriental el mar traía pedazos de cadáveres, manchas de petróleo y restos de embarcaciones. Cinco meses después, unos pocos submarinos alemanes habían hundido casi seiscientos barcos en aguas estadounidenses a un costo de apenas seis embarcaciones propias, la peor derrota jamás sufrida por la Armada de Estados Unidos. En Alemania los submarinos regresaban a los muelles donde los aguardaba un recibimiento con bandas, flores y damas hermosas. Churchill escribió: «Lo único que realmente me asustó durante la guerra fue el peligro de los submarinos alemanes». Ya no era seguro ser Goliat en un mundo en el que David podía tornarse invisible.


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Pero los estadounidenses pronto dejaron de ser vulnerables. La Armada comenzó a organizar convoyes, una vieja estrategia marítima en la que unos buques escolta armados protegían grupos de barcos que navegaban juntos. A partir de ese momento, si un submarino alemán atacaba un buque aliado, las escoltas podrían ubicarlo, perseguirlo y hundirlo. Cuando los convoyes fueron más numerosos, los hundimientos a manos de submarinos alemanes se redujeron casi a cero.

Mientras tanto se sumaron a la guerra científicos procedentes de laboratorios y universidades de Estados Unidos. Una de las armas más potentes que aportaron fue el radar. Incluso en una oscuridad total, o en medio de una tormenta violenta, los aviones y barcos equipados con radares podían detectar un submarino que estuviera en la superficie a grandes distancias. Hasta entonces los submarinos gozaban del lujo de navegar la mayor parte del tiempo en la superficie


Aliados

Salida a la mar del U 47, uno de los 22 submarinos “de altamar” con que contaba Alemania al comienzo de la segunda guerra mundial


U-Boat

El U-552 de Erich Topp, el famoso «Diablo Rojo», abandona St. Nazaire para realizar una patrulla de guerra. Topp hundió 34 barcos que sumaban un total de 185 434 toneladas, lo que le convirtió en el quinto capitán más brillante de la guerra


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Otto Schuhart (U 29) hundió el portaaviones Courageous (22.500 toneladas) el 17 de septiembre de 1939. Fue el primer gran éxito del arma submarina alemana


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En la llamada «época feliz», hundieron sesenta y seis barcos y perdieron un solo


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Submarino


donde podían ir a una velocidad considerablemente mayor que debajo del agua. Pero de pronto se vieron atacados por aviones Aliados que parecían salir de la nada, como por arte de magia. Karl pónitz, comandante en jefe de la flota de submarinos, tardó en darse cuenta de la amenaza que representaba el radar. Sus submarinos seguían cayendo. Incluso cuando Alemania por fin se percató de la gravedad de la situación, los submarinos no podían hacer mucho |flás que sumergirse y permanecer bajo el agua, lo que los protegía ¿el radar pero los volvía demasiado lentos para perseguir o esquivar a los enemigos.

El ambiente subacuático tenía sus propios peligros. Un buque aliado que sospechara que había un submarino sumergido en las Cercanías, podía valerse del sonar —la transmisión de ondas sonoras— para olfatearlo. Cuando el sonar captaba la forma metálica del submarino, éste quedaba marcado para morir: no podía escapar del enemigo si estaba sumergido, y era presa fácil si optaba por falir a la superficie y combatir con sus armas. Los submarinos utilizaban la radio para comunicarse con sus cuarteles en Alemania. Los cerebros aliados se aprovecharon de esa desventaja. Desarrollaron un sistema de detección de comunicaciones por radio conocido como «Huff-Duff» (por las siglas HF/DF, fyigh-frequency direction finding: detección de dirección de alta frecuencia), que permitía a los buques aliados que estaban navegando «bicar la posición de los submarinos alemanes. A partir de ese momento, un submarino que usara la radio —aunque sólo fuera para Informar del tiempo— estaba prácticamente anunciando su ubicación al enemigo. Los Aliados enseguida despachaban grupos de perseguidores contra esos submarinos.

Pero tal vez la innovación más letal de los Aliados fue el desciframiento de códigos. Desde comienzos de la guerra, los militares alemanes criptografiaban sus comunicaciones a través de una máquina que se llamaba Enigma. Era un implemento cuadrado, similar a una máquina de escribir, que podía generar millones de combinaciones de caracteres, y el Alto Mando alemán lo consideraba invencible, el código más indescifrable jamás creado. Los descodifi-cadores aliados estimaban que las probabilidades de que una persoga derrotara al sistema Enigma sin conocer el código eran de una contra ciento cincuenta billones. De todas maneras, lo intentaron. Valiéndose de los años de experiencia pionera de los criptoanalistas polacos, y con la ayuda de una máquina Enigma y documentos en clave capturados a los alemanes, varios equipos de criptógrafos, matemáticos, egiptólogos, científicos, expertos en crucigramas, lingüistas y campeones de ajedrez pasaron varios meses atacando a Enigma, y hasta llegaron a construir la primera computadora pro-gramable del mundo con este fin. La tensión y la presión mental eran abrumadoras. Pero siguieron adelante. Meses más tarde, con la información obtenida por espías, consiguieron resolver el código, uno de los grandes logros intelectuales del siglo xx. A finales de 1943 los Aliados descifraban mensajes de Enigma y enviaban grupos de destructores a la posición de submarinos alemanes, que no los esperaban. Dónitz sospechaba que algo de Enigma no funcionaba, pero los expertos no dejaban de asegurarle que el sistema era invencible. Los Aliados seguían leyendo la correspondencia alemana. Los submarinos seguían cayendo.


link: http://www.youtube.com/watch?v=2vQ8uWHo4uw


En la primavera de 1943 la tecnología aliada ya había rodeado a los submarinos y no había dejado ningún área de peligro en el océano. En mayo de aquel año las fuerzas aliadas destruyeron cuarenta y un submarinos alemanes, un desastre que luego se conoció como «mayo negro» y que Dónitz describió como «inimaginable, ni en mis peores pesadillas». La época feliz había dado paso a la Saure-gurkenzeit, o época del pepinillo agrio. Los cazadores del inicio de la guerra se habían convertido en presa.

A principios de 1945 las posibilidades de que un submarino alemán infligiera algún daño, o incluso de que sobreviviera, se habían reducido de una manera drástica. Ya no estaban los oficiales de élite de antes, escogidos con mucho cuidado, que habían amenazado con dominar el mundo. Habían sido reemplazados por tripulantes más jóvenes. Los bombardeos aliados devastaban las ciudades alemanas. Francia se había perdido. El Ejército ruso había entrado en territorio alemán. A bordo de un submarino, rodeados de asesinos que tal vez conocieran todos sus movimientos por anticipado, los tripulantes ni siquiera podían soñar con volver vivos a su casa. Alemania estaba cayendo.


La Mejor película de submarinos hasta la fecha
DAS BOOT, EL SUBMARINO
De Wolfgang Petersen

Dirección: Wolfgang Petersen
Producción: Günter Rohrbach
Guión: Wolfgang Petersen; basado en la novela homónima de Lothar-Günther Buchheim
Música: Klaus Doldinger
Fotografía: Jost Vacano
Reparto: Jürgen Prochnow, Herbert Grönemeyer
País: Alemania Occidental
Año: 1981
Género: Bélica
Duración: 293 minutos


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- Das Boot (El submarino enalemán) es un largometraje dirigido por Wolfgang Petersen y adaptado de la novela homónima de Lothar-Günther Buchheim. Hans-Joachim Krug, ex primer oficial del U-219, fue consultor de la película; también se desempeñó como consultor Heinrich Lehmann-Willenbrock, uno de los capitanes del verdadero U-96.

- El largometraje entrega un mensaje antibelicista. Uno de las objetivos establecidos por Petersen era guiar a los espectadores a través de un «viaje a la locura», mostrándoles «en qué consiste la guerra». Petersen aumentó el suspenso al mostrar en contadas ocasiones tomas externas del submarino, excepto cuando estaba en la superficie, y se valió de sonidos para indicar el desarrollo de eventos en el exterior de la nave, mostrando así al público sólo lo que la tripulación podía ver. El largometraje original de 1981 costó 25 millones de marcos (40 millones de dólares en 1997), lo que implicó que fuera el largometraje más caro en la historia del cine alemán. La meticulosa atención que prestó el director a los detalles permitió que lograra el largometraje de submarinos más realista —y una de las películas de guerra más exactas en el relato histórico— vistas hasta ahora.



Fuente: http://www.jetcero.com/newfile_25.htm


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6 comentarios - Submarinos Asesinos (WWII)

@VeryBadGirl
Muy buena info! Todos los dias aprendo algo nuevo.
@Locoboy
impresionante, la verdad que tenían unos huevos bárbaros para combatir de esa manera y en esas condiciones, más cuando llegó un momento que tenían todas las de perder

Muy buen post

Muchas gracias por compartir