Sentado bajo un árbol, con el pesamiento floreciendo, con las dudas madurando y con la fé muriendo, traté de hablar con dios para obtener algunas respuestas. Siempre me habían dicho que era poderoso, omnipotente, omnipresente, omnisiente, vaya un dios. La sombra tan fresca no tapaba mis ideas, el sol sofocante no confundía mis pensamientos, la altura de la colina no encajaba el miedo en mi razón, no tenía los síntomas de la enfermedad, no tenía pensamientos de religión. El viento soplaba fuerte, pero aún mis dudas permanecían y fue entonces cuando traté de hablar con dios.

- Dios, me han dicho que existes, y que escuchas, y que nada es imposible para ti, quisiera saber ¿Por qué no te podemos ver?
Esperé algunas horas y no tuve respuesta. Tal vez fue una pregunta tonta y dios no responde preguntas tontas.


- Jehová, dicen que tu eres amor, muy bien mi pregunta es: Yo no nací con amor, no sabía que era el amor, tuve que crecer y que la gente me enseñara cual era el amor, después descubrí que el amor no es como me dice la gente, la gente dice que por amor se casan, pero también se divorcian, ¿El amor se acaba?, Si tu eres amor ¿te acabas también?, ¿La gente me tiene que decir que eres dios, porque yo no nací sabiéndolo?

Espere otras horas más, y no tuve respuesta, el calor se hizo más fuerte y pensé que dios se estaba enojando por mis preguntas tontas, así que pase a hacer preguntas más amables, ya que también me enseñaron que dios es un dios de furia y enojo, y “horrenda cosa es caer en manos de un dios vivo”, que miedo, no quiero hacerlo enojar.

- Diosito, no te voy a preguntar por las cosas malas que pasan en el mundo ni en mi vida, dicen que tu permites que se hagan por que nos quieres dar una lección y como eres el padre de todos todo lo haces por amor. Mi pregunta es o gran señor de la furia: Mi mamá me pegaba de niño para que aprendiere que las cosas malas tienen castigo, y mi mamá me hacía un pastel de cumpleaños para mi fiesta, también me cuidaba cuando enfermaba y cuando fui grande ella estuvo en mi boda y amó a mis hijos. Tu nos castigas si hacemos cosas malas y nos premias por cosas buenas, pero ¿Por qué hay que pedírtelas?, a mi madre nunca le pedía nada, ella siempre estuvo ahí conmigo, nunca me pidió algún sacrificio, nunca me pidió dinero, nunca me pidió que los domingos estuviera de rodillas adorándola, nunca me daba discursos amenazantes con el fin del mundo, nunca me dijo que me iría al infierno, nunca le pedí y siempre me dio ¿Tu diosito, porque pides tanto, si eres el padre de todos por qué no te comportas como tal?

Esperaba que mi vida fuera a terminar en ese instante, tanta irreverencia tenía que pagarse con la muerte, una inquisición personal, sin jueces, sólo el ejecutor y yo, una muerte súbita. Pasaron horas y mi castigo y respuesta no llegaron. Suspiré de alivio bajo el árbol mientras el sol moría bajo las montañas y el calor desaparecía con él, dando lugar a una callada y hermosa noche donde las estrellas iluminaban mis ideas y el infinito del cielo impulsaba mis más profundos pensamientos.
Después de varios horas me sentí molesto con dios por no contestarme, por ni siquiera matarme, así que pensé: Si no me contesta por las buenas, pues me contestará por las malas.

- Ok, amigo, no me contestas, está bién, imagino que debo de hacer cita para hablar contigo. Sólo tengo una última pregunta: ¿Por que estoy aquí como tonto haciendo preguntas a algo que no me contesta?, ¿Por qué tuve que creer todo lo que me decían de tí?, ¿Por que debo de tenerte miedo y agradecimiento?, ¿Por qué tengo que creer que tú me das la vida?, ¿Por qué dicen que eres amor?, ¿Por qué creas y matas?, ¿Por qué te enojas y alegras?, ¿Por qué también te arrepientes?, ¿Por qué mientes? ¿Por qué pareces más humano que dios?.

No esperaba respuesta, ya que estaba convencido que dios no respondería. No existía más para mí. Su ausencia fue su tumba. La noche fue mi cunero. Había nacido un nuevo pensamiento en mí, todas las preguntas fueron respondidas por el silencio. La lluvia comenzó a caer, era fresca y pura. Si creyera en dios pensaría que el estaba ahí, en todo lo que veía, pero como había ido a su funeral unos momentos antes comprendía que eso que veía se llama VIDA. Hermosa y maravillosa vida, que nos da la oportunidad de sentir, de oler, de ver. En la que no somos obligados a nada, podemos recorrer el mundo sin castigo, somos premiados desde el día que nacemos, se nos premia con la vida. La vida no me exige ir a un lugar a dar mi dinero, ni a prohibirme de hacer cosas que quiero para no hacer enojar a alguien, la vida solo me pide una cosa: que me cuide, que cuide la vida.

Nací con la respuesta a todas las preguntas y siempre se me dijo que la olvidara. La raspuesta es: EXISTO Y DIOS NO.