De sus hijos

En una oportunidad el gerente general de una empresa comunicó a sus empleados: "Los despidos continuarán hasta que mejore el espíritu del equipo de trabajo".

Es muy sencillo comprender lo absurdo de esta declaración. Un poco más difícil es entender lo que está funcionando mal cuando un padre o una madre le grita a su hijo: "¿Por qué es que no me respetas?"

La investigación ha demostrado que, al igual que los adultos, los niños respetan a quienes los tratan con consideración. Incluso cuando se hace necesario castigar con una medida disciplinaria, ésta puede ser aplicada con respeto.

No hay necesidad de humillar al niño, o de abusar del poder porque ha cometido una falta. Respetándolo se le puede decir: "esta es la medida disciplinaria que tengo que aplicar por tu bien" o, "esta es la consecuencia de tu acción".

Cuando el niño está acostumbrado a ser habitualmente tratado con consideración, él o ella aprenderán cómo respetar a los demás y de qué manera devolver el respeto a sus padres. Debemos tener presente que el respeto es algo que nos tenemos que ganar, no es una actitud que le podemos exigir a los demás.

La consideración se extiende a todos los aspectos de la vida del niño, como puede ser no abrir su correspondencia, o golpear la puerta antes de entrar a su habitación, no escuchar las conversaciones telefónicas con sus amigos, etc.

El niño que es tratado con consideración tiene una buena autoestima que le ayuda a actuar positivamente en todas las áreas de su vida. Y, lo que es aún más importante, le permitirá comprender y apreciar lo que es el respeto de modo que, a su vez, estará en condiciones de brindarlo.

De cualquier gil

El respeto que tengan los miembros de un equipo por su superior es una de las claves que determinen si se trata de un auténtico líder. Este valor corresponde a una característica intrínseca al liderazgo y, si bien es fundamental para el buen curso de una organización, es algo que no se puede comprar, sino que hay que trabajar mucho para ganárselo. Una de las cuestiones principales que se deben tener en cuenta es que para infundir respeto un superior debe, por encima de todo, respetar a las personas a las que dirige. Si esto no se produce será imposible que se dé en el sentido contrario. La persona que dirige un grupo tiene varias formas de detectar si cuenta con el respeto de su equipo. Javier Fernández Aguado, presidente de la consultora especializada en servicios de alta dirección Mindvalue, destaca entre ellas el interés que tiene la gente por consultarle las cosas, no por miedo, sino porque creen que tiene algo que aportar y confían en su criterio.
¿Cómo se gana el respeto de aquellos a quienes se dirige? 'En primer lugar, con profesionalidad -declara Fernández Aguado-, es imprescindible que el líder cuente con habilidades directivas; además, debe saber repartir medallas y tener empatía con su gente'.
Profesional humano
Un buen líder debe contar con habilidades que proporcionen confianza a su equipo. La profesionalidad es clave. Sin embargo, no se puede olvidar de que en el trato con personas son igualmente importantes unas habilidades humanas y una serie de valores que potencien la motivación del grupo de trabajo. Valentín Martínez-Otero, doctor en Psicología y Pedagogía, afirma que son importantes las orientaciones humanas y productivas. 'Éstas favorecen la implicación de todos. El líder que las usa se interesa por los problemas, necesidades y aspiraciones de los trabajadores y tiene expectativas realistas y positivas sobre el rendimiento. Su gestión, en definitiva, se basa en la racionalidad y en los procedimientos parlamentarios y consultivos', declara.
Uno de los problemas que pueden surgir en la relación entre un directivo y sus empleados es que no se encuentre el equilibrio entre la distancia que debe haber entre ellos. Una cercanía o una distancia excesiva pueden resultar igual de peligrosas. 'Demasiada cercanía puede ser invasiva y la larga distancia entre superior y subordinado puede romper la cadena comunicativa, convirtiendo a los empleados en eslabones inoperantes', declara Martínez-Otero.
En este sentido, según el experto, las relaciones laborales requieren una distancia interpersonal óptima, variable según las situaciones y atenta a la necesidad de inclusión de los trabajadores en la empresa, así como respetuosa de su autonomía.
Saber escuchar
El líder también tiene mucho que aprender de su equipo, o eso es lo que debería pensar un buen dirigente. 'Escuchar es esencial. Quien mejor conoce un negocio es precisamente quien está cerca de las trincheras', señala Javier Fernández Aguado.
Por su parte, el doctor en Psicología asegura que el líder ha de ser abierto y sensible, receptivo a las necesidades institucionales, personales y sociales.
A los trabajadores hay que hacerles partícipes y orientarles para encontrar una motivación en sus quehaceres profesionales; de esta manera, la relación entre un superior y sus subordinados será positiva y más productiva
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