Calendarios de culturas antiguas

Edad de piedra


Durante miles de años, el esfuerzo por medir el tiempo y crear un calendario factible ha sido una de las grandes luchas de la humanidad, un enigma para los astrónomos, matemáticos, sacerdotes, reyes y todos los que han necesitado contar los días que faltan para la siguiente cosecha, calcular cuándo hay que pagar los impuestos, o determinar el momento exacto de realizar un sacrificio para calmar a un Dios colérico. El empeño por organizar y controlar el tiempo sigue siendo constante hoy día.

Hace 11000 años, cerca de lo que hoy es el pueblo de Le Placard una criatura ya observaba el cielo. Durante varias noches, este astrónomo y cronógrafo de la Edad de Piedra había estado viendo salir y ponerse la Luna. Se dio cuenta de que se movía en una serie de fases previsibles y de que podía contar las noches entre los momentos en que estaba llena, semillena y completamente oscura. Era una información útil para una tribu o un clan que quisiera utilizar aquella luz plateada para cocinar y cazar, o para calcular acontecimientos como el número de lunas llenas que había entre la primera brisa del invierno y la llegada de la primavera. Incluso hoy en día se emplea dicha información para señalar celebraciones claves y ceremonias religiosas, como por ejemplo, el día de Pascua: primer domingo después de la primer luna llena después del equinoccio de primavera.

El hombre de Le Placard grabó grupos de líneas (muescas) en un hueso de águila.Los grupos contenían siete muescas cada uno, lo cual es una aproximación al paso de la luna nueva al cuarto creciente, a la luna llena, al cuarto menguante y otra vez a la luna nueva y los arqueólogos lo encontraron 11.000 años después en una excavación.

Calendarios de culturas antiguas



¿Fue éste uno de los primeros calendarios?


Los más escépticos dicen que las marcas en este y otros huesos no tienen nada que ver con calendarios sino que son dibujos o incluso trazos al azar, garabatos de la Edad de Piedra o las marcas dejadas por antiguos cazadores al afilar sus cuchillos. Sin embargo, a través de los años, los arqueólogos siguen encontrando los mismos dibujos o parecidos en piedras y huesos de distintos lugares situados en África y Europa.

Un hueso de la Dordoña que data de hace 30000 años está cubierto de incisiones circulares que parecen representar el curso de la luna durante dos meses y medio. Otra imagen famosa, la Venus de Laussel, de 27000 años de antigüedad, muestra lo que parece una mujer embarazada sujetando un cuerno con trece muescas. ¿Representa una tosca aproximación del año lunar? Si es así, entonces ¿cómo se utilizaba esta información? Puede que nunca lo sepamos pero es claro que nuestro calendario y el suyo tienen una conexión. Ambos representan esfuerzos conscientes de organizar el tiempo midiéndolo y poniéndolo por escrito. Y ambos se sirven de fenómenos astronómicos como si fueran puntos de referencia.

Casi todas las culturas antiguas adoraban la luna. Los antiguos egipcios llamaban Jonsu a su divinidad lunar, los sumerios Nanna. Las diosas lunares griegas y romanas tenían tres caras: cuando no se veía era Hécate, en cuarto creciente era Artemis (para los griegos) o Diana (para los romanos), y cuando estaba llena era Selene. En la actualidad, los san de África, los esquimales y los musulmanes también adoran la luna, celebrando fiestas, danzas y rituales solemnes cuando es nueva.

La luna fue una de las muchas pistas naturales utilizadas por los pueblos antiguos para medir el tiempo y predecir acontecimientos como el invierno, las lluvias estacionales y las cosechas.

En Siberia, los Ostiakos todavía basan su calendario en ciclos naturales incorporándo los meses con nombres como Mes del Desove, Mes de los Patos que se van y Mes del Viento. Del mismo modo, los Natchez del bajo Misisipí tenían el Mes del Ciervo, el Mes del Maiz y el Mes del Oso.

La confianza que las culturas antiguas tenían en la luna originó un serio error, mucho peor que el defecto que irritaría a Roger Bacon varios milenios después. Bacon sólo tendría que preocuparse por los 11 minutos de adelanto de su calendario. Los antiguos griegos y otros que confiaban su suerte a la luna tenían calendarios que adelantaban casi 11 días, un desajuste que en pocos años lleva a alterar las estaciones y a dar la vuelta a los solsticios de verano e invierno en sólo 16 años. Situación inaceptable para cualquiera que utilizara ese calendario como guía para sembrar y cosechar, o para saber la estación idónea para pescar, construir casas o rendir culto a los dioses.

El problema está en el tiempo que tarda la luna en pasar por sus fases mientras da la vuelta alrededor de la Tierra. No es un número apto para dividirlo en un año de aproximadamente 365 días y cuarto. De hecho, un mes lunar exacto dura unos 29,5306 días, según los instrumentos modernos, lo que, multiplicado por doce meses, da un año lunar de 354,3672 días. Compárese con el año solar correcto de 365,242199 días y se apreciará la frustración de los astrónomos a lo largo de los siglos al tratar de relacionar el sol y la luna.



Cultura maya


Otra cultura antigua que dio origen al calendario y a uno muy complicado por cierto, fue la cultura Maya. Con propósitos tanto prácticos (por ej., para determinar el tiempo de plantar el maíz) cuanto esotéricos (como la adivinación astrológica), en este sistema calendárico se llevaban registros de una serie de ciclos recurrentes de tiempo, que se basaban en los movimientos de las deidades celestes (el Sol, la Luna y el planeta Venus, entre las más prominentes).

Los tres cómputos cíclicos más comunes usados por los antiguos mayas: el almanaque sagrado de 260 días, el año común de 365 días y la rueda calendárica de 52 años, son conceptos muy antiguos que compartían los pueblos de Mesoamérica.

El almanaque sagrado de 260 días, determinaba la pauta de la vida ceremonial de los mayas y constituía la base para las profecías. El hecho de que este período se asemeje al de la gestación humana puede explicar la importancia de este número de días, pero los especialistas aún no se ponen de acuerdo con el origen del almanaque de 260 días ni con el significado de su duración. Tal vez significativamente, las fechas de nacimiento se registraban en él y el Dios patrono del día particular del nacimiento de una persona entraba en estrecha relación con el destino de esa persona. Entre los mayas cakchiqueles de las tierras altas de Guatemala, donde todavía se usa el almanaque de 260 días, los padres ponen a sus hijos el nombre de sus fechas de nacimiento.

Este almanaque sagrado no se dividía en meses sino que era una sola sucesión de 260 días, cada uno de los cuales se designaba poniendo como prefijo uno de los números del 1 al 13 antes de uno de los 20 nombres de los días mayas.

A continuación presentamos esos nombres en maya yucateco:


AKBAL LAMAT BEN ETZNAB
KAN MULUC IX CAUAC
CHICCHÁN OC MEN AHAU
CIMI CHUEN CIB IMIX
MANIK EB CABÁN IK



Debido al hecho de que cada nombre de día llevaba un número del 1 al 13 como prefijo, el calendario empezaba así: 1Akbal, 2Kan, 3Chicchán, 4Cimí, etc. El decimocuarto nombre de día, Cib, en este punto llevaba nuevamente el número 1 que Akbal había llevado la primera vez, luego venía 2Cabán , y así hasta 7Ik. Después de 7Ik venía 8Akbal por segunda vez a través de esta secuencia de nombres de días. Sólo cuando cada uno de los 13 números (Rueda B de la figura) se hubiera agregado a cada cual de los 20 nombres de día (Rueda A de la figura), quedaba completo un ciclo del almanaque, y como 13 y 20 no tienen denominador común, habían de transcurrir 260 días antes de que volviera 1Akbal y comenzara un nuevo ciclo de 260 días.


Mayas



La combinación de los números del 1 al 13 con los nombres de los 20 días queda representada por la concordancia de las ruedas A y B.
El año común de 365 días, estaba compuesto de 19 períodos (meses): 18 períodos (uinales) de 20 días cada uno, y uno terminal, llamado Uayeb, de cinco días.



los 19 períodos de este calendario con sus correspondientes jeroglifos.
Calendario



La mayoría de los pueblos ha comprendido la necesidad de tener un punto fijo a partir del cual se puedan llevar sus registros cronológicos para dar a cada día, a lo largo de todo un periodo de tiempo, una designación única. La cronología más conocida del primer tipo es nuestro actual calendario (gregoriano), que empieza con el nacimiento de Cristo. Los griegos contaban el tiempo por periodos de cuatro años, llamados Olimpíadas, comenzando con la fecha de los primeros juegos olímpicos que en nuestro calendario fue un día del año 776 a. C. El calendario judío parte de una fecha de la creación correspondiente a 3761 a. C.

Los mayas generaron dicho registro y los arqueólogos lo llamaron CuentaLarga. Ellos creyeron que el mundo había llegado a su fin, y había sido creado nuevamente, al término de cada gran ciclo de 13 baktunes, un período de aproximadamente 5128 años solares, y llevaron la cronología de su mundo actual a partir de un punto fijo correspondiente al fin del gran ciclo precedente. La fecha inicial del gran ciclo actual, 13.0.0.0.0 / 4 Ahau 8 Cumkú (correspondiente a un día de 3114 a. C.), se refiere, evidentemente, a la creación del mundo actual en la cronología maya, pero puede representar algún otro hecho importante del pasado. De acuerdo con la correlación calendárica generalmente aceptada, el gran ciclo actual – y nuestro mundo actual – terminarán el 21 de diciembre de 2012.


Unos videos sobre las profecias mayas!


link: http://www.videos-star.com/watch.php?video=Op4hvWZMxSc&feature=related



link: http://www.videos-star.com/watch.php?video=JB7OWy6fKHk&feature=related


Fuente: http://www.fcaglp.unlp.edu.ar/extension/preguntas/calendarios2.html

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