las mujeres actuales buscan hombres que posean un equilibrio entre sus cualidades masculinas y femeninas. Es significativo de esto que el término «machismo» se haya divulgado últimamente como definición de rechazo hacia un hombre de una masculinidad extrema, dominador, brutal, autoritario, seguro de su superioridad sobre el sexo «débil».

Dos grandes tendencias, que si se las examina bien tienen algo en común, existen en la actualidad: ambas rechazan el dualismo en el plano afectivo. Una está representada por la homosexualidad, que procura a aquellos que la practican una mayor comprensión, una comunión en la identidad y en la anulación de las luchas psíquicas de los opuestos masculino y femenino.

La otra, por las parejas heterosexuales que buscan la armonía y la complementariedad masculino/femenino de cada ser, lo que desgraciadamente no se consigue sin luchas ni conflictos.

Las cualidades mentales y sociales


Nuestra época es la de la comunicación. La era de Acuario, en la que hemos entrado, se halla bajo el signo de las relaciones de grupos, de la fraternidad planetaria; esta era está regida por Urano, planeta de las mutaciones y de los descubrimientos, lo que lleva la acción espiritual a lo social, espiritualizando la materia.Tras nosotros dejamos la era de Piscis, dualista y maniquea, que se ha caracterizado por las luchas ideológicas, por una jerarquización de la autoridad y por la rígida separación entre lo ideal y lo real, entre el placer y el trabajo.

Lo que las mujeres buscan en el hombre es un ser que tenga miras elevadas, que sea creativo, libre, capaz de ser fuerte y suave, espontáneo y receptivo a lo que ocurre a su alrededor, y, al mismo tiempo, estable en su carácter y sus ideas, abierto al mundo, que se sienta cómodo en la sociedad, que sea profundo en su sentido de la amistad.

En el plano social, lo que fascina a las mujeres es pues un hombre que no sea demasiado extravertido (y superficial) ni demasiado introvertido (replegado sobre sí mismo), sino que presente un equilibrio; es decir, que tenga muchos amigos pero que apreciará sin embargo un retiro amoroso y creativo.

En el plano intelectual las mujeres prefieren a alguien que no sea sectario ni dogmático, siempre entusiasta de las ideas nuevas, capaz de renovarse, en búsqueda permanente, y que sin embargo muestre cierta coherencia en su forma de ver la vida y se apoye en valores estables y elevados.

En el plano de la personalidad las mujeres soportaran mal a alguien que no sea autónomo, pues ellas ya han conquistado su propia autonomía. Ahora bien, la educación actual ha sido desastrosa para los muchachos al hacerlos depender de la parte maternal y al haberlos privado del conocimiento de todo lo que buscan las mujeres: a saber, un hombre que pueda prescindir de una mujer para vivir; es decir, capaz de asumir su propia vida en todos los aspectos. Lo que implica nociones de limpieza, cocina, hogar, etc.

En la generación anterior hubo numerosas parejas divorciadas y, por ello, un gran número de muchachos educados sólo por la madre. Por extraño que parezca, si estos muchachos llegaron a adultos comprendiendo mejor la psicología femenina, son por el contrario totalmente incapaces de asumirse, sea en el plano social y financiero como en el hogareño. La madre solitaria tuvo el impulso de empollarlos, haciendo todo por ellos y poniéndolos en un capullo de protección ociosa.

El aprendizaje del hombre respecto de la casa y de los hijos es pues asumido por la mujer, lo que crea roces y choques violentos en los hogares, que necesitan uno o dos años para estabilizarse más o menos correctamente. Parece que ese estadio ha sido prácticamente superado en EE.UU. y en los países nórdicos;en Europa y América Latina, aún estamos inmersos en el problema.Hay que esperar que esta generación, que debió hacer tantos esfuerzos para readaptar la vida de la pareja en el sentido de compartir las tareas financieras y las familiares, sepa dar a sus hijos una educación más equilibrada en este sentido.

La idea de que existía algo así como una diferencia «jerárquica» entre los sexos, inculcada mecánica y casi inconscientemente desde la más tierna infancia, y transmitida de generación en generación en el curso de los últimos siglos, ha causado grandes males a la Humanidad en su conjunto: es necesario hacer algo para que no siga perpetuándose. No hay que impedirle sistemáticamente a la niña que afronte la vida social y hacerle comprender al niño que el hogar, el planchado y la costura no son trabajos de "mujercita" solamente. Al contrario, aparece como primordial para el desarrollo armonioso de personas autónomas del mañana que demos a las niñas la misma libertad de movimiento que a los niños, entregándoles a unos y otras toda la información necesaria para que cuiden de su propia protección e integrándoles, desde la infancia y con iguales derechos, a las tareas cotidianas.

Esta evolución, que tiende hacia la armonización de ambos sexos y a su integración por partes iguales en todos los campos y necesidades de la vida, ya no puede ser contrarrestada. Debemos comprender pues su enorme poder equilibrador: se trata de la mejor posibilidad que tenemos de lograr una vida de pareja mucho más rica.

En efecto, es muy conveniente que el hombre (y la mujer) pueda tener una amiga y confidente por esposa, tanto como intercambiar con ella ideas de todo tipo, intelectuales, sociales e íntimas.

Así, sólo depende de nosotros hacer el esfuerzo de dar el paso y de no perpetuar en nuestros hijos los esquemas tradicionales que nos han deformado psíquicamente.

Las cualidades físicas y psíquicas


Las cualidades físicas más apreciadas por las mujeres reflejan las cualidades psíquicas que vamos a enumerar.

En el plano psíquico, la mujer busca en el hombre a un amigo y a un confidente, alguien sentimentalmente profundo y capaz de una relación duradera, y que al mismo tiempo exprese originalidad y fantasía. A la mujer no le gusta que la consideren como madre, que se la adule como una diosa ni que la traten como un objeto.

A menudo coexisten las tres instancias: nos gustaría que la mujer fuera una diosa-madre pero la confrontación de la vida real malogra la idealización y, por frustración y cólera, la tratamos como un objeto. A todo ser equilibrado le gusta que lo tomen como lo que es: alguien que participa tanto de la grandeza como de la flaqueza.

En general, la mujer se siente contrariada por la grosería; es decir, una visión que ponga de relieve el lado más bajo de los seres y las cosas es considerada por ella como corrosiva y negativa.

Tampoco le gusta la sensibilidad enfermiza, la afectividad tortuosa y los delirios afectivos de ningún tipo. Por el contrario, busca un psiquismo más claro y más sereno, que permita encarar la vida con alegría y entusiasmo.

También huye la mujer de los hombres para quienes todo se convierte en un problema, el menor incidente en una catástrofe que los pone fuera de ellos mismos y cuya responsabilidad achacan invariablemente a los demás.

Por el contrario, si las dificultades y los incidentes se toman con humor, lo que implica una mayor facilidad para resolverlos, constituirá un gran alivio para ella.

La mujer también se mostrará fascinada por la eficacia de un hombre que resuelva con rapidez los problemas que se le planteen, si él posee un espíritu de decisión vivo y preciso, y también si demuestra cierta envergadura en los proyectos que emprende.

Sin embargo, aquí no se trata del clásico tipo del «hombre de éxito», que generalmente oculta tras su sonrisa de spot televisivo un orgullo insensato y una voracidad de lobo. Tal hombre es una plaga en el hogar: egoísta, frío, dominador y autoritario.

Finalmente, en el plano de la relación afectiva íntima, la mujer prefiere al hombre capaz de potencia y, a la vez, de ternura; estable en sus sentimientos y pese a todo con sentido del humor y fantasioso, que sepa dar con finura pero al mismo tiempo también recibir, lo que constituye la postura del amante y del amigo a la vez.

En el plano físico, se prefiere a la persona delgada, es decir ni musculoso ni canijo, cuyo cuerpo es liviano, más de aspecto felino que deportivo. El deportista «primero de la clase» parece que ha pasado de moda.

El vientre y los kilos de más también son desaconsejables, tanto para los hombres como para las mujeres. La figura juvenil, cualquiera sea su edad, revela un psiquismo abierto y entusiasta.

Unos cabellos entrecanos pueden ser fascinantes. Sus trajes deben estar perfectamente adaptados a su cuerpo y a su espíritu, y debe sentirse bien en su cuerpo. De piel limpia, más seca que grasa, que refleje su aseo y su claridad psicológica.

Su cuerpo debe expresarse libremente, moverse con ligereza; éste es un detalle que revela que un hombre es (o puede llegar a ser) un amante excepcional, puesto que la ligereza corporal es una necesidad primaria para ello.

En la finura de los ademanes y de la expresión oral, la mujer descubre a un entendido en el Arte: sobre todo en la cualidad magnética y amigable que se desprende de su cuerpo.

Cómo llegar a ser magnético


Se puede observar así que no son tan importantes las formas particulares del cuerpo o del rostro, sino más bien la impresión global que se desprende de la persona.

Los rostros seductores de los jóvenes matrícula de honor ocultan a veces monstruos de orgullo y egoísmo. Los hombres que fascinan a las mujeres y son amantes solicitados no son necesariamente «hermosos» en el sentido plástico del término; sin embargo, su personalidad y el magnetismo que se desprende de ellos los hace irresistibles.

Efectivamente, parece que el magnetismo de un ser produce un cierto control de sí mismo y una receptividad comprensiva del otro.

El ser magnético es, en general, alguien que ha trabajado consigo mismo, en el sentido de educar su carácter; su visión del mundo es rica y le permite emplearse con entusiasmo en muchos ámbitos.

Es alguien que se plantea problemas, que se interesa en los demás y busca constantemente, insatisfecho con lo que ya sabe. Su comprensión extensiva del psiquismo de los seres hace que desarrolle una personalidad de múltiples facetas que le permite adecuarse a un número cada vez más grande de personas. Debido a que está seguro de sí mismo, no trata de dominar a los demás sino al contrario: sus ansias por comprender a un nuevo ser, por descubrir una idea nueva, hacen

que sepa escuchar y establecer una relación rica y armoniosa, tanto si se trata de mujeres como de hombres. Por estas razones es especialmente querido como amigo y como amante: nunca se enfrenta a los demás en término de fuerza o desde posiciones de poder.

Este hombre despierta una confianza inmediata dado que valora los aspectos positivos de cada persona, entusiasmándose con sus proyectos; así, los demás se sienten reconfortados y secundados en sus intereses.

Si uno no se muestra orgulloso o pretencioso, sino que sabe descubrir la profundidad íntima del interlocutor, hace que éste se sienta inmediatamente cómodo en la relación.

Convertirse en un ser magnético


Como se puede imaginar, se trata de desarrollar cualidades globales, tanto intelectuales como sociales. No existen pues trucos determinados ni recetas en cinco lecciones. Tampoco es un don innato, se lo puede adquirir progresivamente.

De hecho, puede decirse que es más bien un modo de vida o una manera de ser deliberada, que poco a poco irá creando una personalidad más rica.

He aquí algunos modelos de comportamiento y técnicas que, si los aplicas en forma estable, desarrollarás tu magnetismo personal.

— Tener ganas de conocer cada vez más y no pensar que lo sabes todo.

— Aplicar el campo de tus lecturas y explorar modos diferentes de pensar.

— Poder integrarte en otras culturas, dejando temporalmente la tuya de lado. Esto demuestra tu capacidad para sentir una cultura diferente desde dentro antes de juzgar con los consabidos tópicos culturales

— Ser capaz de poner en duda lo que ya sabemos y examinar los prejuicios, sean científicos, culturales o sociales.

— Tener amigos en los más diversos medios y de edades y razas diferentes.

— Ser capaz de mirar la vida con nuevos ojos, de entusiasmarse, de sentir la belleza.

— Ver el lado positivo de los seres y no sus defectos.

—i Mantener amistades estables y dignas de confianza; llegar a ser aquel a quien siempre se recurre y al que se le pueden confiar las dificultades. Esto implica no dejarse impresionar por el cúmulo de incidentes menores y por las flaquezas de uno mismo o de los demás, conservando la amistad intacta más allá de los azares de la vida. Sólo de esta manera se alcanzará la intimidad de las personas.

— Tratar de comulgar interiormente con los demás, con lo que tienen de más profundo, y no detenerse en la apariencia.

— No tener una imagen fija de sí mismo, no identificarse con un único papel o con una sola clase social, sino dejar nuestro futuro y nuestra personalidad completamente abiertos, libres de evolucionar y de cambiar.

— Tratar de conocer las raíces de nuestra propia identidad, nuestro ser profundo, ese que no cambia de dirección y que no pierde de vista el camino, incluso si la vida nos permite desarrollar en un momento dado tal o cual faceta imprevista de nosotros mismos.

— Percibir la vida, los seres y la situación actual en su globalidad, es decir, dentro de un esquema general, lo que te evitará perderte en los detalles.

— Vivir en armonía con el medio ambiente, con el impulso vital de la Naturaleza; sentir que somos la parcela de una conciencia más vasta, y armonizarse con el mundo como conciencia. Sentir que la vida, en todo lo que nos rodea, no difiere de nosotros mismos.

Fuentehttp://www.amor.net.in/solo-hombres/que-buscan.htm