América Latina en los Siglos XIX y XX
Los cambios ambientales en América Latina y el Caribe durante los últimos siglos fueron dramáticos. Durante ese período, el continente experimentó un ocupación generalizada y creciente de amplias zonas acompañada de una urbanización acelerada que aumentó el tamaño de varias de sus pequeñas ciudades al de grandes metrópolis de varios millones de habitantes.
Como resultado de estos cambios, gran parte de los ecosistemas nativos fueron profundamente transformados: los bosques se volvieron sabanas y zonas agrícolas; los pastizales fueron absorbidos por las tierras de cultivos y en algunos casos, plantados con monocultivos arbóreos; algunas zonas desérticas fueron irrigadas; numerosos acuíferos sobreexplotados; los ríos, lagos y aguas costeras contaminados; la biodiversidad bajo ataque constante; y la calidad de vida deteriorada. De ese modo, uno de los continentes más ricos en diversidades naturales y culturales, que poseía una de las bases de recursos más importantes del mundo, la ha venido perdiendo aceleradamente en forma alarmante. La preocupación más seria es que el proceso no se está enlenteciendo sino que, por el contrario, parece aumentar su ritmo cada día.
¿Cuál es la causa de esta situación? ¿Donde se plantean los problemas más agudos? ¿Cuáles son los efectos de la globalización? ¿Que puede hacerse para prevenir nuevas degradaciones? Las respuestas a estas preguntas no son simples dado que la situación de América Latina y del Caribe es el resultado de una geografía natural única y una evolución histórica peculiar.
Culturas nativasLa ocupación humana del continente americano tuvo lugar en un período relativamente tardío de la evolución de la humanidad, tal vez hace menos de 25,000 años. Las especies animales de los ecosistemas africanos y eurasiáticos, donde los humanos habían estado evolucionando por largo tiempo, tuvieron tiempo para adaptarse a este mamífero tan “efectivo”, y en la mayoría de los casos se las ingeniaron para sobrevivir. En el continente americano, en cambio, los humanos se encontraron con un panorama diferente. La fauna americana estaba compuesta por animales que no estaban adaptados a la presencia humana y frecuentemente, constituían una presa fácil para los nuevos “inmigrantes”, que eran excelentes cazadores e inteligentes recolectores. Algunos de los mamíferos más grandes (varias especies de Glyptodon, Toxodon, Mylodon, Mastodon y los mamut s, entre otros) fueron cazados hasta su extinción algunos milenios más tarde.
Desde su llegada a las nuevas tierras los seres humanos provocaron una profunda transformación en los ecosistemas americanos. Debido a los cambios que ellos mismos habían producido, los grupos “paleo-indios” se vieron forzados a desarrollar estrategias de adaptación. Después de muchas generaciones de migraciones y desarrollo social y tecnológico, las nuevas sociedades fueron desarrollando modelos sociales y ambientales sostenibles, que en general, conservaron los principales eco sistemas con pocos cambios durante varios milenios. Con el tiempo evolucionó un espectro variado de culturas y para la época en que llegaron los conquistadores europeos estaban bien adaptados a los diversos ambientes a través del continente y de las islas vecinas.
En los altos valles de los Andes Centrales y en Mesoamérica numerosas sociedades agrícolas habían organizado reinos o estados de gran tamañio y población, como fue el caso de los aztecas en México
o el Tahuantisuyu en Perú. Las sociedades mexicanas basaban su economía en el cultivo del maíz, del tomate, los pimientos, los frijoles, las calabazas y la cría de pavos (guajolotes) y perros (escuincles). En la época de la llegada de los europeos la capital era la gran ciudad-isla de Tenochtitlán. Los estados peruanos del oeste de América del Sur, en cambio, dependían del cultivo de la quinoa, la papa y otros tubérculos, frutas y cereales y la cría de los cuises1 y las llamas.2
américa
Las ruinas de Tawanako, uno de los principales centros urbanos preincaicos (en la actual Bolivia) nos recuerdan de las sociedades urbanas altamente desarrolladas que prosperaron en América del Sur antes de la llegada de los españoles.
En el norte de los Andes, los altos valles estaban ocupados por sociedades agrícolas (los chibchas) quienes habían desarrollado una tecnología muy compleja en el dominio de la metalurgia. Los grupos chibchas estaban organizados en pequeños estados gobernados por un jefe (Zita). A la llegada de los españoles el zipa más poderoso era el de Bacatá (hoy ciudad de Bogotá).
En Yucatán, Chiapas y Guatemala, estaban establecidos los mayas, quienes habían desarrollado sociedades agrícolas prósperas, construido ciudades monumentales en varios puntos del territorio y creado complejos sistemas matemáticos, astronómicos y filosófico-religiosos.
Las islas del Caribe habían sido ocupadas por numerosas comunidades de agricultores y pescadores, originalmente de cultura ciboney y guanatabey, luego arawak, los taínos, y en las islas surorientales, de cultura caribe. Estos pueblos disponían de numerosos cultivos, como el maíz, la mandioca y el tabaco.
La grandes selvas sudamericanas habían sido ocupadas por diversos grupos de raíz arawak, caribe y tupi-guaraní, que gradualmente se habían adaptado a estos complejos ecosistemas. Los tupi-guaranís se extendían desde el río Amazonas al Río de la Plata y del pie de monte andino al Océano Atlántico, los arawaks, desde el mar Caribe hasta el río de la Plata, y los caribes desde el delta del Orinoco hasta la desembocadura del río Amazonas.
La subsistencia de estos pueblos estaba basada en agricultura itinerante de la mandioca, el boñato (camote) y otros cultivos análogos, así como varias actividades extractivas: la recolección de plantas y pequeños animales, la pesca y la caza.
Las praderas de América del Sur templada estaban habitadas por naciones de agricultores, pescadores y cazadores, que además de plantar maíz, frijoles y zapallos, practicaban la recolección y la pesca y cazaban los numerosos rebaños de venados, las piaras de pecaríes y los bandos de ñandúes que recorrían las zonas de pastizales.
Estas sociedades estaban organizadas políticamente en pequeños grupos y confederaciones, en forma análoga a las naciones de las praderas de América del Norte, cuya subsistencia estaba basada en la caza del búfalo, la pesca, el cultivo del maíz, los frijoles y las calabazas, y la recolección de plantas y pequeños animales silvestres.
Finalmente, las zonas más frías de los extremos del continente, estaban habitadas por varios grupos de pescadores, recolecto res y cazadores, como los tehuelches, los onas y los yaganes en Patagonia y Tierra del Fuego en América del Sur, y los inuit, los dene y los algonquinos en las regiones boreales de América del Norte.
Las Primeras Naciones americanas estaban bien adaptadas a las condiciones específicas de los ecosistemas locales. Aquellas que no se adaptaron, desaparecieron. En los ecosistemas de la selva húmeda, se desarrollaron complejos sistemas de uso de la tierra basados en el cultivo itinerante de pequeñas parcelas (los conucos o rozas), en donde se clareaba la selva, reservándose áreas específicas para las plantas y animales medicinales y algunas zonas para las actividades sociales y ceremoniales. El sistema representaba una enfoque integrado y sostenible a la gestión del bosque.
En las praderas, las prácticas de caza incluían tabúes y una actitud de respeto a los espíritus que protegían a los animales (tótems) y que impedían su matanza indiscriminada coadyuvando a la protección de las especies. Tanto en las praderas del sur como en las del norte, los grupos de cazadores seguían o guiaban los rebaños para asegurar su migración cíclica. Hay muchas referencias históricas acerca del enorme número de búfalos que pastaban en los llanos centrales de América del Norte. Se encuentran referencias similares acerca de la abundancia del venado de las praderas uruguayas. De acuerdo a un explorador portugués, Pero de Sousa, en 1532 los rebaños “cubrían la tierra hasta el horizonte”. Su población era más o menos estable.
Las actividades agrícolas de las sociedades de la montaña también eran llevadas a cabo en forma sostenible. Los sistemas de cultivo del Altiplano eran (y todavía son) muy complejos. Utilizaban sistemas de terrazas, camellones para facilitar el drenaje y evitar las heladas (los waru waru) y sistemas de alta diversidad con rotación periódica para asegurar una producción máxima sin pérdidas irreversibles de fertilidad o incidencia de plagas.
El período colonialDespués de 1492, cuando llegó la primera expedición europea a las islas del Caribe, se produjo un cambio dramático. Los “exploradores” españoles recién llegados se transformaron en “conquistadores” estableciéndose en varias islas del Caribe, Santo Domingo (Haití), Cuba, Puerto Rico, Jamaica. Pocos años más tarde los portugueses habrían de hacer otro tanto en Brasil.
En Santo Domingo, los españoles esclavizaron a la población nativa, violaron a las mujeres y no dudaron en exterminar comunidades enteras cuando ofrecían alguna resistencia. La población original de las islas ascendía a varios millones. Después de 50 años de ocupación española, solo sobrevivieron unos pocos cientos de individuos. Las prácticas genocidas, las mortales enfermedades europeas y el suicidio generalizado habían dado cuenta del resto. Hechos similares tuvieron lugar en las otras islas “españolas” del Caribe.
En Brasil, el comportamiento de los colonos portugueses no fue muy diferente. Miles de indígenas fueron forzados a trabajar como esclavos en las plantaciones de caña de azúcar, organizándose expediciones al interior para obtener más esclavos que reemplazaran a los muertos debido a las terribles condiciones de vida a las que se veían sometidos.
En el siglo XVI el principal propósito de los europeos era la obtención de metales y piedras preciosas: oro, plata, perlas y esmeraldas. Los españoles invirtieron mucho esfuerzo en explotar las minas existentes y en abrir nuevas. Desarrollaron minas de plata y oro en Potosí, en el Alto Perú (actual Bolivia), en Taxco, México y en muchas otras áreas. Al igual que sucediera con el azúcar, las ganancias económicas que produjeron estas actividades mineras financiaron gran parte del esfuerzo de colonización.
Los españoles y portugueses reprodujeron el sistema feudal europeo en sus colonias americanas. Los colonos recibieron concesiones de tierra y “siervos” nativos llamadas encomiendas, que eran en cierto modo equivalentes a los señoríos europeos. Los sistemas de producción introducidos por los conquistadores fueron destructivos y degradatorios. La explotación mineral indiscriminada, la deforestación, los cultivos inadecuados, el sobrepastoreo fueron la regla. El impacto fue severo en muchas áreas y algunos ecosistemas fueron destruidos en forma irreversible. Sin embargo, debido a que los colonos eran poco numerosos en relación a las extensiones “conquistadas”, una gran parte del ambiente natural permaneció relativamente intocado.
En las áreas agrícolas andinas, los propietarios de tierras controlaban muchos campesinos nativos, que, en parte, continuaron practicando la agricultura de acuerdo a sus sistemas tradicionales, sobre todo en las zonas más apartadas de las minas3. En las praderas, la tierra fue otorgada a los colonos para dedicarla a la cría de ganado que había sido introducido en el continente sudamericano a fines del siglo XVI. El ganado reemplazó a los venados y otros animales herbívoros de la pradera, que gradualmente se fueron haciendo más escasos hasta resultar prácticamente extinguidos.
Explotación de los recursos naturales luego de la independenciaA principios del siglo XIX, aprovechando la ocupación napoleónica de la península ibérica, la mayoría de las colonias españolas declararon su independencia. Como resultado de este proceso se formaron una veintena de estados nominalmente independientes. Unos pocos años más tarde, en 1822, las colonias portuguesas de Brasil también se independizaron asumiendo un estatuto constitucional monárquico. Cuba y Puerto Rico permanecieron bajo poder colonial hasta fines del siglo XIX.
A pesar de estos cambios la explotación al estilo feudal de los tiempos coloniales persistió en los nuevos estados. Las élites criollas estaban constituídas generalmente por los latifundistas más poderosos y mantuvieron prácticamente intactas las viejas estructuras sociales. Las grandes plantaciones y estancias eran sucesoras de las antiguas encomiendas y por varias décadas habrían de continuar produciendo en forma muy similar a los antiguos establecimientos españoles o portugueses.
Las selvas de Brasil, como la Mata Atlántica en Rió Grande do Sul, están siendo eliminadas a un ritmo alarmante. Hoy solo existen pequeños remanentes de este ecosistema que en tiempos antiguos cubría casi toda la región costera de Brasil.
latina
Durante el siglo XIX los países de América Latina y del Caribe se transformaron en productores de materias primas y productos alimenticios para la exportación a los principales centros de poder, al principio a Europa, y a partir de fines del siglo XIX y el siglo XX, para Estados Unidos. La explotación de los recursos naturales fue brutal, sin ninguna preocupación por los efectos ambientales. En las zonas de elevada densidad de población, como los valles de las montañas o las zonas costeras, la deforestación fue intensa, la extracción mineral prosiguió a un ritmo aún más acelerado, la caza indiscriminada provocó la extinción casi total de muchos animales y la erosión de suelos se transformó en un fenómeno común y generalizado.
Ya en pleno siglo XX, estas tendencias recrudecieron. Las tierras que aún permanecían en poder de las comunidades nativas fueron ocupadas sin preocupación por los derechos de éstos. El degradación ambiental continuó haciendo estragos en todos los ecosistemas. Como resultado del tendido de vías férreas y al crecimiento de los principales puertos las economías de los países latinoamericanos y del Caribe, que estaban orientados a la exportación desde los tiempos coloniales, se volvieron aún más exportado ras.
En Argentina y Uruguay, el crecimiento económico se basó en la carne, los cueros, la lana y el trigo. El sistema ferroviario de Argentina convergía en el principal puerto de exportación: Buenos Aires. Esta ciudad había crecido rápidamente tanto en población como en actividad comercial. En 1870 albergaba más de 100,000 habitantes; en 1950 había crecido a 8 millones. En Uruguay el sistema ferroviario irradiaba a partir de Montevideo, que era el único centro exportador. Esta ciudad creció de unos 50,000 habitantes en 1860 a 300,000 en 1900 y 1 millón en 1960. Este aumento demográfico fue el resultado del influjo constante de inmigrantes, sobre todo europeos, quienes en gran medida habrían de modificar sustancialmente la composición étnica de estas ciudades.
En Brasil, el mercado de exportación estaba basado en la capital, Rió de Janeiro4 y Sáo Paulo y su puerto, Santos. Las principales exportaciones de Sáo Paulo eran el café, la caña de azúcar y la madera (el pino Brasil). De Bahía y del nordeste se exportaba cacao, copra, caña de azúcar y bananas, a través de los puertos de Salvador y Recife. La región amazónica se había especializado en la producción de caucho, especialmente cerca de Manaos. Este producto fue una fuente importante de ingresos por varias décadas, hasta que el árbol del caucho fue trasplantado a Malasia por los británicos, dando lugar a una competencia ruinosa para las plantaciones amazónicas.
Recientemente, la Amazonia experimentó una corrida del oro generalizada. Los garimpeiros (pequeños mineros) ocuparon varias áreas potencialemente ricas en este metal, afectando seriamente ambientes anteriormente prístinos y a las poblaciones que allí vivían. Los sedimentos de los ríos son dragados y tratados con mercurio para separar el oro. El mercurio es arrastrado por los ríos y eventualmente se concentra en los tejidos vegetales y animales. En varios ríos amazónicos, los peces muestran altos niveles de mercurio en forma sistemática, al igual que los consumidores humanos de las comunidades de pescadores vecinas. En la comunidad de Rainha, sobre el río Tapajoz, las muestras de cabellos de los aldeanos locales han registrado niveles de mercurio mucho más elevados que el máximo de 6 ppm establecido por la OMS (Serril 1994). Condiciones similares se encuentran en los ríos Madeira, Xingú y Negro. Los grupos indígenas amazónicos, que dependen fundamentalmente del pescado para su sobrevivencia, son a menudo las primeras víctimas de este proceso de contaminación y envenenamiento.
Los países costeros del océano Pacífico y Bolivia, que eran exportadores de metales preciosos (principalmente plata) en tiempos coloniales, continuaron produciendo minerales, como cobre y nitratos en Chile y estaño en Bolivia. En esta región, la centralización era menos marcada. Ello se debió primordialmente a la geografía regional, largas cadenas montañosas longitudinales bordeando llanuras costeras angostas y valles. Las principales salidas de la exportación eran los puertos coloniales más antiguos: Valparaíso en Chile y Lima en Perú.
En América Central, el Caribe y la costa norte de Colombia, los principales productos eran las bananas, el café y la copra. A menudo, las actividades de exportación las llevaban a cabo compañías de propiedad estadounidense que controlaban la producción y el acceso a los mercados extranjeros. La United Fruit Company, que era extremadamente poderosa en Cuba, Guatemala, Nicaragua, El Salvador y Costa Rica, utilizó su influencia para cambiar los gobiernos o inducir intervenciones militares de EE.UU. en varias oportunidades. Las repúblicas centroamericanas de la época eran llamadas a veces, irónicamente, las “repúblicas bananeras”.
En México, el impulso para la exportación fue detenido en alguna medida por la revolución de la década de 1910, cuando el dictador Porfirio Díaz fue derrocado por una revolución campesina encabezada por Emiliano Zapata en el sur y Pancho Villa en el norte. Esta revolución cambió radicalmente la estructura de la propiedad de la tierra en el país creándose los “ejido s” que fueron, de un cierto modo, una réplica de los sistemas de tenencia nativos. A fines de la década de 1930, con la nacionalización de la industria del petróleo por Lázaro Cárdenas, el principal producto de exportación de México pasó a ser de propiedad estatal.
Al mismo tiempo, las principales ciudades del continente comenzaron a desarrollar una importante base industrial. En Argentina, Uruguay y sur de Brasil se desarrollaron un gran número de empresas exportadoras relacionadas con la ganadería: textiles, frigoríficas y curtiembres. En otros casos las industrias estaban orientadas a los mercados nacionales, siendo protegidas de la competencia extranjera mediante políticas proteccionistas. Las principales ciudades industriales eran Buenos Aires, Sáo Paulo y México. También se establecieron áreas industriales en La Habana, Montevideo, Santiago, Bogotá y Lima.
Esta tendencia económica generalizada hacia la exportación y el aumento de las actividades industriales tuvieron un impacto muy fuerte en el ambiente latinoamericano ya intensamente dañado en el pasado. Continuaron los procesos de eliminación de bosques y la plantación de cultivos monoespecíficos aumentando la vulnerabilidad de los suelos a la erosión acuática y eólica, los regímenes hidrológicos cambiaron, y se hicieron más frecuentes las inundaciones y las sequías.
El crecimiento de las actividades humanas e industriales produjo un deterioro acumulativo en los sistemas hídricos naturales. Los pequeños ríos cerca de las ciudades se volvieron “cloacas abiertas”, los grandes ríos y lagos recibieron volúmenes considerables de contaminantes y muchos acuíferos se volvieron inutilizables debido a la salinización y la polución.
Efectos de la globalización sobre el ambienteLos procesos de globalización recientes intensificaron la tendencia histórica hacia la degradación ambiental del continente. Los ciudades mayores poseen poblaciones de 10 a 20 millones de habitantes; las actividades industriales, previamente confinadas al sector agro-exportador, se han expandido o se están expandiendo a otros sectores, tales como la producción automovilística o química. En México, Costa Rica, Guatemala, la República Dominicana y otros países está teniendo lugar una invasión a gran escala de maquiladoras, con efectos negativos sobre el ambiente local debido a la ausencia de un marco legal apropiado o a la falta de controles.
Las tendencias macroeconómicas están produciendo deforestación en Mato Grosso, en Santa Cruz (Bolivia) y en Paraguay como resultado de la expansión de las plantaciones de árboles exóticos destinados a la producción de madera o pulpa de papel. Estas nuevas plantaciones monoespecíficas son responsables por un gran número de efectos colaterales sobre los ecosistemas nativos y los regímenes hidrológicos, resultando en pérdidas de diversidad y conmociones sociales.
Los ecosistemas de pastizales y las tierras de cultivo asociadas también están siendo invadidos por plantaciones de árboles exóticos monoespecíficas, que resultan en el desarrollo de nuevas plagas, reducción de la competitividad agrícola y daños al potencial futuro de los suelos. Debido a la destrucción de los ecosistemas que protegen sus cabeceras los ríos se cargan de sedimentos y cambian sus regímenes hídricos.
Estos problemas ambientales están teniendo efectos perjudiciales sobre la calidad de vida de la población. Antiguas enfermedades relacionadas con la contaminación del agua, que habían desaparecido o que eran prácticamente inexistentes, como el cólera, han vuelto con suma intensidad por todas partes. La pobre calidad del aire en las principales áreas metropolitanas está aumentando la incidencia de las enfermedades respiratorias. Los riesgos geológicos, tales como deslizamientos y crecientes, se están volviendo más frecuentes debido al establecimiento de poblaciones numerosas en las zonas peligrosas.
Los modelos de desarrollo de América Latina y del Caribe han mostrado ser insostenibles. Las nuevas políticas deberan promover que las actividades económicas y la distribución de la población sean descentralizadas, que solo se adopten los sistemas de producción demostradamente sostenibles, y que estos sistemas estén basados, en la medida de lo posible, en plantas y animales nativos.
La explotación de los recursos naturales no debe continuar indiscriminadamente; la diversidad biológica de los ecosistemas nativos debe ser protegida. Se deben formular y aplicar políticas que aseguren estándares y controles estrictos de los residuos sólidos, efluentes y emisiones gaseosas.
Estos serían los primeros pasos para implementar otras alternativas de desarrollo, que defiendan los ecosistemas, los recursos naturales y las culturas en forma concreta y eficaz.
El fenómeno de las maquiladorasLas maquiladoras son industrias que realizan parte o todas las fases del proceso industrial fuera de las fronteras del país de origen de la compañía principal. Los derechos de aduana cobrados por el estado de origen son normalmente calculados en base al valor agregado en el exterior. El país anfitrión (en donde las maquiladoras están situadas) otorga condición de puerto libre a las industrias que desean invertir en esa actividad. En la mayor parte de los casos, esto quiere decir que el país anfitrión no cobra derechos aduaneros (o sólo cobra derechos nominales) sobre las materias primas y los productos parcialmente o totalmente industrializados que se relacionan con el proceso industrial específico cuando cruzan la frontera en cualquier dirección. La realización de operaciones industriales offshore bajo este estatuto reduce costos de producción para el empresario. En situaciones apropiadas, el sistema de maquiladoras permite reducir los costos de mano de obra, energía, agua, materias primas, costos ambientales y/o impuestos. Si bien este mecanismo comercial está siendo utilizado de diversas formas en varios países del mundo, la región maquiladora más activa del mundo es la situada a ambos lados de la frontera entre Estados Unidos y México.
Desarrollo en la región fronterizaLa frontera entre México y Estados Unidos (la linea) se extiende por más de 1,500 quilómetros abarcando un territorio de estepas y desiertos donde, tradicionalmente, la densidad de población era muy baja. Originalmente, esta zona estaba ocupada en forma muy limitada debido a que el clima era inapropiado para la agricultura de secano y a que los recursos hídricos superficiales eran insuficientes para el desarrollo de cultivos irrigados.
Antes de 1900, con un par de excepciones (Ciudad Juárez y Monterrey) había sólo unos pocos pueblos, diseminados a lo largo de la frontera, dedicados a la agricultura de baja productividad, a las actividades de producción animal marginales y al comercio transfronterizo (tanto legal como ilegal).
Durante el siglo XX, el crecimiento económico y democráfico en el área estaba primordialmente relacionado con el aumento del comercio y tráfico entre los dos países. Del lado mexicano, el gobierno federal apoyaba las perforaciones y el bombeo de aguas subterráneas mientras que en Estados Unidos se desarrollaban nuevas fuentes de agua a partir de la construcción de sistemas de acueductos en los ríos vecinos. La disponibilidad de mano de obra y tierra barata, el fácil acceso al agua subsidiada y la cercanía de los mercados, dio lugar al desarrollo de una agricultura activa y poderosa.
El desarrollo industrial comenzó en la década de 1950 en la ciudad mexicana de Monterrey y como resultado del fenómeno de las maquiladoras, en otras áreas a ambos lados de la línea (durante las décadas de 1970 y 1980). Desde el comienzo, estas fábricas tuvieron profundos efectos sobre la economía y demografía de la región fronteriza. La población de las ciudades aumentó rápidamente. Pueblos “somnolientos” se volvieron grandes urbes en unos pocos años. El impacto social y ambiental de este crecimiento continúa todavía.
La pequeña localidad de Tijuana (que a principios de siglo tenía unos pocos miles de habitantes) multiplicó su población en pocos años llegando a 461,000 en 1980. En 1990 su número había aumentado a 748,000 habitantes (Secretaría de Desarrollo Social 1993, p. 301). En 1998 se estima que el área metropolitana tijuanense ha superado el millón y medio de habitantes. En el período 1980–1990 la vecina ciudad de Mexicali aumentó de 511,000 a 620,000 habitantes; Reynosa de 295,000 a 377,000; Matamoros de 239,000 a 303,000 y Ciudad Juárez de 567,000 a 798,000. Durante la década de 1980, el número total de personas que habitaban las zonas urbanas fronterizas se incrementó de 2.8 a 3.8 millones de habitantes (Secretaría de Desarrollo Social 1993 pp. 197–198).
La evolución del fenómeno de las maquiladoras se ilustra en el Cuadro 7. En 1994 había más de 2,500 fábricas que suministraban empleo a 1 millón de personas o sea un 15% de todos los trabajadores industriales de México. En 1975, el valor agregado anual total de las industrias maquiladoras era de US$ 332.4 millones; este valor aumentó a más de 2.500 millones de dólares en 1989 ya unos 5,000 millones en 1994.
XIX
Figura 4. El “país de las maquiladoras”: la región fronteriza entre México y Estados Unidos.
A principios de la década de 1990 Tijuana albergaba el mayor número de plantas maquiladoras; en 1992 la ciudad poseía 530 industrias de este tipo. Varias ciudades situadas cerca del límite con California también contaban con numerosas fábricas maquiladoras: Mexicali, 154; Tecate, 86; Ensenada, 33 y San Luis Colorado, 12. A lo largo de la frontera entre Arizona y Sononra, el principal centro era Nogales con 73 plantas. En la frontera de Texas, las principales concentraciones estaban en Matamoros con 94 maquiladoras, Nuevo Laredo con 83, Reynosa con 71 y Monterrey con 70.
Cuadro 7.
Crecimiento de las maquiladoras cerca de la frontera entre EE.UU. y México
en los siglos Fuente: CIDAC (f 991, p.119).
Cuando se los compara con Estados Unidos, los salarios en México son bajos. En 1992, pro mediaban US$ 1.22 por hora. En Carea del Sur el promedio era US$ 3.67 y en Taiwán, US$ 4.63. En EE.UU. y Canadá los promedios horarios de remuneraciones excedían los US$ 17 (Betson 1993). Estas diferencias salariales promovieron la “migración” de las industrias que utilizaban mucha mano de obra en sus procesos hacia el sur de la frontera rumbo a México.
Un factor adicional que impulsó la instalación de fábricas en México fue la ausencia de un movimiento sindical poderoso y organizado. En efecto, la principal federación sindical, Confederación de Trabajadores de México ha estado tradicionalmente bajo el control del partido de gobierno (Partido Revolucionario Institucional) dificultando la organización de movimientos o huelgas para lograr mejores condiciones de trabajo o salarios más altos.
A ello se agrega que los empresarios de las maquiladoras prefieren emplear preferentemente mujeres. En México, las mujeres se encuentran en una situación social desventajosa y por esa razón muchas veces consideran que trabajar en las fábricas es una “liberación” de la sociedad machista que las oprime. Los empresarios se aprovechan de esa situación. Luego de un tiempo, las mujeres se cansan de los trabajos repetitivo s que no permiten utilizar la creatividad, de las largas horas de trabajo y de los abusos a los que son sometidas. En varias oportunidades se han organizado movimientos de protesta en procura de remuneraciones mayores, mejores condiciones de trabajo y jornadas más cortas. En respuesta a estas medidas, algunas compañías han cerrado sus operaciones de forma súbita y abandonaron el país. Esta circunstancia de “responsabilidad reducida” de los empleadores es una ventaja adicional que algunas empresas están utilizando para su beneficio.
Problemas ambientalesDe acuerdo al informe ambiental de la Secretaría de Desarrollo Social (1993, p.197), de las 1929 maquiladoras sólo 206 (11%) tenían sistemas de tratamiento. Había 1094 plantas (57%) que emitían contaminantes en la atmósfera; 1,254 (65%) de ellas no tenían un sistema para reducir la contaminación de sus emisiones. Un 55% de las plantas industriales (821) producían residuos sólidos peligrosos. En 1992, de las 821 maquiladoras que operaban cerca de la frontera de EE.UU. con México y generaban residuos peligrosos, solo 71% habían informado acerca de esos residuos. En tiempos posteriores la situación mejoró solo parcialmente. En general el problema continúa existiendo y en ciertas localidades ha empeorado.
Las maquiladoras son una fuente de problemas ambientales por varias razones. En primer lugar, las leyes y controles ambientales en México son mucho menos estrictos que en el resto de América del Norte, promoviendo la relocalización de muchas industrias que buscan reducir este tipo de costos. En segundo lugar, las industrias que experimentan problemas de salud ocupacional y seguridad pueden experimentar un descenso de sus costos cuando se mudan al sur de “la línea” debido a una cierta “impunidad” sanitaria y a la falta de controles. Finalmente, la concentración excesiva y crecimiento acelerado de las ciudades de maquiladoras ha impedido el desarrollo de una infraestructura de servicios adecuada.
8. El caso de Ciudad Juárez
Antes de la “revolución .de las maquiladoras” la conurbación de Ciudad Juárez situada en la región fronteriza central de Estados Unidos con México, era conocida por los divorcios rápidos y trabajo dental barato. Hoy, muchas compañías estadounidenses, japonesas y otras transnacionales, General Electric, Northern Telecom, Phillips, Toshiba, TDK, Honeywell y RCA han instalado plantas en la región metropolitana de Ciudad Juárez.
A fines de 1992, albergaba la segunda concentración de maquiladoras del país (330), después de Tijuana. A consecuencia de dichas industrias, la población de 400,000 habitantes en la década de 1970 se había duplicado a principios de los 1990. Se formaron muchos vecindarios suburbanos nuevos, dificultando a las autoridades municipales y estatales el suministro de servicios esenciales.
La ciudad está situada a orillas del río Grande, del otro lado de El Paso, Texas, que es también una ciudad de crecimiento rápido (su población excede los 400,000 habitantes). De acuerdo a Bettson (1993), la región urbana de El Paso es la séptima más contaminada de Estados Unidos. Datos atmosféricos muestran altos niveles de ozono, dióxido de azufre, monóxido de carbono, óxido nitroso y plomo.
Los más afectados por los problemas ambientales en la zona de Ciudad Juárez-EI Paso son
aquellos que viven en los nuevos suburbios cerca. de las fábricas. La tuberculosis, la hepatitis, las enfermedades de la piel, los problemas gastrointestinales, partos prematuros y cáncer son anormalmente altos comparados con el resto de México. Los casos de anencefalía (niños nacidos sin cerebro), generalmente una condición muy poco común, se han vuelto frecuentes (163 casos en 4 años) y son atribuidos a la exposición a las sustancias tóxicas utilizadas en las maquiladoras (Bettson 1993).
La redistribución de roles económicosEl fenómeno de las maquiladoras es sólo un aspecto del efecto que está teniendo en México la redistribución mundial de roles económicos. Como resultado de la misma, varias exportaciones industriales mexicanas a Estados Unidos aumentaron significativamente entre 1986 y 1989 (Cuadro 8).
La mayor parte (más del 60%) de las inversiones que financiaron esta expansión industrial, que en gran medida complementó el fenómeno de las maquiladoras, se originó en Estados Unidos. Otros países que invirtieron en México son el Reino Unido (que contribuye 6.7% de la inversión extranjera en 1989), Alemania (6.3%), Japón (5.3%) y Suiza (4.4%) (CIDAC 1991, p.165).
De acuerdo al diario El Universal de la ciudad de México (Cortés 1993, p. 3), a mediados de 1993, el sector de maquiladoras había alcanzado al petróleo como principal generador de divisas extranjeras. La tasa de aumento en valor agregado como resultado de las maquiladoras había sido 13% para los últimos 5 meses de ese año (abril a agosto de 1993). Durante ese mismo período, el empleo en las fábricas aumentó un 9%. En mayo de 1993 el sector suministraba ocupación a casi 546,000 trabajadores. Solamente en Baja California, donde había 809 plantas, los insumos a las maquiladoras e industrias exportadoras alcanzaron US$ 2.700 millones en 1992. Para todo el país, el valor de los insumos era US$ 14,000 millones, representando una contribución altamente significativa para la economía mexicana.
La agricultura a ambos lados de la fronteraEstas tendencias económicas tuvieron un impacto importante sobre la agricultura del norte de México. California había sido tradicionalmente (y aún es) uno de los estados agrícolas más importantes de Estados Unidos. Recientemente, sin embargo, debido a la decreciente disponibilidad y mayor costo del agua y de las restricciones laborales y ambientales, el estado ha comenzado a importar volúmenes mayores de productos agrícolas de México y otros países latinoamericanos. Las exportaciones de fruta de México a Estados Unidos aumentaron 20.1% en 1986, 30.5% en 1987 y 0.2% en 1988; las exportaciones de verduras crecieron un 22.4% en 1986, 20.2% en 1987 y 12.5% en 1988 (CIDAC 1991).
California ha sido siempre un estado productor y exportador de fruta. El hecho de que ahora esté importando frutas de México llama la atención. La principal razón es el menor costo de la mano de obra en México, que contrarresta la gran diferencia de productividad entre ambos países.
Cuadro 8.
Tasa de aumento (%) de las exportaciones de México. (1986 a 1989)
y xx Fuente: CIDAC (1991. p.146).
* Hasta octubre

De 1986 a 1988, la productividad comparada en toneladas por hectárea entre Estados Unidos y México era la’siguiente: papas, 33,613 en EE.UU. y 13,000 en México; tomates (industrial), 56,234 en EE.UU. y 25,182 en México; lechuga, 33,396 en EE.UU. y 30,360 en México (Gómez Cruz et al 1992, p.52).
La diferencia de productividad también se aprecia en el caso de los granos básicos. Para producir 1 tonelada de maíz, los trabajadores mexicanos trabajan 17.84 días mientras que los estadounidenses requieren tan solo 0.14 días (poco más de una hora de trabajo). De allí se desprende que el insumo de mano de obra para la producción de maíz es 127 veces más bajo en Estados Unidos. De la misma manera, para producir 1 tonelada de frijoles, es necesario trabajar 50.60 días en México, pero solo 0.60 días en EE.UU. El arroz requiere 33.14 días por tonelada en México y 0.23 días por tonelada en Estados Unidos. La producción de trigo es menos exigente en términos de trabajo: 3.17 días por tonelada en México, 0.33 por tonelada en EE.UU., y solo 0.13 días por tonelada en Canadá (Calva Téllez 1992, p.27).
Debido a los costos de la mano de obra agrícola mucho más bajos en México, la gran diferencia en productividad se reduce cuando se calcula el costo efectivo de la producción de granos. En México la producción de una tonelada de maiz cuesta US$ 258.62 en México y solo US$ 92.74 en Estados Unidos; para los frijoles los costos son US$ 641.17 y US$ 219.53 respectivamente. Los costos de producción de arroz no son muy diferentes (US$ 220.20 por tonelada en México y US$ 189.89 por tonelada en Estados Unidos). Los costos del trigo son mucho más bajos en Canadá (US$ 93.11 por tonelada) que en Estados Unidos (US$ 143.71 por tonelada) y México (US$ 152.51 por tonelada) (Calva Téllez 1992, p.26).
El costo de producir forraje animal es también más elevado en México. Por ejemplo, 1 tonelada de sorgo cuesta US$ 152.79 en México y US$ 89.25 en Estados Unidos; 1 tonelada de cebada cuesta US$ 222.09 en México, US$ 153.50 en Estados Unidos y solo US$ 69.95 en Canadá; y una tonelada de soya cuesta US$ 324.64 en México y US$ 184.26 en Estados Unidos (Calva Téllez 1992, p. 27).
Estas cifras muestran que, por lo menos para ciertos cultivos, los agricultores estadounidenses tienen una posición competitiva más favorable que sus contrapartes mexicanos. Para muchos cultivos intensivos en mano de obra yagua, sin embargo, los productos mexicanos pueden ser comercializados a un costo menor que los productos estadounidenses equivalentes. Este es el caso de ciertos cultivos irrigados, como el bróccoli y el espárrago que son normalmente producidos al sur de la frontera y vendidos al norte. La creciente escasez de agua de California está favoreciendo el ingreso de los productos mexicanos al mercado estadounidense.
En México el bombeo de las aguas subterráneas profundas para irrigación es impulsado a nivel gubernamental a través de precios muy bajos de la energía eléctrica necesaria para la operación de las bombas. Los costos de bombeo aumentan a medida que baja el nivel de la napa subterránea; por esa razón, cuanto más profundo el nivel, más importante es el subsidio a los agricultores. Esta política contribuye al sobreuso de los acuíferos más allá de sus capacidades. Estas tasas habían sido introducidas por el antiguo presidente de México, Lázaro Cárdenas en 1936. Ellas fueron eliminadas en 1992 durante el gobierno de Carlos Salinas, pero tuvieron que ser reintroducidas debido a los serios problemas financieros que su remoción causó en los agricultores.
Debido a estas políticas y al clima semiárido imperante, hay riesgos ciertos de que algunos acuíferos del Norte de México sean completamente agotados y otros se deterioren debido a recargas salinas o a la contaminación.
El marco en que se desarrolla la expansión agrícola mexicana se basa en el suministro de electricidad barata y apoyo federal para las obras hidroeléctricas.
En resumen, la agricultura está fuertemente subsidiada en ambos lados de la frontera. En Estados Unidos el precio del agua no incluye el costo de los sistemas que se construyeron para hacer llegar el agua a las zonas semidesérticas del sur. En México, no sólo se financia públicamente la infraestructura sino que hay un subsidio adicional que se otorga a través de tarifas eléctricas artificialmente bajas para la operación de las bombas agrícolas.
De nuevo, como en otras zonas del mundo, la región fronteriza entre Estados Unidos y México se está “desarrollando” rápidamente, pero sobre una base de modelos ambientales y sociales extremadamente frágiles. Se requerirán soluciones nuevas e imaginativas para que estas zonas y otras similares puedan sobrevivir la situación artificial e insostenible en que se encuentran actualmente.
Referencias1. El cuis o “conejillo de Indias” es un pequeño roedor que se cría de manera análoga a los conejos europeos. Era una de las fuentes principales de proteinas para las sociedades nativas de los Andes.
2. Estos pueblos habían domesticado un gran número de especies vegetales y animales. Las mencionados en el texto son sólo unas pocas y a modo de ejemplo.
3. Muchos campesinos eran obligados a ceder su trabajo en las minas. En las zonas cercanas a las minas esta obligación provocó enormes perjuicios a las comunidades andinas privadas de muchos de sus integrantes debido a este sistema inhumano.
4 A partir de la década de 1960 la capital de Brasil se trasladó a la nueva ciudad de Brasilia construida en el interior del país. Luego de algunos años, Rió de Janeiro pasó a ser la capital del estado del mismo nombre.