Como curar el empacho

¿Qué es el empacho? Sería la primera pregunta. Suele llamarse empacho a cuando uno tiene cierto desgano, falta de apetito, malestar estomacal, vómitos, diarrea y “lengua blanca”. Para la medicina convencional esta dolencia no existe, es simplemente un malestar estomacal, una indigestión, o alguna otra causa por la cual la persona está desganada, y enseguida las matronas dicen: “está empachado”. Como dice el escritor

Las terapias populares más conocidas son: tirar el cuerito, la cinta, y la cura a palabra. Todas carecen de sentido y de explicación lógica y razonable. Y algo gracioso es que no las puede hacer cualquiera, ya que deben ser aprendidas la noche del 24 de diciembre o la noche de pascuas. Ahí va un racconto para que se diviertan un rato, pero ojo, ¿eh? Que ninguna está probada que haga algo, es simple superstición:
La cura por la cinta consiste en una cinta que se va extendiendo desde el codo a la punta de los dedos, por tres veces seguidas, mientras el curandero dice palabras que nadie comprende. El empachado ve que cuando la medida de la cinta debería ser siempre igual, no lo es, esto es lo que indica que el empacho se está curando, y los síntomas aparecerán en el manosanta, con la forma de algún eructo, una suerte de vómito, o escupitajo. De esa forma se traspasa el mal al curandero, que sabe deshacerse mejor del empacho que el empachado, por lo visto. Bueno, no necesito decirles que esto es una tomada de pelo y que ese curandero es un estafador como todos los de su calaña, o en el peor de los casos, es un supersticioso que no tiene idea que lo que está haciendo, como mi abuela. Es sólo una costumbre arcaica que carece de sentido.
La tirada de cuerito parece, a los ojos del empachado, un poco más seria. El curandero hace acostarse al empachado boca abajo con el torso desnudo, luego se pone encima, y con dos dedos toma la piel de la espalda pegada a la columna vertebral baja (el cuerito) y comienza a tirar hasta que se produce un chasquido, que indica que se separa un cuerito de otro cuerito, con lo que de esa forma, el empacho está curado. Algunos médicos suelen recomendar esto, si bien tampoco tiene una explicación razonable de por qué funciona, y más que bueno parece malo, y doloroso.
La cura con la palabra funciona cuando uno le da al curandero su nombre y él, con ese único dato, hace desaparecer el empacho. Esta es la más fácil para el curandero, y la más difícil de creer para alguien con algo de criterio, sin embargo esto de curar con el nombre es una práctica que no sólo se usa para el empacho, sino también para el mal de ojo, y otras supersticiones. El poder de los nombres es algo que viene de muy atrás en la mitología y el “saber” popular.
Bueno, espero que se hayan divertido, y que más de uno que antes le prestaba atención a estas curas, deje de hacerlo, si tan mal se sienten, ¡vayan al médico!

PRACTICAS POPULARES Y CIENTÍFICAS. EL "EMPACHO" EN LA MEDICINA ARGENTINA (1850-1900)
María Silvia Di Liscia

Este artículo analiza a partir de diversas fuentes la manera que determinadas prácticas y remedios propios de la medicina popular, sobre todo, los relacionados con el "empacho", fueron estudiados científicamente por especialistas médicos con el objetivo, entre otros, de suplantar a curanderos en la medicalización de la población infantil. En la Argentina de la segunda mitad del siglo, se estimuló dicho examen, reutilizando a favor de la medicina científica tanto la nomenclatura como la medicación de otros contextos socioculturales, sin dejar de considerar en muchos casos la falta de lógica y la ridiculez de tales prácticas.

"Mientras el criterio terapéutico no sea reducido a reglas infalibles de ciencia y el arte de curar se vuelva una lógica aplicación de la fisiología de la vida, conviene aceptar en nuestro museo farmacológico todas las sustancias que se nos presentan como aliadas a la obra, pero libres de rechazarlas después cuando las hayamos comprobado impotentes o traidoras" (Mantegazza, 1949, II: 325). Paolo Mantegazza, médico-antropólogo italiano, expresaba claramente su pragmatismo curativo al sentar como principio la duda y a la vez la posibilidad de investigar otras posibilidades y sistemas médicos, para lograr tanto un avance científico como el retroceso de las prácticas "irracionales".

El planteo general de los facultativos, escudados en una ideología defensora del saber científico positivista, fue que los practicantes del curanderismo eran farsantes, con un grado variable de peligrosidad. Desenmascarar totalmente a los "charlatanes" constituyó sin embargo una tarea hercúlea, frente a una sociedad y a diversas instituciones gubernamentales que los apoyaba o toleraba. Para ello, los médicos debieron intentar desarticular los sistemas y prácticas "enemigos", utilizando por un lado la retórica del desprestigio y por otro lado una aproximación científica a los mismos, apropiándose de aquellos elementos que pudieran resultar útiles a la medicina académica.

Los objetivos de este artículo son el análisis del discurso médico de la segunda mitad del siglo XIX en Argentina, respecto al curanderismo en general y a la nosología y terapias médicas populares del empacho específicamente. A partir de fuentes históricas de diverso tipo --periodísticas y científico-médicas esencialmente-, se intenta un estudio más profundo de la visión científica acerca de las prácticas populares. Se trata de una cuestión ignorada por la historiografía tradicional dada la visión de la medicina como un saber progresivo, desarrollado independientemente de los saberes populares (Cantón, 1928; Garzón Maceda, 1916) y que comienza a tener importancia en los nuevos estudios sobre sociología médica e historia social en la Argentina (Lobato, 1996; Armus, 1998, González Leandri, 1999).

Este estudio se ha organizado de la siguiente manera: en primer lugar, se analizan diversas opiniones médicas acerca del curanderismo en el país; en segundo lugar, se establecen las formas que asume el empacho como dolencia o enfermedad dentro de los estudios médicos, considerando la influencia de los curanderos para tratarlo y sus consecuencias en la población infantil. En tercer lugar, se estudian las posturas científicas acerca de la medicación popular y su aplicación.

Del empacho al mal de ojo: la vieja y polémica costumbre de buscar curas y remedios caseros






Las recetas de la abuela para el catarro, el dolor de panza y la fiebre existieron desde siempre. Son practicas presentes en todas las sociedades y en todos los tiempos. Muchas veces encierran gran sabiduría, pero generalmente sus riesgos.







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Por María Farber
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La medicina casera como tradición, ha ido cambiando con el tiempo. Hace 40 o 50 años, según la práctica popular, el remedio para casi todos los males era una buena limpieza intestinal. La leche de Magnesio Phillips (laxante y antiácido), la limonada Roge (purgante natural), el aceite de castor y el aceite de hígado de bacalao (también usados como laxantes), además de enemas y supositorios, eran infaltables en el botiquín de cualquier hogar. Vale aclarar que todos siguen en el mercado, aunque ya no se usan con la misma frecuencia ni finalidad que entonces. Es que los saberes sobre los males del cuerpo y cómo sanarlo, afortunadamente fueron cambiando. Pero, dicen los especialistas, en toda las familia nunca faltará alguien que sepa cómo curar.

Desde el empacho o el mal de ojo, que no existen como tales para la medicina convencional, hasta afecciones comunes como la tos o la fiebre encuentran remedio en casa. “Son saberes populares milenarios que se van transmitiendo en forma oral. En las zonas rurales estas prácticas son más intensas, y en las ciudades también se usan. Es un fenómeno estructural, no coyuntural, por eso no va a desaparecer”, explica el doctor Rubén Quijano vocal titular de la Sociedad Argentina de Medicina Antropológica.

Vómitos y diarrea pueden ser el anuncio de un empacho, el dolor de cabeza, de un mal de ojo. “A mi casa venía mucha gente. Ahora atiendo sólo a chicos. Tengo 58 años y aprendí a curar el empacho y el mal de ojos a los 18, me enseñó una conocida. Yo no tiro el cuerito, uso la cinta y la oración. Creo que es bueno saber hacerlo, es una precaución, no lo llamo curanderismo”, explica Luisa María Agosti. Y agrega sin dudar un segundo: “Yo siempre digo: el médico es el médico, nosotros somos una ayuda. Y ahora hay muchos médicos que mandan a sus pacientes a curar el empacho, parece que se están interiorizando”.

En su experiencia como investigador de estas prácticas en todo el país, Quijano observó que en muchos casos no solamente se utilizan los métodos tradicionales como tirar el cuerito, la oración y la cinta, sino que también se recetan hierbas o, en el caso de la culebrilla (para la ciencia, Herpes Zoster), alguna pomada.

“Yo no receto nada, solamente les digo que no coman pesado”, señala Luisa. “Una persona que cura no te da nada a tomar. Únicamente cuando curaba a mis hijos, les daba un tesito de manzanilla. Sabiéndolos preparar, los yuyos no son malos”, sostiene.

Los yuyos, o hierbas medicinales, también estuvieron presentes desde siempre en el saber popular. Según la Organización Mundial de la Salud, el 80 por ciento de la población mundial los utiliza y en los últimos años la tendencia va en aumento. A veces es la crisis económica que recorta las posibilidades de comprar remedios convencionales, otras es el interés por encontrar métodos naturales para el tratamiento de la salud.

“Las hierbas medicinales se utilizan con bastante frecuencia. El uso cuidadoso puede ser beneficioso en algunos casos y tener pocos efectos colaterales. Pero hay que tener en cuenta la posibilidad de intoxicación”, dice el pediatra Carlos Wahren, editor de la publicación Archivos Argentinos de Pediatría de la SAP. En el caso de los chicos los riesgos se intensifican: “El sistema metabólico está inmaduro y además es fácil equivocar la dosis, que se calculan de acuerdo al peso. En un niño pequeño la diferencia entre lo terapéutico y lo tóxico es muy chiquita”.

Carlos Ernesto Gómez tiene una herboristería, negocio familiar con 70 años de historia y unas 250 variedades de yuyos: “Normalmente la gente sabe lo que está buscando porque ahora hay muchísima bibliografía. Viene gente mayor, pero también vienen los nietos con la receta de la abuela. En cualquier caso hace falta criterio, hay mucha información mezclada dando vuelta. No es cuestión de seguir una fórmula porque te la pasaron, sin conocimiento de nada”.

Lo cierto es que no son fórmulas mágicas y no por ser naturales son inocuas. De hecho muchos remedios farmacéuticos tienen su origen en los principios activos de las hierbas. Son efectivas, pero hay que saber usarlas. Y a veces la gente se lanza en busca de soluciones milagrosas. “Siempre está la gente que va al médico, decide que eso no la convence y se va a un curandero. O gente que viene y dice ‘dame algo para el corazón’. Te doy la dirección de un cardiólogo y andá a verlo, ¿qué otra cosa podés hacer?”, dice Gómez. Y cierra, convencido: “Más que para curarse esto habría que usarlo para no enfermarse. Cuando te enfermás tenés que ir al médico”.

Comentarios Destacados

7 comentarios - Como curar el empacho

@luispro5
A mi nunca me ha dado empacho
@ElLocoDeBarrio -3
Cambia la categoria, ponela en hazlo tu mismo y pone una que otra imagen
@dawat
"Todas carecen de sentido y de explicación lógica y razonable."
@charlys -1
deja de comer como un chancho y listo