Padres del obelisco

Los padres del obelisco

“Una separación es el fin de una pareja, no de la familia.” Con esta premisa, decenas de padres y abuelos reclaman a la Justicia por no poder ver a sus hijos. Los Padres del Obelisco se reúnen todos los jueves para dar vueltas en torno al símbolo de la ciudad. Tribunales superados, el “síndrome de alienación parental” y las falsas denuncias de abuso sexual.

La lucha de estos padre comenzó el pasado 17 de junio gracias a Daniel Igolnikov, un padre divorciado que legalmente tiene la custodia compartida de sus dos hijos con su ex mujer y está cansado de hacer denuncias para lograr que el régimen de visitas establecido se cumpla.

Igolnikov decidió convocar una marcha frente a la sede del Palacio de Justicia porteño el mismo día en que acudía a una audiencia decisiva en los tribunales y así hacer fuerza para poder ver a sus hijos el Día del Padre, que en Argentina se celebra en junio. Otros afectados se unieron a la convocatoria para mostrarle su apoyo y la presión surtió efecto: Igolnikov logró ver a sus hijos en su día especial, aunque solo durante diez minutos.

“Si no llega a ser por la marcha y los papás que me acompañaron ese día seguiría todo en la misma situación”, aseguró Igolnikov. La mecha de aquel triunfo prendió y, desde entonces, los “padres del Obelisco” se reúnen cada jueves a la tarde a los pies del emblemático monumento, alrededor del cual dan vueltas mientras reclaman sus derechos. Igolnikov aclara que se trata de un movimiento “por los hijos y contra la inoperancia judicial”, en ningún caso contra las madres, y afirma que “no hace falta cambiar la ley para esto: solo hay que cumplirla”.

Como él hay gran cantidad de padres divorciados que han perdido el contacto con sus hijos en medio de largos y lentos litigios judiciales, pero no pierden la esperanza de lograr restablecer el vínculo. “ Son muchos más los que vienen. Hay que preguntar en el entorno para darnos cuenta de que la situación es muy abundante, yo me encuentro todo el rato con gente a la que le pasa lo mismo”, asegura Igolnikov.

Más allá de las marchas, también realizan los llamados “aguantes”, que consisten en acompañar a papás y abuelas cuando tienen audiencia para que no se sientan solos. Así terminan también con “el silencio y la oscuridad” que les rodea, afirma este padre.

“A la violencia se la combate con publicidad porque el violento, como normalmente es una actitud cobarde, necesita de la clandestinidad, casi nadie golpea en público. Y esto de no dejar ver a los chicos es violencia contra los chicos”, continúa. Pese a que solo llevan un mes de lucha, parece que la iniciativa de Igolnikov para que se cumpla el régimen de visitas está calando y sus reclamos ya se han hecho escuchar.

derechos

Los “padres del Obelisco” han conseguido que se restablezca el vínculo padre-hijo en dos casos, y siguen adelante dando pasos seguros en direcciones concretas. En este momento reclaman que los niños puedan pasar con sus padres las vacaciones de invierno, que tienen lugar en Argentina a finales de julio, y ya plantean la siguiente meta: ver a sus hijos en el Día del Niño, el próximo 21 de agosto. Para ello preparan pancartas que recogen el lema concreto de la semana (esta vez toca "felices vacaciones con sus hijos" ) y en las que aparecen los nombres de fiscales y jueces que no trabajan bien.

“Representamos a todos aquellos padres que no nos permiten ver a nuestros hijos. Esto no es contra el progenitor que tiene la tenencia, nuestra movilización es contra los jueces que no se ocupan”, dijo el abogado Daniel Igolnikov, organizador de esta movilización.

“Las consignas de Padres del Obelisco son dos: movilizarnos todos los jueves y concurrir a las audiencias para acompañar a los padres que en ese momento están tan solos. También esto sirve como presión porque en tribunales ya saben que nos estamos reuniendo todos los jueves con los sombreros. Hoy estamos denunciando a los jueces y los funcionarios que nos impiden estar con nuestros hijos”, agrega.

“Esto es importante porque la violencia que se comete contra los chicos cuando no los dejan ver a su otra familia porque si el matrimonio no va mas, se separaron… en hora buena, pero qué pasa con los tíos, con los abuelos, con los hermanos, con los sobrinos. Esto es un daño que se le hace a los chicos y los jueces y los fiscales no se ocupan” asevera Igolnikov.


divorcio

Casos y casos

Daniel Rubin, abogado en Derecho de Familia y asesor de la Asociación Nuevos Padres (Anupa), explica a PERFIL que hay que diferenciar dos situaciones. La primera es aquella en la que hay falta de coordinación entre los progenitores, por ejemplo: el padre va a ver a su hijo y no se lo dejan ver. Todo se va complicando poco a poco y se generan mayores conflictos. “A partir de allí se entra en una telaraña de burocracia judicial, no tanto de normas, porque éstas existen y son claras”. Para Rubin, para que se solucionen estos conflictos “sólo basta que haya voluntad y funcionarios dispuestos a hacer lo que hay que hacer: mandar e imponerse”. El problema es que “en el Derecho de Familia se ha instalado la modalidad de querer que la gente se transforme en buena y amiga cuando no lo es. Ahí empiezan las largas audiencias, las sesiones con asistentes y las terapias”, dice. Para Rubin, se detecta rápidamente cuando no es posible un acuerdo y ahí la Justicia tiene que disponer. “Los jueces de Familia que quieren trabajar bien ponen límite rápido, sanciones si es necesario. Intentan el acuerdo, pero si empiezan a incumplir, por ejemplo los convenios de visitas, se pone una sanción y funciona bien. Porque se desactiva el conflicto”, puntualiza.

padres separados

Abuso del abuso

La segunda situación, más grave, es la que incluye denuncias de abuso y violencia familiar. “Es un tema difícil, porque el juez no sabe si le están mintiendo y hay muchas denuncias falsas”, dice Rubin.

“Hay abuso de la denuncia de abuso”, reconoce la jueza Villaverde. “Cuando la pareja se separa –explica–, no ven más allá de lo que les pasa a ellos y empiezan a pelear a través de los chicos. Ahí surgen las ideas descabelladas de hacer denuncias de abuso”.

Para Rubin, “hay juzgados que con mucha rapidez interrumpen el contacto entre el progenitor y el chico y después no tienen la misma rapidez para establecerlo”, pero la jueza Villaverde replica: “¿Y si fuera verdad, cómo reparás el daño? Se separa al chico del papá porque se considera que el que abusa lo hace hoy, mañana, la semana que viene”.

Cuando se comprueba que la denuncia es falsa, dice Rubin, “el vínculo entre padre e hijo, si no se rompió, se dañó y cuesta mucho reconstruirlo”. Para los padres, coincide Villaverde, “si son inocentes, es un sufrimiento enorme”.

La jueza destaca que, por su experiencia, en la mayoría de los casos estas denuncias no se comprueban. “Pero hay casos reales. Son pocos, pero existen.”

Rubin diferencia entre las reacciones que una madre puede tener porque está asustada por la situación que le toca vivir y por eso mezquina a su hijo y la que toma al niño como botín. Ahí puede cometer el llamado impedimento de contacto, que es “un delito penal que tiene poca condena”.

trauma infantil

José María Bouza, presidente de la Asociación de Padres Alejados de sus Hijos (Apadeshi), explica que “esta problemática del impedimento de contacto es casi imposible de registrar. A veces se arregla, vuelve a comenzar el impedimento, cesa por un tiempo o definitivamente, pasan unos años y vuelve”. Según estimaciones de la Asociación, “el 70 por ciento de las separaciones conlleva, en alguna etapa del proceso de separación, el impedimento de contacto”.

Para Bouza, en estos casos todo el grupo familiar se ve afectado: “Los hijos impedidos de ver a su progenitor no conviviente, más el resto de la familia del progenitor, el afectado del impedimento y aquel que impide el contacto, que tiene que organizar su vida en relación con provocar este tipo de impedimentos. No es tarea sencilla impedir a alguien que quiere ver a sus hijos”.

La jueza Villaverde considera que el niño es el más afectado: es una personalidad en formación desde los 3 hasta los 5 años, cuando se da la estructura de personalidad. Después puede tener relaciones mejores y compensa, pero el daño está hecho. “Hay mamás que no entienden que el niño menor de 3 años tiene derecho a estar con su papá”, puntualiza.

“El síndrome de alienación parental es el caso del hijo que es como una pertenencia de uno de los padres, que considera que el otro es enemigo. El ‘niño objeto’ se transforma en blanco de disputa, portavoz del progenitor que lo retiene, generalmente la madre”, dice la analista Silvia Ons, miembro de la Escuela de la Orientación Lacaniana y de la Asociación Mundial del Psicoanális.

Para la Justicia, el síndrome “no ha superado el control científico”, dice Villaverde. “Desde este punto de vista, no deberíamos utilizar el síndrome de alienación parental. El fenómeno de manipulación que estaría detrás de estas siglas y que ejerce uno de los papás existe con efectos atroces, donde hay chicos tan manipulados que es difícil revertir la situación.”


Tenencia

Silvia Ons destaca que en la actualidad la mayoría de las parejas son efímeras y consideran que un niño asegura la perdurabilidad de las uniones. “El empuje a tener un niño es irresistible, quizá para compensar la falta de garantía que ofrece el amor de pareja. En este ‘tener un niño’, el niño deviene el objeto preciado y la pareja suele establecerse patológicamente con él”.

Beatriz Goldberg, psicóloga y autora del libro Tuyos, míos, nuestros, señala que en la abrumadora mayoría de los casos la tenencia de los hijos se le da a una mujer por una cuestión de género, porque en general es más cuidadora. “Aunque tuve casos de padres que cuidan más a sus hijos”, reconoce.

“Nosotros miramos la idoneidad en el papá o la mamá. Hay papás que son tan buenos como las mamás para criar a sus hijos, es decir, convenientes para el desarrollo integral del niño”, dice la jueza Villaverde.

“No aplicamos el artículo 206 del Código Civil, que establece que se va a preferir que los chicos hasta los 5 años estén con la mamá. Los jueces consideramos que antes que el Código Civil está la Convención de los Derechos del Niño y la Convención para Eliminar la Discriminación contra la Mujer”, porque tienen jerarquía constitucional, superior al Código Civil, explica.

Rubin especifica que hay un fuerte prejuicio social que estipula que la tenencia siempre tiene que ser dada a la madre. “Ella cría y el padre provee. Si bien está cambiando esta forma de pensar, aún sigue siendo muy fuerte este prejuicio.” Además, “la tenencia es sinónimo de poder sobre sus hijos, y quien tiene poder prefiere conservarlo”.

El asesor de Anupa afirma que cada vez se dan más casos de tenencia compartida, aunque aún no está legislada. “Estoy a favor en la medida en que se pueda instrumentar. Si ambos padres viven cerca, puede funcionar pese a que no vivan juntos. Es bueno para el chico. Si no se puede, lo que importa es que el hijo tenga contacto regular con ambos padres y que estén involucrados en la crianza”, concluye.


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