La independencia del Tíbet
La independencia del Tíbet es un proyecto teocrático, autoritario, racista y peligroso para la pazJean-Luc Mélenchon
www.jean-luc-melenchon.fr
Traducido por Caty R.
Aquí tienen una nota más sobre la cuestión del Tíbet y China. Muchos otros asuntos reclaman mi atención y se me podría reprochar que a éste le concedo una importancia exclusiva y definitivamente exagerada. Es el momento de recordar que este blog no es el «diario oficial» de Jean-Luc Mélenchon destinado a expresar pretenciosamente mi opinión sobre todos los temas de la actualidad, ni incluso sobre los que de alguna manera me atañen.
Un buen debate es empezar aquí con un asunto que no es secundario. Se trata del orden del mundo, la evolución de la política, el choque de civilizaciones y la manipulación de la opinión pública para incluirla en las lógicas de agresión contra los países, incluso las potencias más pacíficas, que plantean problemas al imperio de los Estados Unidos de América.
Ese es el caso del Tíbet, que tiene la vocación de convertirse en el Kosovo de los chinos en la mente de los estrategas neoconservadores. Este debate es un buen ejemplo. Un caso muy didáctico. Precisamente porque no es simple y no es totalmente blanco ni totalmente negro, hay que reflexionar y buscar el camino entre un revoltijo de hechos y, actualmente, bajo un diluvio de injurias.
Es fascinante observar que cuando aparece una oposición laica poniendo en evidencia el carácter ridículo del entusiasmo por un religioso, inmediatamente se ataca en el terreno personal. Así, si el concejal de Cultura del Ayuntamiento de París se pronuncia contra los aspavientos dedicados al Dalai Lama, no es porque tiene una opinión y no le gustan los gurús oscurantistas, sino porque trabaja en LVMH y esta empresa tiene muchos negocios en China. Naturalmente, este tipo de cuestionamiento personal es radicalmente de dirección única. Por ejemplo, nadie pregunta al Sr. Ribbes, que me insulta regularmente aquí y en los platós de televisión, cómo ha pasado de sus certezas de ex miembro del PCMLF (partido comunista marxista leninista de Francia), es decir, del culto delirante de los maoístas franceses del 68 por la persona de Mao, a su actual culto por el Dalai Lama. Y nadie le pregunta si su compromiso tiene algo que ver con sus funciones en la Universidad Tibetana Europea que subvenciona la UE… Y así sucesivamente.
Después de la emisión de ayer por la noche en France trois, los amigos me han pedido que publique mis argumentos sobre dos puntos: lo que digo con respecto a la confusión de la religión y la política en la causa del Dalai Lama y lo que afirmo sobre el carácter peligroso y destructivo de su reivindicación independentista.
El proyecto político del Dalai Lama es teocrático y autoritario
En las numerosas reiteraciones de los debates en los que he participado, mis antagonistas esgrimieron el argumento de la existencia de una «Constitución Tibetana» cuya lectura bastaría para demostrar la vocación democrática del proyecto del Dalai Lama. El propio Dalai lo afirma en su discurso fundador ante el congreso de Estados Unidos en 1987: «…los tibetanos en el exilio ejercen plenamente sus derechos democráticos gracias a una Constitución promulgada por mí en 1963…» Hay mucho más de lo que dijo a este respecto. Esta Constitución sería, incluso, «laica». Es lo que declaró frente a mí el representante de la Oficina del Tíbet en París en el plató de Paul Amar, como cualquiera puede verificar revisando en la web la emisión de «Revue et corrigée».
Dicha Constitución, denominada «Carta de los tibetanos en el exilio», se puede consultar en el sitio oficial del gobierno tibetano en el exilio . Esta lectura es imprescindible. Permite hacerse una idea bastante precisa del valor de las declaraciones, con la mano en el corazón, de quienes recitan en los platós de televisión que el Dalai Lama es un perfecto demócrata, laico, y así sucesivamente; y también permite verificar si mi rechazo del carácter teocrático de los objetivos de los independentistas tibetanos es una pura suspicacia sin fundamento por mi parte, falseado por mis propios prejuicios filosóficos y políticos. Y cada uno podrá preguntarse si no es preferible, teniendo en cuenta las lecciones de la historia en la materia después de Afganistán e Irán, rechazar siempre y cualquiera que sea la religión, el embrollo de la política y la religión. La lectura de este documento, como mínimo, permite verificar que los que hablan de Constitución «democrática» y «laica» mienten a sabiendas para manipular a las audiencias y esperan que los crean únicamente con su palabra sin que se compruebe lo que dicen. Por el contrario, yo espero firmemente que todos vayan a comprobar si las citas que señalo son exactas o no.
Artículo 3. Naturaleza de la política tibetana: «El futuro político tibetano debe respetar el principio de la no violencia y se esforzará por ser un Estado libre de su protector y con su política guiada por el Dharma»
Los que protestan contra la introducción de la Sharia, ley religiosa en las constituciones islamistas, ¿no dicen nada cuando se trata del Dharma? ¿O bien la oposición a la introducción de una ley religiosa -cualquiera que sea- en una constitución debe ser una ley universal?
Esta visión religiosa del poder no es una referencia aislada en ese texto «constitucional» que prevé, en particular, que el juramento prestado por los ministros se haga «en nombre de las ‘Tres Joyas’ (Buda, Dharma y Sangha)».
La Carta termina con una «Resolución especial», votada en 1991, de la que el siguiente extracto dice mucho sobre el culto feudal evidente que el Dalai Lama exige a sus rebaños:
«Su santidad el Dalai Lama, jefe supremo del pueblo tibetano, concede los ideales de la democracia al pueblo tibetano, incluso aunque éste no experimentó la necesidad de dichos ideales. Todos los tibetanos, en el Tíbet y en el exilio están, y seguirán estando, profundamente agradecidos a su santidad el Dalai Lama y renuevan el compromiso de asentar nuestra fe y nuestra lealtad en la dirección de su santidad el Dalai Lama, y de rezar fervorosamente para que permanezca siempre entre nosotros como nuestro jefe supremo espiritual y terrenal»
Ese es el carácter «laico» de la Constitución tibetana que afirmaba el representante de la Oficina del Tíbet en París. Ahora veamos en qué consiste la «democracia» tibetana organizada por esa Constitución.
Artículo 36. El poder legislativo: «Todo el poder legislativo y la autoridad residen en la Asamblea tibetana. Las decisiones de ésta requieren la aprobación de su santidad el Dalai Lama para convertirse en leyes»
Han leído bien. Después de una fórmula categórica: «todo el poder para la Asamblea» viene encadenada una continuación de un cinismo absoluto: para que una «decisión» del Parlamento tibetano se convierta en ley, es necesario que su santidad esté de acuerdo. ¿Es éste el ideal democrático y los valores universales que se supone que tenemos que defender cuando defendemos al Dalai Lama y el Tíbet de los monjes?
Y después de eso queda por preguntarse si el ideal democrático que se reclama al protestar contra el actual estatuto del poder en la provincia autónoma del Tíbet recoge una alternativa a la concentración monárquica del poder prevista en esa Constitución.
Artículo 19. El poder ejecutivo: «El poder ejecutivo de la administración tibetana corresponde a su santidad el Dalai Lama y debe ser ejercido por él, bien directamente o a través de los funcionarios que le están subordinados, conforme con las disposiciones de la presente Carta. En particular, su santidad el Dalai Lama, está facultado para ejecutar los siguiente poderes en calidad de jefe de la dirección del pueblo tibetano:
a) Aprobar y promulgar los proyectos de ley y los reglamentos prescritos por la Asamblea tibetana.
b) Promulgar las leyes y resoluciones con fuerza de ley.
c) Conceder los honores y condecoraciones.
d) Convocar, suspender, prorrogar y prolongar la Asamblea tibetana.
e) Expedir los mensajes y directrices de la Asamblea tibetana siempre que sea necesario.
f) Suspender o disolver la Asamblea tibetana.
g) Disolver el kashag (gobierno) o destituir a un kalon (ministro).
h) Decretar la urgencia y convocar reuniones especiales de gran importancia.
j) Autorizar los referéndum en los casos que implican grandes cuestiones pendientes conforme a la presente Carta»
El vocabulario del Dalai Lama es inaceptable
Para asegurarse la simpatía de las opiniones occidentales, el Dalai Lama utiliza un vocabulario que pretende establecer un paralelismo inaceptable con la Shoa. ¿Quién le dirá que en Europa consideramos que la Shoa es un episodio radicalmente singular, en tanto que crimen contra la humanidad, y no podemos aceptar que se disuelva su sentido con usos verbales que acabarían diluyendo su significado, puesto que eso equivaldría a minimizarlo y a relativizar la responsabilidad de los autores ideológicos que lo hicieron posible?
La referencia permanente a los «seis millones de tibetanos», cifra oportunamente redondeada para sugerir el paralelismo; una referencia repugnante a una decisión de las autoridades chinas de «imponer una ‘solución final’» (esta expresión, con las comillas, está en el texto inicial del discurso ante el congreso estadounidense); el uso inaceptable del concepto de «genocidio cultural» que lo aproxima al del «holocausto» que sufrió nuestro pueblo en el siglo pasado; todo eso forma parte de un conjunto que no puede haber aparecido por casualidad. Me revuelvo al ver esas palabras emplazadas de esa manera en los textos de los discursos. Y mi conmoción creció leyendo las notas biográficas dedicadas a la personalidad de su mentor de juventud, Heinrich Harrer, además de la amistad que conservaron hasta su muerte.
El proyecto del Dalai Lama es una independencia racista
Otra «perla» de las discusiones es la afirmación, con los ojos brillantes de conmiseración hacia la miserable ignorancia de su interlocutor: «pero el Dalai Lama no quiere la independencia, en absoluto, lo que quiere exactamente es la autonomía». Para comprobarlo nos remitimos a su declaración al respecto en el Parlamento de Estrasburgo en 1998. De esta forma ya no nos queda más que decir que lo que está exactamente en el discurso es lo de los «resistentes kosovares» del tipo del célebre «bueno y pacifista» Ibrahim Rugova que se paseaba en su época por los platós de televisión con su aire lastimoso de perro apaleado, su enternecedora bufanda alrededor del cuello, incluso en pleno verano, y ya sabemos cómo ha terminado el asunto. Entonces nos acusan de hacer juicios de intención. Por lo tanto es necesario remitirse a los discursos del Dalai Lama. No sólo a la letra de lo que dicen, sino al espíritu que demuestran.
El texto al que me refiero está en el sitio: Tibet-info.net. Data de 1987. Pero el sitio oficial de los tibetanos ofrece interesantes precisiones para su presentación:
«Traducida por primera vez al francés, la alocución del Dalai Lama en el Congreso de Estados Unidos en Washington el 21 de septiembre de 1987, permanece siempre de actualidad, como lo demuestran los ensayos nucleares en la India y las recientes inundaciones en China. La alocución señala, todavía más que la propuesta de Estrasburgo del 15 de junio de 1988, la voluntad de diálogo y la posición del jefe espiritual y terrenal de los tibetanos».
Por lo tanto, el texto de 1987 «sigue siendo actual», e incluso «todavía más que la declaración de Estrasburgo» de 1996. Ya estamos avisados. Leamos:
«Mientras continúa la ocupación militar del Tíbet por China, el mundo debe tener presente en su mente que, aunque los tibetanos hayan perdido su libertad, desde el punto de vista del derecho internacional el Tíbet sigue siendo actualmente un estado independiente sometido a una ocupación ilegal». «Liberado de la ocupación china, el Tíbet seguiría cumpliendo su papel natural de ‘Estado-tampón’, preservando y favoreciendo la paz en Asia».
Este análisis va mucho más lejos que una simple alusión. La idea fundamental es que el Tíbet, desde el punto de vista legal, es un Estado independiente cualquiera que sea su situación actual.
Es significativo que en este documento, como en todos los demás, el Tíbet que está en cuestión es el que se denomina «Tíbet histórico» que, en total, abarca ¡la cuarta parte del territorio actual de China!
«Mi deseo más ferviente, así como el del pueblo tibetano, es devolver al Tíbet su valioso papel, transformando de nuevo todo el país, es decir, el conjunto de las tres provincias de U-Tsang, Kham y Amdo, en una zona donde reinarían la estabilidad, la paz y la armonía».
La enormidad de esta pretensión territorial y su increíble agresividad nunca se tienen en cuenta en ningún comentario. Más allá de su carácter absolutamente explosivo en el plano geopolítico, incide de la misma forma en el plano humano. Y es el propio Dalai Lama quien la estableció cuando denunció la composición étnica actual de las regiones concernidas.
«En las regiones orientales de nuestro país, el número de chinos supera ampliamente el de tibetanos. Por ejemplo, en la provincia de Amdo donde nací, se cuentan según las estadísticas chinas 25 millones de chinos frente a sólo 750.000 tibetanos. Lo mismo que en el caso de la llamada «Región autónoma del Tíbet», es decir, el Tíbet central y occidental, donde las fuentes gubernamentales chinas confirman que actualmente los chinos son más numerosos que los tibetanos (…) En la actualidad, en el conjunto del territorio tibetano, 7,5 millones de colonos chinos ya han sobrepasado a una población tibetana de 6 millones. En el Tíbet central y occidental, lo que los chinos llaman actualmente «Región autónoma del Tíbet», las fuentes chinas reconocen que los 1,9 millones de tibetanos constituyen en la actualidad una minoría de la población.
Además, estas cifras no tienen en cuenta la ocupación militar estimada entre 300.000 y 500.000 personas, de ellas 250.000 en dicha Región autónoma del Tíbet. Para que los tibetanos puedan sobrevivir como pueblo, es imperativo que cesen las transferencias de población y que los colonos chinos regresen a China».
Creo que esa última línea debe ser leída cuidadosamente. Se trata, ni más ni menos, que una depuración étnica. Esta concepción de la definición de los pueblos no por la igualdad de sus derechos, sino por su etnia, es propia de todos los planteamiento étnicos y el origen de todos los racismos. Pero el Dalai Lama no limita esa definición únicamente al caso del Tíbet; aparece como un alborotador que promueve la guerra en China al incluir en su pretensión étnica otras provincias chinas y otras minorías nacionales en el mismo discurso:
«La política china de transferencia de población no es nueva. Ya ha sido aplicada sistemáticamente en otras regiones. A principios de este siglo, los manchúes formaban una raza distinta, con una cultura y tradiciones propias. En la actualidad, ya no permanecen más que 2 ó 3 millones de manchúes en Manchuria, frente a 75 millones de chinos que se han establecido. En el Turkistán oriental, rebautizado como Sinkiang por los chinos, la población china pasó de 200.000 en 1949 a 7 millones, o sea, más de la mitad de una población total de 13 millones. Tras la colonización china de la Mongolia interior, se cuentan 8,5 millones de chinos en esta región frente a 2,5 millones de mongoles».
Aplicando este razonamiento, ¿el Dalai Lama exige a China y a 91 millones de «colonos chinos» que «vuelvan a su casa»?, es decir, ¿que evacuen Manchuria, Sinkiang y Mongolia? ¿Eso es lo que piden los portadores de banderas tibetanas en las calles de París? ¿Es lo que reclaman Bertrand Delanoe y los demás entusiastas afanosos de este increíble racista religioso? No, por supuesto. Ni siquiera conocen lo que está en los textos. No leen, no se informan. Para ellos, puesto que por definición los chinos son culpables, todos los que se oponen a ellos tienen razón. En nombre de los derechos humanos se encuentran defendiendo la teocracia, el poder absoluto y la limpieza étnica. Y lo peor es que no lo saben. Ninguna lección del pasado afgano, iraní u otros les ha enseñado nada.
Después de eso y para terminar con la referencia del discurso del Dalai Lama en el parlamento de Estrasburgo , en el que renunciaba a la independencia, voy a limitarme a citar el pasaje de dicho discurso que se refiere a este aspecto de la cuestión. Leo que simplemente recupera la constante afirmación de que el Tíbet es un estado independiente, como en toda la exposición. El Dalai Lama recuerda que es la reivindicación «irresistible» del pueblo tibetano. Después declara que acepta la negociación sobre una base que incluya esta pretensión. Lo que no es, en absoluto, una renuncia. Veamos el texto. En primer lugar recuerda la dimensión central del hecho étnico, lo que equivale a decir, por lo tanto, que el problema de los derechos humanos no es una cuestión que afecta a los individuos, sino al pueblo como entidad: «Para que haya progreso en cuanto a la cuestión de los derechos humanos en el Tíbet, es necesario que la cuestión del Tíbet sea tratada como un problema en sí». Después de eso, ¿quién, de buena fe, puede decir que las frases que siguen son una renuncia al carácter étnico e independentista de la posición del Dalai Lama? Lean:
«Históricamente y según el derecho internacional, el Tíbet es un Estado independiente sometido a la ocupación ilegal china. Sin embargo, durante los últimos diecisiete años, desde que establecimos un contacto directo con las autoridades de Pekín en 1979, he adoptado un enfoque moderado de reconciliación y compromiso. Aunque conseguir la independencia nacional sea el deseo irresistible de los tibetanos, he declarado públicamente en varias ocasiones que aceptaría entrar en negociaciones sobre bases que excluían la independencia. La larga ocupación del Tíbet representa una amenaza cada vez mayor para la existencia misma de la particular identidad tibetana, nacional y cultural. En consecuencia, considero que mi primera responsabilidad es adoptar todas las medidas necesarias para salvar de la destrucción total a mi pueblo y su patrimonio cultural único».
En la misma medida en que yo argumento, pienso que las personas que se interesen por este debate podrán intervenir a su vez para justificar sus opiniones. Naturalmente me siento muy satisfecho cuando me entero de que mis textos rebasan sus fronteras o que mis lectores los hacen circular por sus propias listas. Si no, ¿cómo podría sobrevivir una opinión distinta? La matraca mediática y la homogeneidad blindada, armada con la «buena conciencia» inculcada, no nos deja otros medios de actuación. Pero tenemos este medio.
Original en francés: http://www.jean-luc-melenchon.fr/?p=589&wpcf7=json
Caty R. pertenece a los colectivos de Rebelión, Cubadebate y Tlaxcala. Esta traducción se puede reproducir libremente a condición de respetar su integridad y mencionar al autor, a la traductora y la fuente.
Fuente: http://www.rebelion.org/noticia.php?id=67157
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4 comentarios
FREE TIBET
Primero, el articulo tiene razon en varios puntos.
El Tibet estaba regido por un Estado teocrático, en donde un grupo de monjes explotaban al conjunto de la poblacion, a la cual la mantenian en la mas cruda de las miseria. Si, feudalismo. Entonces no nos comamos que los monjes son tan mansitos, y que son LA buena gente, pacificos, etc. Es lo mismo que si mañana aca se profundiza el poder de la iglesia dentro del estado y vos tenes que laburar para mantener a los curas
Ahora, que China es una potencia imperialista que de socialista no tiene mas que la bandera, en eso estamos de acuerdo. Que china lo tiene ocupado para mantener a raya a Nepal, que sí ha logrado su independencia, eso no me caben dudas.
El problema es que se tergiversa todo y nos quieren hacer creer que en el tibet son todos monjes, nooo papa, si fueran todos monjes se hubiesen muerto de hambre hace mil años, por ninguno labura, para eso explotaban al pueblo.
Y el Dalai lama, linda mierda, colaborador directo del imperialismo yanki. Y hablando de los yankies, que barbaro que se preocupen tanto por la independencia de un pais que queda en la loma del orto. Claro tal vez sea el mismo pretexto por el cual se preocuparon por el pueblo de irak, o el de vietnam en otros tiempos.
Cabe destacar una noticia que tuvo muy poca difusion, y que es mucho mas importante que lo del tibet, ya que el pueblo ha logrado abolir la monarquia y despues de varios años de lucha han logrado tomar el poder. Es nepal.
Hoy 1213 / Gran victoria electoral de los maoistas
Lucha armada y elecciones en Nepal
Maoístas de Nepal: victoria electoral tras 11 años de guerra revolucionaria. Duro golpe al imperialismo y a sus socios internos. La lucha política y armada por una sociedad independiente y democrática sigue planteada.
Después de 11 años de guerra revolucionaria (1996-2007), el resonante triunfo del Partido Comunista de Nepal-Maoísta (PCN-M) en las elecciones constituyentes del 10/4, pondrá fin a una monarquía feudal, reaccionaria y proimperialista y abre un camino de aproximación a la revolución democrática y popular.
Cientos de miles de personas salieron a las calles de Katmandú y otras ciudades para celebrar el triunfo electoral maoísta.
El PCN-M obtuvo alrededor del 60% de las bancas en la Constituyente de 601 miembros que redactará la nueva constitución. Pushpa Kamal Dahal (el \"camarada Prachanda\", máximo dirigente del Partido y del Ejército Popular de Liberación -EPL-), ganó en Katmandú, y se transformó en la figura política más importante de Nepal.
Detrás del PCN-M, lejos, quedaron el gobernante Partido del Congreso de Nepal (NC), el Partido Comunista CPN-UML (hasta ahora las fuerzas principales del país), y otras fuerzas menores.
\"Este es un voto por la república federal democrática. Cumpliremos el mandato del pueblo\", señaló Prachanda, quizá próximo presidente de Nepal, quien anunció la formación de una coalición multipartidaria de gobierno.
Golpeados y consternados
Para los jefes del matonismo imperialista en Washington y sus amigos, el resultado de las elecciones nepalíes es una catástrofe. \"¿Maoísmo en éstas épocas?\", balbuceó consternado, según algunas fuentes, el socio español de Bush y jefe de las relaciones exteriores de la Unión Europea Javier Solanas (Resumen Latinoamericano 1025).
EEUU \"no vería con buenos ojos una alianza con los maoístas\", lloriqueó el embajador yanqui en Nepal, James Moriarty, en marzo de 2007, cuando el PCN-M aceptó integrarse al gobierno provisional. Y lo repitió en diciembre, cuando se firmó el acuerdo de 23 puntos que abrió paso a las elecciones a Constituyente.
Partido de masas y lucha armada
Nepal es un país de territorio pequeño pero habitado por 24 millones de personas, situado entre la región china del Tibet y el norte de la India. Vivió su historia moderna bajo la dominación política inglesa y cultural de la India.
Según el PCN-M, en Nepal \"el 71% de la población vive en la pobreza absoluta; el 90% vive en condiciones primitivas en el campo y el 81% trabaja en agricultura primitiva; sólo el 10% de la población tiene trabajo y el 60% está subempleado; casi un tercio de la fuerza laboral se vio obligada a ir a trabajar en la India y otros países donde los salarios son míseros, o se incorporaron a las Fuerzas Armadas mercenarias de India e Inglaterra; el dominio imperialista y de potencias expansionistas en todas las esferas se está profundizando, y más de dos tercios del presupuesto dependen de préstamos extranjeros\".
El Partido Comunista de Nepal fue fundado en 1949 tras el triunfo de la revolución popular en la vecina China. En 1994, tras duras luchas internas y fracturas se relanzó como organización político-militar maoísta, bajo la dirección de Prachanda.
En febrero de 1996 decidió iniciar la lucha armada contra la monarquía feudal-imperialista. Su \"Plan\" para la guerra popular proclamó como objetivo \"construir un Estado de nueva democracia, para luego marchar al socialismo y finalmente al comunismo pasando por una serie de revoluciones culturales bajo la dictadura del proletariado, y por tanto [nuestra revolución] es parte integral y un componente de la revolución proletaria mundial\".
Durante 11 años de guerra revolucionaria los combatientes maoístas del PCN-M y el EPL afrontaron durísimas condiciones bajo el cerco imperialista y sucesivas campañas militares del ejército reaccionario nepalí apoyado y armado por la India (y desde los años \'90 por la China ya burguesa e imperialista, preocupada por la potencial influencia de los maoístas nepalíes en las provincias chinas del sudoeste). La banda fascista de Bush incluyó al PCN-M en su infame listado de organizaciones calificadas de \"terroristas\", y ayudó al rey de Nepal con dinero y armamento para combatirlos.
Numerosas aldeas sufrieron los bombardeos y rastrillajes de la dictadura monárquica. Durante años la guerrilla maoísta siguió combatiendo en las selvas y montañas del oeste, creció en las ciudades, y a partir de 2005 llegó a protagonizar imponentes manifestaciones en las calles de Katmandú y otros importantes centros urbanos exigiendo la renuncia del reaccionario rey Gyanendra. Por entonces la guerrilla controlaba el 80% del país, y había establecido una cantidad de gobiernos populares locales y regionales, liberando a las masas campesinas de la servidumbre y del tiránico sistema de castas, y dando plena igualdad de derechos a las mujeres, que jugaron un papel fundamental tanto en los frentes de masas como en la propia lucha guerrillera. Establecieron organizaciones de apoyo entre las minorías nacionales y étnicas, y crearon un amplio Frente Popular Unido hegemonizado por el PCN-M.
La guerrilla revolucionaria logró asentarse en la parte central del país, en las tierras bajas junto al Himalaya y prácticamente a las puertas de Katmandú.
Cuando en 2005 el rey Gyanendra dio un sangriento golpe de Estado y estableció una dictadura, el Partido convocó, junto a otros siete partidos opositores, a una huelga general por tiempo indefinido en abril de 2006. El rey debió reabrir el parlamento. Los partidos aliados aceptaron reingresar, pero el PCN-M denunció el incumplimiento del acuerdo conjunto de 12 puntos.
El extraordinario crecimiento de la influencia del PCN-M hizo que en mayo de 2006 el gobierno retirara la calificación de \"terrorismo\". Finalmente en diciembre de 2007, sobre la base de un nuevo acuerdo con el PCN-M -que mantenía sus fuertes vínculos con las masas populares-, el parlamento abolió la monarquía y abrió paso a elecciones para la reforma de la constitución.
El poder nace del fusil
El PCN-M levanta desde hace años el programa con el que concurrió a estas elecciones: soberanía e independencia nacional (frente al imperialismo y a la influencia dominante de la India); eliminación del Estado teocrático y proclamación de una república federal; contra la explotación patriarcal de la mujer; abolición de las castas y de la discriminación social y étnica; autonomía de las comunidades étnicas (mayoritarias en algunas provincias); igualdad de todas las lenguas nacionales; reforma agraria; agua y electricidad a las comunidades rurales; eliminación de la corrupción.
Aunque algunos reformistas describen el triunfo electoral del PCN-M como \"ejemplo mundial de transición pacífica\", la etapa que se abre es más bien resultado de la inclaudicable lucha política y armada del pueblo nepalí, encabezado por el PCN-M, contra el imperialismo y los reaccionarios feudales.
Los tiempos que vendrán tampoco serán pacíficos. Las fuerzas revolucionarias siguen teniendo un control sólo parcial del territorio. Los terratenientes promueven, junto con los reaccionarios hindúes, resistencia y disturbios en la región limítrofe de Terai. El programa maoísta incluye el desconocimiento de los tratados firmados por la monarquía con la India y la rediscusión de los mismos en un pie de igualdad entre estados.http://www.pcr.org.ar/seccion.php?id_nota=2487
ah, y un detalle, tiene tanto tinte imperialista este reclamo del tibet que vos en argentina, en ves de decir Tibet Libre, decis free tibet
FREE TIIIIIIIIIBEEEEEEEEEEEET!!!!!!!!!
por que no decis tibet libre si es lo que te interesa en vez de free tibet??