Argentina: Organización del Estado (1/2)

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EPOCA DE LA ORGANIZACION DEL ESTADO

El siguiente período de la historia argentina está ocupado por las luchas entre federalistas y centralistas. Ante la necesidad de constituir un Estado que reemplazara al régimen colonial en las Provincias Unidas del Río de la Plata, entre 1820 y 1852 se enfrentaron grupos que tenían proyectos políticos diferentes para la organización política del nuevo Estado: el unitarismo y el federalismo.

La organización del Estado

El unitarismo consideraba que todos los niveles de gobierno debían estar subordinados al poder central. El federalismo, en cambio, se basaba en la asociación voluntaria de las provincias, que delegaban algunas de sus atribuciones para constituir el poder central o Estado nacional.
Después de 1810, las ciudades y sus alrededores mostraron un fuerte localismo en defensa de sus intereses. Cuando las provincias advirtieron que la centralización política que impulsó la Revolución fortalecía a la ciudad de Buenos Aires, comenzaron a constituirse gobiernos provinciales, que se declararon federales. En 1820 triunfó la posición de estos últimos. Sin embargo, los unitarios trataron de imponerse. Por ese motivo, se reanudaron los conflictos entre las provincias.

Los caudillos

Las ideas unitarias y federales fueron encarnadas por los caudillos. Estos eran líderes admirados por los gauchos y venerados como héroes aun después de su muerte. Contaban con la fuerza de sus ejércitos para imponer sus decisiones. A pesar de sus características autoritarias, habían logrado convivir con los gobiernos y las autoridades provinciales por esta razón, la época de los caudillos no fue una etapa de desorden sino un momento en el que las provincias tuvieron un especial protagonismo.

El Río de la Plata: la crisis de 1820

En 1817, el Congreso que declaró la Independencia de las Provincias Unidas del Río de la Plata se trasladó a Buenos Aires, donde funcionó como Poder Legislativo del Directorio. Dos años después, el Congreso sancionó una Constitución de tendencia centralista que otorgaba amplios poderes al gobierno nacional.
Esta constitución fue rechazada por las provincias que sostenían principios federales. La resistencia fue encabezada por Francisco Ramírez (gobernador de Entre Ríos) y Estanislao López (gobernador de Santa Fe), quienes a principios de 1820 vencieron a las fuerzas porteñas en la batalla de Cepeda. Después de esa batalla, el Directorio y el Congreso se disolvieron y desapareció así el gobierno central de las Provincias Unidas.

El surgimiento de los Estados provinciales

Luego de la desaparición del gobierno central, las provincias proclamaron su autonomía y comenzaron a organizar sus propias instituciones de gobierno. La mayoría de ellas redactaron sus textos constitucionales y crearon salas de representantes que se encargaron de sancionar leyes, acuñar moneda y de elegir a los gobernadores provinciales.
En la mayoría de los casos, esos cargos recayeron en diversos líderes que pertenecían a las familias más ricas de su región. Estos hombres, los caudillos, sumaban a su rol político la capacidad de movilizar tropas integradas por gauchos y peones. Algunos de los principales caudillos fueron, además de López y Ramírez, Facundo Quiroga en La Rioja, Gervasio de Artigas en la Banda Oriental del Uruguay, Juan Manuel de Rosas en Buenos Aires, Justo José de Urquiza en Entre Ríos, Félix Aldao en Mendoza, Juan Bautista Bustos en Córdoba, Felipe Ibarra en Santiago del Estero y Bernabé Araoz en Tucumán.
En cuanto a Buenos Aires, renunció a la conducción del país, se constituyó como provincia autónoma y creó una Sala de Representantes que eligió a Manuel Sarratea gobernador provisional hasta tanto se realizaran elecciones.

* OBSTÁCULOS: “Instalado para dar ejemplo de imitación a las demás provincias, y propagar, de ese modo indirecto el establecimiento del sistema representativo en todo el país, sucedió lo que era de esperar, que todas las provincias crearon su gobierno local a ejemplo de Buenos Aires, compuesto de los tres poderes legislativo, ejecutivo y judicial. Entonces tuvimos catorce gobiernos constituidos separadamente, en lugar del gobierno nacional, que quedó vacante […]. Las provincias interiores copiaron al gobierno local de Buenos Aires, no sólo el hecho de su existencia, sino también la extensión de sus facultades y el círculo de sus poderes o atribuciones: y de este modo el ejemplo de gobierno provincial de Buenos Aires, imitado por todas las demás, hizo nacer en cada una un obstáculo a la organización nacional…” Juan B. Alberdi. Derecho público provincial argentino. Buenos Aires, Talleres Gráficos Argentinos, 1853.

Las relaciones entre las provincias

Las relaciones entre los Estados provinciales se llevaron adelante por medio de tratados interprovinciales. En 1820, Buenos Aires, por ejemplo, firmó con Santa Fe y Entre Ríos el Tratado del Pilar. Este acuerdo estableció la libre navegación de los ríos Paraná y Uruguay, que era exigida por las provincias del Litoral para poder comerciar libremente con el exterior, sin la intermediación de Buenos Aires. También acordó la convocatoria de un Congreso Constituyente con la finalidad de poner a los Estados provinciales bajo un gobierno común.

La feliz experiencia

A partir de 1820 Buenos Aires experimento un crecimiento muy importante porque terminada la guerra por la independencia, ya no tuvo que hacer frente a los rastos del ejército ni utilizar los ingresos de su aduana para mantener un gobierno central. De esta forma, los recursos fueron enviados solamente en benefició de la provincia.
Con el gobierno de Martín Rodríguez, comenzó una etapa llamada “la feliz experiencia”. Buenos Aires se renovó a partir de las medidas tomadas por los ministros Manuel José García y Bernardino Rivadavia. Fueron eliminados el Cabildo, se crearon escuelas públicas y fomentó las artes y las ciencias.
También el gobierno amplió la línea de frontera para obtener más tierras y afectarles a la producción ganadera. Con ese fin, el gobernador Martín Rodríguez lanzó una campaña contra los indios y logró que la frontera llegara al sur del río Salado. Para aumentar la producción ganadera el gobierno debía asegurar un mayor número de trabajadores en las estancias. Para lograrlo, persiguió a los gauchos. Estos no siempre trabajaban en las estancias. Cazando nútrias, lograban alimentarse y vestirse. Por eso, las autoridades les exigían llevar una papeleta donde constara el tiempo y las tareas que cumplían en las estancias. Si el gaucho se encontraba fuera de la estancia o no tenía esa “papeleta”, era considerado “vago y mal entretenido” y se lo obligaba a integrarse al ejército.

El Congreso Constituyente de 1824

Cuando Martín Rodríguez concluyó su mandato, lo sucedió Gregorio de Las Heras. Durante su gobierno, en 1824, se convocó a un nuevo Congreso General Constituyente en la ciudad de Buenos Aires. El objetivo era dictar una constitución y para ello, las provincias enviaron a sus representantes.
Durante años, Buenos Aires había evitado por diferentes medios que se concretase la convocatoria al Congreso Constituyente, tal como establecían el Tratado del Pilar y otros acuerdos provinciales. Pero, en 1824, dos razones parecían indicar la necesidad de cambiar de posición y de impulsar la formación de un gobierno unificado en las Provincias Unidas. En primer lugar, la Banda Oriental había sido anexada al Imperio del Brasil con el nombre de Provincia Cisplatina. A la presión ejercida por las provincias litorales se sumó la de un grupo de representantes de la Legislatura porteña, que reclamaban dejar de lado la actitud pasiva de Buenos Aires e intervenir en el conflicto. En segundo lugar, Gran Bretaña había propuesto reconocer la Independencia rioplatense y firmar un tratado de amistad, comercio y navegación.
Finalmente, en diciembre de 1824, se reunió en Buenos Aires un Congreso formado por representantes de las provincias, en número proporcional a la población de cada provincia. En 1825, el Congreso aprobó la Ley Fundamental, que establecía que las provincias se regían por sus propias constituciones, hasta tanto se sancionara la Constitución Nacional. Mientras tanto, delegaban en el Gobierno de Buenos Aires la gestión de las relaciones exteriores, es decir, la relación con otros países.

La Presidencia de Rivadavia

A fines de 1825, el Congreso reconoció a la Banda Oriental como parte integrante de las Provincias Unidas del Río de la Plata e, inmediatamente, Brasil nos declaró la guerra. Los centralistas (que comenzaban a ser denominados unitarios) aprovecharon la situación de emergencia para presionar al Congreso, que en 1826 sancionó la Ley de Presidencia que creó el cargo de presidente, para el cual fue designado Bernardino Rivadavia convirtiéndose en el primer presidente de las Provincias Unidas del Río de la Plata.
El presidente impulsó la sanción de la Ley de Capitalización, por la cual la ciudad de Buenos Aires y sus zonas aledañas se convertían en distrito federal, es decir, en lugar de residencia de las autoridades nacionales. El resto de la provincia de Buenos Aires fue dividido en dos nuevas provincias, separadas por el río Salado. La difusión de esta ley provocó la reacción tanto de los federales como de los ganaderos bonaerenses, que no querían perder el puerto y la Aduana de Buenos Aires. Estas fuentes de recursos financieros eran las que posibilitaban expandir las fronteras interiores, apropiarse de tierras indígenas y, por consiguiente, aumentar la actividad ganadera. Más tarde se dictó la Constitución de 1826, pero fue rechazada por las provincias. La Constitución proponía un gobierno unitario y cerrado.

* BERNARDINO RIVADAVIA: Rivadavia había integrado las milicias durante las Invasiones Inglesas y luego participó en el proceso revolucionario de mayo de 1810. Pasó varios años en Europa, donde fortaleció sus ideas liberales y volvió al Río de la Plata en 1820.

La Guerra con el Imperio de Brasil

Ante la declaración de guerra por parte de Brasil, Rivadavia nombró al general Carlos María de Alvear y al almirante Guillermo Brown para comandar las fuerzas rioplatenses, en tierra y en mar, respectivamente. Durante 1826, las fuerzas navales lograron quebrar el bloqueo que los brasileños impusieron al Río de la Plata y, a principios de 1827, Alvear los derrotó en la batalla de Ituzaingó.
Inglaterra, cuyos intereses comerciales fueron afectados por la guerra, se ofreció como mediadora en el conflicto y propuso la creación de un Estado independiente en la Banda Oriental. Rivadavia envió a Manuel García como representante a Río de Janeiro para iniciar las negociaciones de paz. Pero Manuel García fue más allá de las instrucciones que le habían encomendado y aceptó la incorporación de la Banda Oriental al Brasil. El Congreso y el presidente rechazaron el acuerdo, pero la situación se volvió insostenible para Rivadavia.

La Constitución de 1826 y los nuevos conflictos

En diciembre de 1826, el Congreso sancionó una Constitución elaborada por los sectores unitarios, que eran mayoría en el recinto legislativo. La nueva Constitución otorgaba amplias atribuciones al Poder Ejecutivo, entre ellas la de nombrar a los gobernadores. Por esa razón, fue rechazada por las provincias de tendencia federal, que comenzaron a retirar a sus representantes del Congreso.
El fracaso de las negociaciones con Brasil y el rechazo de la Constitución condujeron a que Rivadavia, casi sin apoyos, renunciara a su cargo, en junio de 1827. De esa forma, se disolvió el gobierno central y la provincia de Buenos Aires recuperó su ciudad capital. Las provincias continuarían gobernándose a sí mismas como lo habían hecho desde 1820.
Fracasado el intento unitario, la Sala de Representantes de Buenos Aires designó gobernador a Manuel Dorrego, líder del sector federal. Luego de asumir el cargo, firmó en forma definitiva la paz con el Brasil. En el tratado de paz se establecía la independencia de la Banda Oriental del Uruguay. La firma de este tratado de paz provocó un gran descontento en las tropas porque la guerra se había ganado. Varios militares unitarios que habían luchado contra Brasil, encabezados por el general Juan Lavalle, se sublevaron y ocuparon Buenos Aires en diciembre de 1828. Derrocaron a Dorrego y nombraron a Lavalle gobernador de Buenos Aires, quien ordenó fusilar a Dorrego. El fusilamiento de Dorrego encendió de nuevo la guerra civil, y fue Rosas quien tomó a su cargo vengar la muerte del caudillo federal. Juan Manuel de Rosas, jefe de las milicias de la campaña bonaerense, atacó a Lavalle y lo derrotó en abril de 1829.

* LA VIOLENCIA POLÍTICA: En estos años, era habitual el uso de la violencia cuando se trataba de castigar o de enfrentar a los enemigos políticos. En sus Memorias curiosas, el porteño Juan Manuel Beruti recuerda el fusilamiento de Manuel Dorrego y la justificación de Juan Lavalle, que manifestó: “Participo al gobierno delegado que el coronel don Manuel Dorrego acaba de ser fusilado por mi orden al frente de los regimientos que componen esta división. La historia, señor ministro, juzgará imparcialmente si el coronel Dorrego ha debido o no morir; y si al sacrificarlo a la tranquilidad de un pueblo enlutado por él, puedo haber estado poseído de otro sentimiento que el del bien público. Quiera persuadirse el pueblo de Buenos Aires que la muerte del coronel Dorrego es el sacrificio mayor que puedo hacer en su obsequio. Juan Lavalle, Navarro, diciembre 13 de 1828”. Juan Manuel Beruti. Memorias curiosas. Buenos Aires, Emecé, 2001.

Rosas, gobernador de Buenos Aires

Luego del levantamiento unitario de 1828, Rosas se presentaba como el candidato ideal para restablecer el orden y garantizar la hegemonía del partido federal en la provincia de Buenos Aires, además, tenía el apoyo de los hacendados de Buenos Aires y de los trabajadores. Esto explica que, en diciembre de 1829, fuera elegido por la Sala de Representantes como gobernador con facultades extraordinarias. Esta condición le permitía sancionar las leyes provinciales que considerara necesarias, sin la intervención del Poder Legislativo.
La llegada de Rosas al poder obligó a los unitarios a coaligarse para enfrentarlo. Se formó así la Liga del Interior, que dirigida por el general José María Paz, estableció gobiernos unitarios por todas las provincias del centro y del norte del país y los federales se organizaron en una poderosa asociación que formaron Rosas y los caudillos federales de las provincias del Litoral y los caudillos federales del Interior. No es fácil establecer un límite claro entre unitarios y federales. Ambos grupos políticos incluían tanto a hombres del interior como de Buenos Aires, que, en ocasiones, cambiaban de bando. La guerra civil enfrentó al Interior con las provincias del Litoral. Finalmente, triunfaron estas últimas y todas las provincias se incorporaron al Pacto Federal (1831). La firma del Pacto Federal era un primer paso hacia la organización constitucional del país. Entre otras atribuciones esta Comisión debía “invitar a todas las demás provincias de la república cuando estén en plena libertad y tranquilidad, a reunirse en federación son las tres litorales, y a que por medio de un Congreso General federativo se arregle la administración general del país bajo el sistema federal”. Esto dio origen a una nueva forma de organización (la Confederación Argentina), cuyo jefe era el gobernador de la provincia de Buenos Aires, Juan Manuel de Rosas.
Durante su gobierno, los unitarios fueron señalados como culpables de todos los males de la provincia de Buenos Aires y fueron perseguidos, encarcelados o debieron exiliarse en los países vecinos. Sin embargo, esta política provocó una división en las filas del federalismo porteño. Un sector, los doctrinarios, defendía el rol de la Legislatura y la libertad de expresión. El sector rosista, por su parte, planteaba la necesidad de un Poder Ejecutivo fuerte para garantizar el orden.
En 1832, finalizó el mandato del gobernador. La Legislatura (con mayoría doctrinaria) lo reeligió, pero sin otorgarle las facultades extraordinarias. Rosas no aceptó el cargo y se trasladó hacia el campo, donde encabezó una campaña para castigar a los grupos de aborígenes que, con sus malones, asolaban a pueblos y estancias. Esta empresa le otorgó un gran prestigio, ya que logró incorporar grandes extensiones de tierras para la producción ganadera. Por aquel entonces tuvo lugar la ocupación de las Malvinas por los ingleses (1833), que aún conservan en su poder.

Con la suma del poder público

Durante el gobierno del sucesor de Rosas, Juan Ramón Balcarse, aumentaron los enfrentamientos entre rosistas y doctrinarios y se produjo en Córdoba el asesinato del caudillo riojano Facundo Quiroga. Este hecho renovó el conflicto entre federales y unitarios en las provincias del interior del país.
Ante esta situación de inestabilidad, al finalizar el mandato de Balcarce, en 1835, la Legislatura bonaerense ofreció nuevamente la gobernación a Rosas. Pero ahora con la suma del poder público: el gobernador concentraba en sus manos el Poder Ejecutivo, el Legislativo y el Judicial. La suma del poder público se le otorgó con el compromiso de:

- Conservar, defender y proteger la religión Católica Apostólica Romana.
- Sostener la causa nacional de la Federación.
- El ejercicio de la suma del poder público duraría “todo el tiempo que el Gobernador considere necesario”.

Así el 13 de abril de 1835 asumió el mando y se proclamó “Gobernante ungido por Dios”. Durante este nuevo mandato, que se extendió hasta 1852, Rosas persiguió a sus opositores con mayor fuerza: destituyó y persiguió a funcionarios, militares y eclesiásticos que no adherían incondicionalmente a su gobierno, controló la prensa y toda posibilidad de expresión, y reprimió brutalmente varios levantamientos unitarios. También invadió Uruguay y se enfrentó a ingleses y franceses, que bloquearon el puerto de Buenos Aires para obtener la libre navegación de los ríos, que Rosas prohibía. El combate de la Vuelta de Obligado (1845) fue una batalla larga en la que sufrieron numerosas pérdidas materiales y humanas, las fuerzas militares y navales porteñas intentaron impedir el paso de las naves extranjeras. Francia e Inglaterra terminaron aceptando que la soberanía es nuestra sobre los ríos interiores.
Rosas mantuvo el libre comercio durante su primer gobierno. En cambio en este segundo gobierno dictó en 1835 la Ley de Aduana. En ella se establecía la existencia de un único puerto habilitado para el comercio exterior de toda la federación, el de Buenos Aires y prohibía la libre navegación de los ríos interiores. Además establecía aranceles aduaneros para muchos productos importantes. Esta ley fue recibida con agrado en el interior menos en el litoral.
A más de treinta años de la declaración de la independencia, los dirigentes de las provincias aún no se habían puesto de acuerdo en la organización de un Estado central que reemplazara a la administración colonial española.

* FACUNDO QUIROGA: El caudillo riojano Facundo Quiroga fue uno de los más firmes defensores de la necesidad de sancionar una Constitución Nacional. Fue asesinado en Barranca Yaco, Córdoba, en 1835.

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Fuentes de Información - Argentina: Organización del Estado (1/2)

El contenido del post es de mi autoría, y/o, es un recopilación de distintas fuentes.

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5 comentarios - Argentina: Organización del Estado (1/2)

@thamarzitro Hace más de 3 años
Se trata de Historia Argentina, tenés que mencionar alguna de las fuentes a que recurristre, no es una opinión tuya.Si ponés fuente te dejo puntos.
@thamarzitro Hace más de 3 años
Te dejo mis primeros +5, pero alguna de las fuentes por ej. Rozas o Levene,etc.podrías poner.Slds
@thamarzitro Hace más de 3 años
Buen post!