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Los peores asesinos de la historia

BUENO ESTOS SON ALGUNOS DE LOS PEORES ASESINOS DE LA HISTORIA

La condesa sangrienta


No hay historia mas cruel y extraña que la de Erzsebeth (Elizabeth) Bathory, una condesa perteneciente a la mas alta aristocracia de Hungría, su vida esta ligada a mas de 650 asesinatos de jóvenes doncellas y a una obsesión que la llevó a la locura y su muerte, la de mantenerse joven por siempre, para esto creyó encontrar en la sangre de sus victimas la poción mágica que la mantendría alejada de la vejes.
Su crueldad y las practicas de rituales satánicos la llevaron a convertir su vida en una de las mas sangrientas de todos los tiempos.

Nació en 1560 en el seno de una familia de la más alta aristocracia húngara,

Elizabeth se inició desde su infancia de mano de su nodriza en estas artes ocultas de la brujería y creció con una especial atracción hacia la sangre.

Pero la gran obsesión de su vida, fue mantener su juventud, asustada por este irremediable hecho, Elizabeth pidió consejo a su nodriza quien le “informó” que para conseguir ser siempre joven necesitaba hacer un sacrificio humano, el de su doncella, y bañarse en la sangre de su víctima para conseguir la belleza eterna. Es ésto último lo que la llevó a asesinar y beber la sangre de más de 600 doncellas.

Los peores asesinos de la historia



Gacy, el payaso asesino



Con 26 años, casado y con dos hijos, Gacy, que era un hombre y vecino modelo, descubrió que era homosexuale intentó abusar de un jovenal que maniató. El chico le denunció y lo condenaron a diez años de cárcel. Salió de la cárcel en libertad condicional el 18 de junio de 1970. Gacy era un hombre bajo, gordo, afable y con pinta de buena persona. Caundo no se hallaba ocupado en abusar y en hacer desparecer a alguno de sus empleados, solía cazar a sus víctimas en zonas de encuentros homosexuales. los llevaba a su casa, los maniataba y los torturaba, mantenía relaciones con ellos y luego los estrangulaba. Enterraba los cadáveres en el sótano de su casa. Cuando se le acabó el espacio, empezó a deshacerse de los cadáveres tirándolos al río cercano, el río Des Plaines.

sangre

Los rumores se empezaron a disparar porque Gacy llevaba a sus víctimas a su casa a plena luz del día y dejaba sus carteras a la vista. El hecho de que un buen número de empleados suyos desaparecieran contribuyó a acrecentar los rumores.
Algunos jóvenes tuvieron la suerte de escapar con vida porque Gacy no les mató después de abusar de ellos o porque no quisieron participar en sus famosos trucos de “evasión” con las esposas o con la cuerda al cuello.

Pero John Wayne Gacy tiene también un rostro humano, el del niño maltratado que sufrió los excesos de su padre alcohólico, el del americano medio que comenzó ganándose el pan en un Kentucky Fried Chicken y acabó como boyante constructor, el del padre de familia (dos hijos, dos divorcios) que solía disfrazarse de payaso en las fiestas de sus hijos. John Wayne aún está esperando la sentencia de divorcio de la no menos famosa Lorena Bobbitt, su ex esposa, que le mutiló el pene como venganza tras años de malos tratos y violaciones.

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El estrangulador de Boston
Entre el 14 de junio de 1962 y el 4 de enero de 1964, se cometieron trece asesinatos por estrangulamiento en la ciudad de Boston. Las víctimas, todas mujeres, casi siempre mostraban haber sido violadas reiteradamente.
Seis de ellas tenían entre 55 y 75 años. Las otras cinco tenían entre 19 y 23. Además, existen otras dos víctimas de 85 y 69 años de edad, pero no se ha podido demostrar que haya sido el mismo asesino.
La primera de una larga serie de víctimas fue Anna Slesers, de 55 años. Fue hallada por su hijo, estrangulada con el cordón de su bata. Su vagina mostraba evidencias de un ataque sexual con un objeto desconocido. A las dos semanas fue asesinada Nina Nichols, de 68 años. La mujer había sido estrangulada con sus medias y tenía síntomas de haber sido asaltada sexualmente. Ese mismo día, a unos treinta kilómetros, Helen Blake, de 65 años, encontró una muerte similar.
Un día, una mujer alertó a la policía que patrullaba por una de las calles de Boston. Un hombre acababa de entrar en su casa y al ver que su marido también se encontraba allí, había huido corriendo. La descripción coincidía con el hombre que buscaban, y al poco tiempo Albert DeSalvo, El Estrangulador de Boston, fue detenido.
DeSalvo era un hombre de 29 años, casado, con dos hijos, que trabajaba como empleado en una fábrica de caucho. Confesó que no recordaba haber cometido ningún crimen. DeSalvo fue considerado demente, pero fue condenado a cadena perpetua en 1966. En el psiquiátrico penitenciario murió apuñalado por un compañero de celda en 1973.


Fish, el abuelo




Nadie podía haberse imaginado que ese abuelito entrañable de más de 65 años, de rostro demacrado, cuerpo encogido y fatigado, cabello y bigote gris, ojos tímidos podía esconder una personalidad como la que revela su informe psiquiátrico: sadismo, masoquismo, castración y autocastración, exhibicionismo, voyeurismo, pedofilia, homosexualidad, coprofagia, fetichismo, canibalismo e hiperhedonismo.
Fish nace en 1870. En su familia existen numerosos antecedentes de perturbación mental, empezando por su madre que oye voces por la calle y tiene alucinaciones, dos de sus tíos internados en un psiquiátrico, un hermana demente, un hermano alcohólico, etc.


Desde muy joven se inflige castigos masoquistas automutilándose, hundiéndose agujas de marinero en la pelvis y en los órganos genitales… en una ocasión es sorprendido en su habitación completamente desnudo, masturbándose con una mano y con la otra golpeándose la espalda con un palo del que sobresalen unos clavos.

Una vez detenido por el asesinato de una niña, se confiesa autor de otros muchos crímenes, como el caso de un niño de 4 años al que flageló hasta que la sangre resbalaba por sus piernas, luego le cortó las orejas, la nariz y los ojos, le abrió el vientre y recogió su sangre para bebérsela a continuación, además de desmembrarlo y prepararse un estofado con las partes más tiernas.

También narra la historia de un joven vagabundo al que obligó a realizar toda clase de actos sádicos, masoquistas y coprófagos durante dos semanas, además de cortarle las nalgas en varias ocasiones para beber su sangre. Finalmente intenta cortarle el pene con unas tijeras, pero cambia de opinión al ver el sufrimiento del chico y arrepentido le da diez dólares dejándolo huir.
Ante el psiquiatra explicó que por orden divina se veía obligado a torturar y matar niños, el comérselos le provocaba un éxtasis sexual muy prolongado.

También confesó las emociones que experimentaba al comerse sus propios excrementos, y el obsceno placer que le producía introducirse trozos de algodón empapado en alcohol dentro del recto y prenderles fuego.

Durante el juicio quedó probado que realizó todo tipo de perversiones con más de 100 niños matando además a 15. Se descubrió también su extraño gusto por hacerse daño a sí mismo, uno de sus sistemas favoritos era clavarse agujas alrededor de los genitales. Una radiografía descubrió un total de 29 agujas en el interior de su cuerpo. Le gustaba comerse sus propios excrementos, o introducirse trozos de algodón empapados con alcohol dentro del recto y prenderles fuego. En otras ocasiones había intentado introducirse agujas debajo de las uñas, pero no tardó en renunciar a ello cuando el dolor se hizo insoportable.
Es condenado a la silla eléctrica y ejecutado en la prisión de Sing Sing el 16 de enero de 1936.
Cuando se le preguntaba por la cifra exacta, respondía sonriendo: “Por lo menos cien”.
Tubo una sorprendente reacción después de ayudar a los guardias a colocarle los electrodos, y se mostró entusiasmado.


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Jeffry Dahmer




Se trata de un asesino en serie estadounidense cuyo perfil psicológico es prototípico del hombre carente de todo aquello que hace tolerable llevar una existencia normal. Su actitud negativa le impidió tener amigos, relaciones, trabajos, intereses, ocupaciones, dinero, esperanzas o simplemente un lugar dónde vivir. Nunca llegó a socializarse y su cavernoso interior emocional se fue degradando mientras llenaba ese enorme vacío de fantasmas.

Nació el 21 de mayo de 1960 en el hogar de un matrimonio problemático compuesto por un conocido investigador químico y una neurótica emotiva y autocompasiva. Era un niño tímido y solitario que temía el abandono y daba la impresión de estar desamparado.

El joven Jeffrey no hacía más que gritar pidiendo atención desde la temprana edad, aunque fuera subconsciente. Pero esos gritos no fueron oídos por unos padres demasiado absortos en sus propias guerras personales durante un amargo divorcio que dejó al niño con la sensación de ser abandonado.


historia

Pronto se interesó por la anatomía animal. En el sótano de su casa guardaba un montón de huesos de conejos, pollos y otros animales, sintiendo gran curiosidad por verlos dentro de los animales vivos que manipulaba. Su familia cambió de vivienda seis veces antes de establecerse en 1968 en Ohio. La mayor parte de su infancia la pasó escondido en un cobertizo de madera en una colina cazando insectos en frascos y conservándolos en formol. Luego pasó a las ardillas, mapaches y otras piezas más grandes, transportando los cuerpos hasta el bosque, donde los dejaba pudrirse. Luego sumergía los restos en lejía para limpiar y blanquear sus huesos.

Su madre, tras una temporada en el hospital, tubo que guardar cama por el resto de sus días por haber ingerido enormes cantidades de tranquilizantes y otras drogas, hecho que ensimismaría a Dahmer en un aislamiento inquebrantable.

A los once años ya hablaba de manera monocorde. Se convirtió en un solitario, balando como una oveja en el aula de clase o comportándose como un retrasado en las tiendas para llamar la atención de sus compañeros. También comenzó a beber y a masturbarse compulsivamente utilizando revistas para homosexuales o mirando las entrañas de los animales que cazaba. A los dieciséis años solía ir borracho a clase, donde tenía un solo amigo que era proveedor de marihuana y con quien se colocaba a diario. El joven se refería al alcohol como su “medicina”, un tónico autorrecetado con la intención de calmar sus momentos de angustia. Y ese alcohol a su vez, alimentaba su inclinación hacia la excentricidad.

A los diecisiete años, tras observar un joven que a diario pasaba haciendo jogging delante de su casa, sintió un deseo desenfrenado de poseerlo. Como no se atrevía a abordarlo para entablar una conversación, optó por coger un bate de béisbol y se dispuso a esperarlo con la idea de atacarle cuando pasara, pero afortunadamente el joven dejó de ir a correr por esa zona, salvándose de haber sido una primera víctima del atormentado Jeffrey Dahmer.

Al año siguiente, su padre abandonó el hogar, y al poco tiempo, el 18 de junio, el chico se venga recogiendo en la carretera a un autoestopista, a quién llevó a su casa y asesinó, luego metió el cuerpo en un saco de basura y lo arrojó por un barranco.

Después de esto, entró en una crisis depresiva y renunció a seguir viviendo, pero su padre lo envió a la Universidad. Allí también fue rechazado por su contínuo estado de embriaguez, y en diciembre de 1978 su padre lo obliga a alistarse en el ejército, pero sus continuas borracheras no cesan. Al licenciarse va a vivir con su abuela, en donde muestra una posible reinserción, pues comienza a ir a la iglesia, a leer la Biblia e incluso reduce su dosis de alcohol y encuentra trabajo en una fábrica…

Pero poco le duró esa vena. Al poco tiempo comenzó de nuevo a masturbarse insistentemente e incluso robó un maniquí de una tienda, que le hacía las veces de compañero sexual. También empezó a frecuentar las saunas de Milwaukee, en donde se daban cita algunos homosexuales para tener relaciones anónimas e impersonales, pero le resultaba difícil conseguir la erección mientras sus parejas estaban despiertas, por lo que optó por drogarlos con somníferos antes de mantener una relación sexual. Después de esto, ninguno de sus amantes cuando volvían en sí querían volver a saber más de él, por lo que creyó más oportuno buscar un cadáver para satisfacer sus instintos sexuales.

Esa misma noche, tras asistir al funeral de un joven de dieciocho años, fue a desenterrarlo al cementerio, pero no lo consiguió por que el suelo estaba congelado debido a las bajas temperaturas.

En septiembre de 1986 es arrestado por exhibicionismo indecente y desembocó a su primer análisis psicológico, siendo diagnosticada una personalidad peligrosa.

Un año después mataba por segunda vez. Esta vez se trataba de un joven negro al que ofreció una bebida dopada. Dahmer se despertó al día siguiente encima de un cuerpo ensangrentado, pero afirma no recordar nada de lo que pasó aquella noche. Lo que sí revive es cómo tras levantarse mete el cadáver en el armario y sale a comprar una gran maleta para trasladar el cuerpo a casa de su abuela. Allí cuenta que lo guardó en el sótano y lo desmembró, envolviendo la cabeza en una manta y guardándola en una estantería para hervir más tarde el cráneo y blanquearlo.

Después de eso, Dahmer comienza a matar siempre que tenía ocasión. Seguía el mismo modus operandi: primero el flirteo ofreciendo dinero a cambio de sexo, luego les ofrecía bebida con somnífero y finalmente los estrangulaba. Después de matar a su víctima se quedaba abrazando el cadáver, pensando en cómo conservar las cabezas y formar una especie de altar en la habitación adornado con los huesos.

Dahmer seguía la predecible pauta de los asesinos en serie. Empezó matando cautelosamente asustado por sus crímenes. Luego el ritmo aumenta y se convirtió en una máquina de matar más efectiva. Está más que demostrado que estos asesinos con el tiempo se vuelven arrogantes y despreocupados convencidos de que no pueden ser apresados por ningún ser mortal, creyendo tener máximo poder y autoridad sobre los demás.

Dahmer mostraba muchas características de asesino organizado: acechaba a sus víctimas, les engañaba para llevárselos a su apartamento con la promesa de dinero y favores y después de la muerte ocultaba las pruebas de los crímenes, pero también daba muestras de ser un criminal desorganizado: realizaba actos sexuales con sus víctimas después de la muerte, consumía su carne y sangre, las mutilaba y conservaba algunas partes como recuerdos. Esta mezcla de delincuente organizado y desorganizado es lo que se denomina un asesino “mixto”.

En una ocasión, una de sus víctimas logró marcharse antes de que las drogas surtiesen efecto, y la policía efectuó un registro de la casa, pero afirmaron no haber hallado nada…

El 30 de enero de 1989 fue declarado culpable de atentado contra el pudor en segundo grado, por seducir a un menor de 13 años con propósitos indecentes, y antes de comenzar a cumplir la condena de un año de cárcel, mató otro joven, guardó el cuerpo en el cuarto de baño y para su mayor satisfacción sexual lo mutiló y le pintó el cráneo con aerosol.

En marzo de 1990 se trasladó a vivir a un deteriorado piso, en dónde adquirió una larga mesa y dos grifos de plástico para extender los cuerpos de sus víctimas. Allí tomaba fotos de sus amantes con una cámara Polaroid una vez muertos. Luego, congelaba los órganos, comía parte de la carne y hervía el resto en una enorme olla antes de echarlos en un gran contenedor de basura preparado con ácido.

Normalmente, el caníbal rajaba los cuerpos desde el cuello hasta la ingle frotando las vísceras para procurarse un mayor placer sexual, pero llegó un momento en que este placer no era suficiente y con sus víctimas pensó en crear “zombis” o muertos en vida que pudiera conservar sin que se deteriorasen, agujereando los cráneos e inyectándoles un líquido.
joven


A veces se bañaba en compañía de los cadáveres. En la nevera guardaba los corazones, en el congelador las cabezas, en el fichero los cráneos y en la cama un cuerpo descompuesto. Así lo contaron los policías que registraron su casa horrorizados una vez que lograron arrestarlo el 23 de julio tras la denuncia de otra víctima que logró fugarse de su casa.


condesa


El joven, atado con unas esposas, había alertado a la policía diciendo que un hombre con un cuchillo le había amenazado con arrancarle y comerle el corazón.

Cuando la última víctima escapó de su apartamento en medio de la agresión, el asesino aguardó tranquilamente a que llegara la policía y no hizo ningún esfuerzo por destruir u ocultar la gran cantidad de pruebas que guardaba en su domicilio: centenares de fotografías de sus víctimas tanto muertas como vivas, cráneos y partes del cuerpo en bidones, cajas y en el congelador.

Según su abogado, si no se había resistido es porque deseaba terminar con todo aquello. Deseaba ofrecer a la policía una declaración completa de lo que había hecho, puesto que no podía culpar a nadie salvo a él mismo.

” El Carnicero de Milwaukee fue sentenciado a un mínimo de 900 años, pero murió en la cárcel en 1994 asesinado a golpes por un recluso. Tras la noticia, los padres de Dahmer se pelearon por la posesión de su cerebro llegando incluso a enfrentarse ante los tribunales. La madre deseaba vendérselo a un hospital de investigación mental, mientras que el padre sólo deseaba enterrarlo lejos de todo el mundo y de su memoria



-Andrei Chikatilo, el Ciudadano X





Víctimas: 53
Lugar: Ucrania

Durante muchos años eludió la captura, porque las autoridades soviéticas se negaban a reconocer que existía un asesino en serie. Traumatizado por la supuesta suerte de su hermano, que habría muerto en una hambruna, descuartizaba y mordía los restos de sus víctimas, recibiendo al parecer placer sexual. Un perfil del conocido profesor Alexander Bukhanovski, titulado El ciudadano X, auxilió a las autoridades a encontrarle.


Los peores asesinos de la historia

Fue detenido en 1993 y ejecutado con un tiro en la nuca.Fue detenido en 1993 y ejecutado con un tiro en la nuca.


Harold Shipman, el doctor de la muerte


sangre


Víctimas: 215
Lugar: Reino Unido

Elegía a sus presas con cuidado, porque por lo general eran mujeres ancianas y en buen estado de salud que visitaban su consulta médica. El doctor entonces les inyectaba una dosis mortal de heroína. Fue atrapado cuando falsificó el testamento de una de las fallecidas.

Los criminólogos dicen que Shipman, que fue asesinado en prisión, es único porque no tuvo una motivación sexual para matar.




Pedro Alonso López, el Monstruo de los Andes

siempre


Víctimas: 300
Lugar: Perú, Ecuador y Colombia

Abusado desde niño, ambuló de su natal Colombia hasta Perú y Ecuador, escogiendo a las niñas de comunidades indígenas como sus víctimas predilectas. Confesó que primero las violaba y posteriormente las estrangulaba mientras les miraba fijamente a los ojos.

Como muchos asesinos en serie, después de confesar tuvo que mostrar a la policía las tumbas de sus víctimas para que le creyeran.


Bueno gente hoy estaba navegando y encontré esta info q me pareció necesaria compartirla con uds... es sobre Hitler... como ven su "obra" algunos psicólogos... les recomiendo q la lean, porq es interesante... Saludos!



ADOLF HITLER





elizabeth

"No avives tanto la hoguera contra tu enemigo,
que puedes chamuscarte a ti mismo."

Shakespeare



historia

Sesenta años después de su desaparición física, la figura de Adolf Hitler —que un escritor norteamericano poco sospechoso de simpatías nazis (Robert Waite, citado en Bene , nota del editor) predeciría como la de mayor impacto histórico después de la de Jesucristo— está constantemente bajo la mirada general.

Sobre la vida y eventos vinculados al déspota germano se han escrito miles de libros —de hecho, como se declara en una reciente obra acerca del tema Hitler es quien más libros ha inspirado en el siglo XX—, se han hecho cientos de documentales y a su personaje se le ha llevado al cine y a la televisión muchas veces, la mayoría en fugaces apariciones y en plan peyorativo; haciendo circular múltiples imprecisiones sobre él.

Para el psiquiatra español Vallejo-Nágera, los estereotipos hitlerianos que circulan son los que construyeron sus enemigos y vencedores, quienes al amparo del repudio legítimo por el genocidio judío no le perdonaron nada de lo que hizo o dejó de hacer.

A este tipo que inventó el Volkswagen, la blitzkrieg y las terroríficas sirenas de los Stukas le negaron hasta el mínimo resquicio de razón: según ellos el hombre debía estar totalmente loco y desquiciado, o poseído por algún númen diabólico. Era incapaz de tener sentimientos y siquiera de comportarse amablemente. Aquellos que lo siguieron eran estúpidos o estaban hipnotizados.

Era además un caudillo inepto: sus éxitos se debieron a errores o descuidos de sus adversarios. Los Generales ganaban las batallas por él, mientras que las derrotas fueron todas responsabilidad suya.

Sus arranques enérgicos o de furia liderezca eran "arrebatos histéricos".

Cuando levantaba la voz no gritaba, sino "aullaba". Ciertos autores, basándose en el testimonio de renegados nazis como Rauschning y de amigos de juventud de Hitler, hablan de su "mirada fija y sin vida" o "alucinada", cuando algo que particularmente se destacó en su tiempo entre sus fieles fue la llamada "mirada de águila", que se nota en la mayoría de las imágenes conservadas como reconcentrada y analítica.


Su físico, bastante dentro del promedio del hombre del pueblo por cierto, fue satirizado al punto de connotarlo con frecuencia como el de un "hombrecillo insignificante" y hasta "repugnante". (Recuerdo que un amigo mío influido por tales leyendas me dijo creer que Hitler era un enano, y se sorprendió mucho cuando le revelé que medía 1.73 mts.; talla mayor que las de Napoleón, Mussolini o Stalin entre otros)2.

Aquel individuo tan repugnante, bizarro e inepto según sus críticos logró extrañamente, sin embargo, sobrepujar algunas de las mayores hazañas políticas y militares de la historia. Hitler, al margen de sus nefandos crímenes contra la humanidad, pertenece a ese exclusivo club (nada inocente, por cierto) de "conquistadores del mundo" —Alejandro, César, Napoleón, entre los más grandes—, del cual hasta hoy es el último representante, como lo reconocen sus dos principales biógrafos Shirer y Bullock.

Para los analistas sesgados de su trayectoria que le niegan la menor virtud, tal hecho es tan misterioso como el "inexplicable" amor que el Führer le tuvo a su sobrina Geli Raubal ("¿cómo pudo ese sujeto haber amado a alguien?"jovencondesa, o el que Eva Braun sentía por él mismo ("¿cómo pudo alguien amar a Hitler?"Los peores asesinos de la historiasangre.

Todo eso revela, a los ojos del especialista imparcial, una concepción maniquea, ingenua (o quizá convenenciosa) de hombres inteligentes pero prejuiciados acerca de la psicología humana —especialmente de la de un individuo al que no aprueban—, y a pesar de ello pervive como verdad profunda.

El reciente estreno de dos películas poco difundidas aunque de buena calidad, una hecha para el cine ("Max", 2002) y otra para la televisión ("Hitler. El reinado del mal", 2003, premiada con un Emmy), que se salen de las pautas preestablecidas respecto al común de creencias sobre su personalidad, remueve el tema y provoca reflexiones encontradas.

En el caso específico de Max, una producción en la cual se abordan ciertos aspectos humanos del personaje, su estreno en Japón (2004) y el uso promocional de una acuarela hecha por el caudillo germano en su juventud produjeron reacciones por parte de diversos grupos vinculados a los derechos humanos, logrando amedrentar y aminorar el afán de los organizadores por promover la película y mantenerla en cartelera (esto recuerda en menor escala el absurdo revuelo mundial por La Ultima Tentación de Cristo). Lo extraño del asunto es que la principal causa esgrimida por quienes protestaron es que Max constituye un intento de "humanización" de Hitler, lo que de pasar desapercibido "sería un estímulo para los grupos pronazis y una consiguiente desensibilización del ciudadano promedio frente al holocausto". ¡Prohibido, entonces, el pensamiento y el arte independientes porque, según la paranoia de los autoproclamados guardianes de la conciencia humana, tales ejercicios sirven a fines odiosos o sentimentalmente ingratos y hacen eco entre un público muy crédulo!

Vallejo-Nágera describe bien el carácter pacato y tonto de la actitud exageradamente antinazi después de más de medio siglo de transcurridos los acontecimientos, indicando que dicha perspectiva confunde la atracción y curiosidad histórica o psicológica que se pueda sentir por una figura extraordinaria como la de Hitler y por un tiempo como el del Tercer Reich, con la identificación ideológica hacia su régimen, y peor aun, con la convalidación moral de sus hechos (a pesar de todo, como dice Ian Kershaw, la fascinación y la repulsión no son conceptos tan incompatibles). Puede que semejante afán de censura filomedieval tenga explicación en el trauma sufrido a raíz de los horrores nazis, pero ningún fundamentalismo es bueno, ni aun aquel que pretende acogerse bajo la égida de la justicia.

siempre

Basado en estos argumentos pretendo ocuparme imparcialmente de este tema, dada la importancia que tiene para el quehacer psicológico. Lejos de mí el deseo de "rehabilitar" a Hitler, ni menos de negar o minimizar la gravedad del holocausto en la línea, por ejemplo, de Irving (1988/1977); lo que busco es simplemente establecer criterios de mayor objetividad en el análisis del caso, aceptando que, después de todo, Adolf Hitler era un ser humano con defectos, virtudes y debilidades como cualquier otro individuo, o déspota, de la historia.

El conflictivo ambiente en que vivió y la magnitud de los acontecimientos que lo rodearon lo hace muy especial, pues quizá ningún personaje ni tiempo históricos ofrecen tal cantidad de material para el análisis que los mencionados aquí, donde el fanatismo, la genialidad y la criminalidad se dan la mano en tan estrecha coyunda puesta al servicio de la dominación psicotecnológica de una inmensa masa de individuos.

Aquí se ventilarán sólo tres aspectos medulares en la visión que se tiene de Hitler, procurando revisarlos con una mirada objetiva: 1) el ángulo psico(pato)lógico de su personalidad, 2) su conducta sexual, 3) su aparente relación con el ocultismo.


EL ÁNGULO PSICOLÓGICO

A Hitler se le ha procurado analizar desde diversos ángulos, pero aquí interesa particularmente el psicológico. Entre los psicólogos profesionales que se han dado el trabajo de sugerir interpretaciones sobre el caudillo austroalemán sobresalen Fromm y Erikson.

Cada uno de ellos, en su indagación psicoanalítica, realizó un profundo estudio de la obra semiautobiográfica de Hitler: Mi Lucha, basándose en aquella para sacar buena parte de sus conclusiones.

Erich Fromm especula en el Capítulo VI de su obra El Miedo a la Libertad ("Psicología del Nazismo"elizabethhistoria sobre la hipótesis del sadomasoquismo como distintivo general de la personalidad del líder teutón y de sus principales seguidores. Hitler, afirma Fromm, odiaba a los débiles y amaba a los fuertes, y gozaba con el éxtasis de sentirse inmerso en una gran colectividad de autosacrificio y a la vez sojuzgarla. Esa tendencia signó, sin duda, su conducta personal y todo el carácter de su régimen político.

Erik Erikson, por su parte, hace un estudio que denomina psicohistórico acerca de la evolución personal llena de tensiones y conflictos y un ambiente especial que hicieron de Hitler un fanático racista y autoritario. En tal sentido analiza con largueza tanto las experiencias de la niñez hitleriana como las costumbres nacionales germánicas.

Las características de la crianza de la niñez alemana de aquellos tiempos le dan a Erikson la clave para entender cómo es que el ambiente familiar y cultural de fines del siglo XIX y principios del XX producía adolescentes con un desviado espíritu revolucionario, orientándolo hacia la suplantación de la autoridad paterna por un culto místico-romántico: el del exagerado nacionalismo. Por otro lado, el aspecto antijudaico lo atribuye a la envidia que —en aquellos tiempos de crisis agobiante—, inclinaba a los oprimidos alemanes arios a buscar "chivos expiatorios" de su situación en ciertos representantes de la clase capitalista.

Debo añadir que, a pesar de que en los años cuarenta en los círculos académicos y literarios eran muchas las tentaciones para endilgar marbetes psiquiátricos al Führer, ni Fromm ni Erikson cayeron en tal simplicidad.

Por el contrario, los numerosos apuntes acerca de la psicología hitleriana hechos por muchos de sus historiadores y comentaristas (quienes carecen, como es natural, del talento especializado), suelen pecar de facilistas en sus calificativos acerca del estado patológico de Hitler.

El periodista americano John Gunther, por ejemplo, parte del punto de vista de que "todos los dictadores son anormales; se trata de un hecho axiomático... la mayoría de los dictadores son profundamente neuróticos". Incluso Vallejo-Nágera, un defensor de juicios más moderados al respecto, cae en ese tipo de aseveraciones ingenuas calificando, sin más, de "loco" a Hitler.

La complejidad del asunto es mucho mayor, tal como lo nota el historiador alemán P. E. Schramm:

Nunca se agota la cuenta si se trata de captar al hombre Hitler: su contacto con los niños y con los perros, su alegría ante las flores y las cosas cultivadas, su admiración por las mujeres hermosas, sus relaciones con la música... eran cosas auténticas; pero también era auténtica la tenacidad despiadada, implacable... con la que saltándose todas las consideraciones morales, aniquilaba a los adversarios de su poderío... Hitler, al variar guiado por la razón, por el humor y el oscuro impulso, era más enigmático de lo que lo haya sido ningún hombre en toda la historia alemana.

En la obra Carisma, Charles Lindholm también dedica extensos comentarios psicológicos al fenómeno nazi y al carácter de su líder, expresando la dificultad de explicarlo mediante simplificaciones. Dice, entre otras cosas lo siguiente:

Hitler era una figura proteica, febril y difícil de aprehender en quien apenas se disimulaban las contradicciones: aprobó legislaciones para asegurar la muerte indolora de las langostas de mar y era tierno con los niños y los animales, pero podía ser inhumanamente cruel o enfurecerse aterradoramente; su letargo alternaba con períodos de inmensa hiperactividad: era un aspirante a artista cuyos sueños de creación contrastaban con sus fantasías de aniquilación; un pragmático presa de ilusiones antojadizas; un soldado valeroso petrificado por sofocantes temores; un compañero encantador o absolutamente brutal; un hombre austero con hábitoslibertinos.

Todo ello, según Lindholm, llevaría a la conclusión de que se trata de una personalidad psicótica en el sentido psicoanalítico, si no fuera porque Hitler encontró en el servicio militar, en el nacionalismo y en el sentimiento de su propio destino providencial, la forma de controlar esos impulsos en público y conservar la coherencia, llegando únicamente a un estado limítrofe.

Pronto aprendió también a usar su talento oratorio de manera catártica y a "echar sus demonios internos hacia fuera", contagiando de frenesí al público asistente a sus multitudinarios mítines.

La singular exaltación que Hitler manifestaba en sus discursos es, aun ahora a través de la visión de documentales que lo reviven, fuente de asombro: por un lado se le considera una especie de "poseso" y "maníaco", y por otro lado un "maestro", incluso un "genio", de la comunicación de masas. Pero, debido al estigma de locura que carga la figura del líder nazi, es mayor el impacto de las primeras calificaciones. Poco importa recordar que, en la época de la Europa de pre-guerras, el estilo oratorio de corte ampuloso y teatral era común entre los políticos y revolucionarios.

Sin ir muy lejos, en su tiempo Mikjail Bakunin lo practicaba casi con la misma pasión y vivacidad que el Führer, sin que a nadie se le ocurriera decir que estaba loco por ello.

A propósito de esto último, algo que ha contribuido a cimentar la idea de un Hitler desquiciado antes de 19424 es el abundante conjunto de relatos que describen episodios de rabia incontenible en los cuales el líder nazi echaba "espumarajos", "se le hinchaban las venas del cuello", "golpeaba las paredes", etc. (cosa que, por lo demás, recuerda a cualquier sargento instructor de reclutas en el ejército).

Al respecto, Bullock señala que muchos de esos estallidos de cólera eran hábiles mascaradas, recursos calculados para hacer capitular a sus interlocutores molestos. Parecida estrategia era la usada por Napoleón .no tan estridente porque vivió en una época de trato mucho más ceremonioso, según se puede ver en la biografía que de él escribe Emil Ludwig.

Lo cierto es que, contra la opinión general5, Hitler no limitaba su capacidad sugestiva a sus apariciones como tribuno. En realidad era un manipulador psicológico a tiempo completo de todos cuantos se cruzaran con él, sin importar su rango social o militar (véase Picker, 1965/?). Así lo pinta el talentoso arquitecto del Reich, Albert Speer, quien compartió largos períodos de trabajo con el líder alemán:

El no manipuló tan sólo el instrumento de las masas populares; fue también un psicólogo magistral frente al individuo. Adivinó los más secretos temores y esperanzas de cada interlocutor... [fue] un psicólogo como jamás me fuera dado conocer otro, y lo sigue siendo. Me imagino que, algún día, los historiadores lo considerarán únicamente grande en esa medida.

Evidentemente un "enfermo mental", incapaz de pensar racionalmente según muchos quieren presentarlo, no tendría la frialdad y el autocontrol suficientes como para provocar con sus acciones semejantes comentarios. Hitler era claramente un psicópata en el sentido lato del término, que involucra tendencias obsesivas, histriónicas, narcisistas y hasta paranoides, pero no era un esquizofrénico.

Hace varios años el psiquiatra y criminólogo alemán Wolfgang de Boor hizo un minucioso estudio-peritaje post-mortem, en el cual concluyó que "se deben excluir en Hitler tanto trastornos psíquicos patológicos como locura o profundas perturbaciones mentales en el sentido que marca la ley"

LA SEXUALIDAD DE HITLER

La inquina hacia el recuerdo del Führer nazi es tal que en algunos documentales biográficos modernos (como por ejemplo el emitido hace algunos años por Mundo Olé) se presentan escenas que, puestas en cámara lenta y en retroceso, parecen mostrar gestos feminoides del Dictador, tratando de sembrar la idea de homosexualidad (lo cual, desde luego, no tendría nada de malo si fuera verdad).

Recientemente, un libro sensacionalista de Lotear Matchtan —rápidamente traducido al español, lo que denota el morbo que despierta este tema— vuelve a traer a colación el asunto de la supuesta identidad secreta "gay" de Hitler. Parece que las mismas personas que abominan al nazismo por su discriminación racial utilizan la discriminación homofóbica para añadir supuestos baldones a su imagen.

Por ejemplo ya Rauschning, en Hitler me Dijo, que es el testimonio de un ex-funcionario nacionalsocialista .entonces ya emigrado., hacía algunas alusiones malintencionadas al respecto de la sexualidad hitleriana. Las siguientes citas del libro de este hombre que, por propia confesión, no se atrevía a chistar cuando estaba ante la presencia de su Führer, son sólo pequeñas muestras, aclarando que las palabras en cursiva son señaladas por mí:

... Goering tuvo siempre una actitud opuesta a la de Hitler, y... en el círculo de sus amigos íntimos, no tenía empacho en expresar groseramente su opinión sobre el "loco afeminado".

joven

Su boca arrojaba espuma; jadeaba como una mujer histérica y eructaba exclamaciones entrecortadas...

Fue la merienda tradicional de las familias alemanas. Hitler hacía de dueña de casa. Sosegado el espíritu, casi amable.

Recuerdo una frase de Forster, el amigo íntimo de Hitler. "Bubi" Forster, el niño terrible entre los gauleiters: "Ah, si tan siquiera Hitler pudiera saber cuan agradable es tener entre los brazos a una joven en flor... Ese pobre Hitler"... Me guardé de hacerle ninguna pregunta.

Pero Rauschning no calculaba varias cosas que podrían mellar la credibilidad de sus "confidencias": 1) no hay otro registro alguno de que Goering se expresara así de Hitler en privado; 2) el histerismo puede ser común a hombres y a mujeres por igual, así que calificarlo de "mujer histérica" suena a insulto vulgar tanto a Hitler como a las mujeres en general, y 3) posteriormente se descubriría que Forster, a quien atribuye una conducta de mujeriego, era, sí, un auténtico homosexual.

Pese a que sí se sabe que uno que otro individuo del círculo dirigente nazi era homosexual (especialmente los jefes de las SA que fueron asesinados en "la noche de los cuchillos largos"condesaLos peores asesinos de la historia, como por ejemplo Roehm, Heynes y el mismo Forster; realmente no hay la menor prueba sólida de que el Dictador alemán lo fuera.

Es más, durante la dictadura hitleriana se persiguió a los homosexuales y era notoria la aversión personal del Führer hacia ellos: en una ocasión, con Hossbach (el autor del famoso Protocolo Hossbach), Hitler le replicó hablando sobre uno de sus Generales investigado por el servicio secreto: "Ud. Se equivocó. Von Fritsch no es sólo un ser desviado, sino también un embustero. Claro que todos los homosexuales son embusteros".

Sin embargo, queda como un misterio la verdadera conducta sexual del Dictador nazi. Ciertamente se codeó con muchas mujeres y generaba reacciones histéricas de adoración en gran parte de las asistentes a sus mítines, mas no se le conoce con certeza romance alguno en el sentido convencional, excepto, en parte, los tenidos con su sobrina Geli y con Eva Braun; y ni aun en los mejores momentos de la relación de Hitler con ésta última hubo demostraciones de afecto íntimo entre ellos en público. Aunque algunos indicios llevan a considerarlo un sadomasoquista que sometía a sus amantes a crudas experiencias. Shirer, al parecer Hitler embebido en la política nunca se preocupó eróticamente demasiado por las mujeres, al punto que muchos lo consideraban "neutro" o "asexuado". Davidson, consigna que durante su juventud el futuro Canciller expresaba su disgusto por la prostitución cuando pasaba por las zonas rojas de Viena, y Gunther anota que Hitler veía a las mujeres más como amas de casa o madres, comportándose con ellas como un caballero dado al besamanos "y nada más".

Vallejo-Nágera dice al respecto lo siguiente:

La vida íntima de Hitler ha dado lugar a muchas elucubraciones. En parte debido a que Hitler fue siempre extremadamente discreto, en parte porque con su gran instinto propagandístico comprendió que una aureola de misterio en torno a su persona era muy conveniente para montar sobre ella las invenciones de la propaganda y, en parte, porque se veía obligado a ello al tener en verdad "algo que ocultar".

Lo que Hitler tenía que ocultar sólo puede conjeturarse. El informe de la autopsia de Hitler, hecho por los médicos soviéticos y misteriosamente guardado hasta 1968 (lo que después de todo suscita sospechas de fraude), indica la ausencia de un testículo, defecto congénito que no implica disfunciones mayores, pero que a nivel psicológico puede ser devastador.

Los investigadores franceses Charlier y de Launay esbozan una posible explicación de la conducta sexual del líder nazi fundados en ello, anotando que había cierta constancia en la relación de Hitler primero con mujeres maduras o "amigas maternales" como Winifred Wagner, y después con mujeres-niñas como Geli Raubal o Eva Braun. Señalan que:

Si admitimos la existencia de un complejo de origen psíquico o físico, su preferencia por las mayores, que lo perdonan todo, y después por las adolescentes, que no saben nada y aceptan las explicaciones de un héroe de la guerra, puede explicar la adaptación de nuestro hombre.

Otras pistas llevarían a la hipótesis de una sífilis, posiblemente contraída en la Primera Guerra Mundial cuando Hitler era soldado. Según eso, los síntomas mentales y físicos del Dictador durante los últimos años de su vida (delirios, alucinaciones, temblores, etc.) se deberían a un estado terciario de esta enfermedad.

De cualquier manera había algo extraño relacionado con la autoimagen sexual de Hitler. Datos conexos a esto que confirmarían la existencia de un complejo psicológico son sus dos hábitos inveterados: por un lado rehusaba absolutamente ser visto en ropa de baño (o desnudo frente al masajista), y por otro cuando estaba en actitud de espera acostumbraba tomarse las manos a la
altura de la ingle, pose en la cual aparece en una gran cantidad de fotografías.

sangre

Lo cómico es que muchos de sus subalternos lo imitaron, como si se tratara de un gesto eminente. Algo así como la mano de Bonaparte metida en la solapa.


HITLER Y EL OCULTISMO

Algunos (Ribadeau; Pennick), consideran que la conducta de los fanáticos líderes nazis sólo tiene explicación en el marco de una cosmovisión ocultista. Basándose en fragmentarios indicios cuyo origen está en la cercanía que algunos de sus más cercanos colaboradores (Hess, Himmler) tuvieron con las llamadas "ciencias ocultas", los partidarios de esta postura sostienen que el intento revolucionario de Hitler y sus asociados habría sido esencialmente mágico: la creación de una raza de superhombres con poderes psíquicos, capaces de dominar el universo y alcanzar la inmortalidad.

Ello requería primero hacer una limpieza de lo "subhumano", empezando por judíos y gitanos.

Desde la perspectiva ocultista, hay toda una serie de datos que se manejan para demostrar la inclinación de Hitler por lo esotérico.

Se dice, por ejemplo, que de niño le atraía la vida religiosa, conociendo las cruces gamadas (antiguo emblema de las razas del norte y símbolo de la luz) en el Monasterio de Lambach. A los doce años se familiarizó con la música de Wagner y con todo lo que eso significaba como información sobre los ancestrales mitos germánicos, fascinándole Wotan, el Dios de la posesión demoníaca.

Poco a poco se convirtió en una especie de "vidente" signado por el destino para "llevar a su pueblo hacia la libertad", y pasaba el tiempo en las bibliotecas leyendo libros sobre religiones orientales, yoga, ocultismo, hipnotismo y astrología. Según Ribadeau, un librero de Viena que era cultor del espiritismo hizo amistad con Hitler y le inició en "un ambiente de satanismo y perversión sexual" bajo el signo esvástico de una secta paramasónica.

En ella frecuentó a otros miembros y, a través de Rudolf Hess llegó a la Sociedad Thule6, un cenáculo interesado en cultivar la vieja tradición germánica (incluyendo preservar la pureza de la sangre), donde también se perfilaban ideas sobre la antigua conexión sagrada entre la geografía y la política. Allí el futuro Mesías bebió de fuentes cosmológicas que cimentaron su mística creencia en la supremacía del germanismo, y en su propio papel como realizador de esa utopía.

En este ensayo sería imposible dar una relación completa de todas las afirmaciones hechas en esta línea por los partidarios de una explicación ocultista del fenómeno nazi. Como toda "teoría de la conspiración" mezcla verdades y mentiras, hechos comprobados e hipótesis plausibles al lado de rumores absurdos e ideas jaladas de los pelos7.

Si bien lo esotérico tiene un lugar dentro del desarrollo general del nazismo y de sus dirigentes, el hecho es que Hitler era cualquier cosa, menos un ingenuo. Probablemente en algún momento este Maestro del Engaño supo utilizar a manera de bluff en su beneficio —como hizo con todo lo que se cruzó por delante: individuos, acontecimientos, ideas— el "arma de propaganda" ocultista para impresionar a cierta gente y lograr ciertos objetivos, pero es dudoso que íntimamente se lo tomara en serio. Muchas veces se refirió con desdén hacia las creencias de su secretario Hess y en general hacia el ocultismo; y la mejor prueba objetiva de ello son sus propias órdenes en las cuales prohibió toda conferencia sobre astros, espiritismo, telepatía y clarividencia, así como todo anuncio de ellas en los diarios. En palabras de Schramm, "las supersticiones le eran totalmente extrañas". Posteriormente mandaría arrestar a más de cien astrólogos, mediums y videntes, y suspender la Sociedad Thule. Eso es lo real.


A MANERA DE CONCLUSIÓN

Aquí se han examinado algunos de los aspectos más polémicos de la personalidad de Hitler, tratando de hacerlo con objetividad. Es tanta la carga emotiva que evoca un personaje de esta naturaleza que quizá desmentir ciertos prejuicios que coadyuvan a deformar su imagen puede ser juzgado por sus críticos como un solapado apoyo pro-nazi.

No me preocupa esa objeción pues no comulgo con el llamado "revisionismo del holocausto" ni soy antisionista; pero es de lamentar la hipocresía de quienes, bajo el pretexto de combatir tendencias totalitarias ajenas, las ejercen a su vez en contra de otros impidiendo cualquier debate racional sobre lo que se cree indiscutible.

Lo que es evidente e incontestable, es que Hitler fue durante la mayor parte de su vida un psicópata (como también lo fue su colega Stalin, o como lo puede ser hoy en otra escala y ambiente un Maradona, por ejemplo), empeorado por las obsesiones de su terrible fanatismo, y que en algún momento de su carrera de los últimos años las circunstancias extraordinariamente difíciles que lo rodearon, y la calidad de vida que llevó, hicieron mella en su personalidad poniéndola en el límite de la cordura.

Sin embargo, es exagerado decir que comenzó a vivir en un mundo de fantasía pura o que se convirtió en un enajenado. Tenía momentos de tanta lucidez como podía esperarse para un individuo en su posición y en una situación apocalíptica semejante.

siempre

El que sus postreras intuiciones o razonamientos fallaran en la apreciación de los acontecimientos era muy natural, dado el escaso margen de información segura a la cual tenía acceso desde el aislado Bunker. Sus decisiones de "tierra arrasada" o de genocidio planificado no tienen excusa, pero no son fruto de la demencia, sino de la crueldad trágica típica de cualquier tenebroso verdugo de la historia. Lo que las hace más impactantes son las dimensiones colosales del escenario en que se produjeron y el número de víctimas involucradas.

En cuanto a su suicidio y cremación, ésto no fue, como tantas veces se ha asegurado desde la cómoda posición de un escritorio, un acto de cobardía. Y no fue tampoco una salida heroica. Fue simplemente lo único que cabía hacer: Hitler, demasiado conocido y que además estaba muy mal de salud (lo que le impedía fugarse y convertirse en un "sumergido"elizabethhistoria, sabía muy bien lo que le esperaba si caía vivo o muerto en manos de sus tan implacables como innumerables enemigos (recuérdese el destino de Mussolini), y por ello lo ilógico hubiera sido tratar de resistir a mano armada o de entregarse.

Como se probó en el Juicio de Nüremberg, los millones de personas muertas y la serie innumerable de dolores que causó el régimen nazi no deben achacarse únicamente a su caudillo, como tampoco debe achacarse sólo a Mao la barbarie de la Revolución Cultural china, ni a Bonaparte el inmenso coste humano y material de su aventura imperialista. Fue, en realidad, toda una pandilla de criminales y fanáticos respaldados por la posibilidad del ejercicio del poder absoluto, sin frenos, la que produjo tanto mal. Y esta pandilla de agitadores, sicarios y verdugos creció y actuó en relación a una cantidad de factores ideológicos, étnicos, geográficos, socioeconómicos e idiosincrásicos operantes a manera de contingencias interdependientes de dimensión gigantesca.

Científicamente, utilizando el concepto de moldeamiento en la forma utilizada por Skinner, puede decirse que el comportamiento nazi se moldeó en un entorno plagado de estimulación aversiva y de reforzamiento negativo, lo que, aunado a una multiplicidad de factores situacionales y personales de Hitler (su nacimiento fruto de la unión de padres distanciados generacionalmente, la influencia de alguno de sus profesores y de un ambiente
provincial de frontera, su frustración por no poder seguir la profesión de artista, sus lecturas de Nietzsche, etc.); y a sucesos fortuitos diversos, dio por resultado el fenómeno hitleriano. Desde este punto de vista Hitler, aparte su habilidad genial como cabecilla de la banda, fue el exponente y el producto más visible, pero no el único, de tan complejas condiciones; y surgió en base a un liderismo carismático en el sentido en que Tucker toma esta expresión de Erikson, es decir rodeado de condiciones psicohistóricas específicas: todo estaba preparado en la Alemania de entonces para que estallara el polvorín racista y nacionalista.

Otro tipo de explicación cae obligatoriamente en providencialismos místicos que lo único que hacen es obscurecer el verdadero carácter de los acontecimientos, como ha ocurrido por más de medio siglo. Como dice Kantor , "para reconocer el carácter inevitablemente conductual de las cosas, su composición y estructura no necesitan ser revestidos con procesos o funciones psíquicas". La crítica a quienes han sesgado de esta y otras maneras la historia de Hitler debe tomarse en consideración.

joven

NOTA

1 Psicólogo y docente universitario en las asignaturas de Análisis conductual Aplicado y Psicología de la Personalidad.

2 El dato de la estatura se halla en la obra de Ryan. Quizá la parodia de Chaplin (en El Gran Dictador), que si era un hombre pequeño, haya contribuido al mito. Es pertinente, además, recordar que un prominente político británico, A. Eden, que conoció personalmente a Hitler, lo describía como una persona "de aspecto elegante, casi apuesto, comedido y amistoso"

3 Esto no se extiende a su aspecto físico, reproduciendo los consabidos prejuicios. En Hitler. El reinado del mal, parece haberse buscado a un actor singularmente pequeño y delgado (Robert Carlyle) para interpretarlo, a la vez que a los principales jerarcas nazis que lo rodeaban .Roehm, Goering, Strasser, incluso Goebbels . se les representa como hombres mucho más altos y corpulentos de lo que eran, como para establecer un violento contraste con la figura "esmirriada" de su jefe (eso se completa con un juego de tomas de perspectiva en las cuales casi siempre se visualiza la "pequeñez" del Führer frente a sus colaboradores o adversarios).

4 Después de ese año sí se hizo notorio el deterioro progresivo que tuvieron sus funciones cognitivas, tanto como las afectivas y motoras.

5 La idea común es la de que Hitler entraba en frenética actividad comunicativa ante público numeroso, "derrumbándose" agotado y tímido ante interlocutores individuales. Eso sólo ocurría cuando percibía que éstos no le podían ser útiles en ese momento.

6 Thule, cantado por Wagner era, según el mito, un Edén nórdico parecido a la Atlántida.

7 También aquí desempeña un papel importante Rauschning, frecuentemente citado por los ocultistas en los pasajes de su obra en que describe supuestos delirios demoníacos nocturnos de Hitler, que, dice él informante, "me negaría a creer, de no provenir de fuente tan fideligna" Lo cierto es que no hay otro testimonio semejante entre las muchos personas que interactuaron con Hitler en esa época, lo que hace pensar nuevamente en una superchería dictada por el odio de un renegado nazi.


6 comentarios - Los peores asesinos de la historia

http010
muy buen post hermano! felicitaciones!
dyno
muy buena info.....
tsucriminalistica +1
Si Hitler era un asesino, la república del congo ganará el próximo mundial de futbol