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Jesús entra en Jerusalén

21 1 Estaban ya cerca de Jerusalén. Cuando llegaron a Beftagé, junto al monte de los Olivos, 2
Jesús envió a dos discípulos, diciéndoles: <<Caminen hasta el pueblecito que está al frente y encontrarán una burra atada con su burrito al lado. Desátenla y tráiganmela. 3 Si alguien les dice algo, contéstenle: El Señor los necesita, pero pronto los devolverá.>>
4 Esto sucedió para que se cumpliera lo dicho por un profeta:
5 Digan a la hija de Sión: <<Mira que tu rey viene a ti con toda sencillez, montado en una burra, una burra de carga, junto a su burrito.>>
6 Los discípulos fueron, pues, siguiendo las instrucciones de Jesús, 7 y trajeron la burra con su cría. Después le colocaron sus capas en el lomo y Jesús se sentó encima.
8 Entonces la mayoría de la gente extendió sus capas en el camino; otros cortaban ramas de árboles y las ponían sobre el suelo. 9 El gentío que iba delante de Jesús y el que le seguía exclamaba:
<<¡Hosanah! ¡Viva el hijo de David! ¡Bendito sea el que viene en el Nombre del Señor! ¡Hosanah! ¡Gloria en lo más alto de los cielos!>>
10 Cuando Jesús entró en Jerusalén, la ciudad se alborotó. Preguntaban: <<¿Quién es éste?>> 11 Y la muchedumbre contestaba: <<Este es el profeta Jesús, de Nazaret de Galilea.>>

 Ver comentario de Mc 11. Mateo, Marcos y Lucas hacen coincidir con esta entrada a Jerusalén el suceso de los vendedores del Templo. Por el contrario, Juan habla de los vendedores al comienzo del ministerio de Jesús. Es muy difícil decir quién tiene la razón. Es que cada evangelista agrupa los hechos según conviene a su plan y no los dispone siempre en el orden en que sucedieron.
Además, varios detalles de esta entrada triunfal nos hacen pensar en la fiesta de los Tabernáculos (que se celebraba en septiembre) más que en los días anteriores a la Pascua:
- alegría del pueblo, propia de dicha fiesta, la más popular de todas,
- ramas y palmas, como en la procesión de dicha fiesta, que se dirigía a la fuente de Siloé cantando el salmo 118: ¡Bendito el que viene en nombre de Señor! y aclamaba los ¡Hosanah! (o sea: ¡Sálvanos!),
- mención del cerro de los Olivos en que se levantaban las chozas de la fiesta.
Ver al respecto Za 14, que se refiere a esta fiesta (14,16) y anunciaba la purificación del Templo.
Es muy posible que los evangelios hayan ubicado esta entrada de Jesús en vísperas de la Pascua por el motivo de que contaban un solo viaje de Jesús a Jerusalén.
Llegaron a Betania y Beftagé. El pueblito de Beftagé era la puerta del distrito de Jerusalén al oriente. Según la Ley, la Pascua debía celebrarse en Jerusalén, pero, siendo la ciudad demasiado exigua para hospedar a los cien mil o más peregrinos de la fiesta, el límite jurídico de la ciudad había sido ampliado para incluir algunos pueblos, entre ellos Beftagé. Asimismo Jesús, durante esos días, se alojará en Betania (21,17).
Tú sacas tus alabanzas. Estas palabras del Salmo 8 se dirigían a Dios, pero Jesús se las aplica a sí mismo, como hizo en otras oportunidades.

Jesús limpia el Templo

+ 12 Después, Jesús entró al Templo y echó fuera a todos los que vendían y compraban en los patios. Derribó las mesas de los que cambiaban monedas, lo mismo que los puestos de los vendedores de palomas, y les declaró: 13 <<Dios dice en la Escritura: Mi casa será llamada Casa de Oración. Pero ustedes la han convertido en cueva de ladrones.>>
14 También se le presentaron en el Templo ciegos y cojos, y Jesús los sanó.
15 Viendo estas cosas tan asombrosas que Jesús acababa de hacer y a los niños que clamaban en el Templo: <<¡Viva el hijo de David!>>, 16 los sacerdotes principales y los maestros de la Ley se indignaron y le dijeron: <<¿Oyes lo que dicen ésos?>> <<Perfectamente>>, les contestó Jesús. <<Y ustedes, ¿no han leído nunca este texto: Tú sacas tus alabanzas de los pequeñitos y de los que aún maman?>>
17 Y dejándolos ahí, salió de la ciudad para ir a Betania, donde pasó la noche.

+ Ver comentario de Mc 11.15.
Jesús limpia el Templo, realizando la profecía de Zacarías, 14,21. También este gesto recuerda Malaquías 3: el Señor viene a purificar su pueblo y su Templo. Jesús viene como profeta para exigir el respeto a Dios. También, como Dios, se presenta para inaugurar los tiempos nuevos de la religión en espíritu y en verdad. Así lo entiende Juan (2,21), que nos habla del Templo Nuevo, Cristo.

Maldición de la higuera

 18 Al regresar a la ciudad, muy de mañana, sintió hambre. 19 Divisando una higuera cerca del camino,
se acercó, pero no encontró sino hojas, y le dijo: <<¡Jamás volverás a dar fruto!>> Y al instante se secó la higuera.
20 Al ver esto, los discípulos dijeron maravillados: ¿Cómo se secó de repente la higuera?>> 21 Jesús les contestó: <<En verdad les digo: si tienen realmente fe y no vacilan, no solamente harán lo que acabo de hacer con la higuera, sino que dirán a ese cerro: 22 ¡Quítate de ahí y échate al mar!, y así sucederá. Todo lo que pidan con una oración llena de fe, lo conseguirán.>>

 El hecho anterior nos ayuda a comprender la actuación de Cristo, que buscó higos fuera de la temporada y luego maldijo el árbol como si éste fuera responsable. Este fue un gesto destinado a captar la atención de los apóstoles, según la manera de enseñar de los profetas. La higuera es figura del pueblo judío, que no dio los frutos que Dios esperaba.

Jesús responde a las autoridades

23 Jesús había entrado al Templo, y estaba enseñando cuando los sumos sacerdotes y las autoridades judías fueron a su encuentro para preguntarle: <<¿Con qué derecho haces todas estas cosas? ¿Quién te lo ha autorizado?>>
24 Jesús les contestó: <<Yo también les voy a hacer una pregunta, nada más. Si me la contestan, yo también les diré con qué autoridad hago todo esto: 25 Cuando Juan bautizaba, ¿lo había mandado Dios, o era cosa de hombres?>>
Ellos reflexionaron interiormente: <<Si contestamos que lo había mandado Dios, nos va a decir: Pues ¿por qué no creyeron en él? 26 Y si le decimos: Era cosa de hombres, debemos temer al pueblo, ya que todos consideran a Juan como un profeta.>> 27 Y contestaron a Jesús: <<No lo sabemos.>>
Entonces Jesús dijo: <<Yo tampoco les digo con qué autoridad hago esto.>>

La parábola de los dos hijos

+ 28 Jesús agregó: <<¿Qué les parece esto? Un hombre tenía dos hijos. Se dirigió al primero y le dijo: Hijo, hoy tienes que ir a trabajar a mi viña. 29 Y él respondió: No quiero. Pero después se arrepintió y fue. 30 Luego el padre se acercó al otro y le mandó lo mismo. Este respondió: Voy, señor. Pero no fue.>>
31 Jesús, pues, preguntó: <<¿Cuál de los dos hizo lo que quería el padre?>> Ellos contestaron: <<El primero.>> Y Jesús prosiguió: En verdad, los publicanos y las prostitutas les preceden a ustedes en el Reino de los Cielos. 32 Porque Juan vino para indicarles el camino del bien y ustedes no le creyeron, mientras que los republicanos y las prostitutas le creyeron; ustedes fueron testigos, pero ni con esto se arrepintieron y le creyeron.

+ Esta parábola comenta la negativa de los jefes a reconocer a Juan como un enviado de Dios.
Buen número de pecadores se convirtieron por la palabra de Juan y reconocieron sus pecados. Estos están bien ubicados para recibir el mensaje de Jesús, que les abre el Reino de Dios, o sea, una nueva existencia, al mostrarles el verdadero rostro de Dios Padre. Por eso preceden a los sacerdotes que se quedaron indiferentes frente al llamado de Juan, pues no sentían ni deseo ni necesidad de convertirse.
Recordemos que Reino de los Cielos no se refiere al <<cielo>>, recompensa nuestra después de la muerte, sino que significa lo mismo que Reino de Dios y se refiere al Reino que empieza en nosotros cuando descubrimos a la vez nuestra miseria y el perdón de Dios.

Los viñadores asesinos

33 Escuchen este otro ejemplo: Había un dueño de casa que plantó una viña, le puso cerca, cavó un lagar, levantó una casa para vigilarla, la alquiló a unos trabajadores y se fue a un país lejano. 34 Cuando llegó el tiempo de la vendimia, el dueño mandó a sus sirvientes donde los trabajadores para que cobraran su parte de la cosecha. 35 Pero los trabajadores tomaron a los enviados, apalearon a uno, mataron a otro, y a otro lo apedrearon.
36 El propietario volvió a enviar a otros servidores más numerosos que la primera vez, pero los trataron de la misma manera.
37 Por último envió a su hijo, pensando: Respetarán a mi hijo. 38 Pero los trabajadores, al ver al hijo, se dijeron: Este es el heredero; matémoslo y nos quedaremos con su herencia.
39 Lo tomaron, pues, lo echaron fuere de la viña y lo mataron.
40 Ahora bien, cuando venga el dueño de la viña, ¿qué hará con ellos?>> 41 Los oyentes de Jesús le contestaron: <<Hará morir sin compasión a esa gente tan mala, y arrendará la viña a otros que le paguen a su debido tiempo.>>
42 Jesús agregó: <<¿No han leído nunca lo que dice la Escritura?: La piedra que los constructores desecharon llegó a ser la piedra principal del edificio. Esa es la obra del Señor y nos dejó maravillados.
43 Por eso les digo que el Reino de los Cielos se les quitará a ustedes para dárselo a gente que dé frutos; 44 y en cuanto a la piedra, el que se estrelle contra ella será hecho pedazos, y si la piedra cae sobre alguno, lo hará polvo.>>
45 Al oír estos ejemplos de Jesús, los jefes de los sacerdotes y los fariseos comprendieron que se refería a ellos. 46 Hubieran deseado arrestarlo, pero tuvieron miedo al pueblo, que lo miraba como a un profeta.

Un rey celebra las bodas de su hijo

o 22 1 Jesús siguió poniéndoles ejemplos:
2 <<Pasa en el Reino de los Cielos lo que le sucedió a un rey que celebró las bodas de su hijo. 3 Mandó a sus servidores a llamar a los invitados a las bodas, pero éstos no quisieron venir.
4 Por segunda vez despachó a otros criados, con orden de decir a los invitados: Tengo listo el banquete, hice matar terneras y otros animales gordos y todo está a punto; vengan, pues, a las bodas. 5 Pero ellos no hicieron caso, sino que se fueron, unos a sus campos y otros a sus negocios. 6 Los demás tomaron a los criados del rey, los maltrataron y los mataron.
7 El rey se enojó y, enviando a sus tropas, acabó con aquellos asesinos y les incendió la ciudad. 8 Después dijo a sus servidores: El banquete de bodas está preparado, pero los que habían sido invitados no eran dignos. 9 Vayan, pues, a las esquinas de las calles y conviden a la boda a todos los que encuentren.
10 Los criados salieron inmediatamente a los caminos y reunieron a todos los que hallaron, malos y buenos, de modo que la sala quedó llena de invitados.
11 El rey entró después a ver a los que estaban sentados a la mesa, y se fijó en un hombre que no estaba vestido con traje de fiesta. 12 Y le dijo: Amigo, ¿cómo entraste aquí sin traje de fiesta? Pero el otro se quedó callado.
13 Entonces el rey dijo a sus servidores: Amárrenlo de pies y manos y échenlo fuera, a las tinieblas, donde no hay sino llanto y desesperación.

EL BANQUETE

o Hay dos partes en esta parábola.
En la primera, Dios nos llama a un banquete en que hay lugar para todos. Ha enviado a sus profetas a lo largo de la historia para predicar la justicia, la misericordia y la confianza en Dios. Pero el pueblo judío, que no hizo mucho caso de los profetas, menos aún hará caso de Jesús. No fallará por esto el proyecto de Dios, sino que enviará a sus apóstoles a predicar el Evangelio a los pueblos que todavía no lo conocen, para que éstos entren a la Iglesia de Jesús. Algunos judíos, sin embargo, los pocos escogidos entre tantos llamados, formarán el núcleo de la Iglesia primitiva.
El Rey celebra las bodas de su Hijo, y éste es Cristo, el cual merece ser llamado el esposo de la humanidad, porque la ha reunido en un solo cuerpo para unírsela. Esta obra grandiosa es la que se va realizando todo a lo largo de la historia: Cristo resucitado es el que dirige; el Espíritu de Dios es el que va transformando y resucitando a los hombres para que puedan sentarse a la mesa de los vivos (para usar esta figura del banquete que Jesús nos propone aquí).
Todos conocemos la mesa de Cristo, que es la Eucaristía, pero, al participar en ella, no debemos olvidar lo anterior. Nuestro encuentro en la misa ha de recordamos que Dios nos llama a preparar en la vida diaria el banquete que reserva a toda la humanidad. Es tarea nuestra vivir y actuar de manera que lleguemos a unir y reconciliar a todos los hombres en la igualdad verdadera con el calor de la misericordia divina.
¿Y si no respondemos? Entonces la vida de la Iglesia Santa se retirará poco a poco de nuestras asambleas de cristianos cómodos, y otros se levantarán para hacerse cargo de la obra de Dios: conviden a la boda.
Viene luego la segunda parte de la parábola: Tú, cristiano, que has entrado en la Iglesia, ¿tienes el traje nuevo, es decir, una vida justa, pura y responsable?
No pensemos que el invitado sorprendido sin traje de fiesta era algún pobre: en ese tiempo se acostumbraba proporcionar a los invitados las túnicas que usarían en la fiesta. Este la recibió y no la visitó: por eso no tiene qué responder.

o 14 Sepan que muchos son los llamados, pero pocos los escogidos.>>

o Son muchos los llamados (v.14). Algunos se inquietan: ¿a quién se refiere esta sentencia?
Si la referimos a la primera parte de la parábola, significa que, de los primeros invitados, pocos llegan al banquete. Estos invitados eran los judíos, y, en realidad, pocos fueron los que entraron a la Iglesia de Jesús.
Si la referimos a la segunda parte, significa que pocos de los que entran a la Iglesia tienen las disposiciones necesarias y que, en el momento de juicio, la mayoría serán condenados. Pero esto contraría lo que leímos anteriormente pues uno solo de tantos comensales fue echado fuera.
Lo mejor es no ligar demasiado esta sentencia con la parábola del banquete. Jesús nos advierte (como en 7,13) que son pocos los que descubren con el Evangelio la libertad verdadera y la nueva existencia; menos todavía los que entran y se quedan en ella. La salvación no significa escapar del infierno, sino llegar a la perfección.

El impuesto debido al César

15 Los fariseos hicieron consejo para ver el medio de hundir a Jesús con sus propias palabras. 16 Le enviaron, pues, discípulos suyos junto con algunos partidarios de Herodes.
Estos le dijeron: <<Maestro, sabemos que hablas siempre con sinceridad y que enseñas el camino de Dios de acuerdo con la más pura verdad; no te preocupas de quién te oye ni te dejas influenciar por él. 17 Danos, pues, tu parecer: ¿está permitido o no pagar el impuesto al César?>>
18 Jesús comprendió su maldad y les contestó: <<Hipócritas, ¿por qué me ponen trampas? 19 Muéstrenme la moneda con que se paga el impuesto.>>
Ellos, pues, mostraron un denario, 20 y Jesús les dijo: <<¿De quién es esta cara y el nombre que está escrito?>> Contestaron: <<Del César.>> 21 Entonces Jesús replicó: <<Por tanto, den al César lo que es del César, y a Dios lo que a Dios corresponde.>>
22 Con esta respuesta quedaron muy sorprendidos. Lo dejaron y se fueron.

La resurrección de los muertos

23 Ese mismo día vinieron a él algunos de los saduceos. Estos no creen en la resurrección de los muertos y, por eso, le propusieron este caso:
24 <<Maestro, Moisés dijo que si alguno muere y no tiene hijos, su hermano debe casarse con la viuda para darle un hijo, que será el heredero del difunto. 25 Sucedió que había entre nosotros siete hermanos. Se casó el mayor y murió; y como no tenía hijos, dejó su mujer a su hermano. 26 Lo mismo pasó con el segundo y el tercero, hasta el séptimo. 27 Y, después de todos ellos, murió también la mujer. 28 Ahora bien, cuando venga la resurrección de los muertos, ¿de cuál de los siete hermanos será esposa esta mujer, ya que lo fue de todos?>>
29 Jesús contestó: <<Ustedes andan muy equivocados, al no entender ni las Escrituras ni el poder de Dios. 30 Porque, primeramente, en la resurrección de los muertos, ni los hombres ni las mujeres se casarán, sino que serán como ángeles en el Cielo.
31 Y, en cuanto a la resurrección de los muertos, ¿no se han fijado en esto que Dios les ha dicho: 32 Yo soy el Dios de Abraham, de Isaac y de Jacob? Dios no es Dios de muertos, sino de vivos.>>
33 El pueblo que lo oía estaba asombrado de sus enseñanzas.
34 Los fariseos vieron cómo Jesús había dejado callados a los saduceos y se pusieron de acuerdo para juntarse con él. 35 Uno de ellos, un maestro de la Ley, trató de probarlo con esta pregunta: 36 <<Maestro, ¿cuál es el mandamiento más importante de la Ley?>>.
37 Jesús le respondió: <<Amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, con toda tu alma y con toda tu mente. 38 Este es el primero y el más importante de los mandamientos. 39 Y después viene otro semejante a éste: Amarás a tu prójimo como a ti mismo. 40 Toda la Ley y los Profetas se fundamentan en estos dos mandamientos.>>

El Mesías, hijo de David

41 Mientras estaban allí reunidos los fariseos, 42 Jesús les preguntó: <<¿Qué piensan de Cristo? ¿De quién debe ser hijo?>> Contestaron: <<Será hijo de David.>>
43 Jesús agregó esta otra pregunta: <<¿Cómo entonces David, inspirado por Dios, llama al Cristo su Señor? 44 Pues dice en un salmo: El Señor ha dicho a mi Señor: Siéntate a mi derecha hasta que ponga a tus enemigos bajo tus pies.
45 Si David lo llama Señor, ¿cómo entonces es hijo suyo?>> Pero nadie pudo contestarle ni una palabra. 46 Desde ese día no hubo quien se atreviera a hacerle más preguntas.

No imiten a los maestros de la Ley

23 1 Entonces Jesús dirigió a al pueblo y a sus discípulos el siguiente discurso:

 Empieza el quinto discurso del Evangelio de Mateo.
Esta vez estamos a pocos días de la partida de Jesús y él se fija en la trayectoria que su Iglesia tendrá que recorrer a lo largo de la historia. Nos señala dos acontecimientos:
El primero no tardará en producirse: la Iglesia apenas nacida se enfrentará con las fuerzas vivas del pueblo judío, especialmente con los fariseos. Entonces deberá tomar su propio camino, apartando su destino del de la comunidad judía. Esto ocupa el capítulo 23.
El segundo pondrá fin a la historia: el juicio de Dios. Está en el capítulo 25.
El capítulo 24 reúne los dos eventos.

+ 2 <<Los maestros de la ley y los fariseos se hacen cargo de la doctrina de Moisés. 3 Hagan y cumplan todo lo que dicen, pero no los imiten, ya que ellos enseñan y no cumplen. 4 Preparan pesadas cargas, muy difíciles de llevar, y las echan sobre las espaldas de la gente, pero ellos ni siquiera levantan un dedo para moverlas. 5 Todo lo hacen para aparentar ante los hombres; por eso hacen muy anchas las cintas de la Ley que llevan colgando, y muy largos los flecos de su manto. 6 Les gusta ocupar los primeros asientos en los banquetes y los principales puestos en las sinagogas; 7 también les gusta que los saluden en las plazas y que la gente les diga: Maestro.
8 No se dejan llamar Maestro, porque un solo Maestro tienen ustedes, y todos ustedes son hermanos. 9 Tampoco deben decirle Padre a nadie en la tierra, porque un solo Padre tienen: el que está en el Cielo. 10 Ni deben hacerse llamar Doctor, porque para ustedes Cristo es el Doctor único. 11 Que el más grande de ustedes se haga servidor de los demás. 12 Porque el que se hace grande será rebajado, y el que se humilla será engrandecido.

LAS AUTORIDADES RELIGIOSAS

+ Jesús no era de la tribu de Leví, de la que salían los sacerdotes y los encargados del culto. Tampoco pertenecía a una institución religiosa como la de los fariseos. Estaba de parte del pueblo y miraba cómo actuaban los jefes y la gente culto.
Jesús critica a los fariseos (Mc 8,11). Sería más exacto decir que señala con anticipación a los responsables de su Iglesia los defectos en los que no deben caer, porque los defectos en los que no deben caer, porque los defectos de los fariseos son comunes a las autoridades religiosas de todos los tiempos.
Los maestros de la Ley se hacen cargo de la doctrina de Moisés. El Evangelio dice en forma más precisa: <<se sentaron en la cátedra de Moisés>>, o sea, que enseñan en su nombre. Esta fórmula es algo irónica, pues da a entender que los maestros de la Ley no recibieron de Dios directamente esta autoridad, sino que se la tomaron. Mateo, al recordar esta frase de Jesús, quiere mantener en la Iglesia una igualdad fundamental: la comunidad es la que goza de la presencia del Espíritu Santo y los responsables o <<doctores>> no tendrían autoridad si no estuvieran profundamente arraigados en esta vivencia fraternal.
Hagan lo que dicen. La mala conducta de los responsables no desacredita la palabra de Dios que ellos enseñan. Tampoco desvirtúa el principio de autoridad. Eso sí que desacredita su pretensión de ser superiores al os demás.
Todo lo hacen para aparentar ante los hombres. Porque también el que enseña es hombre y pecador, y fácilmente puede correrse ante las palabras de Dios que le exigen un cambio profundo. Entonces se fija más en las cosas puramente exteriores que son fáciles de cumplir cuando se tiene una vida tranquila, como puede ocurrir para algunos ministros de la religión. Así los fariseos estaban apegados al dinero, peor juzgaban duramente a la gente del pueblo que no conocía ni cumplía todas las observancias.
No se dejen llamar maestros. De hecho, lo que más importa no es el título que se da a los responsables. Uno puede llamarse compañero o hermano y exigir una sumisión de conciencia que se debe sólo a Dios.
Los responsables de la Iglesia no hacen sino servir en nombre de Cristo. Tienen autoridad como la tuvieron los apóstoles para mantener el depósito de la fe y apacentar el rebaño. Si Jesús pide escuchar a quienes eran sucesores de Moisés, con mayor razón hay que ponerles atención ahora a quienes son sucesores de sus apóstoles. Estos no pueden renunciar a su autoridad bajo pretexto de servicio humilde, y hacerse los ejecutores de las voluntades de la mayoría, o bien consentir en todo, pues su servicio está precisamente en presidir y mandar.
Sin embargo, la Iglesia debe ser una comunión de hombres libres que se expresan con toda franqueza y tienen el derecho a criticar a los máximos dirigentes. Los responsables de la Iglesia no deben ocultar al único Padre, ni tampoco están dispensados de escuchar atentamente a sus hermanos, porque no tienen el monopolio del Espíritu.

Siete maldiciones contra los fariseos

o 13 Por eso, ¡ay de ustedes, maestros de la Ley y fariseos hipócritas! Ustedes cierran a los hombres el
Reino de los Cielos. No entran ustedes ni dejan entrar a los que se presentan.
14 ¡Ay de ustedes, maestros de la Ley y fariseos hipócritas! 15 Ustedes recorren mar y tierra para lograr la conversión de un pagano y, cuando se ha convertido, lo hacen hijo del demonio, mucho peor que ustedes.
16 ¡Ay de ustedes, guías ciegos! Ustedes dicen: Jurar por el Templo no obliga, pero jurar por el tesoro del Templo, sí. 17 ¡Torpes y ciegos! ¿Qué vale más? ¿El oro del Templo o el Templo que lo convierte en un tesoro sagrado? 18 Ustedes dicen: Si alguno jura por el altar, no queda obligado; pero si jura por las ofrendas puestas encima, queda obligado. ¡Ciegos! 19 ¿Qué vale más? ¿Lo que se ofrece, o el altar que hace santa la ofrenda? 20 Y el que jura por el altar, jura por el altar y por lo que se pone sobre él. 21 Y el que jura por el Templo, jura por él y por Dios que habita en el Templo. 22 Y el que jura por el Cielo, jura por el trono de Dios y por el que está sentado en él.
23 ¡Ay de ustedes, maestros de la Ley y fariseos hipócritas! Ustedes pagan el diezmo de todo, sin olvidar la menta, el anís y el comino, y, en cambio, no cumplen lo más importante de la Ley: la justicia, la misericordia y la fe. Estas son las cosas que deberían observar, sin descuidar las otras. 24 ¡Guías ciegos! Cuelan un mosquito, pero se tragan un camello.
25 ¡Ay de ustedes, maestros de la Ley y fariseos hipócritas! Ustedes llenan el plato y la copa en robos y violencias y, por encima, echan una bendición. 26 ¡Fariseo ciego!, haz que sea puro el interior y después se purificará también el exterior.
27 ¡Ay de ustedes, maestro de la ley y fariseos hipócritas! Pues ustedes son semejantes a sepulcros bien pintados que tienen buena apariencia, pero por dentro están llenos de huesos y de toda clase de podredumbre. 28 Ustedes también aparecen exteriormente como hombres religiosos, pero en su interior están llenos de hipocresía y de maldad.

o Ustedes cierran el Reino de los Cielos (v. 13). Recordemos que el Reino de los Cielos significa el Reino de Dios: estos maestros cierran el paso hacia el verdadero conocimiento de Dios Padre y la forma de vivir libre propia de los hijos de Dios. ¿Cómo olvidaríamos que, en la misma Iglesia, muchas veces la predicación no fue más que enseñanzas morales (cómo portarse bien), sin despertar en los oyentes el deseo de una fe más instruida, un contacto más personal con la Palabra de Dios, una creatividad e iniciativas apostólicas? El temor a los castigos de Dios, la obediencia a los pastores y la falta de espíritu crítico ahogaban el espíritu evangélico.
Ustedes dicen: Jurar por el Templo (v. 16-22). Jesús se refiere a usos de su tiempo. Algunos maestros encontraban argumentos para negar el valor de ciertos juramentos. Con esto, el experto en religión podía jurar cosas falsas y engañar a su interlocutor, haciendo juramentos que parecían fuertes, pero en forma tal que no lo comprometían gravemente.

LOS DEFENSORES DE LA FE

¿Cómo Jesús puede llamar hipócritas a esos hombres tan bien preparados en el conocimiento de la Biblia?
En el idioma de Jesús, la palabra hipócrita no significa solamente que uno trata de aparecer lo que no es. Designa más que todo al que se burla de las cosas de Dios y echa el desprestigio sobre ellas. No todos los fariseos eran hipócritas, por supuesto, pero Jesús ataca su institución: ésta era un árbol malo. ¿Por qué? Porque era un grupo de gente superior, un grupo que se sentía mejor que los demás, el grupo de los defensores de la fe. La violencia de las palabras de Jesús nos obliga a mirar siempre con mucho recelo las instituciones que, nacidas de los poseedores de la cultura y el dinero, pretenden guiar a los demás y dirigir la Iglesia, sin haber antes aprendido de los pobres ni alcanzado la libertad del Espíritu.
El misterio de Dios es tan grande que ningún hombre puede presentarse como su lugarteniente. Y cuando nos toca servirle, debemos hacerlo con mucha humildad, pensando que, a lo mejor, nuestra manera de servir y de sacrificarnos por él no está exenta de fallas que echan el desprestigio sobre las cosas de Dios. Estos practicaban, enseñaban, conseguían nuevos adeptos para la fe, pero no se daban cuenta de que todo lo echaban a perder con su orgullo y su amor al dinero.
El que <<sabe>> no da a Dios la llave de su mente.
El que <<cumple>> no le da la llave de su corazón.
El que se aparta de los pecadores y de los humildes, se aparta de la misericordia y de Dios mismo.

 29 ¡Ay de ustedes, maestros de la Ley y fariseos hipócritas! Ustedes construyen sepulcros para los
profetas y adornan los monumentos de los hombres santos. 30 Ustedes dicen: Si nosotros hubiéramos vivido en tiempos de nuestros padres, no habríamos consentido que mataran a los profetas. 31 Así que ustedes mismos lo confiesan: son hijos de quienes asesinan a los profetas. 32 ¡Terminen, pues, de hacer lo que sus padres comenzaron!
33 ¡Serpientes, raza de víboras!, ¿cómo lograrán escapar de la condenación del infierno? 34 Desde ahora les voy a enviar profetas, sabios y maestros, pero ustedes los degollarán y crucificarán, y a otros los azotarán en las sinagogas o los perseguirán de una ciudad a otra.
35 Pues tiene que recaer sobre ustedes toda la sangre inocente que ha sido derramada en la tierra, desde la sangre del santo Abel hasta la sangre de Zacarías, hijo de Baraquías, al que mataron en el altar dentro del Templo. 36 En verdad les digo que todo esto recaerá sobre la actual generación.

LOS PROFETAS

 Por una parte están los profetas, por otra parte, los que matan a los profetas, ¡y matan a los profetas para defender las instituciones religiosas!
Necesitamos instituciones religiosas como son las parroquias, los colegios, los grupos apostólicos, para mantenernos en el buen camino. Estas instituciones, empero, al mismo tiempo que nos ayudan a vivir la fe, nos dispensan de hacer grandes esfuerzos. Nos acostumbramos fácilmente a convivir según las normas de un cristiano adulterado y cómodo. Los mejores de nosotros quieren responder con más generosidad a los llamados de Dios; están decididos a correr riesgos para proclamar el Evangelio en el mundo actual, pero comprenden de inmediato que el grupo que se reúne en tal o cual institución o parroquia no están dispuesto a salir de los caminos señalados ni a afrontar riesgos.
En cuanto emprenden un camino nuevo, nuestra conciencia se siente golpeada: pues se hace patente que nosotros vivíamos hasta entonces en la mediocridad o la mentira. Podemos escuchar y convertirnos; podemos también rebelarnos. Es así como las mismas instituciones de la Iglesia persiguen a menudo a los profetas: entendiendo por tales a aquellos que escucharon el llamado de Dios. Pero, que pasen cincuenta o cien años y todos celebrarán al que fue rechazado en su tiempo.
El pueblo judío, acosado por la presión extrajera, apretaba sus filas en torno al Templo, la práctica religiosa y la asociación de los fariseos. Inspirados por el miedo, los judíos hacían lo que se hace en cualquier sociedad que se siente amenazada: se volvían fanáticamente conservadores. Se sentían seguros con las instituciones que les venían de Dios.
En cuanto a los jefes, defensores de la fe, tampoco estaban dispuestos a escuchar. Una cosa era honrar a los profetas del pasado y guardar los libros sagrados; otra era recibir las críticas que Dios les dirigía en esos días, no escritas en un libro sagrado, sino proferidas por le carpintero Jesús.
Dejaron pasar la hora en que Dios los visitaba y siguieron la senda que llevaba su nación a la ruina. En adelante no encontrarían a Dios, ni en sus libros, ni en su Casa, o sea, el Templo de Jerusalén. Y no habría más intervención de Dios para restablecer y reunir el pueblo judío hasta el día en que reconociera a Cristo.
El ejemplo del pueblo judío debe servirnos de advertencia. También nosotros nos perdemos si, por estar demasiado apegados a la cristiandad del pasado, nos negamos a construir una Iglesia más pobre, más exigente, menos preocupada de su seguridad que de salvar al mundo.

+ 37 ¡Jerusalén, Jerusalén! Tú matas a los profetas y apedreas a los que Dios te envía. ¡Cuántas veces quise juntar a tus hijos, como la gallina recoge a sus pollitos bajo las alas, y tú no lo has querido! 38 Por eso se quedarán ustedes con su casa vacía. 39 Porque ya no me volverán a ver hasta el tiempo en que digan: ¡Bendito sea el que viene en Nombre de Señor!>>

+ ¡Que violencia en las palabras de Jesús! Jerusalén había sido destruida el año 587 a. de C. Si leemos los profetas, echamos de ver que esa destrucción había sido un castigo de sus infidelidades. Ahora Jesús anuncia otra destrucción. ¡Cuántas veces quise recoger…! Palabras algo misteriosas, pues toda la predicación de Jesús fue un solo llamado a la reconciliación. Pero el que habla es el Hijo eterno de Dios. Antes de presentarse como hombre, ya se había expresado mediante los profetas.
Jesús había venido a reunir a los hijos dispersos de Israel, pero ellos no reconocieron la hora en que Dios los visitaba. La Presencia de Dios (Ez 8) los abandonaría nuevamente para ir a residir entre los paganos convertidos al Evangelio.

La destrucción de Jerusalén y el fin del mundo

24 1 Jesús salió del Templo y, mientras caminaba, sus discípulos se le acercaron y le hacía notar las imponentes construcciones del Templo. 2 Pero él respondió: <<¿Ven todo esto? En verdad les digo que aquí no quedará piedra sobre piedra. Todo será destruido.>>
3 Luego se sentó en el cerro de los Olivos y los discípulos fueron a preguntarle en privado: <<Dinos, ¿cuándo tendrá lugar todo esto? ¿Cuál será la señal de tu venida y del fin de la historia?>>
4 Jesús les contestó: <<Tengan cuidado de que nadie los engañe. 5 Porque muchos se presentarán como el Salvador y dirán: Yo soy el Mesías, y engañarán a muchos. 6 Se hablará de guerras y de rumores de guerra. Pero no se alarmen, porque todo eso tiene que pasar, pero no será todavía el fin. 7 Unas naciones se levantarán en contra de otras, y pueblos contra otros pueblos. Habrá hambres y terremotos en diversos lugares. 8 Pero todo esto no será sino los primeros dolores de parto.
9 Entonces los entregarán para atormentarlos y los matarán, y por causa mía serán odiados por todo el mundo. 10 En esos días muchos tropezarán y caerán; unos a otros se traicionarán y quedarán enemigos.
11 Aparecerán gran cantidad de falsos profetas, que engañarán a muchos; 12 y tanta será la maldad, que en muchos el amor se enfriará. 13 Pero el que se mantenga firme hasta el fin, ése se salvará. 14 Esta Buena Nueva del Reino será proclamada por todas partes del mundo para que la conozcan todas las naciones, y luego vendrá el fin.
15 Por tanto, cuando vean al ídolo del invasor instalado en el Templo, según las palabras del profeta Daniel (que el lector sepa entenderlas), 16 los que estén en Judea huyan a los montes.
17 Si entonces estás en la azotea de tu casa, no te demores ni vayas dentro a buscar tus cosas. 18 Si te hallas en el campo, no vuelvas a buscar tu capa. 19 ¡Pobres de las que, en esos días, se hallen embarazadas o estén criando! 20 Rueguen para que no les toque huir en invierno o en día sábado.
21 Porque éstos serán tiempos de angustia como no ha habido igual desde el principio del mundo, ni habrá nunca después. 22 Y si esos se salvaría. Pero Dios acortará esos días en consideración a sus elegidos. 23 Si en este tiempo alguien les dice: Aquí o allí está el Mesías, no lo crean. 24 Porque se presentarán falsos cristos y falsos profetas, que harán cosas maravillosas y prodigios, capaces de engañar, si fuera posible, aun a los elegidos de Dios. 25 Miren que se lo he advertido de antemano.
26 Por tanto, si alguien les dice: ¡En el desierto está!, no vayan. Si dicen: ¡Está en tal lugar retirado!, no lo crean. 27 En efecto, cuando venga el Hijo del Hombre, será como relámpago que parte de oriente y brilla hasta el poniente, o 28 según dice el proverbio: <<Donde hay un cadáver, ahí se juntan los buitres.>>

 Para este discurso, ver el comentario de Marcos 13.
Para los judíos del tiempo de Jesús, anunciar la destrucción del Templo (que acababa de ser reconstruido más hermoso y lujoso) era como algo subversivo, pues toda la nación vivía para el Templo. Por eso los apóstoles más íntimos de Jesús lo interrogan en privado (v. 3).
Son dos las preguntas: ¿Cuándo tendrá lugar todo esto? ¿Cuándo será el fin de la historia? Los apóstoles los confunden un poco, pero Jesús los distingue claramente:
- En los párrafos 24, 4-28 Jesús habla de los días de angustia (21 y 29), que culminarán con la destrucción de Jerusalén y que presenciarán los mismos oyentes de Jesús. Será posible huir antes del desastre (15-20). Será un tiempo de evangelización, de persecuciones, de testimonio cristiano frente al mundo judío o pagano (9-14). El pueblo judía que no reconoció a Jesús, su salvador, se dejará llevar por más de un salvador o mesías (o sea, enviado de Dios) sublevado contra los romanos.
- En el párrafo 26-28, Jesús muestra que esta confusión general respecto del verdadero salvador está muy lejos de lo que pasará cuando él venga de verdad al fin de la historia.
- En 29-31 Jesús habla de su venida gloriosa.
- Luego Jesús vuelve a reafirmar: las cosas y señales que se refieren al fin de Jerusalén serán para la presente generación (32-35). En cambio, el día de Jesús (36 y 42) se producirá más tarde.
La comparación de los dos hombres (o mujeres) que trabajan juntos significa que, al venir Jesús, se producirá el juicio: dentro de un mismo grupo social o familiar podrá haber separación: unos, llevados al encuentro de Cristo, y otros, condenados (37,41).
¿Por qué Jesús relaciona la destrucción de Jerusalén con el fin de la historia?
Sencillamente porque son los dos términos de las dos etapas de la Historia Sagrada.
Primero, están los tiempos del Antiguo Testamento, o de la Antigua Alianza. Dios educa la fe de Israel y lo hace madurar de tal forma que su historia y sus experiencias sena como un modelo para el desarrollo de los otros pueblos. Al final de dicha etapa, cuando Israel hubo llegado a su plena madurez, vino Jesús en medio de una crisis nacional para abrirle un porvenir insospechado, mientras los diferentes componentes de la sociedad judía se enfrentaban en oposiciones cada día más cerradas y violentas. Jesús evangelizó el pueblo judío: Crean o perecerán. Una minoría creyó y la nación pereció.
Luego, el mensaje es llevado a las otras naciones y empiezan los tiempos del Nuevo Testamento, o de la Nueva Alianza. La Iglesia se hace educadora de todos los pueblos que van madurando como pueblos y como cristianos. Cuando la humanidad haya llegado a cierto punto (como fue el caso del pueblo judío), la Iglesia también llegará a una conciencia nueva de lo que significa el Evangelio y lo pondrá en el centro de toda su predicación y actuación. En medio de una crisis, universal esta vez, en que toda la humanidad se vea sumida en el engranaje de la violencia, se presentará un nuevo tiempo de gran evangelización con el lema de la reconciliación: Crean o perecerán. Y es entonces cuando terminarán, a la vez, el Nuevo Testamento y la historia de la humanidad, con la venida de Jesús.

Venida del Hijo del Hombre

29 Porque, después de esos días de angustia el sol se oscurecerá, la luna perderá su brillo, caerán las estrellas de cielo y el universo entero se conmoverá. 30 Entonces aparecerá en el cielo la señal del Hijo del Hombre; mientras todas las razas de la tierra se golpeen el pecho, verán al Hijo del Hombre viniendo en las nubes del cielo, con poder divino y la plenitud de la gloria.
31 Mandará a sus ángeles, los cuales tocarán la trompeta y reunirán a los elegidos de los cuatro puntos del mundo.
32 Aprendan este ejemplo de la higuera: Cuando están tiernas sus ramas y le salen hojas, ustedes entienden que se acerca el verano. 33 Asimismo, cuando noten todas estas cosas que les dije, sepan que ya está cerca, a la puerta. 34 En verdad les digo: No pasará esta generación sin que sucedan todas estas cosas. 35 Pasarán el cielo y la tierra pero mis palabras no pasarán.
36 En cuanto se refiere a ese día y a esa hora, no lo sabe nadie, ni los ángeles de Dios, ni siquiera el Hijo, sino sólo el Padre.
37 En la venida del Hijo del Hombre sucederá lo mismo que en los tiempos de Noé. 38 En aquellos días que precedieron al diluvio, los hombres seguían comiendo, bebiendo y casándose, hombres y mujeres, hasta el día en que Noé entró en el arca. 39 Y no se daban cuenta, hasta que vino el diluvió y se los llevó a todos. Lo mismo sucederá en la venida del Hijo del Hombre. 40 Entonces, de dos hombres que están juntos en el campo, uno será tomado, y el otro no. 41 De dos mujeres que están juntas moliendo trigo, una será tomada, y la otra no.

Estén alerta

42 Por eso, estén despiertos, porque no saben en qué día vendrá su Señor. 43 Fíjense bien: si un dueño de casa supiera a qué hora lo va a asaltar el ladrón, seguramente permanecería despierto para impedir el asalto de su casa. 44 Por eso, estén alerta; porque el Hijo del Hombre vendrá a la hora que menos piensan.
45 ¿Quién será el servidor fiel y prudente que su señor ha puesto al cuidado de su familia para repartirles el alimento a su debido tiempo? 46 Feliz ese siervo a quien su señor al venir encuentre tan bien ocupado. 47 En verdad les digo: le confiará la administración de todo lo que tiene.
48 Al contrario, el servidor malo piensa: Mi señor demora. 49 Y empieza a maltratar a sus compañeros y a comer y a beber con borrachos. 50 El patrón de ese servidor vendrá en el día que no lo espera, y a la hora que menos piensa. 51 Su patrón le quitará el puesto y su suerte será la de los hipócritas: allí habrá llanto y desesperación.

Parábola de las diez jóvenes

25 1 Entonces se verificará en el Reino de Dios la siguiente comparación. Diez jóvenes salieron
con sus lámparas para recibir al novio. 2 De ellas, cinco eran descuidadas, y las otras previsoras.
3 Las descuidadas tomaron sus lámparas como estaban, sin llevar más aceite. 4 Las previsoras, en cambio, junto con las lámparas llevaron sus botellas de aceite. 5 Como el novio demoraba en llegar, todas terminaron por quedarse dormidas.
6 Pero, al llegar la medianoche, alguien gritó: <<¡Viene el novio, salgan a recibirlo!>> 7 Todas las jóvenes se despertaron inmediatamente y prepararon sus lámparas. 8 Entonces las descuidadas dijeron a las previsoras: <<Dennos aceite, porque nuestras lámparas se están apagando.>> 9 Las previsoras dijeron: <<Vayan mejor a comprarlo, pues el que nosotras tenemos no alcanzará para ustedes y para nosotros.>>
10 Mientras iban a comprarlo vino el novio, y las que estaban preparadas entraron con él en la fiesta de las bodas, y cerraron la puerta.
11 Cuando llegaron las otras jóvenes, dijeron: <<Señor, Señor, ábrenos.>> 12 Pero él respondió: <<En verdad, no las conozco.>>
13 Por eso, añadió Jesús, estén despiertas, porque no saben el día ni la hora.

LA FIDELIDAD

 Las tres parábolas que vienen a continuación presentan tres aspectos del juicio de Dios. La primera se dirige a los miembros de la Iglesia.
El Reino de Dios es comparado a una boda, en donde se han escogido a unas muchachas para formar parte del cortejo: es que también nosotros hemos sido elegidos por Dios para preparar las bodas del Señor Jesús con la humanidad.
Las jóvenes estaban listas para participar en la boda. Pero demora Cristo, y el tiempo se alarga. El sueño que se apodera de ellas no significa algún descuido de parte de ellas, sino que, simplemente, ha terminado el tiempo en que pensaban entrar sin problemas. Tampoco nosotros, al empezar la carrera de la fe, podemos prever las pruebas que nos tocarán. Los jóvenes no creen que algún día les costará un mundo seguir fieles a sus compromisos. No saben que con el tiempo cambiarán sus disposiciones y su docilidad a la fe.
Las despreocupadas no llevaron más aceite: no pensaron en construir su vida, no aceptaron el desprendimiento ni tomaron los compromisos que permitían durar. Falta el aceite para la luz, falta la entrega que uno hace de sí mismo y de todo lo que tiene: la fe, la esperanza y el amor son como el fuego que se apaga si no tiene constantemente algo que quemar.
No las conozco. De nada sirve el haber empezado con el bautismo o de haber tenido en un tiempo una vida fervorosa, si después nos contentamos con prácticas rutinarias. A los que Dios escoge, pide antes que nada fidelidad y perseverancia: ésta es nuestra manera de salvar al mundo que busca la verdad por todas partes y no sabe a qué Señor entregarse.

Parábolas de los talentos

o 14 Se verifica en el Reino de los Cielos la historia siguiente: Al partir a tierras lejas, un hombre
reunió a sus servidores y les entregó sus pertenencias. 15 Al primero le dio cinco talentos de oro; a otro le dio dos; y al tercero, solamente uno; a cada uno según su capacidad, e inmediatamente se marchó.
16 El que recibió los cinco, hizo negocios con el dinero y ganó otros cinco. 17 El que recibió dos hizo otro tanto, y ganó otros dos. 18 Pero el que recibió uno, hizo un hoyo en la tierra y escondió el dinero de su patrón.
19 Después de mucho tiempo, volvió el señor de esos servidores y les pidió cuentas. 20 El que había recibido cinco talentos le presentó otros cinco, diciéndole: <<Señor, tú me encargaste cinco; tengo además otros cinco que gané con ellos.>> 21 El patrón le contestó: <<Muy bien, servidor bueno y honrado; ya que has sido fiel en lo poco, yo te voy a confiar mucho más. Ven a compartir la alegría de tu señor.>>
22 Llegó después el que tenía dos, y dijo: <<Señor, me encargaste dos talentos; traigo además otros dos que gané con ellos.>> 23 El patrón le dijo: <<Muy bien, servidor bueno y honrado; ya que has sido fiel en lo poco, yo te confiaré mucho más. Ven a compartir la alegría de tu señor>>.
24 Por último, vino el que había recibido un talento, y dijo: <<Señor, yo sé que eres un horrible exigente, que quieres cosechar donde no has sembrado y recoger donde no has trillado. 25 Por eso yo tuve miedo y escondí en tierra tu dinero; aquí tienes lo tuyo.>> 26 Pero su patrón le contestó: <<Servidor malo y flojo, tú sabías que cosecho donde no he sembrado y recojo donde no he trillado. 27 Por eso mismo debías haber colocado mi dinero en el banco y a mi vuelta me lo habrías entregado con los intereses.
28 Quítenle, pues, el talento y entréguenselo al que tiene diez. 29 Porque al que produce se le dará y tendrá en abundancia, pero al que no produce se le quitará hasta lo que tiene. 30 Y a ese servidor inútil échenlo a la oscuridad de allá afuera: allí habrá llanto y desesperación.

TRABAJAR.-CONFIAR EN SI MISMO

o En tiempos de Jesús, el talento significaba unos 35 kilos de metal precioso. Pero, en la parábola presente, Jesús se sirvió de los
talentos para figurar las capacidades que Dios distribuye a cada cual, y se conservó en adelante el sentido nuevo de la palabra.
La manera de esperar el Reino es trabajar para que se realice. El servidor que escondió su talento representa al flojo, al indiferente que coloca su fe entre los recuerdos de familia, al cobarde que nunca se arriesga a tomar iniciativas útiles para todos. Dios necesita la cooperación de los hombres.
Construimos con nuestra fe, construimos con nuestro trabajo, construimos con nuestra capacidad de comprender a los demás. Pero lo que se construye en la tierra no es lo definitivo. Por eso Dios dice: Yo te confiaré más. La justicia del Reino y la dignidad del hombre serán otras, y también otras las riquezas que se repartirán. Se trabaja actualmente en lo poco, y Dios nos establecerá en lo mucho.
Tú sabías que cosecho donde no he sembrado. Aparentemente se nos presenta a Dios como un patrón que se aprovecha de sus obreros. Pero, cuando Dios exige del hombre, ¿será porque a él algo le falta, o más bien para que el hombre se supere? Dios no acepta que seamos mediocres. Este dueño exigente no aplasta al hombre, como lo pretenden los ateos, sino que lo obliga a levantarse.
Confiar en Dios es también confiar en nosotros mismos. Dios me ha encomendado muchas capacidades para bien de los demás, y mientras acepte tomar responsabilidades sin temor a las críticas o al posible fracaso, se me confiará más todavía. Pues son muchos los que no hicieron fructificar sus talentos. Seguramente que algún día me tocará desempañar un cargo para el cual yo no soy el más capacitado. Pero, ¿si los más capacitados se corrieron? Quítenles el talento y dénselo a otro.

El juicio final

 31 Cuando el Hijo del Hombre venga en su gloria rodeado de todos sus ángeles, se sentará en su trono
como Rey glorioso. 32 Todas las naciones serán llevadas a su presencia, y como el pastor separa las ovejas de los machos cabríos, así también lo hará él. 33 Separará unos de otros, poniendo las ovejas a su derecha y los machos cabríos a su izquierda.
34 Entonces el rey dirá a los que están a la derecha: <<¡Vengan, los bendecidos por mi Padre! Tomen posesión del reino que ha sido preparado para ustedes desde el principio del mundo. 35 Porque tuve hambre y ustedes me alimentaron; tuve sed y ustedes me dieron de beber. Pasé como forastero y ustedes me recibieron en su casa. 36 Anduve sin ropas y me vistieron. Estaba enfermo y fueron a visitarme. Estuve en la cárcel me fueron a ver.>> 37 Entonces los buenos preguntarán: <<Señor, ¿cuándo te vimos hambriento y te dimos de comer; sediento y te dimos de beber, 38 o forastero y te recibimos, o sin ropa y te vestimos? 39 ¿Cuándo te vimos enfermo o en la cárcel, y te fuimos a ver? 40 El rey responderá: <<En verdad les digo que, cuando lo hicieron con alguno de estos más pequeños, que son mis hermanos, lo hicieron conmigo.>>
41 Al mismo tiempo dirá a los que estén a la izquierda: <<¡Malditos, aléjense de mí, vayan al fuego eterno que ha sido destinado para el diablo y para sus ángeles! 42 Porque tuve hambre y no me dieron de comer, tuve sed y no me dieron de beber; 43 era forastero y no me recibieron en su casa; no tenía ropa y no me vistieron; estuve enfermo y encarcelado y no me visitaron.>>
44 Aquellos preguntarán también: <<Señor, ¿cuándo te vimos hambriento, sediento, desnudo o forastero, enfermo o encarcelado, y no te ayudamos?>> 45 El Rey les responderá: <<En verdad les digo que siempre que no lo hicieron con alguno de estos más pequeños, que son mis hermanos, conmigo no lo hicieron.
46 Y éstos irán al suplicio eterno, y los buenos a la vida eterna.>>

EL JUICIO DE LOS ATEOS

 ¿Cómo juzgará Cristo a los mil millones de chinos, oficialmente ateos? ¿Y a los 800 millones de hindúes, y a los musulmanes,
y a todos los demás hombres que nunca oyeron de él? Pues sabemos que los cristianos no son más que una minoría en el mundo. Como nosotros ahora, los judíos pensaban de cuando en cuando en esa mayor parte de la humanidad que no conocía a Dios y sus promesas. La veían como una masa tremenda, lista para engullirlos, un mundo inquietante al que Dios algún día debería imponer su ley. Y lo llamaban las naciones.
En esta última parábola del evangelio de Mateo, Jesús responde a esas inquietudes. El volverá como Rey de las naciones. Todos aquellos que, sin conocer a Cristo, compartieron el destino común de la humanidad, serán juzgados por él. En realidad, él nunca los abandonó, sino que puso al lado de ellos a esos pequeños que son sus hermanos como representantes suyos.
¿Quiénes son estos hermanos pequeños? ¿Los cristianos que vivieron dispersos entre los paganos? ¿O, tal vez, los pequeños de toda clase que encontramos en los varios sectores de la vida? En los ambientes más indiferentes y más incrédulos, Jesús está presente por medio de ellos, y los hombres se juzgan a sí mismos por su manera de atender a los pequeños.
Cristo pone al descubierto los innumerables gestos humanos que han construido lo mejor de nuestra civilización y, puestos ante él, los hombres contemplan asombrados al Dios que amaron, o despreciaron, en la persona de su prójimo. Aunque la mayoría de ellos no pensaron mucho en el más allá, en el juicio se les presenta el Reino preparado desde siempre y para siempre, cuya único ley es el amor.
No hay lugar neutral. El fuego es la figura del tormento de aquellos que se perdieron a sí mismos cuando cerraron y esterilizaron su corazón hasta ser incapaces de amar. Durante su vida fueron indiferentes a la desgracia de sus hermanos marginados y hambrientos: ahora la irradiación del Dios que es amor los quema y atormenta.
Lo que hicieron con uno de mis hermanos. Jesús habla de atender a nuestro prójimo, sea amigo o enemigo, y no de servir a la comunidad, o a la clase, o a la nación en forma general. Pues tanto la nación como la clase o la humanidad son conceptos que nosotros formamos y deformamos según nuestra ideología propia, y siempre con estas palabras se excluye a una parte de nuestros hermanos que no son de nuestra nación o de nuestra clase. En cambio, el que ama de verdad reconoce a sus hermanos sin dar mayor importancia a las etiquetas: las personas son las que existen y las que viven para Dios.
Compara los versículos 34 y 41: ¿Cómo pueden decir algunos que Dios ha destinado ciertos hombres al infierno como destinó otros para el cielo? Dios no sabe sino amar a los hombres.

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