RODRIGO PARANHOS VELLOSO, DIRECTOR REGIONAL DE GOOGLE BOOK SEARCH

“Vamos a digitalizar todos los libros”

Dice que el sueño de una biblioteca universal es casi una realidad. Cómo reaccionan las editoriales. Qué pasa con los derechos de autor.

Tal vez la comparación esté un poco inflada, pero
vale: desde que la Biblioteca de Alejandría fue destruida
por órdenes del califa Amrou en el siglo VII, no existe un proyecto tan titánico y grandilocuente para reunir en un lugar el conocimiento del mundo. Acorde con las tendencias actuales,
todo parecería indicar que las estanterías se diluyen para multiplicarse después en el espacio infinito de internet. El nuevo mandamiento, se sabe, dice que si algo no está en la web no existe. Y muchos hacen lo imposible para obedecerlo. Así se entiende el salto que están dando paulatinamente
a la red los 55 millones de títulos de libros que existen
en el planeta desde la época de los sumerios.
Los proyectos de digitalización se reproducen como conejos y
marcan un camino: algunos se agotan y se esfuman. Otros, en
cambio, sobreviven y crecen, como el iniciado en mayo de 2004
por el oráculo de internet, Google, que por tercera vez consecutiva se codea en la Feria del Libro con las
editoriales, como si su negocio también fuera el de vender literatura. Es una señal del cambio. “No nos detendremos hasta haber digitalizado hasta el último libro del planeta”, apuesta el brasileño Rodrigo Paranhos Velloso, director
regional de Google Book Search.


–¿Con qué fuentes de libros se manejan?

–Bibliotecas y editoriales. De todos los libros que hay en el mundo, 50 millones están en bibliotecas y colecciones privadas. No se comercializan más. El otro 10% lo tienen las editoriales.

–No todas las editoriales los deben ver con buenos ojos.

Cambia mucho según la editorial. Más de 10 mil participan del programa. Nos estamos dando a conocer. Tenemos más de un millón de libros digitalizados. Es una cuestión de tiempo.

–¿Y para qué lo hacen?

–Queremos que la gente descubra nuevos libros por medio de Google.

–¿Pero no les están quitando el negocio a las editoriales?

–No, las potenciamos. Mucha gente descubre un libro a partir de
Google y después lo compra. Hay distintos niveles de visualización. Para libros que están en dominio público, el usuario puede acceder al 100% de las páginas, puede bajar el PDF del libro. En “vista previa restringida”, el usuario puede
ver hasta el 20% de las páginas. La persona descubre si el libro sirve a sus propósitos y ve si vale la pena comprarlo o no.

–Y en Latinoamérica, ¿cómo está la cosa?

–Tenemos más de 50 socios en la región. En Estados Unidos, tenemos convenios con casi el 85% de las editoriales. En Europa, roza el 50 por ciento. El año pasado nos empezamos a enfocar en América Latina y Asia. Ya entraron muchas editoriales al programa.

–No todos habrán aceptado.

–Lo primero que preguntan es si respetamos los derechos de autor.
Y les decimos que estamos de acuerdo con la ley.

–¿La digitalización cambia los hábitos de lectura?

–La realidad es que las personas continúan consumiendo libros impresos. Es el medio más práctico y confortable. Muchas empresas
probaron con los “e-books” pero concluyeron que las personas no
quieren leer en la pantalla. Para nosotros, la importancia no está tanto en cómo la gente decida leer. Un día van a inventar una tecnología tan confortable como el papel. Pero las editoriales no hacen ni venden papel. Venden contenidos.

–Cambia el soporte.

–El formato libro es centenario y no creo que cambie mucho en el futuro. El concepto no cambia. Nuestra iniciativa tal vez sirva a las editoriales a prepararse para los cambios. Nuestra herramienta espara descubrir libros.

–¿Hay editoriales que se hayan negado?

–Algunas. Ocurre que hay una resistencia inicial. La mayoría
dice que sí. Ya nos contactamos con Granica, Albatros, Gaudal,
Longseller, Norma, Siglo XXI Argentina, Ediciones B, Dunken,
Del Nuevo Extremo. Estamos en la Feria para explicarles.

–¿Y qué les ofrecen?

–La editorial no tiene que pagar nada. Hay un contrato y tiene una duración de un año con renovación automática. No hay transferencia de derechos de propiedad. La editorial puede sacar los contenidos en cualquier momento. Lo que hay es una autorización temporaria.

–¿Dónde están físicamente las personas que escanean?

–Los libros de la región los mandamos a California. Es más caro
instalar una base acá que pagar el envío.

–¿Tienen algún criterio de selección? ¿Publicarían, por ejemplo,
Mi Lucha de Hitler?

–No tenemos un criterio. Mientras tenga ISBN se puede publicar.
No es nuestra función elegir. Si tuviéramos que prohibir el acceso de determinado libro, podemos hacerlo.

–¿Pero qué beneficio les trae a las editoriales?

–Les ayuda, por ejemplo, a saber cuáles son sus libros más
buscados. Da una pauta de consumo. Es un programa en el que
las editoriales chicas tienen las mismas oportunidades que las
editoriales grandes. Las pone al mismo nivel. Todos ganan. En la
era electrónica, el sueño de una biblioteca universal de a poco deja de ser una utopía.

FUENTE:http://www.criticadigital.com/tapaedicion/diario_web_70.pdf