CARTA A LOS EFESIOS


INTRODUCCION

El tiempo actual se caracteriza por intentos siempre más concertados de los hombres para reunirse, y al mismo tiempo, por la división del mundo en grandes grupos que rivalizan entre sí. Y se enfrentan precisamente porque no pudiendo escapar de la necesidad de caminar hacia la unidad, tienen, sin embargo, conceptos diferentes de la meta final: ¿de dónde viene el mundo? ¿A dónde va la humanidad?
Nosotros también fracasamos en nuestra vida cristiana muchas veces, porque dudamos y no vemos claramente el plan de Dios sobre el mundo.
Pablo, preso en Roma, pudo escuchar y juzgar las doctrinas venidas de todas partes del mundo. Y empezó a contestar a semejantes interrogantes en su carta a los Colosenses.
Pero la carta a los Efesios, escrita posteriormente, vuelve sobre el proyecto de Dios, para expresarlo más ampliamente. El mundo ha sido creado para nosotros y la meta es que se realice el Hombre Nuevo, o sea, una sola familia en Cristo. Todos se reunirán, encontrándose, cada cual en el lugar que le corresponde, en una misma persona divina, capaz de abrazarlos a todos en su amor desbordante.
La carta a los Efesios retoma muchas partes de la carta a los Colosenses, pero parece tener otro propósito. A diferencia de Romanos, Corintos, etc., Efesios no se dirige a una comunidad concreta que conoce al apóstol y es conocida por él. Es enviada a un grupo de iglesias para ayudar a los creyentes a profundizar su identidad como cristianos. Estos, que no han conocido personalmente a Jesús ni a sus apóstoles, deben descubrir que la Iglesia Universal a la que pertenecen, ocupa un lugar central en el plan de Dios.

Esta carta ¿fue escrita por el mismo Pedro o bien por uno de sus asistentes? Existen motivos para pensar que Efesios se refiere a inquietudes propias de los primeros años que siguieron a la muerte de los apóstoles (como las cartas a Timoteo y Tito). Entonces sería posterior a la muerte de Pablo. Pero, cuando se conoce el muy bajo nivel literario y teológico de los escritos cristianos del primer siglo, es difícil pensar que cualquiera pudiera escribir, lejos de Pablo, esta magnífica síntesis de la fe cristiana. En muchos aspectos Efesios completa y equilibra las geniales páginas de Romanos.

1 1 Pablo, apóstol de Cristo Jesús por voluntad de Dios,
a los santos que están en Efeso.
A todos ustedes que creen en Cristo:
2 reciban gracia y paz de Dios nuestro Padre y de Jesús, el Señor.

o 3 ¡Bendito sea Dios, Padre de Cristo Jesús nuestro Señor,
que nos bendijo desde el cielo en Cristo,
con toda clase de bendiciones espirituales!
4 En Cristo Dios nos eligió antes de la creación del mundo,
para estar en su presencia sin culpa ni mancha.
5 Desde la eternidad determinó en el amor que fuéramos sus hijos adoptivos
por medio de Cristo Jesús.
Eso es lo que quiso y más le gustó
6 para que se alabe su Gloria por esa gracia suya
que nos manifiesta en el Bien Amado.
7 Pues en Cristo, la sangre que derramó paga nuestra libertad
y nos merece el perdón de los pecados.
8 En esto se ve la inmensidad de su gracia.
Mediante dones de sabiduría e inteligencia
9 Dios nos da a conocer este proyecto misterioso,
-fruto del amor que tiene a su Hijo-
10 que debía realizarse
cuando llegara la plenitud de los tiempos.
Todos las cosas han de reunirse en Cristo,
tanto los seres celestiales como los terrenales.
11 En Cristo, Dios nos apartó, a los que estábamos esperando al Mesías.
12 El, que dispone de todas las cosas como quiere,
nos eligió para ser su pueblo, para alabanza de su Gloria.
13 Ustedes también, al escuchar la Palabra de la Verdad, el Evangelio que los salva, creyeron en él,
quedando sellados con el Espíritu Santo prometido,
14 el cual es el anticipo de nuestra herencia.
Así va liberando al pueblo que hizo suyo,
Con el fin de que sea alabada su Gloria.

o Esta primera página de la carta a los Efesios es en la Biblia la que mejor expresa, en su totalidad, el misterio cristiano. Y viene para equilibrar la gran exposición hecha por Pablo en la carta a los Romanos, la cual parecía centrar la obra de Dios en la salvación del hombre pecador.
¡Bendito sea Dios! Pablo habitualmente empieza sus cartas alabando y dando gracias. Pero aquí la oración se alarga más de lo acostumbrado: Pablo da gracias y a la vez proclama el proyecto misterioso de Dios que le fue dado a entender mediante una revelación (3,3).
Este proyecto misterioso (9). Pablo dice en realidad: este misterio; pero esta palabra designa el proyecto de Dios respecto de su creación. Este proyecto se arraiga en Dios, más precisamente en el misterio de las tres personas divinas. Sabemos que de Dios Padre proceden el Hijo y el Espíritu, y de él reciben su misma divinidad, siendo los tres un mismo Dios. Pero, además de esta comunicación y derrame de vida en Dios mismo, también desde la eternidad quiso Dios Padre, o mejor dicho, quiso el Concejo divino comunicar sus riquezas, fuera de sí, a seres creados: éste es el proyecto misterioso al que Pablo se refiere y que contempla toda la historia humana, tanto profana como sagrada. Conforme a este proyecto, en el universo han de nacer y multiplicarse hijos adoptivos de Dios (5), capaces de recibir su Espíritu y de devolvérselo, que, al fin, se reunirán en un solo cuerpo (10).
En Cristo Dios nos eligió (4). Nótese esta expresión: en Cristo, que comentamos en 1 Cor 1,4. Nuestra elección por Dios tiene como dos caras.
Primero, entendamos que Dios nos crea como destellos o reflejos de su Hijo, que es su auténtica imagen y resplandor (Heb 1,1). Toda criatura procede de Dios mediante este Hijo en el que Dios contempla su propia riqueza y al que va todo su amor. En él, Dios Padre nos ha conocido desde el principio.
Pero Dios nos crea libres y sabe que nuestra frágil libertad difícilmente encontrará los caminos de una respuesta filial, como le correspondería. Por eso pone en el centro de su proyecto creador la cruz de Cristo. Toda la historia será conducida por la Sabiduría divina conforme a un misterio de muerte y resurrección que no tiene otro fin que el de llevarnos a la perfección a través de nuestros errores y debilidades. Y, al presentarse Cristo, que es la Sabiduría de Dios, nos manifiesta en su propia muerte y resurrección el amor del Padre que nos llamó (5).
Pues en Cristo conseguimos la libertad, sellada por su sangre (7). No se trata de que Cristo derrame su sangre para desagraviar a su Padre ofendido por el pecado, como si Dios tuviera rencores como tenemos nosotros y se sintiera herido en su dignidad. Pablo se refiere a una ley de la Biblia: la liberación de un esclavo se firmaba con sangre (Ex 21,6).
Asimismo, para liberar a una persona que no vive en la verdad hay que demostrarle un amor auténtico con medios a menudo costosos. Para rescatarnos, las tres Personas divinas manifestarán la inmensidad del amor divino (6 y 8), cada una según el orden que le corresponde. Primero el Hijo de Dios entregará su vida al Padre y la sacrificará por sus hermanos. Y, luego, se comunicará el Espíritu de santidad.
Sellados por el Espíritu (13). Los judíos estaban marcados, <<sellados>> en su carne por el rito de la circuncisión, que manifestaba que pertenecían a Dios. En cambio, los cristianos han recibido el Espíritu Santo. Este actúa en ellos: de él proceden la fe, la esperanza y el amor, las múltiples formas de servicio, los dones de conocimiento, los milagros y las sanaciones. Estos dones son la prueba más patente de que han pasado a ser hijos de Dios. Estos dones son un anticipo de todas las maravillas que Dios nos reserva.
Pablo distingue como dos momentos: el del proyecto de Dios, en la eternidad (1-10) y el de su realización en el tiempo (11-14). Estas dos últimas estrofas corresponden a dos etapas de la Historia Sagrada:
- Dios nos apartó (11). Pablo habla en su nombre y en el nombre del pueblo judío, elegido para ser el pueblo de Dios.
- Ustedes también (13). Aquí se trata de los pueblos paganos, como eran estos efesios a los que se dirigía Pablo. Pues había llegado la plenitud de los tiempos, es decir, el tiempo del Evangelio anunciado a toda la humanidad para que ésta recibiera los dones del Espíritu.
Esta página de Pablo nos aclara algunos puntos esenciales de la fe.
Determinó desde la eternidad (5). Aquí cabe la palabra predestinación. Muchos han entendido este término en forma muy diferente de cómo Pablo lo usa, en especial los protestantes. Mientras Pablo presenta un proyecto del Padre, deseoso de manifestar en todas sus criaturas el amor infinito que él ya comparte con el Hijo y el Espíritu, estas personas solamente piensas en un Dios justiciero y frío que decide e forma gratuita (o más bien caprichosa) que unos serán salvados y otros no. Para ellos, muchos han sido destinados al infierno y no pueden evitar esta suerte, los otros son elegidos para el cielo y se salvarán.
Pero Pablo no se refiere a una tal arbitrariedad: muestra más bien cómo Dios entrega a los que llama a ser de Cristo un amor especial, diferente del que tiene a sus demás criaturas. Muy poco dice la Biblia sobre el amor de Dios a los otros hombres, pero debemos comprenderlo a la luz del que nos reserva a nosotros, elegidos para conocer a Cristo en su Iglesia. Mientras Lucero se siente aplastado por la justicia del Creador y se tortura dudando de su propia salvación, Pablo nos invita a reconocer en el sacrificio de Jesús no un amor que ampara a algunos de la justicia de Dios, sino la clara manifestación de amor paterno que nos creó y, a la vez, nos llamó.
Si bien no podemos entender cómo la ciencia perfecta de Dios se concilia con nuestra propia libertad, no caben las dudas y la angustia de los que se creen sometidos a algún destino o <<voluntad de Dios>> de la que nadie sabría escapar. Estamos bajo el peso de un amor y unas bendiciones (3) que solamente esperan nuestra respuesta. La predestinación no es otra cosa que este proyecto misterioso de la gracia de Dios, la cual se derrama sobre toda la creación, a imagen y según la mismas normas de la vida común de las tres personas divinas, que son un solo Dios y un único amor (ver comentario de Rom 9).
En Cristo, Dios nos eligió (4). Esta afirmación se opone a un error muy común que consiste en pensar que Dios, al comienzo, creó al hombre sin pensar mayormente en su posible caída, y solamente a consecuencia del pecado, habría sido necesario enviar a Cristo para salvar al pecador perdido.
Pero no: desde el principio Cristo estaba en el plan de Dios. Desde el principio se contempló a la vez la creación, la venida de Cristo y el don del Espíritu. Por eso el orden de la creación, las leyes de la vida y el curso de la historia se relacionan misteriosamente con el orden que existe en Dios mismo.
Cristo… el Bien Amado (6). No debemos ordenar nuestra fe a partir de la preocupación por <<salvarnos>>. Esta actitud podría ser egoísta como la de esas personas que practican su religión para tener buena salud. En realidad, Cristo no es el instrumento, sin más, de nuestra redención, como si viniera solamente para pagar nuestros pecados. El Hijo no vino solamente para salvarnos del pecado, sino, ante todo, para manifestar la gloria del Padre. Y para eso precisamente fue a la muerte. El, que en Dios devuelve al Padre todo lo que de él recibe, ¿a qué vendría en su encarnación si no fuera para reducirse a la nada y entregarse en manos del Padre hasta que el Padre le devuelva todo?

Colocó todo bajo los pies de Cristo

+ 15 He tenido conocimiento de la fe de ustedes y de su cariño con todos los creyentes, 16 por lo que no dejo de dar gracias a Dios y de recordarlos en mis oraciones. 17 Que el Dios de Cristo Jesús nuestro Señor, el Padre de la gloria, se manifieste a ustedes, dándoles un espíritu de sabiduría para que lo puedan conocer. 18 Que les ilumine la mirada interior, para que vean lo que esperamos a raíz del llamado de Dios, entiendan qué grande y deslumbrante es la herencia que Dios reserva a sus santos 19 y comprendan con qué extraordinaria fuerza actúa él a favor de los que hemos creído.
20 Esta fuerza se ha manifestado en Cristo, cuando lo resucitó de entre los muertos y lo hizo sentar a su lado, en los cielos, 21 muchos más arriba que todo poder, autoridad, sobrenatural que se pueda mencionar, no sólo en este mundo, sino también en el mundo futuro.
22 Dios, pues, colocó todo bajo los pies de Cristo para que, estando más arriba que todo, fuera cabeza de la Iglesia, la cual es su cuerpo. 23 El, que llena todo en todos, despliega en ella su plenitud.

+ He tenido conocimiento de su fe y de su amor. Pablo se alegra de la fe de sus fieles, pero más que todo pide para ellos la esperanza, la cual debe ser la fuente de su dinamismo. Así describe los pasos de la esperanza: conocer a Dios; apreciar la herencia que reserva a sus santos; comprender con qué fuerza actúa Dios para llevarnos a la realización de estas esperanzas.
Ahora, veinte siglos después que escribió, descubrimos cuán fecunda es esta esperanza, que no nos hace olvidar el mundo presente, sino que nos empuja a transformarlo. Pablo vivía en un mundo que consideraba la esperanza como una enfermedad. Todo proyecto de transformar a los hombres era tenido por ilusorio. Lo que entonces paralizaba los esfuerzos era el miedo a la muerte y la creencia en un destino ciego. Los creyentes, por el contrario, experimentaban que Cristo resucitado actuaba en sus vidas. Así despertaron. En los países cristianos nació la convicción de que la lucha por la justicia, al vencer los sectarismos, al desarrollar la cultura, llevamos ya al mundo hacia <<la plenitud de Cristo>>.
Más arriba que todo poder (v. 21). En el tiempo de Pablo, judíos y cristianos no dudaban que los ángeles y demonios fueran poderes sobrenaturales, encargados de dirigir el mundo. Los llamaban: poderes, autoridades, dominios, gobiernos… Y Pablo les decía: todos esos poderes son inferiores a Cristo. Ahora hablamos de otra manera. Sin embargo, vemos el universo sometido a las leyes de la naturaleza, a las fuerzas de la materia y de la vida y a fuerzas oscuras: prejuicios, vicios y fanatismos colectivos. Hasta la llegada de Cristo, éstos dirigían el mundo, impidiendo que surgiera el hombre: ver en Gál 3,23.
Dios, pues, colocó todo bajo los pies de Cristo (v. 22). Esas palabras dicen lo mismo que otras de nuestra Credo: <<Jesús está sentado a la derecha de Dios>>. Significan que al resucitar Cristo, el Hombre-Dios llegó a ser el primero en el universo. Todo bajo sus pies, menos la humanidad, pues Pablo añade:
Y lo dio como cabeza a la Iglesia. Hay dos campos donde Cristo actúa en forma diversa: en el mundo, donde es el centro invisible que dirige todo; en la Iglesia, de la cual es cabeza y donde puede mostrar todas las riquezas de su Espíritu.

Por gracia han sido salvados

2 1 Ustedes estaban muertos por las faltas y los pecados en que andaban. 2 Se conformaban a este mundo y seguían al soberano que reina entre el cielo y la tierra y que sigue actuando en aquellos que se resisten a la fe. 3 Todos nosotros fuimos de aquéllos y nos dejamos llevar por las codicias humanas; obedecimos a los deseos de nuestra naturaleza y consentimos sus proyectos. Por naturaleza éramos merecedores de castigo, igual que los demás.
4 Pero Dios, que es rico en misericordia, nos manifestó su inmenso amor, 5 y a los que estábamos muertos por nuestras faltas, nos dio vida con Cristo. ¡Por gracia han sido salvados! 6 Y nos resucitó con Cristo para sentarnos con él en los cielos.
7 Al demostrarnos tanto bondad en Cristo Jesús, Dios quiso manifestar en los siglos venideros la extraordinaria riqueza de su gracia. 8 Pues por gracia de Dios han sido salvados, por medio de la fe. Ustedes no tienen mérito en este asunto: es un don de Dios; 9 y no tienen por qué sentirse orgullos, porque no lo consiguieron con sus obras. 10 Lo que somos es obra de Dios: él nos ha creado en Cristo Jesús con miras a las buenas obras que dispuso desde antes, para que nos ocupáramos en ellas.

 El camino del hombre sin Cristo conduce a la muerte.
Por naturaleza, éramos merecedores de castigo, igual que los demás (v. 3). Esta es la situación de partida de nuestra vida, lo que llamamos pecado original. El hombre por sí solo no puede alcanzar a Dios ni merecer sus favores. Al contrario, todos juntos somos rebeldes para Dios, hombres que no siguen su conciencia ni los llamados de Dios, divididos interiormente y enemigos unos de otros. Así, la muerte corporal, que es el término de nuestra vida, expresa nuestra verdadera situación: como nos falta el amor de Cristo, estamos muertos.
Nos resucitó con Cristo (v. 6). Bien es cierto que una conversión verdadera se vive como una resurrección. Pero Pablo dice más: si muchos hombres creen que su vida obedece a un destino ciego, nosotros, en cambio, debemos creer que sin duda se cumplirá el plan bondadoso del Padre que ve más allá del tiempo y nos tiene ya resucitados con Cristo. Estamos sentados en el cielo con él: es decir, seguros de triunfar.

Cristo es nuestra paz

 11 Ustedes que nacieron de pueblos paganos, acuérdense. Los judíos, llamados circuncisos por estar
marcados en su carne de mano de hombres, los llamaban a ustedes incircuncisos. 12 En ese tiempo estaban sin Mesías; no tenían parte en el pueblo de Israel; no les correspondían las alianzas de Dios ni sus promesas; no tenían ni esperanza ni Dios en este mundo. 13 Pero ahora, en Cristo Jesús y por su sangre, ustedes que estaban lejos, han venido a estar cerca.
14 Porque Cristo es nuestra paz, él que de los dos pueblos ha hecho uno solo, destruyendo en su propia carne el muro, el odio, que los separaba. 15 Eliminó la Ley con sus preceptos y sus observancias. Hizo la paz al reunir los dos pueblos en él, creando de los dos un solo hombre nuevo. 16 Destruyó el odio y los reconcilió con Dios, por medio de la cruz, haciendo de los dos un solo cuerpo.
17 Vino como evangelizador de la paz: paz para ustedes que estaban lejos, paz para los judíos que estaban cerca. 18 Por él, en efecto, llegamos al Padre los dos pueblos en un mismo Espíritu.
19 Así, pues, ustedes ya no son extranjeros ni huéspedes, sino conciudadanos del pueblo de los santos; ustedes son de la casa de Dios. 20 Ustedes son la casa cuyas bases son los apóstoles y los profetas, y cuyo piedra angular es Cristo Jesús. 21 En él toda la construcción se ajusta y se alza para ser un templo santo en el Señor. 22 En él, ustedes también están incorporados al edificio para que Dios habite en ustedes por su Espíritu.

 Antes de Cristo, los hombres estaban divididos, y aunque tenían religiones, no conocían al Padre común. Como no estaban maduros para una rápida unificación en la fe verdadera, Dios lo tuvo en cuenta cuando empezó a preparar la venida de Cristo. Eligió a un pueblo y, para que los judíos no se dejaran contaminar por los errores de los paganos, tuvo que apartarlos por una ley que prohibía la convivencia con los demás pueblos. Los judíos tenían que lavarse las manos cuando tomaban lo que un pagano había tocado. En el Templo había, lejos del Santuario, un patio abierto a los paganos y otro, cerca del Santuario, reservando a los judíos, y un muro entre los dos. Vino un tiempo en que esta línea divisoria fue como la señal de todas las barreras que Cristo iba a derribar. El enseño a practicar convivencias que antes estaban prohibidas. Cristo, puesto en la cruz por judíos y paganos, vence el odio de todos con el amor que perdona y, resucitado, reúne en su persona a todos los hombres.
Así como la cruz está compuesta de dos palos, uno vertical, hacia el cielo, el otro horizontal, hacia la tierra, así también la paz sigue con direcciones: hacia Dios y hacia los hombres: Reunió a los dos pueblos en uno y los reconcilió con Dios. Esto es una sola cosa, porque la violencia entre los hombres es la otra cara de la indiferencia o del rencor respecto del Padre. Cristo ya los reunió: es decir, que, lo queramos o no, el Evangelio hará caer todas las diferencias entre los hombres. Y, por más que surjan sociedades clasistas, sus leyes y sus instituciones se vendrán abajo, tal vez derribadas por la violencia, o desprestigiadas por el sacrificio de sus víctimas.
En un mismo Espíritu. Sólo el Espíritu permite a cada uno realizarse en la comunión con los demás. La unidad entre los hombres significa a menudo partido único, sindicato único, con una sola ideología. El orden impuesto ahoga la personalidad, tanto del que se resigna como del que acalla a sus opositores.
La unión en la Iglesia no es la uniformidad; el creyente no sale de un molde único. No se trata de que todos pertenezcan al mismo partido o sindicato; pertenencias y opiniones pueden ser distintas, siempre que haya preocupación por buscar juntos la verdad y la paz como entre hermanos. El Espíritu concede a cada uno que sea auténtico consigo mismo y que siga <<en comunión>> con sus hermanos.
Así nace el <<hombre nuevo>>, único; no es obra de ninguna ideología ni política, sino de Dios, ya que se trata de una nueva creación.
Ustedes son de la casa de Dios. En el lenguaje de la Biblia esto quiere decir: pertenecen a la familia de Dios. Y de ahí, Pablo pasa a otra figura: ustedes son la casa, esto es, el templo verdadero de Dios. La comunidad de los que creen es el templo, o más bien se va convirtiendo en templo o morada de Dios.
Unido a su comunidad por estrechos lazos, el cristiano del primer siglo estaba en peligro de marginarse del grupo humano en que vivía. Ahora, en cambio, muchos creyentes se preocupan más en ser solidarios con su ambiente, que quieren promover y salvar; pero solamente lo lograrán si tienen una comunidad cristiana que los apoye: la solidaridad con el ambiente no puede reemplazar la pertenencia a aquélla.

La herencia de Dios es para todos los hombres

o 3 1 Por eso yo, Pablo, llegué a ser el preso de Cristo por ustedes, los no-judíos.
2 A lo mejor han sabido de las gracias que Dios me concedió para bien de ustedes. 3 Me dio por revelación el conocimiento de su proyecto misterioso, tal como yo acabo de exponérselos en pocas palabras. 4 Al leerlo, ustedes podrán darse cuenta del conocimiento que tengo del misterio de Cristo.
5 Este misterio no fue dado a conocer a los hombres de tiempos pasados, sino solamente ahora, mediante revelaciones concedidas a los santos apóstoles y profetas. 6 El Evangelio hace que los pueblos no judíos entren a compartir en Cristo Jesús la misma herencia, pertenecer al mismo cuerpo y recibir las mismas promesas de Dios. 7 Y a mí me toca ser el encargado de esta Buena Nueva, por gracia y don de Dios, que quiso actuar en mí con todo su poder.
8 A mí, el menor de todos los creyentes, se me concedió esta gracias de anunciar a los pueblos paganos la incalculable riqueza de Cristo, 9 y de esclarecer para todos en qué forma se va realizando el proyecto secreto escondido desde el principio en Dios, Creador de todas las cosas. 10 Hasta las fuerzas y los poderes celestiales descubren, por medio de la Iglesia, la sabiduría de Dios con sus innumerables recursos, 11 mientras se va realizando el plan que Dios trazó desde el principio en Cristo Jesús nuestro Señor. 12 En él nos atrevemos a acercarnos a Dios, con esa confianza que nos da la fe en Cristo.
13 Por eso, yo les ruego que no se desanimen al ver las pruebas que soporto por ustedes. Más bien han de sentirse orgullos de ellas.
14 Y ahora doblo las rodillas en presencia del Padre, 15 de quien toma su nombre toda familia en los cielos y en la tierra.

o El preso de Cristo. Pablo, escribe esta carta desde la cárcel en Roma. No solamente es cautivo <<a causa de Cristo>>, sino que también es prisionero de Cristo, incapaz de hacer otra cosa que no sea darlo a conocer (1 Cor 9,16). Además, Pablo encarcelado sufre como Cristo, al completar lo <<que falta a los sufrimientos de Cristo>> (ver Col 1,24). Por eso dice que su sufrimiento es una <<gloria>>.
Pablo recalca lo que ha meditado en la cárcel, lo que le parece más nuevo en la obra de Cristo. Es el <<misterio>>, o sea, el proyecto de Dios, que llama a toda la humanidad a ser un solo cuerpo, sin distinción de razas. Jesús había proclamado esta igualdad (Mt 20); los primeros cristianos necesitaron varias Intervenciones de Dios para convencerse (He 10).
Las fuerzas celestiales (v. 10): ver com. De Gál 2,23. No deformaríamos el pensamiento de Pablo al decir que los gerentes de las multinacionales, los presidentes y los grandes de este mundo van a descubrir por medio de la Iglesia el verdadero rostro de Dios, que manifiesta su gloria en sus pobres y en sus santos (2 Tes 1,10).

+ 16 Que él se digne, según la riqueza de su gloria, fortalecer en ustedes, por su Espíritu, el hombre interior.
17 Que Cristo habite en sus corazones por la fe.
Que estén enraizados y cimentados en el amor.
18 Que sean capaces de comprender, con todos los creyentes, la anchura, la longitud, la altura y la profundidad, 19 en una palabra, que conozcan este más allá del conocimiento que es el amor de Cristo.
Y, en fin, que queden colmados hasta recibir toda la plenitud de Dios.
20 A Dios, que demuestra su poder en nosotros y puede realizar mucho más de lo que pedimos o imaginamos, 21 a él la gloria, en la Iglesia y en Cristo Jesús por todas las generaciones y todos los tiempos. Amén.

+ Y ahora doblo las rodillas… Pablo pasa sin más de su exposición a la oración. Así hace el hombre interior (16) que no se contenta con pensar en Dios o hablar de él como de un objeto. El Espíritu mantiene en él la conciencia de esta presencia que le da vida. Como decía Santa Teresa: <<Llevo por todas partes el corazón de mi Dios y al Dios de mi corazón.>>
El Padre de quien toma su nombre… No olvidemos que el Padre es la fuente del Ser divino y en él se origina el orden y el misterio de las personas divinas. También el Padre es origen de todo lo existente y la paternidad es elemento fundamental de todo orden, ya sea en la creación o en la Iglesia.
Por eso la familia, con la autoridad parental, es la base de la sociedad, y también la paternidad se manifiesta en la Iglesia: la sucesión de los obispos, con la autoridad de una jerarquía que no depende de una votación en la base, son parte del orden divino en la Iglesia. La sociedad que desconoce al padre y desprecia el matrimonio, tanto como las iglesias <<espontáneas>>, son construcciones aberrantes.
Este más allá del conocimiento (19). La unión con Dios no se consigue con sólo esfuerzos intelectuales o meditación trascendental, sino mediante el amor, del que Cristo se hizo el modelo y el centro.

Progresemos hacia el hombre perfecto

4 1 Los invito pues, yo, <<el preso de Cristo>>, a vivir de acuerdo con la vocación que han
recibido. 2 Sean humildes, amables, pacientes, y sopórtense unos a otros con amor.
3 Mantengan entre ustedes lazos de paz, y permanezcan unidos en el mismo espíritu. 4 Uno es el cuerpo y uno el espíritu, pues, al ser llamados por Dios, se dio a todos la misma esperanza. 5 Uno es el Señor, una la fe, uno el bautismo. 6 Uno es Dios, el Padre de todos, que está por encima de todos, y que actúa por todos y está en todos.
7 Pero a cada uno de nosotros se nos repartió la gracia divina, según Cristo se la midió. 8 Por eso se dijo: Subió a las alturas, llevó cautivos, y dio sus dones a los hombres.
9 Subió. ¿Qué quiere decir, sino que había bajado con los muertos al mundo inferior? 10 El mismo que bajó, subió después por encima de todos los cielos, para llenarlo todo.
11 Así, pues, Cristo es quien dio a unos el ser apóstoles, a otros, ser profetas, o aun, evangelistas, o bien pastores y maestros. 12 Así preparó a los suyos para los trabajos del ministerio en vista a la construcción del cuerpo de Cristo; 13 hasta que todos nos juntemos en la misma fe y el mismo conocimiento del Hijo de Dios, llegando a ser el hombre perfecto, con esa madurez adulta que hará de nosotros la plenitud de Cristo.
14 Entonces no seremos ya niños a los que mueve cualquier oleaje o cualquier viento de doctrina, y a quienes los hombres astutos pueden engañar para arrastrarlos al error. 15 Más bien, con un amor auténtico, creceremos de todas maneras hacia aquel que es la cabeza, Cristo. 16 El da organización y cohesión al cuerpo entero, por medio de una red de articulaciones, que son los miembros, cada uno con su actividad propia, para que el cuerpo crezca y se construya a sí mismo en el amor.

 Pablo nombra con entusiasmo todo lo que tenemos en común gracias a Cristo y por la acción de su Espíritu. Tener tanto en común es un llamado a la unión, al amor y a la paz. Más todavía: aun los dones particulares tienen que ponerse al servicio de la comunidad, como las piedras o los ladrillos de una construcción. Y lo que se construye no es cualquier edificio, no es tampoco simplemente un templo (ver capítulo 2,19-22); es el cuerpo de Cristo o el Hombre perfecto, formado por los millones de miembros que cuenta y contará todavía en adelante la humanidad. Un día, todos unidos formaremos ese <<hombre perfecto>> con su infinidad de miembros.
Jesús de Nazaret vivió una sola vida humana hasta su muerte, pero hecho cabeza de la humanidad por su resurrección, sufre bajo todos los cielos, trabaja en todos los campos la actividad humana, entrega su vida de todas las maneras posibles; reúne en sí todas las formas del amor, y vive toda la diversidad de la existencia humana en la persona de sus miembros.
Entonces no seremos ya niños. Pablo da a entender que los efesios todavía son niños, a lo menos de vez en cuando, al dejarse llevar por cualquier opinión. Los invita a alcanzar la madurez de una comunidad firme, capaz de dirigirse según la verdad, de construirse a sí misma en el amor. También nosotros tendremos que ver en qué medida hemos pasado esta edad en que cada uno necesita el impulso y la dirección de otro: el adulto en la vida espiritual tiene conciencia de sus responsabilidades de cristiano, porque conoce al Hijo de Dios por sí mismo.

Revistan al hombre nuevo

 17 Les digo, pues, y con insistencia les advierto en el Señor: no imiten a los paganos, que se
preocupan y se mueven por cosas inútiles. Su inteligencia está en tinieblas, y se quedan en la ignorancia y la conciencia ciega, muy lejos de la vida de Dios. 18 Después de perder el sentido moral 19 se han dejado llevar por el libertinaje y se entregan con avidez a toda clase de inmoralidad.
20 Pero ustedes no aprendieron así a Cristo, si es que de veras oyeron de él 21 y fueron enseñados según la verdad que está en Jesús.
22 Ustedes tienen que dejar su manera anterior de vivir, el hombre viejo, cuyos deseos engañosos lo llevan a su propia destrucción. 23 Dejen que su mente se haga más espiritual, para que tengan nueva vida, 24 y revístanse del hombre nuevo. Este es al que Dios creó a su semejanza, dándole la justicia y la santidad que proceden de la verdad.
25 Por eso, no más mentiras: que todos digan la verdad a su prójimo, ya que todos somos parte del mismo cuerpo. 26 Enójense, pero sin pecar; que el enojo no les dure hasta el término del día, 27 y no den lugar al demonio.
28 Que el que robaba, ya no robe, sino que se fatigue trabajando con sus manos en algo útil y tenga algo que compartir con los necesitados.
29 No salga de sus bocas ni una mala palabra, sino palabras buenas que edifiquen cuando sea necesario y que hagan bien a los que las oigan.
30 No entristezcan al Espíritu santo de Dios; éste es el sello con el que fueron marcados en espera del día de la salvación. 31 Arranquen de raíz entre ustedes los disgustos, los arrebatos, el enojo, los gritos, las ofensas y toda clase de maldad. 32 Por el contrario, muéstrense buenos y comprensivos unos con otros, perdonándose mutuamente, como Dios los perdonó en Cristo.

 El hombre viejo y el hombre nuevo. Esta figura de Pablo opone dos maneras de vivir: ambas existen a nuestro lado y, hasta cierto punto, en cada uno de nosotros. Por una parte, uno puede dejarse llevar por la codicia hasta el punto de acallar su conciencia y endurecer su corazón de una manera mortal; y, por la otra, Cristo nos quiere transformar y renovar por su Espíritu. Cada uno se inclina a ser uno de esos dos hombres, ya sea un hombre viejo y fracasado, sin esperanza y esclavo de su egoísmo; ya sea una persona transfigurada por la claridad.
Que Dios creó a su semejanza. Dios creó al hombre a su semejanza, pero el hombre que lleva verdaderamente esta imagen es Cristo resucitado, vencedor del pecador y de la muerte. El es el primero de una nueva raza de hombres. Cuando uno se aleja del pecado que lo desfigura, sigue a Cristo y vive según su Espíritu, participa también de ese Hombre Nuevo (ver también 2,15).
El vestido blanco que se le pone al que se bautiza adulto significa el camino de vida que ha emprendido. Esta renovación puede también producirse al final de un retiro, de un cursillo, cuando el creyente abandona su modo de vida, irresponsable y rutinario, <<para revestirse de Cristo>>, con una vida cristiano más auténtica y dinámica. Este cambio puede ser también un proceso que se hace lentamente, día a día.
No entristezcan al Espíritu Santo. Esta palabra se entiende fácilmente si pensamos en la tristeza que sentimos cada vez que rechazamos una idea buena, un impulso para actuar mejor, que nos venía del Espíritu Santo, o cuando un amigo o un hijo sufre una desgracia por no escuchar un concejo que le hemos dado.

Imiten a Dios

o 5 1 Como hijos amadísimos de Dios, esfuércense por imitarlo. 2 Sigan el camino del amor, a
ejemplo de Cristo, que los amó a ustedes. El, en verdad, se entregó por nosotros y vino a ser la ofrenda y la víctima sacrificada, cuyo buen olor sube a Dios. 3 Y, por cuanto son ustedes santos, no se hable de inmortalidad sexual, de codicia o de cualquier cosa fea; ni se nombren entre ustedes. 4 Lo mismo respecto de las palabras vergonzosas, de los disparates y tonterías. Nada de eso les conviene, sino más bien dar gracias a Dios.
5 Sépanlo bien: ni los corrompidos, ni los impuros, ni los explotadores, que sirven al dios dinero, tendrán parte en el reino de Cristo y de Dios. 6 Que nadie los engañe con razonamientos huecos, ya que son éstos los pecados que Dios se prepara a condenar en aquellos que no obedecen. 7 No se metan con esa gente. 8 En otro tiempo ustedes eran tinieblas, pero al presente son luz en el Señor. Pórtense como hijos de la luz; 9 los frutos de la luz son la bondad, la justicia y la verdad bajo todas sus formas.
10 Sepan hallar lo que agrada al Señor, 11 y no tomen parte en las obras estériles de las tinieblas; al contrario, denúncienlas. 12 Es cierto que da vergüenza incluso decir lo que esa gente hace a escondidas, 13 pero, en cuanto es denunciado por la luz, todo se aclara. Más aún, lo que fue aclarado llega a ser luz. 14 Por eso se dice:

<<Tú que duermes, despiértate, levántate de entre los muertos, y la luz de Cristo brillará sobre ti.>>

15 Fíjense cómo se comportan ustedes. No anden como tontos sino como hombres responsables. 16 Sepan aprovechar el momento presente, porque estos tiempos son malos. 17 Por eso, no se dejen estar, sino traten de comprender cuál es la voluntad del Señor.
18 No se emborrachen: el vino lleva al libertinaje; más bien llénense del Espíritu Santo. 19 Júntense para rezar salmos, himnos y cánticos espirituales. Canten y celebren interiormente al Señor, 20 dando gracias a Dios Padre, en nombre de Cristo Jesús, nuestro Señor, siempre y por todas las cosas.
21 Sométanse unos a otros por consideración a Cristo.

o Aquí se indican algunos elementos de la nueva manera de vivir, como ya se hizo en los versículos anteriores.
Imitar a Dios (Rom 5,6-11), que ama a todos, buenos y malos (Mt 5,48). De manera más visible tenemos por modelo a Cristo, Hijo de Dios, que se entregó por amor a nosotros, como camino, luz y vida.
Huir de todo lo que da vergüenza y se hace sólo al amparo de la oscuridad. Más bien, tener conciencia de la luz que fue dada e irradiarla uno mismo por su comportamiento.

Maridos, amen a sus esposas

+ 22 Que las esposas se sometan a sus maridos como al Señor. 23 En efecto, el marido es cabeza de su esposa, como Cristo es cabeza de la Iglesia, cuerpo suyo, del cual es asimismo Salvador. 24 Y así como la Iglesia se somete a Cristo, así también la esposa debe someterse en todo a su marido.
25 Maridos, amen a sus esposas como Cristo amó a la Iglesia y se entregó a sí mismo por ella, 26 la baño y la santificó en la Palabra, mediante el bautismo de agua. 27 Porque, si bien es cierto, deseaba una Iglesia espléndida, sin mancha ni arruga ni nada parecido, sino santa e inmaculada, él mismo debía prepararla y presentársela.
28 Del mismo modo los maridos deben amar a sus esposas como aman a sus propios cuerpos. El que ama a su esposa se ama a sí mismo. 29 Y nadie jamás ha aborrecido su cuerpo; al contrario, lo alimenta y lo cuida. Eso es justamente lo que Cristo hace por la Iglesia, 30 pues nosotros somos parte de su cuerpo.
31 La Escritura dice: Por eso el hombre dejará a su padre y a su madre para unirse con su esposa, y los dos no formarán sino un solo ser. 32 Este misterio es muy grande, y yo lo refiero a Cristo y a la Iglesia. 33 En cuanto a ustedes, que cada uno ame a su esposa como a sí mismo, y que la mujer, a su vez, respete a su marido.

+ Que las esposas se sometan. Pablo no insiste en que la mujer debe someterse, sino en que se someta al marido como al Señor. Puesto que la sociedad de aquel tiempo mantenía a la esposa sometida al marido, Pablo le dice: <<Sométete como al Señor>>. Pero, si Pablo viviera hoy, hablaría en otros términos y no se opondría a la emancipación de las mujeres, pues Cristo dio la pauta al afirmar la igualdad de derechos del hombre y de la mujer en el matrimonio (Mc 10,11).
Durante siglos, la cristiandad pensó que se debía respetar la vocación propia de cada sexo, y consideraba que al hombre le correspondía mandar, mientras que a la mujer le venía muy bien una actitud de sumisión cariñosa. Pero ahora se sabe que la actitud diferente del hombre y de la mujer se debe, en gran parte, a la educación que recibieron desde niños en una sociedad machista. Las mujeres capacitadas para mandar son tan numerosas como los hombres. Así que es asunto de cado pareja buscar su propio equilibrio y gobernarse conforme a las capacidades y a la autoridad natural de cada uno. Entre cristianos no cabe el prejuicio masculino de que hay que someter a la mujer, ni tampoco uno se siente inferior por conformarse a los deseos del otro, ya que, para todos, el ideal es hacerse servidor de los demás (5,21).
Como Cristo amó a la Iglesia. El fue quien nos amó, en forma gratuita, a pesar de que no éramos los mejores, lo mismo que los novios se eligen mutuamente, con preferencia a otros tal vez más dotados.
Se entregó por ella. Cristo nos encuentra pecadores y se hace responsable de nosotros hasta las últimas consecuencias: da nosotros hasta las últimas consecuencias: da su vida para limpiamos. En esto se manifiesta la cualidad principal del amor cristiano, que es la fidelidad. La entrega mutua de los esposos es definitiva y, en adelante, cada uno usará todos los medios para salvar al otro, o sea para ayudarlo a crecer y a superarse. El matrimonio perfecto no es de los que viven sin problemas y se conforman con una mediocridad común, sino de los que se obligan el uno al otro a dar lo mejor de sí mismo.
La santificó por la palabra, mediante el bautismo de agua (ver Stgo 1,18-21 y Jn 15,3). Si bien es necesario el rito, más todavía importa la fe con la cual acogemos la palabra de Dios que nos da vida.
El hombre dejará… (v. 31). Pablo refiere esta sentencia a la unión, para nosotros incomprensible, de Dios y de la humanidad en Cristo, el esposo (Mc 2,19). Pero también el matrimonio encierra un misterio, es decir, una riqueza divina que no se podía entender antes de que viniera Cristo. Cuando decimos que el matrimonio es un sacramento, esto no quiere decir solamente que es una ceremonia que se realiza en una iglesia. Quiere decir que el matrimonio va a ser una figura del amor de Cristo. El misterio del amor de Dios está representado en medio de los hombres por aquella pareja que vive en el amor <<según Cristo>>. Así el matrimonio es <<sacramento>>, o sea, imagen y presencia de algo santo. Ver Gén 1,26 y 2,22.
El marido es cabeza de su esposa. Ya dijimos que Pablo se refería a una cultura en que predominaba el hombre. Pero, aun con esto, exigía que éste cumpliera con sus responsabilidades de cabeza en el hogar y supiera amar a su esposa. Con esto condenaba de antemano a los que dejan que la esposa cargue con todo el peso de la casa y después quieren dominarla por la fuerza, mostrando exigencias y celos indignos de un hombre adulto y de un cristiano.
Pablo, pues, enseña que el modelo del amor conyugal es el amor que Cristo dedicó tanto a cada uno de los hombres como a todos los reunidos en un cuerpo. Con esto se invita a los casados a no encerrarse en su amor conyugal. Deben encontrar la forma de servir la promoción y salvación de su ambiento y del mundo, tanto por la irradiación de su amor verdadero como por su compromiso al servicio de los demás.

Hijos, padres, siervos y patrones

6 1 Hijos, obedezcan a sus padres; esto es lo justo: Honra a tu padre y a tu madre. 2 Y es el primero
de los mandamientos que va acompañado de una promesa: 3 para que seas feliz y goces de larga vida en la tierra. 4 Y ustedes, padres, no hagan de sus hijos unos rebeldes, sino más bien edúquenlos usando las correcciones y advertencias que puede inspirar el Señor.
5 Siervos, obedezcan a sus patrones de este mundo con temor y temblor, con corazón sencillo, como quien obedece a Cristo. 6 No sirvan solamente cuando los vigilan o para que los feliciten los hombres, sino sean como siervos de Cristo, que cumplen de todo corazón la voluntad de Dios. 7 Hagan su trabajo con empeño, por el Señor y no por los hombres, 8 sabiendo que el Señor dará a cada uno según el bien que haya hecho, ya sea siervo, ya libre.
9 Y ustedes, patrones, obre con sus siervos de la misma manera y dejen a un lado las amenazas, sabiendo que ellos y ustedes tienen el mismo Señor, que está en el cielo y que no hace distinción de personas.

 Se ve que a Pablo no le gustan mucho ni el desorden ni la indisciplina, tanto en las familias como en las comunidades. Entrega a los padres principios de educación muy seguros: ser paciente, sicólogo, o sea, tratar de conocer y comprender a su hijo, y educar como cristiano, según el espíritu de las Bienaventuranzas: ni tiranía ni dejación, los dos escollos de toda formación.
Pablo al esclavo le recuerda su nobleza y le pide vivir sin bajeza, con dignidad: lo que constituye el primer paso hacia la verdadera liberación.
Al patrón le habla de igualdad, haciendo hincapié en que el único Señor es Dios.

Háganse fuertes

 10 Por lo demás, háganse robustos en el Señor con su energía y su fuerza. 11 Pónganse la armadura de Dios, para poder resistir las maniobras del diablo. 12 Porque nuestra lucha no es contra fuerzas humanas, sino contra los gobernantes y las autoridades que dirigen este mundo y sus fuerzas oscuras. Nos enfrentamos con los espíritus y las fuerzas sobrenaturales del mal.
13 Por eso pónganse la armadura de Dios, para que en el día malo puedan resistir y mantenerse en la fila, valiéndose de todas sus armas. 14 Tomen la verdad como cinturón, la justicia como coraza, 15 y, como calzado, el celo por propagar el Evangelio de la paz. 16 Tengan siempre en la mano el escudo de la fe, y así podrán atajar las flechas incendiarias del demonio. 17 Por último, usen el casco de la salvación y la espada del Espíritu, o sea, la palabra de Dios.
18 Vivan orando y suplicando. Oren en todo tiempo según les inspire el Espíritu. Velen en común y prosigan sus oraciones sin desanimarse nunca, intercediendo a favor de todos los hermanos. 19 Rueguen también por mí, para qué, cuando hable, se me den palabras para anunciar valientemente el misterio del Evangelio. 20 Hasta encadenado soy embajador de este Evangelio; que Dios me dé fortaleza para hablar como tengo que hacerlo.
21 Deseo también que sepan de mí lo que hago. Se lo dría Síquico, ese querido hermano y fiel ministro en el Señor. 22 Lo mando precisamente para que les dé noticias nuestras y los conforte a todos.
23 Que venga sobre los hermanos la paz y el amor junto a la fe, de parte de Dios Padre y de Cristo Jesús, el Señor. 24 Y que su bendición esté con todos aquellos que aman a Cristo Jesús, nuestro Señor, con un amor inquebrantable.

 Si tantos jóvenes y hombres generosos se alejan de lo que piensan que es el cristianismo, ¿no será porque les parece que éste no les ofrece objetivos de acción a la medida de sus energías? Una fe que no cueste, que permita justificar todo, no ofrecería nada que entusiasme y cesaría de interesar. Hemos de recobrar el carácter combativo del cristianismo.
Siguiendo a Cristo, que vino a derrocar al <<Príncipe de las tinieblas>>, los cristianos saben que deberán luchar hasta la segunda venida de Cristo contra este rey derribado. Las persecuciones, la corrupción en la Iglesia, las tentaciones de desanimarse y de traicionar vienen del demonio, presente por todas partes. Contra él valen solamente las armas que dejó Cristo: verdad, justicia, celo por el Reino de Dios, fe, palabra de Dios…