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Relatos de Malvinas 2

Relatos de Malvinas 2
SUBTENIENTE SILVA - HONOR Y GLORIA!!!!!!!!!!!!!!!!!
SE QUE ES LARGO PERO LEANLO POR FAVOR.


El 15 de junio de 1982, el Capitán de Fragata Carlos Robacio, jefe del Batallón de Infantería de Marina (BIM) Nº 5 y el Comandante inglés recorrían el campo de batalla. Los muertos ingleses ya habían sido retirados y era el turno de los caídos argentinos. De pronto el jefe británico, sorprendido, lo llama al oficial argentino y le señala un cuerpo. Tenía los ojos abiertos, el rostro sereno, una herida cerca del hombro y otra cerca de la cintura y la mano aferrada furiosamente al fusil. El infante de marina argentino tomó el arma por su culata y tironeó. Pero la mano no lo soltó. Parecían una sola pieza. Espontáneamente, ambos combatientes se pararon frente al cadáver e hicieron el saludo militar. Rígidos y emocionados, en medio del silencio del campo de batalla. El argentino decidió que lo enterrarían con el arma que se negaba a devolver. Luego Robacio buscó la chapa de identificación que debía colgarle del cuello. La encontró. La tomó con firmeza y se la arrancó; era el Subteniente Oscar Augusto Silva.

Desde su San Juan natal había partido Oscar con una definida vocación militar. Ya la había puesto a prueba cursando en el Liceo Militar General Espejo. Luego su camino se dirigió a la Escuela Naval. Pero no era ése su destino. No estaba a gusto. Comenzó a cursar la carrera de ingeniería. Tampoco lo satisfizo. Y decidió ingresar al Colegio Militar de la Nación. Rindió para segundo año por su pasado liceísta y entró. Era uno de los más grandes de su promoción (la 112) pero también uno de los más queridos. Porque si algo se destacaba de Silva era su intrínseca bondad. Siempre estaba dispuesto a ayudar a sus compañeros y eso le valía ser uno de los mejores camaradas. Su familia lo llamaba “gordito”, sus camaradas “el sapo”, pero para todos era una bonachón al que le costaba poner “cara de guerra”. De esos de los que se esperan constantemente buenas acciones.

El Colegio Militar lo formó técnicamente. Aprendió a combatir, a conducir hombres y veló las armas. Pero sus inquietudes fueron más allá, porque intuyendo que todo aquello era incompleto, buscó ayuda en el Centro de Estudios Nuestra Señora de la Merced. Allí, un profesor de historia, “maestro de combatientes”, le enseñó que era posible perder una batalla, pero con honor. Y le regaló unos versos de su autoría que decían, en una parte: “Que no me ofrezcan lo que nunca tuve / por compensar lo que nos han quitado,/ el honor de decir: donde yo estuve/ flamea un estandarte soberano”. Renglones que marcaron a fuego al joven cadete.
En noviembre de 1981 egresó del Colegio Militar como Subteniente del arma de Infantería. Pero, en medio de la alegría, tuvo que sufrir un enorme dolor. Cuando su familia se dirigía a Buenos Aires para compartir con él ese momento, un accidente automovilístico acabó con la vida de su madre y dejó internado a su padre y a una hermana. Sus jefes le ordenaron que se dirigiera a su casa a hacerse cargo de la tragedia. Así lo hizo. Marchó a San Juan en compañía de su hermana Ana Clara, que vivía con él en Buenos Aires, y su novia. Allí fue una vez más lo que había sido siempre para sus hermanas: el puntal sobre el cual se asentaba la estructura del ánimo familiar. Con sus modales suaves pero firmes, sus palabras de aliento, su presencia tranquilizadora, navegó en medio de la tormenta familiar. Y fue un gran piloto.

Días después, en una ceremonia privada, el general Leopoldo Galtieri le entregó el sable. Ninguno de los dos sabía lo que le iba a pasar al joven oficial poco tiempo después. Porque tres meses más tarde se lanzaba el Operativo Rosario, se recuperaban las Islas Malvinas para la Patria y la Argentina se conmovía como nunca antes en sus últimos ciento cincuenta años de vida.
Mientras los argentinos se congregaban en Plaza de Mayo para apoyar a la empresa, el Ejército entero se movilizaba. Por eso Silva, destinado en el Regimiento de Infantería 4 de Monte Caseros, se comenzó a preparar para ir al sur primero, y luego para cruzar a las Islas. Llegaron a Comodoro Rivadavia, luego a Río Gallegos, más tarde a las Malvinas. La primera noche en Puerto Argentino, la siguiente al norte del aeropuerto, en la península de Freycinet, para dar la temprana alarma de algún posible ataque por mar. En medio de todo el traqueteo, Silva se mantenía preocupado por sus soldados. Hacía todo lo que podía por mantenerlos bien física y espiritualmente. Rezaba, consolaba, apoyaba. Porque todo era una larga espera en la que había lugar para el miedo y la incertidumbre.
Mientras esto ocurría, el avance inglés había tenido éxito. Desembarcados el 21 de mayo en la Bahía de San Carlos, habían avanzado hacia Darwin y allí, pese a los esfuerzos de la Fuerza de Tareas Mercedes, habían vencido a los defensores. En la noche del 28 de mayo se produjo el ataque inglés, en donde falleció el Teniente Estévez. Al día siguiente, los argentinos se rendían y dejaban que los ingleses siguieran su curso hacia Puerto Argentino.
El despliegue invasor se dirigía, entonces, hacia el este de la Isla Soledad, y se enfrentaría con dos cordones defensivos: el primero, en la línea imaginaria que unía de norte a sur, Monte Longdon, Dos Hermanas, Goat Ridge y Harriet. Más al este, el siguiente, que se articulaba en la misma dirección: Wireless Ridge, Tumbledown, Williams y Sapper Hill, todas pequeñas elevaciones que daban su espalda a Puerto Ar-gentino.

En la primera de las posiciones nombradas estuvo el Subteniente Silva. Llegó el 8 de junio y pasó a cumplir la misión de patrullar Goat Ridge de noche, mientras que de día debía ocupar espacio en la zona oeste del Dos Hermanas, junto a la sección del Subteniente Llambías Pravaz, un oficial un año más moderno que Oscar y que ya había tenido escaramuzas que le daban aire de veterano de guerra.
Nuestro héroe venía de la tranquilidad de la vigilancia en la península de Freycinet y pasó, de la noche a la mañana, a cumplir agotadoras jornadas de patrullaje en las zonas nombradas. Pero nada logró bajar su ánimo. Al contrario, ahora era el puntal también para Llambías quien, al encontrarse con un militar más antiguo, descansó un poco su responsabilidad en él. Y de nuevo “el sapo” desplegó su mejor cualidad: la bonhomía.
Por otro lado, ya esperaban un ataque, porque tenían noticias de la caída de Darwin y entendían que, si el desembarco había sido al oeste de la Isla Soledad, ahora tendrían que venir en dirección a donde se encontraban ellos.

Cuando en la noche del 10 al 11 de junio, el Regimiento 3 de Paracaidistas británico atacó Monte Longdon; el Comando 42 de la Real Infantería de Marina hizo lo mismo contra Monte Harriet y el Comando 45 de la Real Infantería de Mari¬na se dispuso a combatir hacia Dos Hermanas, nadie se sorprendió. Por eso no les fue fácil. En este último par de elevaciones (Silva patrullaba Goat Ridge de noche) Llambías resistió con su sección. Cerca de allí, la actitud del regimiento fue heroica. Muere el Teniente Martella y, uno tras otro, caen heridos (entre los jefes) los Subtenientes Nazer, Mosquera y Pérez Grandi. En medio de la confusa noche, con los hombres que puede, Llambías se replegó y se encontró casualmente con Silva. Juntos y con los últimos hombres de ambas secciones, se replegaron hacia el segundo cordón defensivo de Puerto Argentino.

Los ingleses avanzaron, pero a costa de mucha sangre propia. Por eso, al día siguiente, se vieron obligados a descansar. Así, mientras los argentinos se reacomodaban en la línea ya muy cercana a la capital de las islas, los invasores se sobrepasaban y dejaban en primera línea a las tropas frescas del Regimiento de Paracaidistas 2 (en dirección a Wireless Ridge) y los Guardias Escoceses y los Gurkhas (contra Tumbledown y Williams).

Mientras tanto, Silva no perdía la calma, como nunca lo hacía, pero demostraba algo de impaciencia por entrar en combate. No lo había podido hacer en la noche anterior, porque su misión lo alejó del mismo. Pero tenía su alma estremecida por la espera del momento de hacer la guerra. Siempre sin perder la magnanimidad en su trato con sus soldados y subalternos, a quienes seguía consolando y acompañando; animando y conduciendo.
Pudiendo replegarse a la ciudad para evitar el combate, el patriota hizo lo que debía hacer: pedir un puesto de combate en la defensa y quedarse con todos los soldados de su sección que estaban en condiciones de hacerlo.
Lo ubicaron en la fracción del Teniente de Corbeta Vázquez, dentro de las tropas del Batallón de Infantería 5, y desde allí se preparó para el combate final.
Con la oscuridad del 13 de junio comenzó el ataque inglés. Paracaidistas, Guardias escoceses y Gurkhas chocaron contra la última resistencia argentina.
Todo el poderío invasor se desató con su violencia y eficacia. Los argentinos resistían y mataban, los atacantes morían y volvían a aparecer como si nunca perecieran. Las posiciones fueron rodeadas, desgastadas, debilitadas por el fuego de artillería, lentamente, con mucho esfuerzo.

En el medio de todo ello, Oscar Silva había entendido que era su final. Ordenó, disparó, condujo a sus soldados, los animó permanentemente. Era un torbellino que no podía parar hasta encontrarse en el momento con el que había soñado toda su vida: el del máximo sacrificio por la Patria. Usó un arma, otra y otra. De pronto, se quedó sin munición. Miró alrededor. Vio a un soldado muerto con un fusil pesado a su costado. Saltó a esa posición. Lo tomó y decidió no separarse más de él. Volvió a la suya y siguió disparando. En eso, sintió algo caliente cerca de su cintura y comenzó a formarse un manchón rojo sobre su uniforme de combate. Luego, lo mismo, pero cerca de su hombro. Tocó su sangre y se aferró aún más a su arma. En su entorno, los soldados fueron muriendo uno a uno. Pareció quedarse solo. Pero no era así, pues Dios estaba con él. Y el FAP, que era su compañía en el último instante. Era su “novia” como le decían en el Colegio Militar. Cayó. Con mucho esfuerzo, se incorporó a medias y ordenó a todos que se retirasen. Él tenía con qué proteger el repliegue. El enemigo siguió avanzando. Juntó fuerzas, disparó el arma que tenía tomada con una sola mano, apoyando a los que se retiraban. Alcanzó a gritar: ¡Viva la Patria carajo! Y el bramido se escuchó desde Puerto Argentino… hasta el Cielo.
Finalmente, en Monte Tumbledown, la Poesía se convirtió en Historia y el cadáver del Subteniente Oscar Augusto Silva fue el estandarte soberano que flameó para siempre sobre nuestra tierra.
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Cabo Roberto Baruzzo

Su unidad había sido ubicada primero en el Monte Kent, para después ser enviada a Darwin. Pero una sección compuesta mayormente de personal de cuadros, con Baruzzo incluido, se quedó en la zona, al mando del teniente primero Gorriti.
En los días previos al ataque contra Monte London, los bombardeos ingleses sobre esa área se habían intensificado. El mismo Baruzzo fue herido en la mano por una esquirla. En una de las noches, el cabo oyó gritos desgarradores. A pesar del cañoneo, salió de su pozo de zorro y encontró a un soldado con la pierna destrozada por el fuego naval enemigo. Sin titubear, dejó su fusil y cargó al herido hasta el puesto de enfermería, tratando de evitar que se desangrara.

En la noche del 10 al 11 de junio, Puerto Argentino mostraba el espectáculo fantasmagórico que ofrecía la ofensiva británica. En medio de un estruendo ensordecedor, los montes aledaños eran cruzados por una miríada de proyectiles trazantes e intermitentemente iluminados por bengalas, allí, en eso ...s momentos, estaban matando y muriendo muchos bravos soldados argentinos.
En medio del fragor, la sección de Baruzzo ya se había replegado hacia el Monte Harriet, sobre el cual los ingleses estaban realizando una acción envolvente. Varios grupos de soldados del 12 y del Regimiento 4 quedaron aislados. El teniente primero Jorge Echeverría, un oficial de Inteligencia de esta última unidad, los agrupa y encabeza la resistencia, Baruzzo se suma a ellos y ve a al oficial parapetado detrás de una roca, disparando su FAL.

Incursionando la zona de combate, Baruzzo despoja a uno de los caídos británicos de su visor nocturno. “Ahora la diferencia en recursos ya no será tan despareja”, piensa. Con el visor va ubicando las cabezas de los ingleses que asoman detrás de las rocas, y tanto Baruzzo, como su jefe afinan la puntería. Los soldados de Su Majestad, por su parte, los rocían de plomo e insultos.
Las trazantes pegan a centímetros del cuerpo del oficial, finalmente este es herido en la pierna y cae en un claro, ya fuera de la protección de la roca. Cuando Baruzzo se le quiere acercar, un inglés surge de la oscuridad y le tira al cabo. Yerra el primer disparo, pero antes de que pueda efectuar el segundo, Echeverría, disparando desde el suelo, lo abate. Otro inglés le tira a Echeverría, pero Baruzzo lo mata de un certero disparo. Cerca de ellos, el conscripto Gorosito pelea como un león. Los adversarios están a apenas siete u ocho metros uno del otro y sólo pueden verse las siluetas en los breves momentos en que alguna bengala ilumina la zona.
Echeverría está sangrando profusamente: tiene tres balazos en la pierna. El joven cabo – de apenas 22 años – con el cordón de la chaquetilla del oficial, le hace un torniquete en el muslo. Echeverría se levanta y empiezan a caminar por un desfiladero, mientras a su alrededor siguen impactando las trazantes. De repente, de atrás de un peñasco, entre la neblina y las bengalas, surge la silueta de un inglés, quien dispara, y le da de lleno a Echeverría. Baruzzo contesta el fuego y el atacante se desploma muerto.

Esta vez Echeverría había sido herido en el hombro y el brazo: una sola bala le causo dos orificios de entrada y dos de salida. El teniente primero cae boca abajo y Baruzzo ve que le está brotando sangre por el cuello. “Se me está desangrando!”, se desespera el cabo. Aún hoy, el suboficial no puede hablar de su jefe sin emocionarse:
“El es uno de mis más grandes orgullos. Un hombre de un coraje impresionante. Allí, con cinco heridas de bala, estaba íntegro, tenía una tranquilidad increíble, una gran paz. Con total naturalidad, me ordenó que yo me retirara, que lo dejara morir allí, que salvara mi vida. Me eché a llorar. Como iba a hacer eso? Yo no soy de abandonar! Y encima a este hombre, que era mi ejemplo de valentía! Tenía conmigo intacta la petaquita de whisky que la superioridad nos había dado junto a un cigarrillo; es que yo no bebo ni fumo. Y le di de tomar. “Eso si que está bueno¨, me comentó y perdio el conocimiento. Lo cubrí, lo agarré de la chaquetilla y empecé a arrastrarlo”.

Súbitamente, Baruzzo se vio rodeado por una sección de Royal Marines del Batallón 42. Sin amilanarse, desenvainó su cuchillo de combate, pero uno de los ingleses con el caño de su fusil le pegó un ligero golpe en la mano, como señalándole que ya todo había terminado. Baruzzo, cubierto de pies a cabeza con la sangre de Echeverría, dejó caer el arma, Y el mismo soldado enemigo lo abrazó con fuerza, fraternalmente.
Roberto Baruzzo recibió la condecoración de la cruz al heroico valor en combate, HONOR Y GLORIA!!!!!
1982

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Este Bell UH-1H AE-412 del Comando de Aviación del Ejército Argentino al mando del teniente Ricardo Cúndom cuando aterriza en el helipuerto de Puerto Argentino el 12 de junio de 1982 recibe un impácto de mortero muy cerca de su helicóptero y de los tanques de combustible, salvando milagrosamente su vida aunque las esquirlas dañaron al helicóptero. Detrás se ve destruído el UH-1H AE-418 que volara el teniente Sánchez Mariño.Óleo, 60 cm x 40 cm.
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El 28 de mayo de 1982 se realizaron las dos misiones helitransportadas mas importantes realizadas por el Comado de Aviación de Ejército entre Monte Kent y Goose Green. Una fue a la mañana y la otra a la tarde. En la primera participaron un Chinook de la Fuerza Aérea, y por parte de la Aviación de Ejército: un Puma, seis Bell UH-1H y dos Agusta A-109 como escoltas artillados. En la segunda realizada a la tarde antes de que oscureciera participaron las mismas aeronaves menos un UH-1H del CAE. El Chinook de Fuerza Aérea despegó antes que el resto. En ambas misiones el peligro fue constante ya que operaron bajo el intenso fuego de artillería de los ingleses. Esta pintura muestra el momento en que aterrizaban en Goose Green por la tarde los efectivos del CAE y es un reconocimiento a aquellos jóvenes pilotos helicopterístas del Ejército Argentino que arriesgaron sus vidas día a día durante el conflicto. Los protagonistas fueron los siguientes pilotos: del Aerospatiale Puma: Roberto Yanzi y Hugo Pérez Cometto; de los Bell UH-1H: Jorge Svendsen, Francisco Ramírez, Horacio Sanchez Mariño, Guillermo Anaya, Eduardo Sabín Paz y Arturo Jardel. Y de los Agusta: Marcelo Florio y Martín Rubio.
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EMBRAER EMB-111 Patrulha volado por la Escuadrilla Antisubmarina de la Armada Argentina durante el Conflicto por las Malvinas.
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"Vayan por él"
Mi idea fue mostrar en una interpretación libre, a los tres protagonistas del hundimiento del HMS Sheffield, el 4 de mayo de 1982. Se ve al avión explorador Neptune que desde la altura capta al objetivo e imparte las coordenadas a los cazadores para que en vuelo rasante vayan por su presa. La tripulación respectiva de la sección de los Super Etendard 3-A-202 y 3-A-203 que impactan con sus Exocet al buque fueron el Capitán de Corbeta Bedacarratz y Teniente de Navío Mayora. La tripulación del Neptune 2-P-112 era la siguiente: CF Ernesto Proni Leston (Comandante), CF Sergio Sepetich (Copiloto), TF Juan Gatti (Navegante), TN Guillermo Meneses (OCO), TF José María Pernuzzi (Radarista), SPAE Aníbal Sosa (MEA), SIAE Juan Heredia (Mecánico), CPAE Luis del Negro (Artillero), CPAE Hugo Saavedra (Ayte Mecánico), CPAE Daniel Yerba, CIAE Fernández (Superviviencia).
1982

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Piloto del Douglas A-4Q 3-A-305 perteneciente a la Armada Argentina, de su ataque y posterior hundimiento de la fragata tipo 21, HMS Ardent, el 21 de mayo de 1982.
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Agarrame si podés, gringo!

El 21 de Mayo el entonces Tte. Aviador Militar del Ejército Argentino Horacio Sánchez Mariño a los mandos del Bell UH-1H AE-418 emprendía una misión para dejar comandos en las cercanías de Monte Kent durante la Guerra de Malvinas. En ese momento fue interceptado por una PAC de Harriers que sin poder derribarlo, lo obligan a realizar un aterrizaje. Tras abandonar sus ocupantes al helicóptero por seguridad uno de los Harriers dispara su dotación completa de cohetes volviéndo a errar al blanco y sin consecuencias para los tripulantes. Algunas de las esquirlas dañaron las palas del rotor principal que fue posteriormente reparado en el lugar usando adhesivo Poxipol lo que le permitió al helicóptero seguir operando hasta finales de la contienda.
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Ataque en conjunto: El 31 de Mayo de 1982, tuvo lugar el único ataque conjunto de la guerra (ARA-FAA). Los atacantes eran: Sección Super Etendard (indicativo "Ala" ) Cap. de Cbta. Francisco, Tte de Navío Collavino (ARA); Sección A-4C (indicativo "Zonda" ) 1er. Ten. Ureta, Alf. Isaac, 1er Ten. Vázquez (FEC), 1er Ten. Castillo (FEC) (FAA). Tras un agotador vuelo -que incluyó reabastecimientos en vuelo desde los KC-130 de la FAA- las dos secciones se aproximaron a los blancos desde el Este, haciendo uso del elemento sorpresa. La Sección Ala lanzó el -entonces- ultimo AM-39 Exocet del inventario naval argentino, mientras que la Sección Zonda comenzó a perseguir la estela del misil para ubicar a la Task Force britanica. Aunque los 1eros. Ten. Castillo y Vázquez fueron derribados, tanto Ureta como Isaac alcanzaron a la flota británica y lanzaron sus bombas. De acuerdo al relato de estos dos últimos, el Exocet impactó en el HMS Invencible, y ellos posteriormente lo bombardearon.
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A tiempo:

El Douglas A-4B de la Fuerza Aérea Argentina pilotado por el Alférez Dellepiane regresa con sus tanques perforados luego del ataque en Bahía Agradable el 8 de Junio de 1982 durante la Guerra de Malvinas. Cuando declara la emergencia un KC-130 de la misma fuerza lo auxilia trasbasándole combustible para que su motor no se detenga. El resto del combustible es expulsado por las perforaciones producidas por las esquirlas del bombardeo. Ambos aviones llegaron a salvo al continente.
1982

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Portaaviones - ARA 25 de Mayo
"Relato Del Dr. Gustavo Perramón Pearson"


El domingo 23 de noviembre de 1969 se produjo el primer aterrizaje de un avión naval argentino en la cubierta del portaaviones "ARA 25 de Mayo".
Fue un Tracker S-2A, de la Fuerza Aeronaval N° 2, comandado por el entonces Capitán de Fragata Dn. Alfredo del Fresno y el Teniente de Navío Dn. Raúl Oscar Pirra como copiloto. El señalero, el entonces Teniente de Navío Estrada, dio el OK final y el avión "estrenó" la pista con un perfecto enganche ene segundo cable. Eran las 10 de la mañana aproximadamente y con vivas, gran algarabía y aplausos prolongados, que incluyó boinas al aire, se dio rienda suelta a una emoción contenida durante largos días de trabajos previos.

La aeronave permaneció poco más de una hora abordo, se reabasteció de combustible y decoló - creo que sin catapulta - con rumbo a la Base Aeronaval Comandante Espora, arribando sin novedad.

Tuve el privilegio de vivir ese momento y participar de la emoción y alegría que comento. Hoy en día, aquel hecho, luego de la pericias sufridas por nuestro querido "25 de Mayo" desde su larga inmovilidad para unas reparaciones de fondo que nunca llegaron, hasta su relativamente reciente desguace y venta como chatarra, cobra mayor importancia en la historia de la Aviación Naval y hace que merezca ser recordado.
Demás está decir que al momento de asistir al evento, ni sus protagonistas ni yo como simple testigo, tuvimos conciencia cabal de su profundo significado. Ha sido el transcurso del tiempo y los avatares de nuestra Flota de Mar quienes le han dado, en mi modesto entender, un valor trascendente.

Conociendo la sobriedad del estilo naval, que seguramente habrá registrado el día y la hora de la novedad ocurrida, me atrevo a relatar esta experiencia, en el clima de intimidad y afecto con que la viví, con la expresa intención de mantenerla en la memoria colectiva de la familia naval.
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LA TRAMPA DE MISILES:

El HMS Cardiff formaba parte de una trampa bien estructurada que los técnicos habían organizado en el extremo norte del estrecho de las Islas Malvinas, junto con la fragata Broadsword armada con misiles Seawolf y capaz de interceptar aviones atacantes a baja cota. El Cardiff fue reemplazado en su cometido por el destructor gemelo Coventry y los dos buques fueron objeto de furibundos ataques de los Skyhawk.
Era el 25 de mayo, la fiesta nacional argentina, y la Aviación argentina estaba decidida a eliminar a aquellos dos fastidiosos buques. La suerte se puso de parte de los Skyhawk del Grupo 5.

La Broadsword estaba lista para lanzar los Seawolf, pero cuando iba a hacerlo, el Coventry viró a su proa, dejándola "ciega" e incapaz de enganchar a los aviones atacantes con el radar de los Seawolf. Los Skyhawk acertaron cinco veces en el Coventry, que se dio vuelta y se hundió. Hasta aquel momento, los británicos habían perdido el Ardent, el Antelope, el Sheffield y el Coventry, además del portacontenedores Atlantic Conveyor.
Sin embargo, las tropas desembarcaron sin problemas con su material y las pérdidas para los argentinos se estaban volviendo demasiado pesadas para poderlas soportar: casi la mitad de sus fuerzas aéreas había sido destruida o dañada. La Aviación argentina, sin embargo, no estaba acabada todavía.
El 8 de junio, los buques de desembarco Sir Galahad y Sir Tristram estaban desembarcando tropas en Bluff Cove, no lejos de Puerto Argentino. Toda la operación estaba programada para ser completada al alba, pero las tropas desembarcaron con retraso, un retraso fatal. Localizados por los vigías argentinos, los buques constituían un blanco tentador.

Una vez más los Skyhawk del Grupo 5 atacaron rozando las olas e hicieron estragos entre los soldados, causando más de 50 muertos, aunque los Sea Harrier masacraron a algunos de los atacantes de regreso. Aquellas batallas aeronavales pusieron en evidencia la vulnerabilidad de muchos buques de guerra a los ataques aéreos y las terribles pérdidas sufridas por los pilotos frente a un enemigo bien entrenado.
Las lecciones del conflicto fueron aprendidas por las armadas y las fuerzas aéreas de todo el mundo; el valor demostrado por ambos contendientes no será fácilmente olvidado.

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"¡SEGUIRME!"

(Extraído del Libro MALVINAS UN SENTIMIENTO del Coronel Mohamed Alí Seineldín , Ed. Sudamericana Episodio 39, pág.138).

-Teniente Estévez, como último esfuerzo posible, para evitar la caída de la Posición Darwin-Goose Green, su Sección contraatacará en dirección NO, para aliviar la presión del enemigo sobre la Compañía "A", del Regimiento 12 de Infantería. Tratará de recomponer, a toda costa, la primera línea. Sé que la misión que le imparto sobrepasa sus posibilidades, pero no me queda otro camino -luego, lo despidió con un fuerte abrazo. La difícil y crítica situación no le permitió agregarle ningún otro tipo de detalles a la orden; además, tratándose de Estévez, eran innecesarios.

-Soldados, en nuestras capacidades están las posibilidades para ejecutar este esfuerzo final, y tratar de recomponer esta dificil situación. Estoy seguro de que el desempeño de todos será acorde a la calidad humana de cada uno de ustedes y a la preparación militar de que disponen -así fue la rápida arenga de Estévez.

Finalmente, todos los integrantes de la fracción, escucharon la mejor y más hermosa orden que puede dar un Jefe: "Seguirme". Pronto estarían inmersos en el combate.

-Para la Sección, sobre las fracciones enemigas que se encuentran detrás del montículo, ¡fuego! Artilleros, sobre el lugar, deriva 20 grados, alza 400 metros, ¡fuego! Esté atento Cabo Castro, en dirección a su flanco derecho, puede surgir alguna nueva amenaza... -diversas órdenes se entrecruzaban en medio del fragor y la ferocidad de la lucha; finalmente, se logra bloquear el avance, y aliviar en parte la presión ejercida por los ingleses.

-Cabo Castro, me hirieron en la pierna, pero no se preocupe, continuaré reglando el tiro de la artillería -gritó, sin titubear, el Teniente Estévez.

-Enfermero, rápido, atienda al Teniente -ordenó Castro, con un grito.

-Me pegaron de nuevo, esta vez en el hombro. Cabo Castro, no abandone el equipo de comunicaciones y continúe dirigiendo el fuego de artillería... -fue su última orden; un certero impacto en la cara, quizás de un tirador especial, lo desplomó sin vida.

-Soldados, el Teniente está muerto, me hago cargo -gritó Castro, y continuó con la misión ordenada, hasta que fue alcanzado por una ráfaga de proyectiles trazantes, que llegaron a quemar su cuerpo.

-Camaradas, me hago cargo del mando de la Sección, nadie se mueve de su puesto, economicen la munición, apunten bien a los blancos que aparezcan -el Soldado Fabricio Carrascul, llevado por el ejemplo heroico de sus Jefes que yacen inermes en el glorioso campo de la guerra, impartió con firmeza su primera orden. -Los ingleses se repliegan, bien, los hemos detenido y los obligamos a retirarse. ¡Viva la Patria! -gritó, con alegría, Carrascul, al ver la maniobra inglesa. En ese momento, un preciso disparo, quizás del mismo tirador especial que eliminó a sus Jefes, le quitó la vida.

Habiendo cumplido con su misión, sin Jefes, agotadas las municiones y transportando sus muertos y heridos, la veterana y gloriosa Primera Sección de Tiradores Especiales se retiró hacia sus posiciones iniciales, habiendo cumplido con la Misión.

Cuando el Teniente Estévez desarrollaba el Curso de Comandos en la Escuela de Infantería, durante el año 1982, durante el desarrollo de una exigente ejercitación propia de la especialidad, tuvo un paro cardíaco. El médico que lo atendió, no obstante declararlo muerto, continuó prodigándole los auxilios correspondientes; milagrosamente, reaccionó. En forma inmediata, sufre un segundo paro, del que vuelve a recuperarse. Fue enviado al Hospital en forma inmediata. Todos se quedaron sorprendidos cuando, al día siguiente, se presentó para continuar el curso.

Sin dudas, el Señor prevé los mejores destinos para sus mejores hijos.

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FOTO: Izq Gomez Centurion y el Teniente Primero Esteban, dos heroes

"¡YO CREÍ QUE USTED VENÍA A RENDIRSE!"

-Subteniente Gómez Centurión, la Sección del Teniente Estévez ha sido, prácticamente, diezmada; pero ha cumplido con la misión de bloquear el ataque inglés que se ejecutaba sobre nuestras primeras líneas. Le comunico que Estévez ha fallecido heroicamente -el Teniente Primero Esteban, que recién se había reintegrado a la Compañía "C", después de su brillante acción en el Estrecho de San Carlos, fue quien le dio esta dolorosa noticia a quien fuera su camarada y amigo. En el rostro de Gómez Centurión se reveló la tristeza por la noticia. La crítica situación del momento impedía otra manifestación acorde con el acontecimiento.

-Es mi intención emplear su Sección para explotar lo hecho por Estévez. Esto, como última posibilidad, porque no se dispone de otras reservas y por la supremacía de la aviación inglesa. Usted es nuestra última carta. Entonces, usted ejecutará un nuevo contraataque hacia el Norte, apoyando su flanco derecho en el mar, con la finalidad de aprovechar el buen trabajo realizado por la Sección Estévez -concluyó Esteban.

Avanzó a través del fuego poco denso de artillería enemiga; en poco tiempo ya debió enfrentar al Segundo Batallón de Paracaidistas. Se originó un intenso tiroteo con armas automáticas, que duró aproximadamente treinta minutos; los ingleses quedaron cercados, entre el mar y un campo minado propio. La presentación de la Sección de Gómez Centurión los sorprendió y les provocó importantes bajas.

-Mi Subteniente, los ingleses suspendieron el fuego -gritó el Sargento Sergio Ismael García, Encargado de la Sección.

-¿Qué harán ahora? -el subteniente seguía cada uno de sus movimientos con los prismáticos.

-Están agitando sus fusiles y sus cascos en señal de parlamento -dijo el Sargento García, con entusiasmo. -¡Alto el fuego! -ordena Gómez Centurión a su aguerrida Sección de Tiradores Especiales; la orden se fue transmitiendo entre los soldados.

-Se acerca hacia nosotros.

-García, esté atento, me adelantaré para recibirlo; si llega a ocurrirme algo, abra el fuego con todas las armas -avanzó hacia el que venía, casi corriendo. La distancia aproximada era de doscientos metros. Llegó primero y allí lo esperó.

-¿Do you speak english? -preguntó el inglés, que resultó ser el Teniente Coronel Jones, Jefe del Regimiento 2 de Paracaidistas.

-Yes -respondió Gómez Centurión; dominaba el idioma inglés, por su permanencia en el exterior, acompañando a su padre.

-Terminó todo para ustedes, si me entrega el armamento de toda su tropa, le garantizo que van a salir vivos -dijo Jones.

-¡Yo creí que usted venía a rendirse! -respondió el Subteniente, en perfecto inglés, y basándose en la crítica situación en la que los ingleses se encontraban. Habían sufrido importantes bajas, los heridos estaban siendo retirados por los camilleros, bajo la vista de todos.

-Lieutenant Colonel, you have to retire. In two mínutes, I will start the fire -gritó, enojado, recriminándolo por su actitud de soberbia; se replegó con la misma premura con la que había concurrido al encuentro. Mientras regresaba a su posición, la Sección comienza a recibir fuego desde el SE. Sin dudas, los ingleses, aprovechando el tiempo de parlamento, desplazaron fuerzas al flanco, con la finalidad de rodearlos. Aún faltándole unos metros para llegar hasta los suyos, y previendo lo peor, vuelve a girar sobre sí mismo.

-Me engañaste -observa a Jones, que ya estaba en posición de abrir el fuego, y dispara sobre él; lo hiere de muerte.

Con los ingleses ubicados en mejores condiciones tácticas, ganadas durante el tiempo en que duró el parlamento, se desató un intenso fuego entre ambas partes; ambos bandos sufrieron importantes bajas. -Sargento García, con los soldados Austín y Allende, trate de acercarse a la ametralladora que está disparando desde nuestro flanco, emplee granadas de mano para tratar de silenciarla. -La situación era muy crítica.

Mientras seguía dirigiendo el fuego en contra de la Unidad de Paracaidistas, que se encontraba desplegada a su frente, en un instante gira la cabeza para verificar la acción de la patrulla enviada, y los ve cuando caen heridos de muerte por una ráfaga de ametralladora.

-Malditos.

El fuego enemigo se hizo cada vez más intenso; resolvió replegarse con el primero y segundo grupos, protegidos por el tercer grupo que quedó a retaguardia, a modo de protección. Cuando esta última fracción inicia su repliegue, es herido el Cabo Fernández; debieron dejarlo por la gravedad de sus heridas.

-No se preocupe Fernández, volveré a buscarlo -y lo cubre con su poncho.

La intrépida y gloriosa Sección se retira con siete muertos y quince heridos. Un precario fuego, de la Artillería propia, cubrió su repliegue.

La suerte de la Guarnición Darwin-Goose Green quedó sellada. Ya no se dispone de más tropas para enfrentar al creciente ejército inglés.

-Necesito 2 voluntarios para rescatar al Cabo Fernández -ante este pedido del Subteniente Gómez Centurión, toda su fracción dio un paso adelante.

Por la noche, tras infiltrarse entre las líneas enemigas, logra rescatar a Fernández, quien se encontraba casi en estado de agonía. Con el concurso de los médicos logran salvarle la vida.
1982

historia

IA-58 Pucará del teniente Giménez atacando un helicóptero inglés


El Teniente Gimenez da su último golpe

En la segunda misión del día que constaba en la salida de 2 IA-58 Pucará hacia posiciones avanzadas britanicas sobre el campo de batalla y todo otro blanco que se presentare. La sección era conducida por el teniente Miguel Gimenez con el teniente Cimbaro como numeral, que volaba su segunda incursión del día.

Los 2 aviones llegaron a la zona de Camilla Creek House e inmediatamente divisaron a 2 helicópteros Scout del Escuadrón de Comando de Brigada, dedicado a la evacuación de heridos (los pilotos de Pucará vieron naturalmente sólo a dos helicópteros enemigos).

Gimenez y Címbaro eligieron cada uno un aparato del adversario para atacarlo con sus cañones, pero los helicópteros británicos los vieron e iniciaron maniobras evasivas.

Cuando se separaban e intentaban aterrizar, Gimenez pudo alcanzar al Scout XT629 con una andanada al observador, sargento A.R. Belcher y aquí surge otra de las confusiones entre las versiones de ambos lados, mientras Címbaro asegura que derribó al otro helicóptero, los ingleses dicen que solamente lo obligó a hacer un aterrizaje de emergencia.

Poco después y en circunstancias que distan mucho de estar claras, los aviones se separaron en medio de nubes bajas y tanto Címbaro como el CIC de Puerto Argentino perdieron contacto radial con Gimenez. Nunca se lo vio de nuevo y no se hallaron rastros de su avion hasta hace poco tiempo y se pudo determinar que la poca altura y la pobre visibilidad lo llevaron a estrellarse contra una elevación del terreno.
Heroes

Relatos de Malvinas 1

8 comentarios - Relatos de Malvinas 2

ADL96
MALVINAS ARGENTINAS!!!
Ernerdsto
Yo sigo sin entender porque comenzo el conflicto
santy_todopiola
Ernerdsto dijo:Yo sigo sin entender porque comenzo el conflicto

porque los ingleses habian tenido las islas desde hace tiempo y al bolud0 militar de argentina se le ocurrio atacarlos
chuecoarg +1
realmente los llevo en mi corazon a estos locos§! son mi pasion! y locura!! algun dia volverremos!!!
Herbrax +1
muy buen post, es una lástima que casi nadie lo vea, +10 y reco