2012: El Fin del Mundo, La salvación del hombre, 3 guerra mundial, profecías, apocalipsis,cometa, es todo esto cierto?

Desde hace mucho tiempo se especula con una fecha para el fin del mundo. Pero ahora, en este siglo XXI ya parece que tenemos día: 21 de diciembre de 2012.
La teoría sobre el fin del mundo ha resurgido por diferentes fuentes: el calendario maya y las profecias de Nostradamus, con el agregado que por esas fechas pasará cerca de la tierra un cometa.
Yerye Bermúdez Montoya realiza uno de los mejores y más sinteticos análisis sobre el tema. Las predicciones también parece que están en libro "El Código Secreto de la Biblia", del periodista Michael Drosnin.
Por otra parte, la maquinaria de Hollywood se prepara para momento tan significativo y ya estrenó la película: "2012" basada en The War for Souls de Whitley Schrieber, la cual fué dirigida por Michael Bay, y el mismo equipo que realizó Transformers, o sea los escritores Alex Kurtzman and Roberto Orci.
Un data anecdotico: el 21 de diciembre fue la fecha en que nació Jossif Vissarionovich Djougatchvili más conocido como Stalin y el actual presidente chino Hu Jintao, que según su biografía oficial nació el 21 de diciembre de 1942. También al fecha en que nació este servidor.
Pero lo del 21 de diciembre de 2012 también tiene interpretaciones más optimistas.
Se dice que la humanidad ingresa en una nueva etapa. Como dice el último día no significará el arribo de ninguna calamidad; en cambio, implica una nueva conciencia cósmica y una transición espiritual hacia la nueva civilización, o el comienzo de una nueva etapa en la vida del hombre.
Prefiero este principio que esta muy bien explicado en un extenso artículo de este pensador oriental, de quién dejo el vínculo para quién lo quiera leer y a la vez reflexionar sobre que debería hacer por estos complejos años.

































2012: el nuevo fin del mundo

El calendario maya aviva los augurios de que la humanidad se extinguirá en un lustro


Lawrence E. Joseph sabe exactamente lo que hará el 21 de diciembre de 2012. Por la mañana, recogerá a sus dos hijos y viajará con ellos a un lugar tranquilo. Allí esperará hasta que pasen once minutos de las once de la noche, estrechará la mano a sus retoños y contemplará en silencio la llegada del Apocalipsis. «Lo tengo todo pensado», asegura con gesto lúgubre mientras sorbe una copa de agua. «Si sufrimos una extinción como la de los dinosaurios, no me libraré. Pero si es sólo una extinción parcial de la especie, creo que sí».


Joseph no es el único que predice algo semejante. Millones de personas de los cinco continentes están convencidas de que nuestra civilización se extinguirá dentro de un lustro. O, como poco, que deberemos despedirnos para siempre de nuestro actual modo de vida. Esa noche, el sistema solar se interpondrá entre la Tierra y el punto central de la Vía Láctea por primera vez en 26.000 años. Y, sobre todo, en ese preciso instante expirará el calendario confeccionado hace dos milenios por los astrónomos mayas, que profetizaron todo tipo de calamidades para esa malhadada fecha.


Bola de fuego

Pocas cosas entusiasman tanto a los seres humanos como un buen Armagedón. Parecemos obsesionados con redimir nuestros pecados en una bola de fuego. De ahí que, a cinco años del nuevo fin del mundo, se haya montado una fructífera industria alrededor de esta fecha. De los diez primeros resultados de Google, nueve contienen predicciones calamitosas para el ser humano y consejos para protegerse de la furia divina. El otro está dedicado a los Juegos Olímpicos de Londres.

Mientras, Hollywood ya prepara dos superproducciones sobre el tema y las tiendas estadounidenses rebosan de libros que analizan el fenómeno. Uno de los más exitosos, «Apocalipsis 2012» (Ed. Hojas de luz), firmado por el propio Joseph, ha llegado esta semana a nuestro país.

Este antiguo colaborador del «New York Times» comprobó la verosimilitud de estas teorías repasando fuentes ancestrales y los últimos estudios científicos. «Hay una posibilidad entre tres de que dentro de cinco años suframos una transformación catastrófica de nuestras sociedades», augura. «Eso no significa que vayamos a morir todos, pero sí que tendremos que despedirnos del mundo tal y como lo conocemos».


Resulta curioso el éxito en nuestras sociedades de estas profecías de credibilidad discutible. Es como si la supuesta inminencia de una catástrofe aliviara a una ciudadanía crispada por un mundo de una complejidad inabarcable. «Tenemos la necesidad de sentir que todo tiene sentido», explica Paul Boyer, historiador de la Universidad de Wisconsin y especialista en profecías. «Muchos prefieren un final catastrófico a creer que el mundo es una creación puramente accidental. Además, las teorías apocalípticas te permiten acceder al selecto círculo de los que saben lo que ocurre y, por tanto, tienen más posibilidades de salvarse».


En el caso de 2012, el club está formado por una inopinada coalición de fundamentalistas cristianos, expertos de la civilización maya, hippies recelosos de los avances tecnológico y científicos que denuncian el desgaste de nuestro planeta. Aunque formen parte de su círculo de seguidores, Joseph hace todo lo posible para disociarse de los elementos más estrafalarios de este movimiento. «No he tenido ninguna revelación divina ni he contactado con los alienígenas», insiste. «Pero tampoco soy uno de esos escépticos que niegan cualquier noción que no está respaldada por completo en pruebas tangibles».


Llegó la hora de la extinción

En su libro, Joseph repasa distintos escenarios que podrían llevar a la humanidad a la extinción. Por ejemplo, recuerda que el majestuoso volcán de Yellowstone protagoniza catastróficos estallidos en ciclos de 600.000 años, pero lleva casi 640.000 sin entrar en erupción. O que, tras analizar el registro de fósiles, la Universidad de Berkeley concluyó que cada 65 millones de años se produce una catástrofe que liquida la inmensa mayoría de las especies terrestres, el mismo periodo de tiempo desde que desaparecieron los dinosaurios.

Pocos dudan de que, tarde o temprano, nuestra especie se enfrentará a un acontecimiento de esta naturaleza. Pero, si Joseph maneja abanicos temporales tan amplios, ¿de dónde viene su obsesión con 2012 como fecha de la catástrofe?


Aquí entra en juego la principal tesis del libro: que el final de la humanidad probablemente se deberá al incremento de la actividad en el Sol. «Si sólo una profecía maya predijera el fin del mundo, este tema no me habría preocupado», asegura. «Lo que me convenció de que la situación es alarmante fue su coincidencia con fenómenos muy alarmantes en la superficie solar».

Nuestra estrella más cercana no estaba tan revuelta desde hacía 14.000 años, fecha de la última Edad de Hielo. Y Joseph asegura que cuando el astro rey estornuda, la Tierra agarra una pulmonía: hace un par de años, una semana de intensas tormentas solares coincidió con el huracán Katrina. Y eso que el Sol atravesaba entonces un valle en su actividad: el pico se producirá dentro de unos años, exactamente en 2012. Suficiente para que el autor prediga todo tipo de catástrofes: su principal preocupación es que una tormenta solar achicharre la red de satélites que permite el funcionamiento de las sociedades modernas.

Desde luego, no faltan los astrofísicos que tachan de alarmistas estas predicciones. O los expertos en culturas mesoamericanas que recalcan que los mayas no profetizaron el fin del mundo para dentro de un lustro, sino un mero «cambio de ciclo». Pero Joseph sigue a lo suyo, escudado en la tesis de que más vale prevenir que curar. «Sólo pido que se mejoren los servicios de emergencia, que se publiquen los datos confidenciales sobre la actividad solar y que la gente se prepare para lo peor, tanto material como espiritualmente», recalca.


Muerte o cambio de ciclo
De todas formas, la ventaja de los profetas del Armagedón es que no tienen que acertar para salirse con la suya. Aunque sobrevivamos al final del calendario maya, ellos ya habrán hecho caja. Y, en todo caso, los que se sientan defraudados ya encontrarán otra fecha apocalíptica para distraerse. Si sus predicciones no se hacen realidad, ¿pedirá perdón Joseph a todos los lectores a los que ha metido el miedo en el cuerpo? «Desde luego que les deberé una disculpa», reconoce. «Jamás ha sido mi intención asustar a la gente. Cuando escribes un libro así, tienes que valorar si el peligro al que nos enfrentamos justifica desatar el pánico. Y, créeme, en este caso está justificado».