Sierra Leona es en Europa sinónimo de guerra, de violencia, de niños soldado. En 1961 consiguió la independencia pero en 1991 comenzó una guerra civil que no terminó hasta 2002. Decenas de miles de muertos, otros tantos amputados o víctimas de torturas y violaciones y más de la mitad de la población desplazada por el conflicto son sólo cifras que se utilizan para reflejar de alguna manera el horror de la guerra. El motivo: los diamantes.

A pesar de ser un país extremadamente rico en minerales, recursos pesqueros y agrícolas y poseer una diversidad biológica asombrosa, Sierra Leona es uno de los países más pobres del mundo (de hecho fue calificado el más pobre por la ONU durante un tiempo). Podría considerarse, a pesar de que la guerra acabó hace ya más de seis años, un país “en vías de subdesarrollo”.

En Senegal hemos conocido a tres españoles y una hondureña que trabajan allí: Óscar lo hace para Cruz Roja, Rosa para Médicos del Mundo, Diego para un banco alemán como informático y Kenia (la hondureña) se acaba de trasladar al país para vivir con su pareja (Óscar). Los cuatro coinciden en que Freetown, la capital, es un lugar muy tranquilo donde puedes caminar sólo por la noche sin miedo a ser atracado. Con total convicción nos han invitado (concretamente Óscar, a quien tengo especial cariño) a pasar una temporada en su casa.

Las condiciones de vida en el país son muy duras. En la misma capital prácticamente no hay electricidad, agua corriente ni alcantarillado. Las comunicaciones son escasas y deficientes. Los problemas de sanidad, la malnutrición y la falta de educación básica son las principales adversidades de la población, cuyo índice de alfabetización apenas llega al 20 % . Como dice Óscar, algo tan simple como lavarse las manos para evitar contagios e infecciones es algo que hay que enseñarles, porque no comprenden la importancia que ello puede tener en sus vidas.

Las calles, casi todas de tierra (como es habitual en África), son un bullicio de actividad durante el día. Las casas, la mayoría de zinc y madera, componen un puzzle gigante en tres dimensiones y la ciudad se expande cada día un poco más por las montañas (verdes y rojas) con vistas a la costa. La vida, como siempre, genera vida. Por la noche, cuando el calor afloja un poco, las calles se llenan de velas y la gente sale a pasear. La música suena en todas partes. Los sierraleoneses, por lo que nos cuentan, son muy amables y alegres. Siempre están sonriendo y no quieren hablar de violencia. La guerra terminó hace tiempo y prefieren dejarla atrás, como un triste y amargo recuerdo. Sierra Leona ya no es sinónimo de guerra y los niños soldado ahora son hombres que trabajan dignamente para ganarse la vida. Muchos siguen siendo niños. El horror no les dejó tiempo para crecer.

En África comenzó el ser humano a dar sus primeros pasos. De África venimos cada uno de nosotros. Sierra Leona, como todo este continente (y a pesar de los medios), es sinónimo de vida y paradójicamente, de riqueza.

No he estado en Sierra Leona. Todo lo que he escrito sobre este país es fruto de lo que he leído y lo que me han contado Óscar, Rosa, Diego y Kenia. Mi concepción sobre Sierra Leona ha cambiado mucho conociendo a esta gente. Ahora me apetece ir a Sierra Leona.

Algunos enlaces para saber más sobre este país:

http://es.wikipedia.org/wiki/Sierra_Leona
http://www.afrol.com/es/Paises/Sierra_Leona/esp_guerracivil.htm
http://www.afrol.com/es/paises/sierra_leona