Los "nuevos inmigrantes" en la Argentina

Los "nuevos inmigrantes" en la Argentina

Supermercados chinos, africanos que venden oro, peruanos o bolivianos que atienden verdulerías, dominicanas que son explotadas sexualmente. En los últimos 20 años nuevos inmigrantes provenientes de distintos países se instalaron en la Argentina. Su llegada reflota viejos prejuicios del “ser nacional”. ¿En qué se diferencian estos nuevos inmigrantes con los europeos que llegaron a principios del siglo XX?


La Argentina fue desde siempre un país formado por inmigrantes. La mayoría de los argentinos somos descendientes de europeos (especialmente italianos y españoles) que llegaron al país en la primera mitad del siglo pasado. Esa mezcla de inmigrantes con descendientes aborígenes locales derivó en un mestizaje sobre el que se acuñó el ya clásico mote de "crisol de razas". Un crisol es una gran olla donde se funden elementos diferentes. Años más tarde, el término sería criticado porque implicaba amalgamar eliminando las diferencias. Hoy, se trata de hablar de una integración que permita a cada uno sostener su cultura pero enriqueciéndola con la local.

Sin embargo, en la actualidad podemos ver que los inmigrantes orientales, africanos o latinoamericanos de ascendencia más marcadamente aborigen son diferenciados e incluso marginados, lo que dificulta su inclusión en la sociedad porteña.

Muchas veces es por cuestiones culturales; muchas otras, por esa propia marginación o discriminación que no les permite ejercer otra tarea. Pero a la hora de ganarse un sustento, estos nuevos ciudadanos extranjeros se fueron especializando en actividades económicas puntuales, que se integraron en nuestra vida cotidiana. Así, ya no vamos al minimercado, ahora todos vamos "al chino".

Pero, ¿qué sabemos del chino? Poco y nada. Es justamente sobre esos grupos que no conocemos que hemos ido alimentando una serie de mitos (algunos reales y otros no). Mucho es lo que se dice acerca de las actividades de cada comunidad (los chinos se llevan la mayoría de las sospechas). Propongo entonces un repaso sobre algunos de estos rumores y su correlato con la realidad...


De heladeras apagadas, narcos y exención de impuestos

inmigrantes

... vienen a trabajar a la Argentina porque el estado chino les paga los impuestos

Son constantes las desmentidas del gobierno chino al respecto, entonces, ¿sobre qué base se sustenta este mito? Pues sobre los supuestos bajos precios en la mercadería expuesta. Aunque tengo que decir que yo voy al “chino” de mi barrio por comodidad y para evitar las largas colas de los supermercados, ¡porque barato no es y no me acepta tarjeta!).

El titular de la Cámara de Autoservicios y Supermercados Propiedad de Residentes Chinos (CASRECH) de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires y el Gran Buenos Aires, Miguel Ángel Calvete, explica que los comerciantes chinos organizan sus compras en conjunto (con la gestión de esta Cámara), pagan en efectivo y por eso consiguen esos precios. Sugiere también que el mito de exención impositiva data de la década del ochenta cuando se instrumentó un sistema temporal de devolución de IVA para comerciantes de origen Coreano.

... venden mercadería robada

Se registraron algunos casos de mercadería robada expuesta en minimercados chinos. Igual o menos que en otros comercios con dueños argentinos o de otras nacionalidades. Basta con ir a comprar autoestéreos o repuestos para autos para recordar que la venta de mercadería robada no es un invento oriental.

... apagan las heladeras de noche

Según Calvete un relevamiento de la CASRECH les dio un 1.2% de casos de heladeras apagadas. Fuera de ese dato, hace ocho años que hago el grueso de mis compras en minimercados chinos y la última leche cortada que compré fue en el quiosco de la esquina de mi casa.

... pintan las rejas de acuerdo a la mafia china que los maneja

Es cierto que el color de las rejas puede representar “grupos”, pero no hay indicios de que tengan relación con mafias. Por ejemplo, hay muchos de estos minimercados que tienen sus rejas azules por un acuerdo publicitario con Pepsi (que además les agrega la publicidad correspondiente). Esto no significa que no existan actividades mafiosas en la comunidad china (así como en casi cualquier otra). Hubo varios casos de homicidios y amenazas que evidencian un accionar mafioso en dicha comunidad.

Sobre los africanos que venden oro en la calle


chino


... en realidad son traficantes y llevan “la otra” mercadería bajo el oro en la valija

La verdad que nunca le compré oro a uno de estos vendedores ambulantes, pero tampoco me ofrecieron otra cosa. No se prestan al diálogo y rara vez hablan castellano. En su mayoría son de Senegal y se agrupan para hacer las compras de bijouterie.

Según un artículo del diario “Crítica de la Argentina”] de febrero de 2009, esa actividad les redituaba tan sólo unos $1000 por mes. Hay una denuncia realizada por la ONG Alerta Vida según la cual ingresan unos nueve africanos por día a nuestro país y son captados por funcionarios argentinos que les proporcionan la bijouterie para vender a cambio de estadía en condiciones de vida miserables.

Como se puede observar, en general se trata de sospechas sobre presuntos delitos, que en muchos casos son reales. Claro que eso no tiene que ver con el grupo étnico o nacionalidad en cuestión sino con los niveles delictivos observados en la sociedad y en los comercios en general. La divulgación de estos “mitos” se debe muchas veces a campañas difamatorias por competencia comercial. Varios de esos rumores se atribuyen a las cadenas de supermercados cuando los minimercados se convirtieron en una seria competencia. Pero en parte, esas ideas prenden en mucha gente por un cierto trato despectivo que aún hoy se observa hacia las comunidades de esta “segunda ola“ de inmigrantes.


Xenofobia y explotación

Desde el punto de vista legal, la Argentina avanzó mucho en este último tiempo en el camino de la integración regional y en las políticas de migración: se modificaron y se reglamentaron leyes que reconocen la migración como derecho natural de las personas y permiten el asentamiento de cualquiera que no tenga antecedentes delictivos. Pero esos avances reglamentarios todavía no encuentran su espejo en el comportamiento de la sociedad. Al inmigrante se lo ve como una “competencia ilegítima” o como un individuo que “viene a sacarle el trabajo a los argentinos”. O se lo ignora. Esa “invisibilidad” es la que da lugar a la proliferación de estos mitos pero también les quita voz a aquellos que sufren situaciones violentas que no tienen nada de mítico. Son muchos los casos de maltrato y explotación hacia ellos (especialmente los indocumentados), ya sea por parte de empleadores (irónico es el caso de los inmigrantes chinos que emplean en negro y en condiciones abusivas a inmigrantes indocumentados de países limítrofes) o de la policía (es constante el maltrato injustificado principalmente hacia los africanos).

Un párrafo aparte merece el caso de la reciente inmigración dominicana. Son en su mayoría mujeres que ejercen la prostitución, principalmente en la zona de Constitución y alrededores, donde se centra la comunidad dominicana de Buenos Aires. La primera oleada de inmigración de estas mujeres a fines de los ’90 (entre 1995 y 2002 ingresaron al país más de 15.000) se dio fundamentalmente por la promesa de mejores ingresos en el contexto de la convertibilidad, con ofertas de trabajo (doméstico, de niñera, etc.) o compromisos falsos de facilidades para viajar a Europa, para luego obligarlas a trabajar en prostíbulos y saldar su deuda con quienes las traían. En el último tiempo ya no se las trajo engañadas, pero optaron por venir igual, porque no tenían problemas para ingresar al país. Pero acá no contaban con permiso de trabajo, así que les era muy complicado conseguir otra cosa.

En mayo último se reglamentó la Ley 25.871 sobre Migraciones que indica que cualquier individuo que ingrese al país sin falsificar documentación, libre de condenas, sin haber sido expulsado o tener cierto tipo de antecedes delictivos (promover la prostitución es uno de ellos, no así ejercerla) puede obtener el permiso para vivir y trabajar en este país, con acceso a educación y salud. La vigencia de esta ley es muy reciente aún, pero podría mejorar las posibilidades de inmigrantes como las dominicanas, por ejemplo.

En la Argentina siempre se alentó la idea de un pueblo solidario. Pero en todo el mundo los momentos de crisis muestran las peores características de cada sociedad y la actualidad refleja que el inmigrante es marginado e incluso criminalizado. ¿No fueron la mayoría de nuestros abuelos o bisabuelos inmigrantes? ¿No decimos que “descendemos de los barcos”? Pues tenemos ahora la posibilidad de tenderle una mano a quienes hoy también vienen a este país y a esta ciudad buscando un futuro mejor.

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