Cuentos de la tribu Lakota para niños (Sioux)


Antes que nada, Un mensaje para todos los niños (y sus papás)

Por favor recuerda que todos los animales son tus amigos. El perro, el gato, los pájaros, los peces, los caballos, los borregos, las tortugas y todos los demás animales quieren jugar contigo, cuidarte, darte amor y alegría, e incluso aconsejarte si aprendes a escucharlos. Ellos no buscan lastimarte, así que por favor no les tengas miedo. Trátalos con confianza y respeto, y ellos te responderán de la misma manera.

No debes NUNCA lastimar, maltratar, abandonar o hacer sufrir a un animal. Los animales no son juguetes que puedes tirar cuando te cansas de ellos. Son seres vivos que pueden sentir alegría y tristeza, placer y dolor, igual que nosotros los humanos. Ellos no pueden hablar nuestro lenguaje, pero mírales los ojos y entenderás lo que quieren decirte.

Debes ciudar y proteger a los animales. No sólo a tus mascotas, sino a TODOS los animales. Cuando encuentres un animal herido, enfermo o abandonado, por favor haz algo por él. Busca a alguien que pueda curar sus heridas o atender su enfermedad, o intenta encontrarle un buen hogar. Y si ves a alguien maltratando a un animal, habla con esa persona y explícale por qué no debe hacerlo. Si no te escucha, busca ayuda para impedir el maltrato.

Si eres un buen amigo de los animales, también serás un buen amigo de los humanos. Si los animales confían en ti, los humanos harán lo mismo.

Los Cuentos:




Cómo el Cervatillo Recibió Su Camisa Moteada


Cuento Tradicional Lakota
Traducción de Cheryl Harleston

Tawíyela estaba muy nerviosa y trastornada. Ella buscaba por aquí y por allá el peligro escondido en las sombras de los cerezos silvestres y los retoños de sauce a lo largo del lecho del riachuelo. Tachínchala, su bebé, apenas tenía unos cuantos minutos de nacido, y el corazón de Tawíyela latía tan fuerte como un tambor de guerra, preocupada por él. Su esposo, Tájcha, también vigilaba, observando lo más que podía desde el acantilado, cuidando a su familia abajo.

"Oh Gran Creador, deseo sinceramente en mi corazón una manera de proteger a mi cervatillo recién nacido," suplicó la madre, mientras lavaba a su bebé con la lengua. "Tú les ha dado a todos los padres de las criaturas de esta tierra algún tipo especial de protección para sus bebés cuando nacen. El bebé del búfalo puede correr inmediatamente y ocultarse entre sus padres, tías, tíos y primos en el círculo interior seguro de la manada. Lo mismo puede decirse de los grandes alces, cuyas abuelas suenan la alarma y arrastran incluso a los muy jóvenes a la seguridad. Las ovejas tienen pequeños que puede correr al acantilado más alto casi tan pronto como nacen. Y el bebé del antílope es tan ligero de pie que puede huir con su madre del peligro casi antes de que ella termina de lavar su cara.

Mi esposo y yo tememos por nuestro propio bebé, pues no tiene tales habilidades. El y yo podemos correr y saltar huyendo de cualquier amenaza, pero nuestro hijo es débil y de patas tambaleantes, y no tiene fortaleza para salir corriendo. Oh Gran Creador de todas las criaturas, por favor escucha nuestra súplica y danos alguna manera para salvar a nuestro hijo de quienes quieren convertirlo en comida."

Con esto, el Creador de todas las cosas detuvo lo que estaba haciendo y bajó a la tierra para ver qué podía hacer. Su corazón se había conmovido por los rezos sinceros de la madre ciervo y decidió acoger su pedido.

Se apareció como un gran viento que ahuyentó a todos los depredadores que habían estado escondidos en las sombras. Fueron enviados lejos para que no pudieran ver ni oír ni saber de ninguna forma qué plan idearía el Creador para ayudar a la familia ciervo a proteger a su bebé.

Entonces llamó a Tawíyela y Tájcha y se paró sobre el pequeño Tachínchala, quien acababa de caer en una mata de bayas. "Este bebé ciertamente necesita ayuda," dijo el Creador. "Esto es lo que haremos. Tráiganme una piel de ante que sea tan suave como pluma de ganso. Tráiganme sus botes de pintura y también todas sus bolsas de pigmento en polvo."

El ciervo padre brincó por los árboles para reunir todos los artículos que solicitaba el Creador, mientras que la madre se quedó resguardando a su bebé. El Creador se inclinó sobre el pequeño bebé que yacía tendido a sus pies. Tomó un inhalación profunda y luego exhaló con fuerza. Los árboles se mecieron con el aliento del Creador. Luego tomó otra inhalación más profunda aún, tan profunda y tan poderosa que aspiró todo el olor de la piel del cervatillo. Ni una sola hoja tembló en el Gran Silencio del Creador, y ni siquiera una brisa minúscula de su aliento volvió a salir de su boca.

Tájcha corrió veloz a través de las cañas del sauce, abriéndose camino entre las ramas secas al lado de los pinos en su urgencia por traer al Creador lo que había pedido. La piel de ante estaba atada alrededor de su cuello, y sus ollas de pintura y bolsas de pigmento en polvo estaban atadas a su rabo, pues sus astas todavía no habían brotado lo suficiente y por lo tanto no podían hacer el trabajo. Ofreció los artículos con gran respeto al Creador, cantando conforme lo hacía una pequeña plegaria de gracias. "Pilámayaye, Wakán Tanka," cantó. "Pilámayaye, Wakán Tanka."

El Creador de todo el cielo y la tierra midió al bebé con su gran mano. Entonces tomó un pedazo de piedra de la tierra a su lado y cortó la mullida piel de ante al tamaño. Le indicó a Tawíyela que cortara algunas tiras y le pidió que atara los costados, mientras mezclaba los pigmentos cuidadosamente en las ollas. Tomó un poco de negro del carbón de muchos fuegos, un poco de café de la tierra, un poco de blanco del saquillo del padre, añadiendo un poco de amarillo cremoso y una pizca de rojo sagrado.

Entonces el Gran Pintor dio unos golpecitos con estas pinturas sobre la camisa del bebé. Cuando terminó, pidió a la madre que metiera la camisa sobre la cabeza del bebé para cubrir su dorso y sus costados. "Asegúrense de que sus hijos e hijas vistan esta camisa de ahora en adelante," dijo el Creador, "e indíquenles que se queden tranquilos en dondequiera que los pongan, sin moverse ni hacer ruido. Mientras ellos obedezcan sus instrucciones estarán seguros, pues ahora son invisibles para quienes rondan en el bosque, y no tienen olor alguno que los delate ante sus enemigos."

Y por eso el cervatillo viste una camisa moteada hasta que es lo bastante grande y fuerte para que los lobos no se lo puedan comer.
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Glosario de palabras Lakota:

Tawíyela ~ Venada
Tachínchala ~ Cervatillo
Tájcha ~ Ciervo
Pilámayaye ~ Gracias
Wakán Tanka ~ El Gran Creador




Cómo la Gente Aprendió a Pescar


Cuento Tradicional Lakota
Traducción de Cheryl Harleston


Mathó era un oso muy pequeño cuando llegó a este mundo. Nació en una cueva en lo profundo de la tierra, y no era lo bastante grande como para dañar a nadie. Su madre lo llamó Matochikala en el idioma de la Gente.

Cuando su madre despertó de su largo sueño, sacó a Oso Pequeño al brillante sol de primavera. "¿Qué son estas criaturas que vuelan alto por arriba de mi cabeza?", preguntó Oso Pequeño. "Wanblí", respondió la madre con su voz ronca. "Es de Águila que nosotros aprendemos a vivir nuestra vida con dignidad. Los ojos de Águila son más agudos que los nuestros, así que siempre escuchamos las advertencias que Wanblí envía desde lo alto."

La madre de Oso Pequeño lo condujo a través de la pradera de aromas dulces, hasta la orilla de un río donde ella lo enseñaría a beber. El metió su nariz en el agua clara y tomó un sorbo. El choque del agua fría lo puso instantáneamente alerta y vigilante. Muchos años después, cuando él hubiese crecido y rendido honor a su nombre de guerrero, Mathó recordaría su primera bebida. Siempre que necesitaba claridad de pensamiento o viveza para la cacería, él se zambullía en el río para prepararse a sí mismo para la tarea.

Mathó recordaba sus primeros días con afecto, pues su madre había sido una gran maestra. Ella siempre lo protegió y lo guió para que viviera la plenitud de la vida. Ella le enseñó a buscar larvas dentro de los troncos podridos de árboles de abeto. Le enseñó cuáles flores y pastos eran los más dulces, cuáles raíces lo harían fuerte, y cuáles bayas lo ayudarían a engordar para su primer sueño largo de invierno.

Y ella le enseñó a atrapar los peces rojos conforme se estrellaban contra él en el río resbaladizo. La madre de Mathó le mostró un lugar especial entre dos rocas fragosas donde él podía sostenerse. "Espera con calma y paciencia en este lugar", le dijo, "y las grandes cosas rojas y brillantes saltarán directo a tu boca."

Y así fue que la Gente aprendió a pescar,... observando a Mathó y a su madre. A partir de ese momento, Mathó y la Gente nunca pasaron hambre mientras él y sus hermanos pudieran ser vistos pescando en el río.

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Glosario de palabras Lakota:

Mathó ~ Oso Gris
Matochikala ~ Oso pequeño
Wanblí ~ Águila, "el que aletea"



Cómo el Perro Llegó a Ser Perro

Cuento Tradicional Lakota
Traducción de Cheryl Harleston

Shunka gimió al sentirse empujada bruscamente dentro de un saco grasoso de piel. Apenas había despertado y sin embargo ahí estaba, asida por el cuello y secuestrada de la entrada de la guarida de sus padres. Al principio pensó que seguía soñando dentro de la cálida cueva, acurrucada junto a sus hermanos y hermanas. Ella siempre se había sentido bastante segura bajo las raíces del gran abeto. Los retoños del árbol habían formado un círculo grueso a su alrededor, brindando un buen lugar para ocultar a una familia de cuatro cachorros peludos. Al menos eso es lo que los padres de Shunka habían esperado.

Pero Shunka no estaba soñando.

Sus padres habían ido de cacería y habían dejado cerca a un tío para cuidar a los cachorros. El tío era muy joven y no tenía experiencia en estas cosas. Su atención había sido atraída por una ardilla que corría por un tronco caído, y mientras él estaba distraído, una criatura extraña había venido al campamento de los Lobos, atrapando a Shunka y a uno de sus hermanos. Los otros cachorros se había ocultado fuera de alcance al fondo de la guarida, así que no habían sido atrapados.

Shunka y su hermano fueron empujados y golpeados mientras eran cargados dentro de los sacos en las espaldas de las criaturas. Después de un largo y agitado tiempo, Shunka se asomó por encima del hombro de la Criatura de Dos Piernas. Allí, frente de ella, estaba un panorama maravilloso. En una pradera había un grupo de refugios que se erguían altos como árboles en un círculo, con cada entrada mirando al este, hacia el sol naciente. Muchas Criaturas de Dos Piernas salieron corriendo para saludar a las abuelas que volvían al campamento. Había mucho ruido y confusión.

Todo era un remolino de nuevas vistas y nuevos sonidos y olores inusitados. Olores maravillosos saturaban el campamento. Shunka sólo había conocido el olor de la guarida de tierra, el aroma lechoso y dulce de su madre, y más tarde, cuando sus pequeños dientes blancos habían brotado, el olor a la carne agria que su padre regurgitaba como desayuno para sus hijos todas las mañanas.

Había sido por el olor de las ofrendas de su padre que las abuelas habían encontrado la guarida. Mientras buscaban raíces y hierbas, las experimentadas narices de las abuelas detectaron a los cachorros astutamente escondidos en la guarida bajo el árbol.

De repente, Shunka sintió que era depositada rudamente en el suelo. A su lado gemía su hermano, asustado y confundido. "No te preocupes," murmuró ella, "nos tenemos el uno al otro. Yo permaneceré contigo. Di 'huká', no tengo miedo."

De cualquier manera él tenía miedo, a pesar de las valientes palabras de Shunka, y aulló con fuerza cuando un pequeño Dos Piernas lo abrazó estrechamente contra su pecho. "A-i-i-i," él gritó. Los pequeños Dos Piernas rieron y lo alzaron para que todos lo vieran. "Este es mi cachorro," dijo el pequeño Dos Piernas. "Mi abuela me lo ha dado como regalo."

"Sí", respondió la Abuela Unchí. "Y si cuidas de él tan bien como cuidarías a tu propio hermano, será tu compañero de confianza por el resto de sus días." Diciendo esto, levantó a Shunka y le habló suavemente. "Toma," dijo la Abuela Unchí, tomando del fuego algunos pedazos de carne que olían muy bien, y dándoselos a la perra. "Shunka," le dijo, "estoy muy complacida de haberte encontrado. Eres un gran regalo para mí. De ahora en adelante tendré a alguien que me ayude y una amiga para hacerme compañía."

Y así fue que Shunka fue separada de su familia como una winú, una prisionera, y forzada a vivir en la aldea de las Criaturas de Dos Piernas por el resto de su vida. Pero la Abuela Unchí era bondadosa con ella, y alababa y reconocía su trabajo. Así que cuando Shunka tuvo su propia familia, ella llegó a ser una especie de hunka para las Criaturas de Dos Piernas. Se convirtió en un pariente por elección, y todos sus hijos y sus nietos también. Héchetu yeló. Eso es cierto.

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Glosario de palabras Lakota:

Shunka ~ Perro
Huká ~ No tengo miedo
Unchí ~ Abuela
Winú ~ Prisionera
Hunka ~ Pariente por elección
Héchetu yeló ~ Eso es cierto


Fuente:VER

Para saber mas de los sioux:

http://www.taringa.net/posts/imagenes/1192093/Frases-de-Aborigenes-Norteamericanos-(Y-nosotros-seguimos-po.html
http://www.taringa.net/posts/noticias/999948/Los-indios-lakota-se-independizan.html
http://www.taringa.net/posts/info/1015133/Sabidur%C3%ADa-Lakota.html
http://www.taringa.net/posts/info/1016625/Carta-del-jefe-indio-seattle.html