El Baikal


El lago más profundo del mundo


LOS mongoles de la remota región del sur de Siberia lo han reverenciado desde tiempos inmemoriales. Aunque existen otros de mayor superficie, este es el lago de agua dulce más profundo del mundo y, con mucho, el de mayor volumen. Se lo ha llamado de varias maneras, pero el nombre que ha perdurado hasta hoy es Baikal, que posiblemente significa “lago rico” o “mar”. De hecho, por ser tan inmenso y tan cambiante, los pescadores de sus costas a veces hablan de “salir al mar”.

La mención del lago Baikal toca la fibra sensible de los rusos. Una científica de Moscú lo asemejó a “una bella pieza musical que se aprende de pequeño”. Sus “notas” son muchas: playas fascinantes, aguas de increíble transparencia y una diversidad de extraños seres que no se ven en ningún otro lugar.

Desde el espacio, el lago Baikal parece una media luna azul con sus 636 kilómetros (395 millas) de largo y 80 kilómetros (50 millas) de ancho en su punto máximo. Contiene una quinta parte del agua dulce del planeta —más que los cinco Grandes Lagos de Norteamérica juntos—, y supera los 1.600 metros (una milla) de profundidad. Si el Baikal se vaciara inesperadamente, todos los ríos del mundo tardarían un año en llenarlo.

Choque de continentes

Los geólogos especulan que en el pasado remoto un subcontinente que se desplazaba hacia el norte chocó contra Asia. El impacto arrugó enormes secciones del lecho rocoso como si fuera papel de aluminio y elevó la corteza terrestre formando la cordillera del Himalaya. Se opina que la colisión de los continentes reactivó varias de las profundas zonas de fractura siberianas, una de las cuales se conoce con el nombre de fosa del Baikal. Con el tiempo, los cursos de agua procedentes de las montañas colindantes depositaron en esta falla más de siete kilómetros (cuatro millas) de sedimentos. Luego, el agua la colmó y dio lugar al lago actual. Hoy, más de trescientos ríos y arroyos desembocan en el Baikal, pero solo uno, el Angara, nace de él.

A diferencia de la mayoría de los lagos más antiguos del mundo, el Baikal no se ha llenado de sedimentos ni se ha convertido en un pantano. Según los científicos, esto es debido a que las placas tectónicas subyacentes aún se desplazan y amplían la fisura; de modo que, en vez de reducirse, la profundidad del lago aumenta cada año. Además, este desplazamiento explica que del fondo emerjan columnas de agua caliente.

El Lago Mas Profundo del Mundo

Un vistazo a su interior

Hay quien se pone nervioso cuando navega por el lago Baikal debido a que sus aguas cristalinas permiten ver hasta 50 metros (150 pies) de profundidad, como si no hubiera nada de por medio. La calidad del agua está a cargo de un ejército de cangrejos minúsculos llamados episura que la filtran, lo que elimina las algas y bacterias que enturbian muchos lagos. En la tarea también colaboran múltiples especies de crustáceos que deambulan devorando desechos orgánicos que de otro modo se descompondrían. El agua alcanza tal pureza que hace unos veinte años, cuando se recogió una muestra para analizarla, fue el recipiente de vidrio el que la contaminó.

Las aguas del lago no solo son célebres por su transparencia, sino que, además, poseen un alto contenido de oxígeno. En otros lagos que también son profundos, este gas suele disminuir a cierta profundidad, lo que obliga a la mayoría de la vida acuática a concentrarse en aguas relativamente someras. En el Baikal, sin embargo, las corrientes verticales y horizontales que lo cruzan mezclan las aguas y les aportan oxígeno hasta a las más profundas. El resultado es que todo el lago bulle de vida.

En sus frías y límpidas aguas crece un bosque submarino. Un tipo de esponjas verdes se ramifican como si fueran corales y dan cobijo a una multitud de pequeñas criaturas. Por otra parte, infinidad de organismos amantes del calor se agrupan alrededor de las fuentes hidrotermales. Mil quinientas de las más de dos mil especies que pueblan el lago solo pueden encontrarse en el Baikal.

Este lago también es famoso por el omul, un sabroso pescado blanco del Ártico muy apreciado por los lugareños. Además, es el hogar de otros seres raros, e incluso extravagantes, como organismos unicelulares que viven en la arena o un tipo de gusano platelminto (de cuerpo plano) que llega a medir más de 30 centímetros (un pie) y se alimenta de peces. Otro de los pobladores es el golomianka, un pequeño pez endémico del Baikal que quizás sea el más insólito de todos.

Se trata de un pez translúcido que despide destellos iridiscentes. Vive cerca del fondo y es vivíparo, es decir, pare crías vivas. Un tercio de su organismo consiste en grasa, rica en vitamina A. Es capaz de soportar grandes presiones a profundidades de entre 200 y 450 metros (700 y 1.600 pies); pero cuando se le pone al sol, se derrite y se convierte en espinas y grasa. El golomianka es el plato favorito de tal vez el residente más célebre del lago: la nerpa, o foca del Baikal, la única foca que vive exclusivamente en agua dulce.


Las estaciones


Durante cinco meses, el lago está cubierto por una capa de hielo que puede alcanzar a finales de enero más de un metro (más de tres pies) de espesor. El hielo presenta una especie de vetas, como si fueran las de un mosaico, y refleja la luz solar igual que un espejo. A simple vista parece bastante frágil, pues es tan diáfano que cuando se camina por él, se ven las rocas del fondo. Sin embargo, el hielo tiene normalmente una resistencia increíble. Hace un siglo, en la guerra ruso-japonesa, el ejército ruso tendió durante el invierno las líneas de un ferrocarril sobre la gélida capa y logró transportar 65 locomotoras.

Desde fines de abril hasta junio, el hielo se parte produciendo crujidos atronadores. Los continuos sonidos de esta temporada componen lo que los locales llaman la “sinfonía del hielo”. El naturalista Gerald Durrell escribió que el hielo “tintinea como campanillas ronronea como una cesta de gatos”. En cuanto se caldea el ambiente, el viento y las olas arrastran los témpanos a la orilla, donde se amontonan centelleantes.

Cuando las aguas quedan despejadas, reaparecen los patos, gansos, cisnes cantores, garzas reales y otras aves. Algunas especies, como el mirlo acuático, pasan el invierno en la cabecera del Angara, la única parte del lago que no se congela.

Quienes visitan el Baikal en junio tienen la posibilidad de ver familias de osos rondando por la orilla en busca de larvas de frigánea, que pululan por millares en las rocas. Los osos, felices, las capturan con la lengua, ajenos al zumbido de los insectos adultos que los rodean. Un sinfín de otros animales acuden al lago durante esta época atraídos por el frenético festín.

Al comienzo de la primavera y del verano tiene lugar una breve proliferación de algas, lo que proporciona alimento a los pequeños crustáceos y un tinte verdoso al agua. Ahora bien, el resto del año, las aguas del Baikal se ven de color turquesa en la orilla, mientras que lago adentro se ven de un azul intenso, el mismo color del mar.

En sus costas hallamos dunas y majestuosos acantilados. Muchas calas y cabos pintorescos ofrecen vistas extraordinarias de lo que un escritor describió como “una suave extensión perlada cuyas distancias cambian constantemente”, un paisaje de agua y cielo en permanente cambio.

Meses después, las tormentas hacen su aparición. El otoño trae consigo vientos que a veces descienden sobre la superficie del lago con fuerza huracanada. Son capaces de tornar en un santiamén las plácidas aguas en olas furiosas de entre 4 y 6 metros (15 y 20 pies). Hay constancia de que incluso en otras épocas del año los vientos han hundido grandes barcos de pesca y de pasajeros.

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Una tierra de variados paisajes
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El hecho de que el lago Baikal esté situado en la cruda Siberia podría hacer pensar que se trata de un gigante frío y solitario, pero en realidad posee variados paisajes y abundante fauna y flora. Las cuatro imponentes sierras que lo abrazan dan albergue a renos y a íbices siberianos, una especie amenazada.

En altitudes menores encontramos las estepas. A algunas de estas llanuras herbosas se las podría llamar los jardines florales de Siberia debido a su extraordinaria variedad de flores silvestres. Entre sus raros habitantes figuran la elegante grulla damisela y la avutarda, la mayor ave asiática.

Un elemento fundamental para el lago Baikal es la taiga, el denso bosque de coníferas que lo rodea. La taiga dobla el tamaño de la selva del Amazonas brasileño y tiene igualmente una función vital en el mantenimiento del clima y la estabilidad ecológica del planeta. En ella viven varias especies de aves, como el urogallo, cuyos cantos y ritual de apareamiento son dignos de nota, y la elegante cerceta del Baikal (en la página 17), que también frecuenta las orillas del lago.

Cabe destacar entre los mamíferos la famosa marta cebellina. Aunque en su día se la diezmó despiadadamente por su lustrosa piel, la población de martas se va recuperando gracias a la labor de los ecologistas. En el afán de salvar a esta bella criatura, se creó en 1916 la Reserva Natural de Barguzin, al pie del lago. Ahora existen tres reservas naturales que bordean su costa y otros tres parques nacionales abiertos al público.

Contemplemos las profundidades de la creación

El lago Baikal, declarado Patrimonio de la Humanidad por la Unesco, es un destino turístico muy popular. De hecho, recibe más de trescientos mil visitantes anuales de todo el mundo. “El Baikal es hoy un paraíso para el naturalista y un destino idílico para el turista —dice una fuente—. Preciosas playas, paseos en bote, excursiones inolvidables y puntos idóneos para la observación de aves lo sitúan en una posición privilegiada para convertirse en el lugar de vacaciones más atractivo de Asia.”

El lago es un sitio ideal para contemplar la suprema sabiduría de Dios y la excelencia de su creación. ¿Quién sino Dios podría haber creado los singulares procesos naturales que sostienen la vida con tanta generosidad en este precioso lago? La vista desde sus playas evoca las palabras del escritor bíblico que exclamó: “¡Oh la profundidad de las riquezas y de la sabiduría y del conocimiento de Dios!” (Romanos 11:33).(Consulte en su Biblia)
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UNA FOCA QUE VIVE EXCLUSIVAMENTE EN AGUA DULCE


Los miles y miles de nerpas, o focas del Baikal, se alimentan todo el año de los peces que pueblan las profundas aguas del lago que les da nombre. Nadie sabe a ciencia cierta cómo llegaron hasta el centro de Siberia ni por qué no habitan otras regiones. De hecho, su pariente más cercana vive a unos 3.200 kilómetros (2.000 millas).

La foca del Baikal, que con sus 1,4 metros (4,6 pies) es la más pequeña de la especie, tiene la frente plana y los ojos muy grandes y juntos. Se la suele ver sobre las rocas tomando el sol en pacíficas manadas, sin las habituales peleas que caracterizan a la mayoría de sus parientes. En realidad, la dulce foca del Baikal es seguramente la más sociable.

Un biólogo que estudia estos mamíferos mencionó que las nerpas “son aún más dóciles que las tranquilas focas oceladas y dejan que se las saque de las redes sin morder a nadie cuando son atrapadas con fines científicos”. Una enciclopedia afirma que ha habido buzos que se han acercado a ellas mientras dormían en el agua y que ni siquiera tocándolas o incluso volteándolas las han despertado.



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