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La mafia rusa y el espíritu del capitalismo

La mafia rusa y el espíritu del capitalismo

La mafia rusa y el espíritu del capitalismo


En menos de una década desde el final de la Guerra Fría han aparecido en Rusia unos ocho mil grupos criminales compuestos por más de ciento veinte mil miembros y que generan un volumen de empleo, directo o indirecto, de casi tres millones de personas, gestionados con una impresionante habilidad empresarial, sin duda la más grande de la Rusia actual. Gestionan directamente unas cincuenta mil empresas y extorsionan al resto. Controlan el ochenta por ciento del sistema financiero, actúan predatoriamente sobre los bienes del Estado y generan aproximadamente el cuarenta por ciento del PIB en Rusia. Su extenso control del aparato del Estado les permite ejercer una nueva forma de autoritarismo que ha substituido simbióticamente a la omnipresencia de la dictadura soviética. Posee, mediante la extorsión y la corrupción generalizada, acceso directo y permanente a los materiales nucleares y a las tecnologías necesaria para convertirlas en armas de destrucción masiva. El cuadro es aterrador.
Pero cambiémos de prisma. Una economía de mercado necesita, desde su misma base, de una autoridad que haga cumplir los contratos que se generen en un determinado sistema productivo, ya sean éstos de propiedad, de intercambio o de cualquier otra índole. La delincuencia organizada en Rusia proporciona la seguridad contractual sin la cual sería imposible que las personas tuviesen contactos económicos. El mundo criminal de Rusia se ha erigido en el único poder que puede dar estabilidad al país en un contexto de continuas turbulencias políticas y económicas. Ha aparecido como la única fuerza capaz de saldar deudas, de garantizar la devolución de los créditos bancarios y de resolver las disputas de propiedad de una forma justa y eficaz. La introducción de la propiedad privada y de la empresa privada en Rusia ha conllevado, en un contexto donde la ausencia de confianza en la contraparte contratante es lo fundamental en gran medida debido al desconocimiento sobre el funcionamiento de una economía de mercado por parte de los agentes económicos, a una demanda de protección de la seguridad a la hora de firmar los contratos que el Estado actualmente es incapaz de proporcionar. La mafia rusa, por tanto, no se infiltra en el mundo de la economía legal sino que las empresas buscan en la mafia la adquisición de la seguridad contractual que se necesita para funcionar en una economía de mercado a la vista de la inoperancia estatal.
La actividad económica de la mafia es, además, indispensable para el funcionamiento real de la economía en Rusia. Sus beneficios, obtenidos por ejemplo en el tráfico de drogas, se reinvierten en sectores legítimos de la economía y generan una amplia gama de actividades económicas dentro del sistema productivo mundial. Muchos ciudadanos viven, directa o indirectamente, de la actividad económica del crimen organizado. La mafia es, de hecho, el motor de la economía de mercado en Rusia. Muchos ciudadanos viven, directamente o indirectamente, de la producción de la mafia. En la actualidad es impensable una actuación radical contra el crimen organizado que no sumiese a todo el país en una profunda recesión que empeorase aún más las condiciones de vida en Rusia y que, eventualmente, podría echar a las masas de nuevo a las manos del comunismo.
Véamoslo en perspectiva histórica. Los piratas de todo pelaje y condición, pero sobre todo los británicos, se encuentran en la base misma del nacimiento de los procesos de industrialización, de mundialización e incluso del propio capitalismo. Simplemente los piratas, en un momento del siglo XVIII en el que el Estado ya fue capaz de otorgar unos niveles de seguridad suficientes, se trasformaron en grandes hombres de negocios que invertían sus adquisiciones ilegales en el mundo de la economía legal y la hicieron prosperar enormemente. La misma premisa puede aplicarse a los "barones" de los bandidos, que jugaron un papel esencial en la industrialización de los Estados Unidos.
Acerquémonos en el tiempo un poco más. En la España de la posguerra civil (1936-1939), el empeoramiento de la situación socioeconómica, el aislamiento internacional, la debilidad del Estado y la escasez y el racionamiento de los bienes de consumo en el mercado español contribuyó al fortalecimiento de una modalidad ya existente de delincuencia organizada en la que los militares jugaron un papel esencial. Se llamó, en memoria de sus principales artífices, Strauss y Pearl, el estraperlo. El concepto abarcaba una amplia gama de actividades ilegales relacionadas con mercados negros para bienes primarios, pagos de servicios ilícitos, extorsión, amenazas e impuestos mafiosos en un contexto de corrupción generalizada producto de la arrogancia desbordante de los ganadores de la Guerra Civil, actores principales de la trama junto a comerciales e industriales. El estraperlo desapareció conforme se ponía fin al racionamiento y los principales negociantes del comercio ilícito comenzaron a convertirse en respetables gerentes y propietarios de grandes empresas de construcción, industriales, de bancos y de servicios. Quizás los actuales mafiosos rusos, que tanto miedo generan en la actualidad hasta el punto de hacer exclamar al director del FBI que su amenaza a la seguridad mundial es superior a la que supuso el comunismo, no sean más que los herederos de una tradición de piratas y estraperlistas, el germen de poderosos hombres de negocios para la Rusia del futuro.
Pero vayamos un poco más lejos. El crimen organizado representa la forma última del capitalismo, una forma que no está regulada ni por la ley ni por la moral y que, por tanto, es especialmente eficiente en la acumulación de capital. Es la forma más depurada de organización empresarial. La mafia se estructura en perfectos sistemas de redes, que son, según la ciencia empresarial, es el modelo más eficiente y de más futuro dentro del mundo de la empresa. Genera lazos muy poderosos de lealtad entre la empresa y sus trabajadores, que a menudo son étnicos. Colabora con otras organizaciones criminales hasta conformar 'trusts' con los que maximizar sus beneficios. Elimina la competencia emergente con la ayuda legal de sus amigos en los aparatos legales de poder y, sobre todo, en la policía. Esprime el capital humano sin desperdiciar un gramo y, además, realiza análisis de riesgos y beneficios que serían la envidia de cualquier sociedad de bolsa. En un momento en el que el mercado es imperfecto, en el que las tendencias monopolísticas a las que tiende naturalmente cualquier mercado abundan por doquier y en el que hay una ausencia casi total de claridad sobre lo que está permitido y lo que está prohibido, la actividad empresarial, para ser eficaz, no puede tener escrúpulos, ni sociales ni de ningún otro tipo. El crimen organizado es, sin duda, la forma más desarrollada y depurada de empresa en un mercado incontrolado, o mejor dicho, controlado por una élite, donde el dinero otorga la única fuente legítima de poder, que sus acumuladores ejercen arbitrariamente. La mafia rusa es, de hecho, la fuerza más neoclásicamene liberal de la antigua Unión Soviética y la principal defensora, también la gran beneficiaria, del proceso de privatización y del capitalismo mismo.

http://www.geocities.com/carlos_resa/press23b.html

1 comentario - La mafia rusa y el espíritu del capitalismo

Circodelico
Pensé que Rusia seguía siendo firmemente comunista.