La lucha por el aborto suele ser una demanda de las mujeres. Generalmente de las que están enroladas en movimientos feministas. Frecuentemente los hombres de Iglesia somos tildados por ellas de machistas, por eso prefiero pedirle que me ayude en estas reflexiones a una mujer, una luchadora incansable por los derechos de los pobres y premiada como Nobel de la Paz: la Madre Teresa de Calcuta.

Ella estaba convencida de que el aborto era un acto de violencia inaudita contra un inocente, peor que un crimen de guerra, y lo expresaba así: "El aborto mata la paz del mundo... Es el peor enemigo de la paz, porque si una madre es capaz de destruir a su propio hijo, ¿qué me impide matarte? ¿Qué te impide matarme? Ya no queda ningún impedimento".

Con frecuencia se invoca en estos casos la mayor afrenta que pueda recibir una mujer, el embarazo no deseado que se sigue de una violación. ¿Cómo soportar durante nueve meses el desarrollo de un niño que le recuerda a su madre el dolor y la violencia con que fue concebido?

La Madre Teresa respondía: "Les pido que no destruyan al niño, ayúdense mutuamente a querer y a aceptar a ese niño que aún no ha nacido. No lo maten, porque un horror no se borra con un crimen".

"Por favor, no maten a los niños, yo los quiero. Con mucho gusto acepto todos los niños que morirían a causa del aborto."

Ella creó una institución internacional en Calcuta que se ocupaba de convencer a las madres con problemas para que no abortaran y les ayudaba a tenerlos y, si decidían que no podrían criarlos, les buscaba un hogar de adopción.

Continuaba diciendo: "Me he unido a la lucha contra el aborto, porque considero que el niño aún por nacer es el más pobre entre los pobres hoy en día, el menos amado, el más menospreciado, el ser desechable de la sociedad".


Un crimen

El doctor Bernard Nathanson fue uno de los promotores de la ley del aborto en los Estados Unidos. Después de practicar él mismo 75.0000 abortos y el de su propio hijo, haciendo luego estudios de ultrasonido en fetos dentro del vientre materno, reconoció su error y se volvió un defensor de la vida.

Generalmente para conseguir que en un país se sancione la ley que permite el crimen del aborto es preciso cambiar la mentalidad de la gente influyendo en la opinión publica.

El nos cuenta cómo lo hizo. "Fui uno de los fundadores de la Asociación Nacional para Revocar las Leyes sobre el Aborto en Estados Unidos, en 1968. Entonces una encuesta veraz hubiera establecido el hecho de que la mayoría de los norteamericanos estaba en contra de leyes sobre el aborto. No obstante, a los cinco años habíamos conseguido de la Corte Suprema que legalizara el aborto en 1973.

"¿Cómo lo conseguimos? Es importante conocer las tácticas que utilizamos, pues con pequeñas diferencias se repitieron con éxito en el mundo occidental.

"Nuestro primer gran logro fue hacernos con los medios de comunicación ; los convencimos de que la causa proaborto favorecía a un avanzado liberalismo y, sabiendo que en encuestas veraces seríamos derrotados, agrandamos los resultados de supuestas encuestas y los publicamos en los medios; según ellas, el 60% de los norteamericanos era favorable a la implantación de la ley del aborto.

"Fue la táctica de exaltar la propia mentira y conseguimos un apoyo suficiente agrandando el número de abortos ilegales que se producían anualmente en EE.UU.

"Esta cifra era de 100.000 aproximadamente, pero la que reiteradamente dimos a los "medios" fue de 1.000.000. Y una mentira lo suficientemente reiterada la hace verdad el público. Y el número de mujeres que morían anualmente por abortos ilegales oscilaba entre 200 y 250... pero la cifra que continuamente repetían los medios era 10.000... y a pesar de su falsedad fue admitida por muchos norteamericanos convenciéndolos de la necesidad de cambiar las leyes sobre el aborto.

"Otro mito que extendimos entre el público, es que el cambio de las leyes solamente implicaría que los abortos que se practicaban ilegalmente pasarían a ser legales. Pero la verdad es que, actualmente, el aborto es el principal medio para controlar la natalidad en Estados Unidos. Y el número anual de abortos se ha incrementado en un 1.500 por ciento.


Segunda táctica

"La segunda táctica fundamental fue jugar la carta del anticatolicismo. Desacreditamos sistemáticamente a la Iglesia Católica, calificando sus ideas sociales de retrógradas, y atribuimos a sus jerarquías el papel del "malvado" principal entre los opositores al aborto permisivo resaltándolo incesantemente. Los "medios" reiteraban que la oposición al aborto procedía de dichas jerarquías, no de los católicos; y una vez más, falsas encuestas "probaban" reiteradamente que la mayoría de los católicos deseaba la reforma de las leyes antiaborto. Y los tambores de los "medios" persuadieron al pueblo americano de que cualquier oposición al aborto tenía su origen en la jerarquía católica y que los católicos proabortistas eran los inteligentes y progresistas (los que dicen que eso es vivir en democracia). El hecho de que grupos cristianos no católicos, y aun ateos, se declarasen Pro Vida, fue constantemente silenciado.

"La tercera táctica fundamental fue denigrar o ignorar cualquier evidencia científica de que la vida comienza con la concepción." (Hasta aquí las palabras textuales del Dr. Nathanson)

El tema del derecho a la vida es un tema de derechos humanos; no es un tema "religioso".

Cualquier simple médico sabe que en un óvulo fecundado, que anida en el vientre materno, está toda la carga genética de un nuevo ser humano, sujeto de derechos, más aun que cualquier otro, porque está indefenso.

Resulta contradictorio que quienes más deberían velar por su vida sean sus peores amenazas: su madre y el médico.

Los abortistas tienen suerte de que sus madres no hayan pensado igual sobre su destino, sencillamente no estarían aquí.

Es preciso no usar artimañas ni eufemismos en un tema por demás grave: el aborto es lisa y llanamente el asesinato de un indefenso y no el derecho de la mujer de disponer de su propio cuerpo.+





http://aica.org/aica/noticias/not_2004/SN/040120MA-01SN.htm