Arme para que sea de facil lectura el Fragmento de un texto muy muy interesante de Jacques Attali. Habla sobre el poder de la música y la manipulación que los monopolios(Ahora podriamos decir Universal, Sony, Warner, Emi) ejercen sobre las poblaciones. Direccionando la violencia, Alegrías, sueños anhelos, búsquedas; en fin, creando una realidad que descansa sobre las conveniencia de estas monstruosas compañías

Ruidos y política

Mucho más que los colores y las formas, los sonidos y su disposición conforman las sociedades. Con el ruido nació el desorden y su contrario: el mundo. Con la música nació el poder y su contrario: la subversión. En el ruido se leen los códigos de la vida, las relaciones entre los hombres. Clamores, Melodía, Disonancia, Armonía; en la medida en que es conformado por el hombre mediante útiles específicos, en la medida en que invade el tiempo de los hombres, en la medida en que es sonido, el ruido se vuelve fuente de proyecto y de poder, de sueño: Música. Corazón de la racionalización progresiva de la estética y refugio de la irracionalidad residual, medio de poder y forma de entretenimiento.

Que no te manipulen! [Tortuosa Musica]

Por doquier, los códigos analizan, marcan, restringen, encauzan, reprimen, canalizan los sonidos primitivos del lenguaje, del cuerpo, de los útiles, de los objetos, de las relaciones con los otros y con uno mismo.
Toda música, toda organización de sonidos es pues un instrumento para crear o consolidar una comunidad, una totalidad; es lazo de unión entre un poder y sus súbditos y por lo tanto, más generalmente, un atributo del poder, cualquiera que éste sea. Una teoría del poder exige pues actualmente una teoría de la localización del ruido y de su formación. Instrumento de demarcación de su territorio entre los pájaros, el ruido se inscribe, desde sus orígenes, en la panoplia del poder. Equivalente del enunciado de un espacio, indica los límites de un territorio, los medios para hacerse escuchar y para sobrevivir y obtener su alimento.Y por lo mismo que el ruido es fuente de poder, el poder ha estado siempre fascinado con su escucha. En un texto extraordinario y poco conocido, Leibniz describe minuciosamente la organización política ideal, el "Palacio de las Maravillas", autómata armonioso en el que se despliegan todas las ciencias de la época y todos los instrumentos del poder: "Estos edificios serán construidos de tal manera que el dueño de la casa pueda oír y ver todo lo que se dice y hace sin que nadie lo advierta mediante espejos y tubos, lo que sería una cosa muy importante para el Estado y una especie de confesionario político." Escuchar, censurar, registrar, vigilar son armas de poder. La tecnología de la escucha, de realización, de transmisión y de grabación del ruido se inscribe en el corazón de este dispositivo. El simbolismo de las Palabras Congeladas, de las Tablas de la Ley, de los ruidos grabados y de la escucha son el sueño de los politólogos y el fantasma de los hombres de poder: escuchar, memorizar, es poder interpretar y dominar la historia, manipular la cultura de un pueblo, canalizar su violencia y su esperanza.

musica

¿Quién no presiente que hoy el proceso, llevado a su extremo límite, está a punto de hacer del Estado moderno una gigantesca fuente única de emisión de ruido, al mismo tiempo que un centro de escucha general? ¿Escucha de qué? ¿Para hacer callar a quién?
La respuesta la dan, clara e implacable, los teóricos del totalitarismo: todos ellos, indistintamente, explicaron que es preciso prohibir los ruidos subversivos, porque anuncian exigencias de autonomía cultural, reivindicaciones de diferencias o de marginalidad: la preocupación por el mantenimiento del tonalismo, la primacía de la melodía, la desconfianza con respecto a los lenguajes, los códigos, los instrumentos nuevos, el rechazo de lo anormal, se encuentran en todos esos regímenes, traducciones explícitas de la importancia política de la represión cultural y del control del ruido. Para Jdanov, por ejemplo, en un discurso de 1948 que nunca fue realmente desautorizado, la música, instrumento de presión política, debe ser suave, tranquilizante, calmada: “Tenemos que enfrentar una lucha muy aguda -escribía- aunque velada en la superficie, entre dos tendencias. Una que representa en la música soviética una base sana, progresista, basada en el reconocimiento del enorme papel representado por la herencia clásica, y en particular por las tradiciones de la escuela musical rusa, sobre la asociación de un contenido ideológico elevado, de la verdad realista, de los lazos orgánicos profundos con el pueblo. La segunda tendencia expresa un formalismo extraño al arte soviético, el rechazo de la herencia clásica bajo el disfraz de un falso esfuerzo hacia la novedad, el rechazo del carácter popular de la música, la negativa a servir al pueblo, y esto en beneficio de las emociones estrechamente individuales de un pequeño grupo de estetas elegidos. Los compositores soviéticos tienen dos tareas responsables al más alto grado. La principal, es la de desarrollar y perfeccionar la música soviética. La otra consiste en defender la música soviética contra la intrusión de elementos de la decadencia burguesa. No hay que olvidar que la URSS es actualmente la auténtica depositaría de la cultura musical universal, al igual que, en todos los demás terrenos, es el escudo de la civilización y de la cultura humana contra la decadencia burguesa y la descomposición de la cultura [...]. Así pues, no es sólo el oído musical, sino también el oído político de los compositores soviéticos el que debe ser más sensible. Vuestra tarea consiste en confirmar la superioridad de la música soviética, en crear una potente música soviética.” Todo el discurso jdanoviano es estratégico y militar: la música debe ser una defensa contra la diferencia; para ello, debe ser poderosa y protegida.

ruidos

Hallamos una misma preocupación, una misma estrategia y un mismo vocabulario entre los teóricos nacionalsocialistas; véase Stege: “Si se prohíbe el jazz negro, si los enemigos del pueblo componen una música intelectual privada de alma y corazón, sin hallar oyentes en Alemania, esas decisiones no son arbitrarias... ¿Qué habría sucedido si la evolución estética de la música alemana hubiera proseguido en la dirección de los años anteriores a la guerra? El pueblo habría perdido todo contacto con el arte. Se habría desarraigado espiritualmente y tanto más cuanto que hubiera encontrado menos satisfacción en una música degenerada e intelectual, buena para ser leída más que escuchada. El foso entre el pueblo y el arte se habría convertido en un abismo imposible de franquear, las salas de teatro y de concierto habrían quedado vacías, y los compositores que trabajan en una dirección opuesta al alma popular no habrían tenido otros oyentes fuera de ellos mismos, suponiendo que hubieran podido continuar comprendiendo sus propias elucubraciones...”

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Sin teorizar necesariamente su control, como en la dictadura, la dinámica económica y política de las sociedades industriales de democracia parlamentaria lleva también al poder a invertir el arte e invertir en el arte. La monopolización de la emisión de mensajes, el control del ruido y la institucionalización del silencio de los otros son dondequiera las condiciones de perennidad de un poder. Esta canalización adopta una forma nueva, menos violenta y más sutil: las leyes de la economía política se imponen como leyes de censura. La música y el músico se convierten, en lo esencial, en objetos de consumo como los demás, recuperadores de subversión, o ruidos sin sentido.

Politica.

La técnica de difusión de la música ayuda actualmente a constituir un sistema de escucha y de vigilancia social. Muzak, la gran empresa estadounidense de venta de música estandarizada, se presentó como “el sistema de seguridad para los años setenta”, puesto que permitía utilizar los canales de difusión musical para hacer circular órdenes. El monólogo de músicas estandarizadas, estereotipadas, acompaña y circunda a una vida cotidiana en la que ya nadie tiene realmente la palabra (dejando a un lado a algunos de los explotados que, a través de su música, todavía pueden gritar sus miserias, sus sueños de absoluto y de libertad). Lo que hoy día llamamos música no es, demasiado a menudo, más que un disfraz del poder monologante. Nunca, sin embargo, irrisión suprema, han hablado tanto los músicos de comunicar con su público, y jamás esta comunicación habrá sido tan mistificadora. La música apenas parece poco más que un pretexto, un poco incómodo, para la gloria de los músicos y la expansión de un nuevo sector industrial. Sin embargo, sigue siendo una actividad esencial del saber y de la relación social.

attali


Ciencia, mensaje y tiempo


“Esta notable ausencia de textos sobre música”4 nos remite a la imposible definición general, a una ambigüedad fundamental: “Ciencia del empleo racional de los sonidos, es decir, que entran en una escala, llamada gama”, decía el Littré a finales del siglo XIX, para reducirla a su dimensión armónica, para confundirla con una pura sintaxis. “Simplicidad límite de las señales”, “mensaje límite, modo cifrado de comunicación de los universales”,5 señala por el contrario Michel Serres para recordarnos que, más allá de la sintaxis, existe el sentido. ¿Pero cuál sentido? La música es la “confrontación dialéctica con el curso del tiempo”
Ciencia, mensaje y tiempo, la música es todo eso a la vez; pues ella, por su presencia, es modo de comunicación entre el hombre y su medio ambiente, modo de expresión social y duración. Es terapéutica, purificadora, englobadora, liberadora, arraigada en una idea global del saber sobre el cuerpo, en la búsqueda de exorcismo mediante el ruido y la danza. Pero ella es, también, tiempo pasado en ser producida, escuchada, intercambiada.
La música remite pues a la triplicidad de toda obra humana, a la vez disfrute del creador, valor de uso para el oyente y valor de cambio para el vendedor. En ese juego de equilibrio entre las diversas formas posibles de la actividad del hombre, la música ha sido, y es todavía, omnipresente: “el Arte está en todas partes porque el artificio se halla en el corazón de la realidad”.