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Los Khadafi, Maradona, Messi y el fútbol

El líder libio recientemente asesinado y su hijo Saadi protagonizaron historias pintorescas relacionadas con el fútbol. En esta nota, el encuentro con Diego Maradona, la utilización no consentida de la imagen de Lionel Messi y las excentricidades del heredero, hincha de Boca, con pasado como jugador profesional

Los Khadafi, Maradona, Messi y el fútbol

En ese polémico compilado de su pensamiento político al que marcó como referencia de su idea de gobierno y denominó Libro verde, Muammar Khadafi escribió que "los aficionados a los deportes son estúpidos que llevan al campo de juego sus frustraciones e incapacidades. Es gente fracasada, que se sienta en las gradas de los campos de juego a ejercer la pereza".

Sin embargo, el líder libio se vio atraído por el encanto de los beneficios extradeportivos (léase contactos y limpieza de imagen) y decidió meterse en el negocio: primero compró un equipo alemán de hockey sobre hielo llamado ECD Iserholn. Y luego desembarcó en el Calcio.

En 2002, a través de la firma Libyan Arab Foreign Investment Company (Lafico) –la compañía de inversiones extranjeras de Libia–, invirtió algo más de 20 millones de dólares para quedarse con el 7,5% de la Juventus y ser el segundo máximo accionista del club. También adquirió el 33% del Triestina. Y luego intentó (sin éxito), comprarle el Milan a su amigo Silvio Berlusconi e ingresar en la Fórmula 1.

Pero lo jugoso de la historia no está en sus propiedades, sino en las pequeñas historias que relacionaron a Khadafi padre e hijo de manera directa (e indirecta) con grandes figuras. A continuación, un resumen.

EL ENCUENTRO CON DIEGO

El 14 de junio de 2001, Maradona fue uno de los invitados de honor a la boda de Saadi Khadafi (tercer hijo de Muammar) que se celebró en un campo en las afueras de Trípoli y se dio el gusto de conocer al dictador libio, deseo que le habían negado un tiempo antes.

Su representante de entonces, Guillermo Cóppola, relató que estaban en la fiesta de los hombres (por tradición celebran separados de las mujeres), Diego se quería ir y de repente varios guardias los agarraron de los brazos: “Nos subieron a un auto, sin traductor y viajamos unos cinco minutos sin entender nada, nos asustamos. Bajamos y entramos a una gran carpa que no tenía ni muebles. Adentro, cruzado de brazos, estaba 'El Líder'”.

El propio Cóppola contó el final de la historia: “No había intérprete. Diego se adelantó, levantó los brazos, cerró los puños como en un festejo de gol y dijo varias veces ‘yeah, yeah’, hasta que Khadafi lo imitó”. La leyenda dice que hubo saludo con beso en la boca (tradicional en la región). Luego llegó un traductor, charlaron un rato y en la despedida un guardia le dio una bolsa que adentro tenía el traje militar de Khadafi, indumentaria que no podía utilizar alguien que no fuera de la armada libia.

MESSI COMO CONTRAFIGURA DEL RÉGIMEN

El crack del Barcelona tuvo una participación involuntaria en la historia: en medio del conflicto armado que terminó con el régimen de Khadafi, los jóvenes libios comenzaron a utilizar la imagen de “La Pulga” con una frase inventada que, indirectamente, apoyaba la rebelión contra el dictador.

A principios de 2011, cuando se encendió la batalla, los medios de comunicación le mostraron al mundo la imagen de un niño que llevaba un cartel con la frase: "Messi dice que lo que pasa en Libia ahora es una verdadera carnicería". El invento sirvió para llamar la atención de la prensa y también de gente que estaba ajena al conflicto.

UN HIJO EXCÉNTRICO, FUTBOLISTA Y SIMPATIZANTE DE BOCA

El tercero de los ocho hijos biológicos del líder libio, llamado Saadi Khadafi (hoy refugiado en Níger), se dio el gusto de ser futbolista profesional y luego dirigió la federación de fútbol del país. En su historial aparecen perlitas muy llamativas.

Siempre amparado en el dinero y poder de su padre, se dio el lujo de enfrentar a la selección argentina de Bielsa a cambio de un millón de dólares por un amistoso en Trípoli que terminó 3-1 a favor de la Albiceleste. Y también se sacó las ganas de disputar un partido en el Camp Nou ante el Barcelona de Riquelme, Sorín y Saviola, al que admiraba profundamente e incluso –cuentan– llegó a invitarlo a visitar su país con estadía totalmente paga. La caída 0-5 del Al-Ittihad ante los culés fue una anécdota.

A pesar de sus escasas virtudes como futbolista, llegó a jugar en el Calcio: pasó por Perugia, Udinese y Sampdoria, le saltó un doping positivo antes de debutar y se fue con apenas dos partidos disputados en cuatro años. De todos modos, dejó el recuerdo de locuras como sus llegadas en helicóptero a los entrenamientos.

Como cierre, un compilado de excentricidades: llegó a pagarle un millón de dólares a Maradona para que le enseñara “sus trucos” y depositó 500 mil dólares en la cuenta de Ronaldo (el brasileño) para que hiciera un saque inicial en Trípoli.

Además, en 1999 contrató a Carlos Bilardo para que clasificara a Libia al Mundial: eliminó a Mali en el debut, pero fue goleado por Camerún y se acabó la experiencia con el doctor. Y en 2002 apareció en el aeropuerto de Tokio con una camiseta de Boca, prueba de la simpatía que le despertaba el club.


Gracias por ver ...

4 comentarios - Los Khadafi, Maradona, Messi y el fútbol

boethius -2
Confirmado: Messi y Maradona fueron parte de la dictadura de Khadaffi, que la Otan los venga a buscar para meterlos presos.