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Estrategia de la Guerrilla Urbana [Fragmentos]

Estrategia de la Guerrilla Urbana [Fragmentos]


Por Abraham Guillén

Estrategia de la Guerrilla Urbana, 1ª edición, Capítulo IV, pp 61-66

Cada sistema de producción tiene su propia ley en la población: la esclavitud distribuida entre la población de las ciudades y el país; como el feudalismo polariza las masas en torno al castillo, el capitalismo ha concentrado la población en las ciudades industriales a expensas de una disminución en la población en el país. Siempre que se centraliza y se acumula el capital, sus sirvientes son: los trabajadores vinculados a los salarios laborales.

En los grandes centros industriales hay una gran masa humana gobernada por la tiranía del capital privado. Hay trabajadores activos, jubilados, trabajadores desempleados, los empleados y una amplia variedad de estratos medio y sub-proletarios. El capital privado concentra y acumula el producto directo de miles de artesanos, obreros, campesinos y otras víctimas de la producción capitalista.

Y de esta manera cada día hay menos capitalistas, que, no obstante, son más poderosos. Las grandes empresas monopolizadoras fueron surgidas de la liquidación de muchos de los pequeños capitalistas que no podían permanecer en el marco de la dialéctica del capitalismo que al centralizar la riqueza implica también la concentración de un vasto proletariado. La burguesía al elaborar sus propias empresas: los proletarios son desposeídos de sus medios de producción.

Loss grandes complejos industriales urbanos de Londres, Nueva York, Amsterdam y otros, han concentrado enormes masas de proletarios en virtud de la polarización regional o urbana del capital. Todos estos complejos regionales económicos y demográficos han sido poco estudiados desde el puntos de vista económico, demográfico y estratégico.

Si en el caso de que el 70 por ciento de la población sea urbana, la demografía y la economía deben dictar las normas específicas de la estrategia de lucha en el combate revolucionario. El centro de operaciones nunca debe estar en las montañas o en las aldeas, pero si en las ciudades más grandes donde la población es suficiente para formar el ejército de la revolución. En tales casos, el campo debe apoyar las acciones de la guerrilla urbana clandestina a través de milicias locales (grupos de auto-defensa), que trabajen durante el día y luchen por la noche, alentadas por un programa de reforma agraria que dé la tierra a los que la cultivan.

Algunos de los centros urbanos de países subdesarrollados tales como Buenos Aires y Montevideo, respectivamente tienen más del 30 por ciento y 50 por ciento de la población total del país. Las capitales de estos países, incluidas sus zonas sub-urbanas constituyen un mar de casas que se extienden por millas. Pero en el interior del país la población en los campos consiste más de animales que personas. Hay un menor número de habitantes por milla cuadrada que había en Europa en la Edad Media. La gran cantidad de ganado han contribuido a la transferencia de población del campo a los suburbios de la ciudad. Al mismo tiempo que el monopolio capitalista concentra a los trabajadores en las ciudades, los extrae de la población marginal de las zonas rurales. Estratégicamente, en el caso de una revolución popular en un país en el que el porcentaje más alto de población es urbana, el centro de operaciones de la guerra revolucionaria debe estar en la ciudad. Las operaciones deberían consistir en ataques esparcidos y por sorpresa efectuado por unidades móviles y rápida a objetivos designados con superioridad en armas y en número, pero sin hacer barricadas con el fin de no atraer la atención del enemigo en un solo lugar. Las unidades deben atacar en mayor parte a las fuerzas enemigas menos fortalecidas o los eslabones más débiles en la ciudad.

En los países con más de 50 por ciento de la población urbana (72 por ciento en Argentina y en Uruguay el 84 por ciento), la lucha revolucionaria no debe ser, preferentemente, en las montañas y campos, pero si en las zonas urbanas. Por que el potencial revolucionario esta en donde esté la población. En las provincias sin una densa población existe la posibilidad de crear cientos de incidentes a fin de atraer a una parte de las tropas enemigas (cuanto más mejor) a través de cientos de diferentes acciones de la guerrilla. De esta forma, cuando el enemigo sea disperso por todo el país, es conquistado por al concentración del ejercito revolucionario en las ciudades, la retaguardia de la revolución. Para lograr la victoria sobre un ejército poderoso que es odiado por la población, es necesario que sea dispersado, atrayéndolo aquí y allá, derrotándolo en pequeñas batallas es espectro conveniente para la guerrilla urbana, hasta que la población se vuelve contra él y cada vez más personas ingresen al ejército de liberación, niveles regionales y grupos de auto-defensas (guerrilla local).

Cada sistema de producción contiene la ley de la división social del trabajo, que asigna el tiempo y el espacio en los medios de producción y en la población. La ciudad regularmente produce la maquinaria y otros bienes para el campo, recibiendo a cambio los alimentos y materias primas. Si la guerrilla rural, interrumpe la comunicación entre la ciudad y el campo por medio de sabotajes nocturnos, los alimentos y las materias primas no fluirán normalmente a la ciudad. En consecuencia, ni siquiera en los países con un alto porcentaje de población urbana es una estrategia efectiva, si no se incluyen las zonas rurales. La cooperación entre el obrero y el campesino es fundamental para la revolución.

En los países con un alto porcentaje de la población urbana en la que el sistema económico es concentrado en una, dos o tres ciudades, la guerra revolucionaria debe ser preferentemente urbana, sin excluir la cooperación de las milicias rurales, cuya misión es atraer a parte de las fuerzas militares urbanas con el fin de preservar la iniciativa del ejército de liberación (…) Buenos Aires representa aproximadamente el 70 por ciento de la riqueza, el consumo de energía, el transporte, la industria, el comercio y en general la mayor parte de la economía argentina. Santiago de Chile, Lima, Río de Janeiro, Ciudad de México, Bogotá y otras capitales de América Latina no tienen el poder económico concentrado de Buenos Aires y Montevideo (…) La guerra revolucionaria es preferentemente rural en Brasil, aunque tiene su centro de operaciones en las ciudades de Río de la Plata. Brasil es un país en el que la guerra debe llevarse a cabo en contra de una enorme masa de tropas contra-revolucionarias, mientras que en Uruguay y la Argentina deben comprometerse a una prolongada guerra urbana sobre la base militar de muchas victorias pequeñas que en conjunto generan la victoria final.

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Estrategia de la Guerrilla Urbana, 1ª edición, Capítulo IV, pp 67-68

Cuando un país está integrado por grandes complejos industriales (o regionales), por un gran capital y sus suburbios con escasa población rural, sería mala estrategia llevar el epicentro de los conflictos revolucionarios al campo, como los campesinos en la Edad Media. La estrategia no es creada por genios o generales, sino que por el desarrollo de las fuerzas productivas, la lógica de los acontecimientos y el peso de la historia. Si las masas urbanas se encuentran sin trabajo y hay un fuerte descontento, no se trata de alentar a demostrarlo en las calles sólo para ser pisoteados por los caballos de la policía. Deben ser posicionadas las unidades de la guerrilla para que golpeen inesperadamente aquí y allá con superioridad en armas y número con el fin de desarmar a los agentes de la autoridad que han sido dispersados. De esta manera, el ejército de liberación crece mientras que el ejercito represivo disminuye (…) Desarmar a un agente enemigo vale mucho más que detener temporalmente a miles de ellos por una barricada, con el riesgo de una pérdida total de materiales, municiones y hombres. Hacer daños leves al enemigo es mejor que hacer que huya. El daño infligido debe ser persistente hasta que el gigante se rinda ante el enano. Goliat fue derrotado por David, no por la fuerza de sus armas, sino que David lo mató desde una distancia, simplemente porque el gigante confió ciegamente en su victoria.

Estrategia de la Guerrilla Urbana, 1ª edición, Capítulo IV, pp 68-72

En la guerrilla urbana, a menos que todos los de una ciudad haya tomado las armas, los pequeños esfuerzos militares no deben realizarse aprovechando posiciones, arsenales u otros largos objetivos. Es mejor sacar el espíritu revolucionario de las personas con pequeñas y reiteradas acciones militares, hasta que voluntariamente entren en la batalla, o más bien hasta que no haya posturas neutrales en torno a la guerra revolucionaria.

Batallas como la de Stalingrado o “El Alamein”, son una demostración típica de los poderosos ejércitos nacionales o las coaliciones de los ejércitos nacionales. Un revolucionario que actúa como el comandante en jefe de un pueblo insurgente nunca entrará en una gran batalla, como el levantamiento de Varsovia contra las tropas de Hitler, ya que sólo se convertirá en el objetivo militar de la artillería pesada del enemigo. Dicha estrategia, típica de los generales burócratas, siempre conducen a la derrota de los insurgentes.

Batallas homéricas como la de la Comuna de París en 1871 no deberían tener lugar dentro de la ciudad. Las acciones deben consistir en numerosos conflictos, tanto dentro como fuera de la ciudad que lentamente corroen al enemigo, despojándolo así de su capacidad para unir sus fuerzas. Entrar en una gran batalla urbana, frente a la potencia combinada de los Yanqui y la de sus seguidores, es más parecido a rendirse que a una verdadera estrategia revolucionaria. En 1965 los vietnamitas de la NLF habían bloqueado más de cincuenta ciudades, desconectando la fuente de suministros a las zonas rurales. Sin embargo, esto no liberó por completo las ciudades, ya que contribuyó al bombardeo de parte de América del Norte y dio lugar a la guerra convencional.

Un comandante revolucionario no debe estar sujeto a los mitos clásicos de la estrategia, en la que todo lo demás es secundario a la conquista del espacio. En el caso de los revolucionarios, el objetivo estratégico fundamental no es el espacio. La fuerza positiva es la voluntad del pueblo. En consecuencia, no es útil mantener una posición en la que el enemigo puede ejercer su poder en tres dimensiones (aire, tierra y mar) o una cuarta dimensión (armas atómicas, incluidas las cabezas nucleares). Cuando el enemigo se da cuenta de que, debido a su costo, la bomba atómica no puede ser utilizado para matar ni a una hormiga, cuando su artillería pesada y su gran concentración de tropas no produce resultados, los guerrilleros revolucionarios pueden liberar las ciudades. Mientras tanto, la guerra de guerrillas es necesaria, incluso teniendo muchas tropas desde las ciudades al campo, a fin de revolucionarlos.

El error estratégico del Coronel Caamaño en la rebelión de Santo Domingo en 1965 se basó en los siguientes factores. Durante el primer y segundo día desde el golpe de Estado se apresuro mucho en intentar derrotar al enemigo interno. Sin embargo, después de tres días, los infantes de marina de América del Norte, lo que cambió la lealtad al poder de una manera desfavorable a Caamaño. Tenía que haber enviar una parte de sus tropas con rapidez al interior del país. Si los seguidores de Caamaño hubieran controlado el interior del país, los yanquis se habrían visto obligados a negociar con ellos o embarcarse en una guerra revolucionaria prolongada, como la de Vietnam. Los EE.UU. No tenía la moral y no estaba políticamente preparado para una guerra así, pero fallo el apoyo a Caamaño de parte de las masas latinoamericanas, que fueran partidarios firmes de Caalaño, por no mencionar la falta de apoyo de sus propios ciudadanos.

Una comandancia revolucionaria que no caiga en errores estratégicos deben fomentar una situación como en Madrid (1936) o en Petrogrado (1917), es decir, que la gente este en las calles y el establecimiento militar se encuentra en un estado de desorden. No tomarse una ciudad cuando esta se encontrara sin resistencia militar sería absurdo y en contra de las normas básicas de la estrategia. Una vez que la ciudad sea toma, debe ser defendida contra los ataques enemigos mientras se traslada a una parte de su población al campo. Se requiere un estrategia diferente con la población en caso de intervención extranjera. Si el invasor pretende capturar la ciudad, la acción no debe ser repelida por una defensa firme en posiciones fuertes, sino más bien mantenerse en formaciones guerrilleras según la “luz” e infligir persistentemente bajas a los invasores a través de ataques en la noche o incluso por emboscadas donde la luz del día y el terreno lo permita. Pero es más importante preservar la moral en la gente. Cuando se enfrenta a un enemigo superior en armas y fuerzas, la guerra revolucionaria no debe concentrarse en la defensa de una sola posición. Con la caída de la Comuna de París, el enemigo victorioso se apropio de 400.000 fusiles y aproximadamente de 1.500 piezas de artillería. Material que de haber sido bien distribuido en el interior, así como en París, la Comuna podría haber destruido las fuerzas de Versalles. Así es como la Comuna de París falló en su estrategia y en su política de coordinación con las fuerzas campesinas y las comunas de otras provincias. La alianza de los trabajadores y campesinos es fundamental para la revolución. El campesino debe aceptar la ayuda del trabajador urbano para asegurarle la tierra; el intentar tratar de ganar por si solos es permanecer en la condición de paria. El trabajador urbano necesita de los campesinos para alterar las comunicaciones, sabotear y hostigar a los enemigos. El campesino debe ser parte de una organización territorial, regional o provincial que sea un grupo paramilitar y unidad de auto-defensa, que trabajan durante el día y combaten en la noche. El secreto del triunfo revolucionario se encuentra en la unidad del campo y la ciudad bajo la misma dirección estratégica en la guerra revolucionaria. En esta guerra no se debe combatir sólo en el campo ni se debe combatir sólo en la ciudad. Cada uno debe complementar al otro. La victoria no será producto del clásico combate de campesinos dispersos y desconectados entre las regiones. Por el contrario, tanto el campo como la ciudad debe ser unificado bajo el mismo mando militar y el mismo comandante en jefe.Estrategia de la Guerrilla Urbana, 1ª edición, Capítulo VI, pp 129

Coincidente con un período de relativa prosperidad económica, los estudiantes en la Europa neo-capitalista han puesto en marcha una revuelta sin esperar a una grave crisis económica, al desempleo masivo o a la caída de un régimen político como consecuencia de la derrota en la guerra. En la situación que enfrentó el zarismo ruso (1971) y la monarquía alemana (1918), al estar la gente en las calles: las fuerzas armadas, son desmoralizadas. Esas condiciones históricas están auseredeemingntes hoy en día en América Latina, donde los ejércitos no están en guerra, pero si participan en gran escala en las acciones represivas policiales y en tácticas anti-guerrillas, que son contra de su propio pueblo.

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Estrategia de la Guerrilla Urbana, 1ª edición, Capítulo VI, pp 130-132

Los estudiantes tienen que liberarse de los mitos de tecnocracia, del el frágil mundo capitalista de la comodidad, de la abundancia burguesa que conduce a la crisis económica y a la guerra, del culto a la personalidad en el Este, de los antiguos partidos burgueses y seudo-marxista que cuyo hablar es de izquierda, mientras que su práctica es de derecha. Explicaciones psicológicas y sociológicas al estilo norteamericanas, ciencias sociales económicas y políticas pensadas por empresarios y burócratas, el idealismo semántico que convierte la lucha de clases en una “coexistencia pacífica” y la escena de América del Norte en un “Mundo Libre “, la subordinación de la ciencia, la ingeniería, la filosofía, la literatura, el arte y la información a los intereses de las potencias dominantes en el Este, así como también en el Oeste — todo esto ha antagoniza a los estudiantes que experimentan la alienación en su propia carne y espíritu, y quiere transformar la universidad burguesa en una universidad crítica al servicio de todo el pueblo.

Los estudiantes se encuentran en la vanguardia de la lucha revolucionaria redimir a las antiguas generaciones domesticadas por campañas de publicidad, por el falso patriotismo y por la proliferación de los bienes de consumo. Los estudiantes, los jóvenes, todavía son libres de la responsabilidad de mantener un hogar, de tener que estar presentes al sonido de la sirena del trabajo, que son libres para la acción revolucionaria, en mejores condiciones que los trabajadores para la afirmación de sí mismos. Sin embargo, para tener éxito se requiere del apoyo de los trabajadores, campesinos y estratos medio proletarizados bajo un programa político que mire hacia los intereses inmediatos de estos sectores a través de un frente revolucionario de liberación. Cualquiera que sea su detonador o punta de lanza, una revolución se produce cuando existe una relación de las clases oprimidas contra sus opresores, y cuando el interés de una clase oprimida (en nuestra época el proletariado) coincide con el interés general o nacional y con la de otras clases oprimidas ( los campesinos y los estratos medio proletarizados).

Para hacer una revolución social es necesario derrocar por la violencia a la antigua clase dirigente, para la disolución de las antiguas relaciones sociales de explotación y el aprovechamiento de las clases oprimidas, para crear un nuevo modo de producción (socialismo, en lugar de capitalismo), la organización de nuevas relaciones jurídicas y para formar un gobierno directo del pueblo en los órganos de la producción, con comités para la defensa de la revolución y con consejos o juntas federadas de liberación a fin de que la revolución no puede degenerar en el caos.

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Estrategia de la Guerrilla Urbana, 1ª edición, Capítulo VI, pp 133-134

Los estudiantes en Francia, Italia, Alemania, Bélgica, España, Checoslovaquia, Polonia y los Estados Unidos están en un estado de rebelión permanente. La crisis estudiantil alcanzó su máxima tensión revolucionaria en la Francia. En diez días los estudiantes franceses, hicieron explotar una huelga nacional contra el régimen gaullista, que hizo más para socavar el poder real de Gaulle, que lo que hicieron los republicanos, socialistas y el partido comunista en los últimos diez años de coaliciones políticas anti-gaullistas. La rebelión de los estudiantes franceses se inició en la Facultad de Filosofía y Letras de Nanterre, en un gran suburbio de París, donde unos 12.000 estudiantes de letras se rebelaron contra el rector, Pierre Grapin, y en contra del Ministro de Educaction, Alain Peyrefitte. Los estudiantes de humanidades llegaron a darse cuenta de la crisis del estilod e vida norteamericano, del riesgo financiero de la colonización de Europa por el dólar y el fracaso de la ideología soviética.

La crisis de la universidad comenzó con los estudiantes de humanidades y no los siguieron las carreras tecnológicas, que son más susceptibles al “mito de la técnica” y la deshumanización señalado por Ortega y Gasset en su “Rebelión de las Masas”. Los “jóvenes filósofos” de Nanterre frente a sus burocratizados y despolitizados profesores les hicieron las siguientes preguntas: “Para qué aprender?” “Pero, ¿qué?” “¿Con qué fin?” “Para hacer dinero sin tener en cuenta al pueblo?” “Y después, para el servicio de quién?” Las preguntas no puedieron ser respondidas por sus profesores que involucrados en el programa de rutina del trabajo universitario, en la que la ciencia, la técnica, la economía, la filosofía y las otras disciplinas se han convertido tapadores de los problemas nacionales y el mundo real, y la importancia del drama humano se ha convertido en algo oculto detrás de la radio, la prensa, la televisión, etc.

En su descontento, la juventud empezó a dejarse crecer la barba en señal de protesta contra algo que no entiende ni deseada. Al ocultar la crisis estructural y cultural, sus profesores habían contribuido involuntariamente a la formación en mayor parte que todos: un movimiento de descontento, que imperceptiblemente crecía bajo las protestas en contra de la frustración colectiva y la degradación de los valores humanos, incluso cuando la gente habla de la cibernética, los astronautas y la energía atómica. El “mito de la técnica”, como la sutil política de la tecnocracia despoliticida o deshumanizado estrato-cracia, condujo a la rebelión de los jóvenes intelectuales que, unidos a las masas populares, pidió una economía de autogetionada con el fin de superar la alienación económica y el capitalismo totalitario en el fondo del Oeste y de los Estados del Oriente.

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Estrategia de la Guerrilla Urbana, 1ª edición, Capítulo VI, pp 138-142

Al ir a las calles los estudiantes se dan cuenta de que ha llegado el momento de la acción, que los hechos son más que las elocuentes palabras y la praxis revolucionaria puede liberar al hombre de la ansiedad y de su miserable conciencia. La capacidad máxima de disturbios alcanzados por la vanguardia revolucionaria constituye en este sentido el medio más eficaz de estrategia político-militar para enterrar el viejo sistema socio-económico de la explotación. Este acelerado desorden da dialécticamente luz a un nuevo orden: la superación del hombre, de la alienación política y económica hacía el socialismo de autogestión y el co-administración de la producción por los trabajadores junto con una administración sin burocracia y una autoridad de planificación basado en la democracia directa.

En la sociedad tecnológica los estudiantes representan el “poder de la juventud”. Estadísticamente, constituyen en sí un aumento en magnitud en todos los países, desarrollando un proletariado científico, cultural y tecnológico. El futuro del hombre pertenece a la ciencia, a la inteligencia. Una vez que la humanidad sea liberada de la propiedad privada en el capital y las correspondientes cadenas de producción, habrá más oportunidades para los científicos. Sin embargo, la des-alienación se haga real debe superarse a través de una revolución social.

En vista de su número, los estudiantes se han convertido en una enorme fuerza política. Si añadimos al número los estudiantes de educación secundaria, que también ejercen presión política, es evidente que el “Poder Estudiantil” se está convirtiendo en un factor revolucionario y decisivo, ya que su programa político se ajusta a las ideas, intereses, deseos al movimiento de descontento: movimiento mayoritario en el Este capitalista o el semi-feudal Tercer Mundo. Este movimiento ganará no por elecciones, sino que a través de la revolución social que implica la acción directa.

En la dialéctica de la historia contemporánea el comando de las fuerzas se centran en los países de mayor desarrollo económico, tecnológico y cultural. Los países que no llegan a la etapa de la energía nuclear, la astronáutica y la automatización de manual, intelectual y administrativa del trabajo siguen siendo cada vez más neo-colonias, debido a la dependencia científica, más que el subdesarrollo económico. Los estudiantes de América Latina debe convertirse en la vanguardia de la revolución social, a fin de que la ciencia, técnica, economía y cultura, sin monopolios y latifundios, puedan permitir que las veinte países de América Latina abandonen por fin el pacto colonial con el dólar y el nivel de productividad característico de la agricultura en la Edad Media.

Los estudiantes de América Latina debe convertirse en la vanguardia económica de la descolonización del continente del vasallaje de Wall Street. Lo subdesarrollada de la técnica y ciencia en América Latina es evidente en relación con América del Norte. En 1964 había cinco millones de estudiantes matriculados en universidades de los Estados Unidos, frente a sólo 796 mil en América Latina, es decir, veinte naciones, esto demuestra una desigualdad cultural importante. Para poner fin al subdesarrollo científico y cultural debe haber una revolución continental, la unificación de los esfuerzos revolucionarios de los estudiantes, los trabajadores manuales contra el feudalismo residual, el imperialismo del dólar y el apoyo militarista. Sin una lucha supranacional no puede haber plena liberación para los pueblos latinoamericanos.

Durante el mes de mayo de 1968, en Francia hubo una gran revolución inconclusa, que continuará como un proceso histórico y político, a pesar de los frenos impuestos por el reformismo del Partido Comunista Francés y la burocracia sindical de la CGT. En América Latina, una revolución similar todavía no se ha producido porque los estudiantes y los trabajadores no han luchado juntos en el mismo frente de batalla. En los próximos años, cuando la economía, lo social y la política estén en crisis, la guerra social entre las dos Américas puede explotar –los imperialistas del Norte contra el subdesarrollado y neo-colonial Sur – esta conjunción de fuerzas revolucionarias debe emerger.

La Revolución de Mayo en Francia no pudo ser exclusivamente una sola clase trabajadora. La civilización industrial ha contribuido al desarrollo de un sector terciario que consta de empleados salariados pero no los trabajadores. En Francia los trabajadores como tales constituyen siete millones de un total de 37 millones de votantes. En consecuencia, la toma del poder con o sin violencia es una utopía, salvo que los estudiantes, trabajadores, campesinos y asalariados convergen en un frente revolucionario unificado. Este mismo esquema se aplica a los revolucionarios de América Latina: la revolución se producirá en una ocasión que pueden surgir en cualquier momento, pero sólo tendrá éxito en las condiciones en las que varios centenares de guerrilleros revolucionarios se han preparado de antemano para esta eventualidad.

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Estrategia de la Guerrilla Urbana, 1ª edición, Capítulo VI, pp 146-148

La Segunda Revolución Francesa fue un acto sublime: el combate urbano del 11 de mayo era digno de las grandes batallas clásicas con falanges y legiones. En total, 75 vehículos se incendiaron, se construyeron 72 barricadas, 300 incendios fueron realizados en la zona frontal de la guerra urbana, 5 estaciones de policía fueron asaltadas y, tras una prolongada batalla, 72 policías fueron heridos y 1.500 personas detenidas. En esta batallas lineales de confrontación similares a la de los soldados antiguos, de haber existido solo unidades periféricas de guerrilla podrían haber hecho llamados de atención a las fuerzas represivas a muchos lugares al mismo tiempo con el fin de que la policía se disperse y no se haga fuerte en un solo lugar. Con el fin de derrotar al enemigo en una revolución o en una guerra civil se han de realizar estrategias y tácticas conforme a las que produzcan – para el pueblo- más victorias que derrotas. La batalla en las calles de París representa una nueva forma de hacer política por un medio revolucionario: habrá muchas más situaciones como la de mayo de 1968, producidas en las grandes ciudades, pero la victoria dependerá de la combinación de una guerrilla de varios centenares de hombres que ataquen por todos lados con el fin de desarmar y debilitar al enemigo, dando cobertura a la formaciones regulares del pueblo desplegado en frentes semi-móviles en las calle y en la lucha de barricadas.

París, al igual que cualquier otra ciudad grande y moderna, tiene un área central y numerosos suburbios. Si la guerra revolucionaria urbana no se extienda a más de un distrito, se transformara en una guerra lineal que se presta a la derrota ante el uso masivo de tanques, artillería ligera, caballería y de infantería. Pero difundiendo la guerra a todos los distritos y de preferencia a aquellos con una población favorable, la guerrilla urbana tiene la oportunidad de convertirse en un ejército de liberación, es decir, en la medida en que la población se moviliza contra el gobierno represivo odiado por el pueblo .

Con el fin de derrotar al enemigo el espacio de una ciudad tiene que ser estudiado estratégicamente en la misma forma que con el terreno montañoso o con el campo de cultivo. La conquista del espacio es menos importante que la derrota del enemigo, al ganarse de más en más a la población por los hechos, la fuerza del ejemplo, hasta el punto de convertir a la guerrilla en el puño armado del pueblo. En la guerra revolucionaria no hay nada más importante que las consecuencias políticas de nuestras acciones, todo lo demás es secundario, propio de los comandantes para los que el arte de la guerra consiste en obligar al enemigo a retirarse.

Una gran masa subversivos desarmados aunque puede y debe participar en una gran manifestación pública o tomar posiciones detrás de barricadas, al igual que los estudiantes en el Barrio Latino de París en 1968, pero paralelamente a estas fuerzas estacionarias que atraen el enemigo también debe haber guerrilla urbana que se desplazan en el tiempo y el espacio, para atacar al enemigo desde distintas posiciones, simultáneamente o sucesivamente, cambiando así la estrategia del lugar de la subversión con la frecuencia que desee. Dado que la guerra revolucionaria nunca se decide por las armas, sino más bien por ganar el apoyo político de las personas, siempre es importante que se tome la iniciativa, para desmoralizar a las fuerzas represivas, casi sin luchar contra el enemigo, obligando a que golpeen en el vacío y haciendo que continúen cambiando sus planes operativos.

Importante para una guerra revolucionaria no es una victoria relámpago cuando el pueblo no están en las calles, sino más bien pequeñas y frecuentes acciones de la guerrilla que les preparen para el momento en que se producen en masa como un león enfurecido. La “estrategia de la alcachofa” es la más prudente y segura para una guerrilla urbana o rural: el comer al enemigo poco a poco, a través de encuentros breves y sorpresivos: acorralándolo y aniquilándolo, para poder vivir fuera del alcance de las armas y municiones del enemigo. La parálisis estratégica del adversario puede ser alcanzado por una combinación insurreccional de tres escalones de combate:

(a) milicias locales, que lucha en una sola zona de operaciones.

(b) milicias provinciales, que lucha en varias zonas como fuerzas paramilitares permanentes, en reclutamiento de escalones de combate de distrito.

(c) un ejército popular de liberación, que lucha en todas las partes de un país con la cooperación de las milicias locales y provinciales.

Por lo tanto, es siempre posible para librar la guerra de superficie: atraer al enemigo en todas las partes a fin de que no sea superior en número ni en poder de fuego, en un lugar elegido por la guerrilla para la aplicación de la táctica de cerco y del aniquilamiento, con el objetivo de suministrar a la guerrilla a expensas del enemigo.

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Estrategia de la Guerrilla Urbana, 1ª edición, Capítulo VII, pp 166-167

Como un acontecimiento histórico el movimiento de huelga insurreccional de mayo de 1968, en Francia es importante para el Occidente capitalista: complementada con una táctica de guerrilla constituiría quizás el más apropiadas modelo revolucionario de guerra para derribar el poder de las plutocracias del Este en el frente urbano.

Los estudiantes y los trabajadores a nivel nacional en la huelga de mayo representaron el más breve camino hacia el poder para las masas de trabajadores y consumidores explotados por los monopolios industriales y comerciales. Es evidente que estos estudiantes y trabajadores llegaron a un nuevo modelo de la revolución social:

(a) la huelga paralizó el estado burgués, provocando que el pueblo se separara de él política, económica, social y comunicativa mente, por un inmenso vacío.

(b), como una huelga política, la huelga general movilizó la mayor parte de la población francesa en contra de gobierno.

(c) la existente correlación de fuerzas favorable para las personas no pudo culminar en una gran revolución, porque la huelga general no pudo contar con 50 guerrillas urbanas capaces de mantener la lucha y empujar al borde la guerra revolucionaria (…)

4 comentarios - Estrategia de la Guerrilla Urbana [Fragmentos]

@BastyEagle
Se ve buena la info, la voy a leer cuando pueda.