Butch & Sundance (parte II)
El 14 de febrero de 1905, dos bandidos de habla inglesa asaltaron el Banco de Tarapacá y Argentino en Río Gallegos, 1.100 kilómetros al sur de Cholila, cerca del Estrecho de Magallanes. Escapándose con una suma de dinero que hoy en día valdría por lo menos $100.000, la pareja desapareció hacia el norte a través de las frías llanuras de la Patagonia. A pesar de que Butch y Sundance nunca fueron identificados como los autores (que sus descripciones no les correspondía tan bien como su modo de operar), ellos fueron los principales sospechosos.

Respondiendo a una orden del jefe de policías de Buenos Aires, el gobernador Lezana lanzó una orden para el arresto de Butch y Sundance. Antes de que la orden pudiera ser ejecutada, el alguacil Edward Humphreys, un gales-argentino que era amigo de Butch y estaba enamorado de Ethel, les avisó de la orden. A principios de mayo, el trío huyó hacia el norte a Bariloche y se embarcaron en el buque de vapor Cóndor a través del Lago Nahuel Huapi hasta Chile.

No se sabe casi nada de lo que los bandidos hicieron en Chile, pero aparentemente pasaron un tiempo en Antofagasta, un centro de intercambio de nitrato en el desierto de la costa norte. Los Pinkertons se enteraron por un soplón de la oficina de correos que Frank D. Aller, el vice-cónsul en Antofagasta, había sacado a Sundance (alias Frank Boyd) de un problema con el gobierno chileno en 1905.
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Ese mismo año, los criminales regresaron a Argentina para negocios: el 19 de diciembre, Butch, Sundance, Ethel, y un aliado desconocido robaron $150.000 (su equivalente hoy) del Banco de la Nación en Villa Mercedes de San Luis, un centro ganadero 400 millas al oeste de Buenos Aires. Con muchos pelotones de soldados persiguiéndolos, ellos se escaparon hacia el oeste sobre pampas húmedas por la lluvia y los Andes hasta Chile.

En abril 1906, cuantos meses después del asalto en Villa Mercedes, Sundance brevemente visitó Cholila para vender algunas ovejas y yeguas que Butch y el habían dejado con su amigo Daniel Gibbon, un ganadero galés. Para entonces, Ethel estaba en San Francisco, habiendo regresado a Estados Unidos para siempre, y Butch estaba en Antofagasta en ruta hacia Bolivia.

En ese año, Butch (usando el alias James "Santiago" Maxwell) encontró trabajo en una mina de estaño llamada Concordia, más de 5.000 metros en la llanura de Santa Vela Cruz de los Andes centrales bolivianos. Algún tiempo después de vender ganado en Cholila, Sundance (usando el alias H.A. "Enrique" Brown) consiguió trabajo con el contratista Roy Letson, que llevaba mulas del norte de Argentina a un campamento de construcción de ferrocarril cerca de La Paz. Sundance trabajó un tiempo domando mulas en el campamento, y luego se reunió con Butch en Concordia, donde su trabajo incluía resguardar las remesas.

El asistente del administrador, Percy Seibert, sabía que sus empleados eran criminales, pero nunca tuvo el menor problema en entenderse con ellos. Encontró que Sundance era un poco taciturno, pero se encariñó bastante con Butch. Después que Seibert se convirtió en el encargado en Concordia, ellos fueron sus invitados regulares en la cena de domingo. Para evitar sorpresas desagradables, Butch siempre se sentaba con vista al valle y al camino a la casa de Seibert.

Habiendo sido forzado a abandonar su tranquila vida en Argentina, Butch aún quería establecerse como un ganadero respetable. En 1907, él y Sundance se fueron a Santa Cruz, un pueblo fronterizo en la sábana neotropical oriental, y Butch escribió a sus amigos en Concordia que "había encontrado el lugar que había buscado por 20 años". Ahora a sus 41 años, estaba lleno de remordimiento. "O Dios," se lamentaba, "si pudiera regresar 20 años atrás . . . estaría feliz". Se maravilló de todo lo que ofrecía la buena tierra con suficiente agua y pasto, e hizo una predicción: "Si no me muero, estaré viviendo aquí muy pronto".

En 1908, después que Sundance embriagado alardeó públicamente sobre sus hazañas criminales y los bandidos se vieron obligados a dejar sus empleos. A pesar de que no hay evidencia que no fueron más que empleados modelos durante su tiempo en Concordia, Seibert les dio crédito por muchos atracos en Bolivia. El dijo, por ejemplo, que ellos habían robado la remesa de salarios de una construcción del ferrocarril en Eucaliptus, al sur de La Paz. En realidad el lugar fue asaltado dos veces en 1908. Según cálculos de periódicos, los responsables del primer atraco, que ocurrió en abril, fueron "tres yanquis que habían sido empleados bajo contrato" . Los periódicos no dieron detalles sobre el segundo asalto, que tuvo lugar en agosto, después que Butch y Sundance se fueron de Concordia.

pistoleros

Más tarde ese mes, aparecieron en Tupiza, un centro minero en el sur de Bolivia. Intentaron robar un banco local, tal vez para financiar su jubilación en Santa Cruz, los criminales necesitaban un lugar para guarecerse mientras hacían nuevos planes. Encontraron un escondite perfecto en el campamento del ingeniero inglés A.G. Francis, que estaba supervisando la transportación de una draga de oro en el Río San Juan del Oro. Presentándose como George Low y Frank Smith, Butch y Sundance aparecieron en el campamento de Francis en Verdugo, 24 kilómetros al sur de Tupiza, y le preguntaron si sus mulas podían descansar por un tiempo. Su carisma se apoderó de Francis y terminaron pasando unas semanas con él.