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Los mayas eran grandes matemáticos, geómetras, astrólogos, filósofos y astrónomos. Tenían un conocimiento muy avanzado de los ciclos que cumple de la tierra en su recorrido por el espacio. Esto puede verse claramente en su calendario, que era incluso mejor que el que nosotros usamos actualmente. El calendario Maya, en su forma de cuenta larga, se basa en el ciclo galáctico de nuestro sistema solar, es decir en el ciclo que cumple nuestro sistema solar en su viaje por la Vía Láctea. En cambio el que nosotros usamos actualmente se basa simplemente en el ciclo que cumple la tierra alrededor del sol.
Estos profundos conocimientos de los ciclos galácticos, de las proporciones espaciales y del tiempo, pueden verse reflejados también en la forma en que fue construida, por ejemplo, la Pirámide de Kukulcan,ubicada en la Península de Yucatán (México).
La pirámide es un gigantesco reloj solar que ellos usaban para ajustar sus calendarios, y le daba sentido filosófico, cronológico y esotérico a su religión. La pirámide produce un efecto acústico si uno, por ejemplo, aplaude frente a ella. Algunos creen que los mayas usaban este efecto sonoro para focalizar la frecuencia del sonido de sus mantras y entrar en resonancia con el resto de los que participaban en el ritual, de manera tal que sus mentes podían unirse en una sola y conectarse con “Hunab Ku” en el centro de la galaxia.
Para alcanzar estos estados de sensibilidad especial, algunos creen que los mayas se reunían frente a la pirámide y bebían té de hongos u otras plantas alucinógenas, para producir estados alterados de la conciencia. Recitaban mantras que los hacían entrar en resonancia entre ellos para poder así usar sus mentes como una sola.
Para ello, cada uno debía sincronizar primero los dos hemisferios de su cerebro. La parte izquierda que controla la lógica y la razón, con la parte derecha que maneja la intuición y la sensibilidad. Luego, al vibrar colectivamente, lograban conectar sus mentes en una sola. Lo que les permitía trascender a nuevas dimensiones del ser. La mayoría de la gente usa un porcentaje muy bajo del poder total del cerebro, y según la opinión de algunos, ellos habían aprendido a utilizar la mente con los dos hemisferios del cerebro conectados entre sí. Eso les habría permitido desarrollar la conexión telepática, que les permitía conectarse con los demás.





COMO LO LOGRABAN

los mayas se preparaban desde muy chicos para poder utilizar eficientemente sus cerebros. Con apenas una semana de recién nacido, los mayas ataban unas tablitas a la cabeza de sus hijos, aprovechando que los huesos del cráneo no estaban soldados todavía. Esto les
producía un alargamiento de la cabeza hacia atrás que estimulaba, por presión y reposicionamiento, dos glándulas cerebrales, la pituitaria, al frente del cerebro, y la pineal, en la parte central del cerebro. Ambas glándulas, trabajando en conjunto y produciendo más sustancias de lo normal, les permitían a los mayas desarrollar la clarividencia y conectarse con otras mentes. Esto les producía estados especiales de la mente y la conciencia, y les facilitaba el contacto espiritual con las conciencia de todos los animales, de las plantas y de los elementos. Sus cerebros funcionaban ahora de manera más efectiva y de esa forma que se conectaban con el universo.
Otro procedimiento que les ayudaba a usar ambos hemisferios del cerebro conectados, la parte lógica y racional con la intuitiva, se daba a los 20 meses de nacer. A esta edad la madre le colgaba una bolita de copal (un incienso) entre las cejas, en medio de la frente. De esta forma los niños se veían forzados a mirarla, y al tener los ojos bizcos por mucho rato, se estimulaban ambos hemisferios cerebrales para comenzar a trabajar en conjunto. Por otro lado, el olor del copal excitaba las glándulas cerebrales para favorecer el proceso.
Así, cuando grandes, podían usar un mayor porcentaje del cerebro, permitiéndoles una percepción superior de la realidad tal que podían ver el aura*.