Puro humo: las grandes mentiras de la gastronomía argentina
Que el Pancho 46 es lo más, que la pizza de Guerrín es inigualable, que el Capitán del Espacio es el mejor alfajor argentino… en esta nota te contamos por qué todas esas ilusiones de manjares no tienen gollete.
Güerrín

Puro humo: las grandes mentiras de la gastronomía argentina



Grabados en el inconsciente colectivo (y también en el consciente), la mayoría de los argentinos coincide en señalar algunos productos o establecimientos como los mejores en su rubro, sin discusión. Pero, ¿son tan buenos como los recordamos o la memoria emotiva nos juega una mala pasada? Planeta Joy rompe mitos y devela grandes mentiras, para que no te engañes ni te desilusiones.

Alfajor Capitán del Espacio
Es rico, no lo vamos a negar. Pero sólo eso. La cobertura es de baño de repostería (y no de chocolate), la masa no es nada especial y el dulce de leche no es tan abundante como a los fans les gusta creer. A esta altura del partido ya no le queda ni la mística: se consiguen hasta en el kiosco menos surtido. La frutilla de la torta (o del alfajor): su precio. Algunos kiosqueros lo cobran hasta 5 pesos.

Milanesas de La Farola
Hay que decirlo: más grande no significa mejor. Las milanesas de La Farola pueden tener 40 centímetros de largo, pero no siempre son ricas ni tienen carne de buena calidad. Si vas a La Farola a comer milanesa, no te sorprendas si están aceitosas y llenas de nervios: es una lotería en la que casi siempre se pierde.

Hamburguesas de Carlitos
Nobleza obliga, hay que reconocer que las hamburguesas de Carlitos (la nueva generación) están muy pero muy bien, son ricas y siempre salen perfectamente asadas. Pero las originales, las del Villa Gesell de los 60, siempre fueron (para ser generosos) mediocres. Quizá porque todo sabe mejor después de un día de playa, quizá porque el resto eran peores, Carlitos sobresalió igual y se volvió lo que hoy es: una leyenda. Pero nosotros recomendamos que comas en otro lado y que en Carlitos te pidas un panqueque, que sí merecen su fama.

Panchos de Pancho 46
Que se condimentan las salchichas con calditos, que el secreto es no cambiar jamás el agua; que sí se cambia, pero poniéndole ketchup: de los panchos del 46 se dicen muchas cosas, pero nadie sabe qué es cierto y qué no. ¿Nuestro veredicto? El pan es muy rico. Y listo. Las salchichas, hay que decirlo, son muy parecidas a las de supermercado. Que nos perdonen Maradona, Tinelli, Sandro y los demás famosos que aparecen en las fotos amarilleadas por el sol, pero a Pancho 46 se va por la experiencia y no por el pancho, que es apenas superior a los de un kiosco de microcentro.

Medialunas de Atalaya
Este parador de Chascomús, en verano, llega a vender 2000 medialunas por día. ¿Por qué? Porque está sobre la ruta 2, que va a Mar del Plata, y se volvió la parada más tradicional llegando a las vacaciones. Pero las medialunas no son nada especial (de hecho, están bastante llenas de aire) y ya ni siquiera venden medialunas de grasa. Hacenos caso: aguantate los 300 kilómetros restantes y comprate una docena en La Boston.

Pizza de Güerrín
Es hora de decirlo: la pizza de Güerrín no es tan espectacular. ¿Rica? Seguro. Igual que decenas de pizzerías de la ciudad. La atención es pésima y el ambiente es tan ruidoso que se hace difícil tener una conversación. Con demasiada frecuencia la masa sale medio cruda. En resumen, Güerrín cumple pero no descolla.

Churros de Manolo
Estos churros quizá sean lo más sobrevalorado de toda la gastronomía argentina. Lo mejor que tienen son el dulce de leche, marca La Rastra, pero ahí termina la magia de los churros Manolo. Vienen cada vez más chiquitos, salen aceitosos y, por si fuera poco, siempre está tan lleno que vas a tardar siglos en probar uno. Si aún así querés ir, no te pidas los de chocolate, que son bastante insípidos.


Por Rosalba Pico Estrada