Los suicidios de Okinawa durante la II Guerra Mundial

Okinawa no siempre fue parte del Japón. Era un reino pacifista llamado Ryukyu, próspero e independiente hasta el siglo XVII en que su isla fue invadida y finalmente Japón la anexó en 1879 a su imperio. Los okinawenses tenían su propia cultura, costumbres e idioma, que de a poco fueron borrados tras siglos de conquista. Debido a eso, estos ciudadanos siempre se han sentido los “menos japoneses” de los nipones, y eso también lo sabía su ejército durante la Segunda Guerra Mundial. De hecho, el ejército japonés desconfió tanto de ellos en este conflicto, que militarizó toda la isla porque temían que los okinawenses hicieran espionaje a favor de los Estados Unidos

EEUU


El desembarco americano en Okinawa en abril de 1945, fue el más grande asalto anfibio en la campaña del Pacífico, y se libró con un saldo de más de 150.000 japoneses –entre soldados y civiles- muertos, y aproximadamente 50.000 aliados caídos. Tan alto número de bajas japonesas se debe en parte, a que los soldados nipones obligaron a salir a los civiles de los refugios para usarlos como escudos humanos, y también porque convencieron a la población a suicidarse. Abundan los relatos sobre las brutalidades que cometió el ejército japonés, durante lo que ahí se conoce como “la tempestad de hierro”.

En marzo de 1945, ante la inminente llegada de los aliados a la isla, los soldados japoneses distribuyeron granadas a todos los habitantes, pero no para defenderse de la invasión, sino para que las detonaran y murieran con sus familias como una muestra de lealtad a su Emperador, y así evitar ser capturados por el enemigo, pues en el imaginario de la guerra esto significaba rendirse.
Los suicidios masivos se llevaron a cabo el 26 de marzo, unos días antes que las tropas enemigas llegaran.


II Guerra Mundial


Shigeaki Kinjo recuerda que a él y a su hermano, los soldados les dieron granadas para que mataran a sus familias. Les dijeron que cuando llegaran los americanos, los iban a torturar, violar a sus mujeres y pasarles los tanques por encima. Toda la población entró en pánico. La mayoría de las granadas eran defectuosas y no explotaban, entonces vieron a un vecino desesperado, arrancar la rama de un árbol y matar a palos a su esposa e hijos y siguieron el ejemplo con su propia madre y hermanos.

japón
Shigeaki Kinjo


Mi hermano mayor y yo matamos a nuestra madre, a quien nos dio la vida, porque nos atemorizaron y nos mintieron. Si los soldados japoneses no hubieran estado allí, nunca se hubiesen dado los suicidios masivos



En esa época, la orden de morir dictada por el ejército japonés, equivalía a una orden del Emperador y estaba en línea con el código de honor del ejército -senjinkun-, que decía: “No sobrevivas a la humillación de convertirte en prisionero”.

pacífico


Desde hace unos años, algunos académicos y ciertos políticos nacionalistas han tratado de esconder éste capítulo vergonzoso de su historia, presionando para que se omitan estos hechos en los nuevos textos educativos de su país.
Realmente sería una pena que los japoneses borren de la memoria colectiva un hecho tan doloroso, pues ya lo dijo el filósofo George Santayana:


Aquellos que no recuerdan el pasado, están condenados a repetirlo



suicidios





Los suicidios de Okinawa durante la II Guerra MundialEEUUII Guerra Mundial

japón


pacífico