El Maltrato Animal Taringa-!

Hola T! hoy les traigo algo con nada que ver con juegos ni nada , sobre nuestros acompañantes preferidos que nosotros los amamos pero algunas personas les pegan o los maltratan :

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El maltrato a los animales comprende una gama de comportamientos que causan dolor innecesario, sufrimiento o estrés al animal, que van desde la negligencia en los cuidados básicos hasta el asesinato malicioso e intencional.

Cada año, un elevado número de animales son víctimas de maltratos indirectos (negligencia en los cuidados básicos: omisión en la provisión de refugio, alimentación y/o atención veterinaria adecuada) o de maltratos directos (omisión intencional de proporcionar los cuidados básicos o tortura, mutilación o asesinato malicioso del animal).

El mencionado abuso es un problema social de grandes dimensiones que no solo afecta a aquellos animales víctimas de esta violencia sino a todos los miembros de nuestra sociedad.

En primer lugar, sus víctimas son seres sensibles capaces de experimentar dolor, sufrimiento y estrés . La ansiedad es una causa importante generadora de dolor, estrés y por lo tanto, de sufrimiento. En este sentido, Gray proporciono un fuerte argumento a favor de la existente similitud entre la ansiedad en humanos y en animales. Los resultados obtenidos en sus estudios de distintas drogas indican que un estado emocional, análogo a la ansiedad humana, ocurre también en los mamíferos.

En segundo lugar, la condición de inferioridad que poseen los animales en nuestra sociedad, nos hace aun más responsables de su bienestar. Según Aristóteles , el universo esta dispuesto de acuerdo a una jerarquía racional. Aquellos seres racionales –los hombres- ocupan los niveles superiores en la jerarquía y, por lo tanto, tienen el derecho de reinar sobre los seres que se encuentran por debajo de ellos.

A pesar de que las distintas partes de la jerarquía del universo son desiguales, todas y cada una de ellas son esenciales para el adecuado funcionamiento del universo. El perjuicio de una parte de la jerarquía acarrea consigo consecuencias negativas para el todo. Por lo tanto, la supremacía del hombre trae aparejada una obligación, una responsabilidad, que es la de cumplir con la función de guardián de las especies inferiores a el.

Esta línea de pensamiento propone que los animales no son iguales que los hombres y, por lo tanto, no deben ser tratados como tales. Sin embargo, esto de ninguna manera implica que el hombre tiene derecho a maltratar a los animales, sino que debe cumplir su función de guardián a fin de que todas las partes de la jerarquía del universo coexistan libres de males . Por lo tanto, aun la teoría más tradicional que sostiene la supremacía del hombre sobre los animales, requiere la provisión de un trato adecuado y humanitario hacia ellos.

En tercer lugar, la literatura psicológica, sociológica y criminológica extranjera ha estado analizando la idea de que el maltrato a los animales esta íntimamente vinculado a la violencia interpersonal . Según estos estudios, que se vienen realizando desde hace más de treinta años, la gran mayoría de los abusadores comparten una historia de castigo parental brutal y rechazo, crueldad hacia los animales y violencia contra personas.

El psiquiatra Alan Felthous, junto con otros colegas, ha identificado una tríada constituida por el abuso físico por parte de los padres, crueldad hacia los animales, y violencia hacia las personas. En gran parte, los estudios basados en el abuso animal y criminología adulta, muestran que las primeras instancias de crueldad hacia los animales tienen lugar temprano en la vida del abusador. Según la antropóloga, Margaret Mead (1964), “Una de las cosas más peligrosas que le puede pasar a un niño es matar o torturar a un animal y salirse con la suya.”

Casi todos los niños jóvenes atraviesan una etapa de crueldad “inocente”, en la cuál pueden lastimar insectos u otros animales pequeños en el proceso de explorar el mundo y descubrir sus habilidades. La mayoría de los niños, sin embargo, con la guía adecuada de los padres y maestros, se tornan sensibles al hecho de que los animales pueden sentir dolor y sufrir. Algunos, sin embargo, parecen quedarse encerrados en un patrón de crueldad que generalmente va escalando con la edad y se manifiesta en la adultez en la forma de violencia hacia las personas.

Debido a que el maltrato hacia los animales constituye un aviso sobre la posible existencia de otras formas de violencia y que la malicia a seres capaces de experimentar dolor y estrés es inaceptable en una sociedad civilizada, la presente investigación se propone analizar el problema de la crueldad hacia los animales y su vinculación con la violencia interpersonal. Este estudio tiene dos objetos específicos para los cuales se realizaron dos investigaciones distintas. El primer objetivo pretende caracterizar la crueldad hacia los animales, identificando quienes son las víctimas más comunes, los ofensores y que tipo de crueldades se cometen a fin de determinar tendencias o factores que podrían contribuir a este tipo de violencia. El segundo objetivo es analizar el posible vínculo existente entre la crueldad a los animales y otros tipos de violencia interpersonal.

1.1. Primera Investigación

Existen varios estudios realizados en el exterior destinados a caracterizar casos de crueldad hacia los animales. En efecto, un estudio realizado en los Estados Unidos de Norteamérica en 1993 encontró que 74% de los casos que fueron investigados por la justicia comprendieron a animales de compañía. Los perros y caballos fueron- con mayor frecuencia- víctimas de malos tratos indirectos (negligencia en los cuidados básicos: omisión de proporcionar alimento, refugio y atención veterinaria) mientras que los gatos fueron más propensos a ser abandonados.

Asimismo, los resultados del estudio determinaron que los hombres tienen el doble de probabilidades de maltratar a los animales y que las mujeres son más propensas a abandonarlos. En la mayoría de los casos, los ofensores estaban desocupados. Otro estudio , también realizado en Estados Unidos reportó que los animales de compañía son los blancos más comunes de crueldad animal, con datos de crueldad hacia los perros (76% de todos los casos de animales de compañía) mucho más frecuente que la crueldad registrada contra gatos (19%). Asimismo, el estudio encontró que el 12% de los casos de crueldad hacia los animales involucra animales de granja, el 7% involucra animales silvestres y el 5% múltiples tipos de animales. Con respecto al tipo de abuso que se ejerce sobre los animales, el estudio informo que más de 57% de los casos analizados fueron caracterizados como abuso intencional o tortura, 31% involucraba negligencia extrema incluyendo hambruna y falta de cuidados, y 12% comprendían tanto negligencia como abuso.

En casos de crueldad intencional, las ofensas más comunes incluyeron balear, pegar, patear, acuchillar, tirar, quemar, ahogar, colgar, envenenar, abusar sexualmente y/o mutilar a los animales.

A pesar de la existencia de las investigaciones mencionadas, no existen en la Argentina estudios basados en datos extraídos de casos de crueldad ocurridos en nuestro país. Por lo tanto, la primera investigación pretende llenar esta laguna de información, proporcionando las estadísticas extraídas de casos nacionales de violencia a los animales.

Caracterizar a aquellas personas que inflingen malos tratos a los animales, determinar que tipo de animales son más propicios a ser víctimas y analizar la naturaleza de esta violencia constituyen el primer paso para una seria consideración del maltrato a los animales por parte de los integrantes de nuestra sociedad y el consecuente desarrollo de estrategias para infundir un mayor respeto hacia ellos. Asimismo, no existe en la Argentina una fuerte conciencia social acerca del maltrato animal y, en consecuencia, sus testigos tienden a no denunciar el hecho por falta de información o simplemente por indiferencia. Este trabajo apunta a concienciar a la sociedad sobre este serio problema.

1.2. Segunda Investigación

El objeto de la segunda investigación de este trabajo es explorar la relación entre la crueldad hacia los animales y otros tipos de violencia. Si bien el vínculo ha sido ampliamente analizado en el extranjero, el tema no ha merecido similar atención en nuestro país.

La posibilidad de la existencia de un vínculo entre la crueldad hacia animales y la violencia personal ha sido apoyada por notorios casos de adultos violentos. Por ejemplo, Albert DeSalvo, el confeso Estrangulador de Boston que asesinó a trece mujeres en un año, solía atrapar perros y gatos, encerrarlos en jaulas diminutas y dispararles flechas a través de sus aberturas . Otro caso similar, es el de Jason Massey, quien en 1993 decapitó una niña de 13 años y disparó a su hermanastro de 14, comenzó su “carrera” matando a gatos y perros. Un ejemplo más reciente es de Kip Kinkel, un adolescente de 15 años que asesinó a sus padres y luego disparó y mató a 24 alumnos de su escuela en 1998 . La prensa informo que Kinkel poseía una historia de violencia hacia los animales, habiendo decapitado gatos, diseccionando ardillas vivas e “inflando” vacas.

Desde 1970 este vínculo ha sido reconocido por la FBI, cuando del análisis de los casos de asesinos seriales surgió que la mayoría de los ofensores poseían historias de crueldad hacia animales perpetradas durante su infancia y adolescencia. Esto llevo a la FBI a sostener que “la violencia a los animales es un fuerte indicador de violencia en otros aspectos de la vida del ofensor” . Un estudio realizado por Felthous en 1979 halló que el 45% de los pacientes agresivos de un hospital psiquiátrico informaron haber realizado crueldades hacia animales. Por el contrario, solamente el 10% de los pacientes no agresivos del hospital reportaron haber incurrido en malos tratos.

A partir de esto, Felthous concluyó que una historia de actos de crueldad intencional hacia animales, podría ser útil en la determinación de comportamientos agresivos del individuo que los comete. En un estudio posterior, se encontró que el 25% de criminales agresivos reportó haber cometido más de cinco actos de crueldad hacia animales, mientras que solamente el 5% de los criminales no agresivos y el 0% de personas no criminales, reportaron haber cometido tales actos de violencia . Un estudio realizado por los psicólogos Americanos Merz-Perez, Hiede y Silverman halló una relación estadísticamente significativa entre la crueldad a los animales durante la infancia y la posterior violencia contra las personas.

A su vez, esta investigación indicó que los detenidos por crímenes violentos fueron más propensos a haber cometido actos de crueldad hacia sus mascotas durante la infancia, que los acusados por crímenes no violentos.
Asimismo, varios estudios de investigación han demostrado que existe una relación entre la violencia familiar y el maltrato animal. Una encuesta realizada en 1997 en los 50 refugios de mujeres golpeadas mas importantes de los Estados Unidos de Norteamérica reveló que 85% de las mujeres y 63% de los niños víctimas de violencia doméstica discutieron incidentes de crueldad hacia sus mascotas por parte del generador de la violencia en el hogar. Asimismo, existen trabajos de investigación que han revelado que en un elevado porcentaje de casos de violencia familiar los animales de compañía son también víctimas de maltratos y violencia .

Similarmente, se han sostenido que algunos actos de crueldad hacia los animales durante la infancia son una imitación de la violencia de la cual el niño es víctima o testigo. Varios estudios identificaron la crueldad extrema por parte de los padres como el elemento subyacente más común entre aquellos individuos que abusan de animales. Como Erich Fromm revela en su estudio “La anatomía de la destructibilidad humana” (1973) , las personas sadistas tienden ellos mismos a ser víctimas de castigos terribles. Por ende, el abusador de animales sadista fue una víctima de abuso físico extremo. Niños severamente abusados, al no poseer la habilidad de empatizar con los sufrimientos de los animales, descargan sus frustraciones y hostilidad sobre animales con poco sentido de remordimiento.

Este abuso es un esfuerzo para compensar por sentimientos de inferioridad y falta de poder. En este sentido, un estudio realizado en 1999 reveló que los individuos con una historia de crueldad hacia animales durante su infancia, habían sido castigados físicamente más frecuentemente por sus padres que aquellos sin este historial. Otro trabajo sugirió que el maltrato a animales por parte de un niño puede ser explicado como un proceso por el cual estos inflingen violencia sobre sus inocentes y débiles mascotas, que son vistos por ellos como humanos “sustitutos”, imitando la violencia de la que son víctima.

En síntesis, los trabajos mencionados anteriormente indican que existe una íntima relación entre la crueldad hacia los animales y la violencia interpersonal (tanto dentro como fuera del seno familiar). Aun más, el maltrato a animales puede ser un indicador de la violencia padecida por el individuo y/o constituir una alerta de violencia interpersonal futura. A pesar de la profusa literatura a favor del vínculo, no existe en la Argentina ningún trabajo publicado que trate este tema. Consiguientemente, y a fin de llenar este vació de información, el presente tiene como objetivo explorar este tema.

A su vez, el análisis y posible establecimiento del vínculo entre el maltrato hacia los animales y otros tipos de violencia constituye otro motivo importante para considerar seriamente el problema de la crueldad hacia animales en nuestro país. En última instancia, esta investigación fomentará la colaboración activa entre organizaciones protectoras de animales, veterinarios, organizaciones protectoras de víctimas de violencia familiar, psiquiatras, psicólogos y la justicia penal en la resolución y prevención de la violencia global en nuestra sociedad.

2. Metodología

2.1. Primera Investigación

A fin de llevar a cabo la primer parte del estudio, se analizaron las denuncias de maltrato recibidas por la Fundación Argentina de Bienestar Animal (FABA) entre 1999 y principios de 2004. Consideramos que las mismas son representativas de las denuncias recibidas por todas las organizaciones de protección animal, debido al largo periodo durante el cual fueron recolectadas y por ser FABA una organización de amplia difusión. Nuestro muestreo de denuncias consistió en 180 casos de crueldad hacia los animales. Cada una de las denuncias fue analizada, clasificada y su información fue ingresada a una planilla de Excel. Una vez ordenada toda la información, se realizaron los cálculos necesarios para la obtención de los resultados.

2.2. Segunda Investigación

La segunda parte del trabajo, relacionado con el análisis del vínculo existente entre la violencia hacia los animales y otras formas de violencia interpersonal, fue abordado de dos maneras.

Por un lado, se realizó una encuesta en las cárceles de Buenos Aires. El cuestionario fue una versión modificada del Inventario de Trauma relacionado con Animales desarrollado por Barbara Boat . Por medio del Servicio Penitenciario Federal, los cuestionarios fueron repartidos entre las unidades penitenciarias número 2 (Instituto de Detención de Capital Federal) número 3 (Instituto Correccional de Mujeres- Ezeiza) y número 24 (Instituto Federal para Jóvenes Adultos- Marcos Paz). Estos fueron introducidos mediante el área de educación de las diferentes unidades, que consisten en talleres educativos a los que asisten los internos periódicamente.

Se reservó un tiempo especial para el llenado de los cuestionarios que fueron ofrecidos a los asistentes con la aclaración de que su participación en la encuesta era absolutamente voluntaria. El cuestionario consistió en diez preguntas cortas y simples, mayormente cerradas, con la posibilidad de contestar SI/NO o con opciones para marcar lo que corresponda. Solamente unas pocas preguntas fueron abiertas.

El cuestionario consistió en preguntas sobre los siguientes temas: a) historia de tenencia y relación con animales, b) historia de experiencias poco gratas con animales, c) atestiguamiento de actos destinados a lastimar animales, d) comisión de actos destinados a lastimar animales. Noventa y cuatro participantes devolvieron el cuestionario completo. Los resultados fueron ingresados al programa estadístico SPSS para ser analizados. Debido a que se trabajo con variables categóricas y sus porcentajes el análisis fue abordado realizando tabulaciones cruzadas entre variables, la prueba de chi-cuadrado para determinar asociaciones significativas (P<0.05) y calculo de razones de ventajas o “odds ratio”.
Por otro lado, a fin de estudiar más específicamente el vínculo entre el maltrato a los animales y la violencia doméstica se realizaron entrevistas a profesionales especialistas en violencia familiar.

Se trató de entrevistas cortas, pero con preguntas totalmente abiertas donde se apuntó a hablar sobre las experiencias tenidas al tratar con víctimas de violencia y más específicamente sobre la aparición del maltrato a los animales domésticos en los distintos casos. Se realizaron un total de nueve entrevistas a una psiquiatra, una socióloga y siete psicólogas.

3. Resultados

3.1. Primera Investigación

Del análisis de las denuncias de maltrato a animales surge que las víctimas más comunes son los animales domésticos, siendo el 88% de los casos de crueldad dirigidos hacia perros, gatos y conejos. Dentro de este grupo de animales, los perros fueron los más representados, apareciendo en el 66% de los casos, seguidos por los gatos (15%) y los conejos (1%). Los caballos son las víctimas de maltratos que le siguen en popularidad a los animales domésticos. Aparecieron en un 8% de los casos analizados. Los monos y las vacas o bueyes fueron víctimas en un 2% de los casos cada uno y por último los chanchos, pájaros, loros, gallos, lagartos y los animales salvajes aparecieron solamente en un 1% de los casos cada uno.

Con respecto a los ofensores, el análisis indico que el 60% de los autores de malos tratos son hombres y el 40% mujeres. A contrario de lo que se esperaba y lo hallado por otros estudios de este estilo, no existió una diferencia significativa entre el sexo de los autores de violencias hacia los animales (P>0.05). Sin embargo, esto puede deberse a la cantidad de denuncias en las que se omitió el sexo del ofensor.

Dada la baja cantidad de datos, la diferencia en los porcentajes resulto ser estadísticamente insignificativa. Por lo tanto, y en atención a que existe una diferencia en el número de ofensores de sexo masculino y femenino, no debería descartarse la posibilidad de que los hombres sean más propensos a cometer actos de crueldad que las mujeres.
En cuanto a la naturaleza de la crueldad, nuestro análisis indico que el 51,5% de los casos fueron de malos tratos indirectos y el 48,5% de maltratos directos.

Los maltratos indirectos comprenden la negligencia extrema en los cuidados básicos, o en otras palabras, la omisión de proporcionar al animal de los cuidados básicos, alimento, refugio y atención veterinaria adecuada. Por ejemplo, en diciembre de 2002 se denunció la existencia de un perro macho de raza Siberian Husky que era tenido por sus dueños en el balcón del departamento. El balcón media aproximadamente un metro de ancho por tres de largo y aparentemente no fue limpiado nunca, por lo que el perro vivía rodeado de sus propios excrementos. Al momento de la denuncia estos cubrían la totalidad del piso del balcón con un grosor de 3 centímetros.

Además, el perro no era alimentado y se lo encontró en un estado de desnutrición grave. Otro caso típico es el del criadero o veterinaria en donde se comercializan animales. Los perros, gatos y otros animales están expuestos en jaulas diminutas, al sol (sin refugio), con una alimentación pobre, sin agua, en un estado de higiene deplorable y obviamente sin atención veterinaria alguna. Este tipo de crueldad estuvo presente en el 66% de los casos de maltrato indirecto.
Asimismo, comprenden el grupo de malos tratos indirectos los casos de abandono, ya sea simple abandono en la vía pública o en algún lugar cerrado. El simple abandono apareció en un 17% de los casos. Por ejemplo, en julio de 2003 se denunció el abandono de una perra ciega en la Escuela Técnica Nro. 34 Ing. E. M. Hermitte de Capital Federal. Naturalmente, los casos de abandono en “lugar cerrado” son notablemente más graves puesto que además de colocar al animal es una situación de desamparo, se lo priva de la posibilidad de valerse por si mismo, siendo el resultado más común la muerte por inanición. Por ejemplo, en un caso ocurrido en agosto de 2003 se denunció el abandono de un perro en una terraza.

Los ocupantes de la casa se mudaron y dejaron al perro atado dentro de la misma. El perro murió de desnutrición y fue descubierto por un vecino debido al mal olor expedido por el cuerpo del animal. Este tipo de crueldad estuvo presente en el 17% de los casos de maltrato indirecto.
Tal como mencionamos anteriormente, los maltratos directos aparecieron el 48,5% de los casos. Dentro de esta categoría, se incluyeron los casos de malos tratos “puros” (60%) y los casos de envenenamiento intencional (12%). Asimismo, hemos considerado como maltratos directos a las riñas de perros (4%) y la crueldades en espectáculos públicos o fiestas tradicionales (6%).

Los malos tratos puros incluyen someter al animal a sufrimientos innecesarios causados por “eutanasias” con métodos dolorosos, pateaduras, golpes, quemaduras u otro tipo de acciones que le provoquen daños y sufrimientos al animal, como por ejemplo el ser atrapados, ahorcados o violados. Entre los casos más comunes encontramos al caso denunciado en Agosto de 2003 en el que un empleado del supermercado Easy de la localidad de Lugano azotó y pateó a un gato en frente de todos sus compañeros de trabajo, quienes festejaban el espectáculo.

El gato murió por los traumatismos causados. Otro caso típico es el del vecino que golpeaba brutalmente a su perro y fue descubierto debido a los aullidos de dolor que el perro emitía por las noches y las suplicas desesperadas del hijo del ofensor a fin de que este deje de pegarle al animal. Aproximadamente el 40% de los casos analizados fueron de esta naturaleza. Entre los menos frecuentes encontramos al de los cachorros que fueron pegados con la gotita a la altura de la panza y dejados en la vía pública en ese estado, el de la perra que fue enterrada viva, o el del perro cuyas patas y cabeza fueron mutilados cuando éste aun estaba con vida. Aunque cueste creerlo el 4% de los casos lo conforman violaciones contra perros machos y hembras.

Este tipo de violencia fue corroborada en uno de los casos por un medico veterinario, quien se expidió afirmando que “el canino, macho, mestizo de aproximadamente 14 años, el cual presentaba un presentaba un muy mal estado general, caquexia, depresión del sensorio, ataxia del tren posterior, lo cual le impedía caminar… La herida en la zona anal presentaba una gran miasis (larvas de moscas) de por lo menos 5 a 7 días de vida. La herida correspondía a la pérdida de parte del esfínter anal, el cual estaba literalmente comido por los parásitos…. Las heridas encontradas en la zona anal y perianal, no pudieron surgir de un hecho accidental, sino de la saña de algún o algunos humanos. Al hacer un control más detallado se pudo evaluar que el ano de dicho canino fue traumatizado con algún elemento romo que penetró y rompió todas las fibras del esfínter anal.”
Es importante destacar que varios de los casos presentaron crueldades de diversa naturaleza. Es decir, hubieron varios casos en que el animal fue víctima no solo de un maltrato indirecto, sino también de un maltrato directo. Por ejemplo, el caso del perro que fue abandonado por sus dueños en la vía pública (maltrato indirecto).

Como el animal permaneció vagando por las calles cercanas a su antiguo hogar, su dueña lo pateaba brutalmente a fin de que el perro se alejara de la zona (maltrato directo). A su vez, existen casos de maltrato directo que presentan elementos de varios tipos de crueldades, como por ejemplo el caso de un perro cuyo ojo fue quemado y que recibía a su vez múltiples patadas y golpes.

En síntesis, las víctimas de crueldades más comunes son los animales domésticos o de compañía. Dentro de esta categoría, los perros son las víctimas más comunes (66%), seguidos por los gatos (15%). Los equinos son las víctimas que le siguen en popularidad a los perros y gatos, representados en un 8% de los casos. En cuanto a la naturaleza de los malos tratos, la incidencia de malos tratos indirectos y directos fue aproximadamente la misma (51,5% para los primeros y 48,5% para los segundos). Entre los distintos tipos de malos tratos indirectos, la omisión de cuidados básicos, alimento, refugio y atención veterinaria es el maltrato más común, seguido por el abandono. Entre los distintos tipos de malos tratos directos, los malos tratos “puros” (pateaduras, golpes y etc.) son los más comunes (60%), seguidos por el envenenamiento intencional (12%), las crueldades en fiestas populares (6%) y por ultimo las peleas de perros (4%).

3.2. Segunda Investigación

3.2.1. Encuestas en cárceles de Buenos Aires

De los 100 cuestionarios repartidos en tres de las unidades penitenciarias de Buenos Aires, 94 fueron seleccionados para ser analizados. El resto fue descartado por estar incompletos.
La mayoría de los participantes fueron de sexo masculino (69.8%) y el rango de edad más representado fue de 18-21 años, seguido por participantes de 22 a 30 años de edad, luego los de 31 a 36 y por último los participantes mayores a 36 años.

Los participantes informaron estar imputados de los delitos de hurto, robo, robo con arma, estupefacientes, secuestro extorsivo, lesiones y homicidio. Estos fueron clasificados según su naturaleza en delitos violentos (secuestro extorsivo, lesiones y homicidio) y delitos no violentos (hurto, robo, robo con arma, estupefacientes). Algunos participantes expresaron estar acusados de más de un delito. En estos casos, se tomo en cuenta el delito más violento. De este modo, la muestra quedo dividida en dos grupos distintos: violentos y no violentos. El grupo violento se compuso de 32 casos (34.4%) y el no violento de 62 (65.6%).

Prácticamente la totalidad de los participantes reportaron haber tenido una o más mascotas en el pasado (97.7%) y el 65.7% de los participantes reportó poseer actualmente una o más mascotas. Los perros fueron las mascotas más populares, seguidas por los gatos. Además, muchos participantes reportaron tener o haber tenido al mismo tiempo perros y gatos (aproximadamente el 30%). No hubo diferencia significativa entre los integrantes del grupo violento y no violento respecto de la tenencia de animales, ni respecto del tipo de mascota que poseen o poseyeron.

La mayoría de los participantes expresaron haber tenido una mascota especial (89.6%). Al ser cuestionados sobre las razones por las cuales consideraron a sus mascotas especiales, el 48.1% señaló el compañerismo brindado por su mascota. El 14.8% informó que la mascota es o fue especial porque fue criada desde muy chica. El 8.6% reportó que “había querido mucho” a su mascota y por eso era especial. El 7.4% explicó que la protección brindada por el animal era la razón por la cual era considerada especial. Su belleza (6.2%) y su inteligencia (3.7%) fueron otros motivos expresados por los participantes para explicar porque consideraron especiales a sus mascotas. No hubo diferencia significativa entre los integrantes del grupo violento y no violento respecto de la consideración de una mascota como “especial”.

El 83.2% de los participantes reportaron haber perdido a una mascota muy querida. El 59.1% de estos reportaron que la pérdida fue “un poco difícil”, el 34.8% reportó que la pérdida fue muy difícil y solamente el 6.1% dijo que fue fácil recuperarse a la pérdida de la mascota querida. No hubo diferencia significativa entre los integrantes del grupo violento y no violento respecto del grado de dificultad sufrido por la pérdida de la mascota querida.

El 24.5% de los participantes reportaron haber maltratado a animales. El 28.6% de los participantes que cometieron estas crueldades, declararon haber golpeado, pateado, apaleado al animal. El 14.3% informaron haber apedreado al animales y otro 14.3% haberle disparado. Le sigue en popularidad haber quemado al animal como tipo de maltrato (9.5%) y en el mismo lugar el haberlo empujado. Por ultimo, negarle alimentos, refugio y cuidados básicos apareció en 4.8% de los casos junto con haber atrapado al animal. Solamente 6.7% de los participantes informaron haber organizado peleas de animales (peleas de perros, gallos, etc.).
El 43.8% de los participantes reportaron haber sido testigo de crueldades a animales.

El atestiguamiento más común fue la golpiza o pateadura al animal (43.6%). El 23.1% informo que había sido testigo de disparos contra animales, el 15.4% declaró haber visto como quemaban a un animal y el 10% como ahogaban o estrangulaban a un animal. Los maltratos menos populares fueron el apuñalamiento y apedreamiento (2.6% cada uno). El 29.9% de los participantes informaron haber asistido o presenciado peleas de animales (peleas de perros, gallos, etc.).

Las víctimas más comunes resultaron ser los perros, quienes fueron maltratados en el 53.7% de los casos. Siguiéndoles en popularidad están los gatos, quienes fueron víctimas en el 24% de los casos. El 11.1% de los casos comprendieron el maltrato de caballos y luego los animales domésticos pequeños como tortugas (5.5%), pájaros (3.7%), conejos (1.85%) y los animales salvajes (1.8%). Asimismo, varios participantes declararon haber atestiguado el maltrato o maltratado a ambos gatos y perros (12.9% de los casos).
A fin de analizar el vínculo entre la crueldad a los animales y otros tipos de violencia interpersonal, se efectuó una prueba chi-cuadrado para determinar la existencia de alguna asociación entre la comisión de actos de crueldad hacia animales durante la infancia y adolescencia y la posterior comisión de delitos violentos contra las personas

Los resultados indican que el 53.1% de los participantes violentos reportaron haber maltratado a animales en su infancia o adolescencia, mientras que solamente el 9.7% de los participantes no violentos mencionaron haber cometido tales actos de crueldad. Por otro lado el 90.3% de los participantes del grupo no violento reportaron nunca haber maltratado a un animal, mientras que el 46.9% de los participantes violentos no cometieron crueldades en animales (Tabla 1). Dicho de otra manera, el 73.9% de los participantes que maltrataron animales durante su infancia o adolescencia cometieron delitos violentos contra las personas, mientras que solamente el 21.1% de los individuos que nunca maltrataron animales incurrieron en este tipo de delitos (Tabla 2).

Las diferencias entre estos porcentajes son significativas (P<0.0001), demostrando la existencia de una asociación entre el maltrato a animales y la comisión de delitos de índole violenta.

En otras palabras, los individuos que cometieron crueldades a animales son más propensos a cometer delitos violentos contra personas que los individuos que nunca han maltratado animales. Los probabilidades de los individuos que maltrataron animales de cometer delitos violentos son 10.58 veces mayores a las probabilidades que tienen los individuos que nunca han maltratado animales (calculo de razones de ventajas o “odds ratio”). Además, existe una diferencia levemente significativa entre el hecho de haber organizado peleas de animales y haber cometido luego delitos violentos. Esto es consistente con el resultado anterior, puesto que la organización de este tipo de eventos puede ser considerado como un tipo de crueldad a animales.

También se realizó la prueba chi-cuadrado para determinar asociaciones entre los grupos “violento” y “no violento” y el hecho de haber sido testigo de crueldades a los animales. Los resultados indicaron que el 51.5% de los participantes violentos fueron testigos de crueldades a animales durante su infancia y adolescencia y el 39.7% de los no violentos fueron testigos de estas crueldades.

A pesar de haber una diferencia aparente entre estos porcentajes, esta no es significativa (P= 0.267), demostrando que no existe asociación alguna entre el hecho de haber sido testigo de crueldades a animales durante la infancia y/o adolescencia y la posterior comisión de un delito violento. Sin embargo, al realizar la tabulación cruzada entre el atestiguamiento de peleas de animales (generalmente perros y gallos) y la comisión de algún delito violento, se halló que el 47.8% de los integrantes del grupo violento fueron testigos de estas peleas, mientras que solamente el 22.2% de los integrantes del grupo no violento presenciaron las mismas.

Esta diferencia es significativa (P=0.025) indicando la existencia de una asociación entre el hecho de presenciar peleas de animales y cometer un delito violento. En otras palabras, y según lo indicado por el calculo de razones de ventajas (odds ratio), los participantes que fueron testigos de peleas entre animales tienen el triple de probabilidades de cometer delitos violentos contra las personas que los que nunca han maltratado a un animal. Esto significa que no solamente a comisión de crueldades a animales sino también la exposición (como testigo) a la crueldad hacia animales podría influenciar en el posterior desarrollo de violencias contra las personas.

Por último, es necesario destacar que la única asociación estadísticamente significativa encontrada entre las variables analizadas fue la que existe entre la comisión de crueldades a animales durante la infancia y adolescencia y la posterior violencia perpetrada contra un ser humano (comisión de delitos “violentos”). Se analizaron otras posibles asociaciones cuyos resultados no incluimos por no haber sido significativos. Por ejemplo, se analizó la relación entre la tenencia de mascotas, la consideración de una mascota como especial y el grado de dificultad sufrido al perder un animal querido con el hecho de haber maltratado o no a un animal.

Esto se hizo a fin de determinar si la capacidad de empatizar (tener una mascota, considerarla especial o sufrir su perdida) con los animales esta relacionado de alguna manera con el trato que se les da a los mismos. El análisis de los resultados indicó que no hubo ninguna diferencia entre el porcentaje de participantes que maltrataron animales y tuvieron o tienen mascotas, consideraron a alguna mascota como especial y sufrieron la perdida de alguna mascota querida y el porcentaje de los participantes que nunca maltrataron a un animal y tuvieron o tienen mascotas, consideraron a alguna como especial y sufrieron la perdida de alguna mascota querida.

3.2.2. Entrevistas a especialistas en violencia familiar
De las entrevistas realizadas se extrajeron los siguientes resultados:

Todos los entrevistados reportaron la existencia de maltratos a mascotas en casos de violencia familiar. Al ser cuestionados acerca de la frecuencia de los maltratos a animales, la mayoría de los especialistas reportaron que la crueldad hacia las mascotas aparece con alta frecuencia en los casos de violencia doméstica. Los participantes que contestaron lo contrario aclararon que la violencia hacia sus mascotas “no es algo que se pregunta específicamente a las víctimas de violencia familiar y la persona lo reporta solo voluntariamente. Generalmente están tan absorbidas en sus problemas que no suelen hablar de otra cosa que de ellas mismas. Por lo tanto, la crueldad a los animales en los casos de violencia familiar probablemente sea mucho más común de lo que se reporta.”

En estos casos de violencia doméstica, la persona que maltrata a la mascota es el mismo que maltrata a los demás miembros de la familia. El ofensor generalmente comienza con abusos verbales hacia miembros de la familia, continúa arrojando o golpeando objetos, su nivel de violencia escala al maltratar a la mascota del hogar y termina por cometer actos de violencia contra su esposa/o y/o hijos. Hay veces en que el ofensor no llega a maltratar físicamente a miembros de la familia pero lo hace de forma psicológica al maltratar a la mascota. Sin embargo, con el paso del tiempo, es muy probable que estas amenazas psicológicas se conviertan en violencia físicas hacia algún miembro de la familia.

Por lo tanto, el ofensor maltrata a la mascota como un instrumento para hacer sufrir a su familia, como una manifestación de poder sobre la familia, como una amenaza sobre lo que es capaz de hacer o simplemente como un objeto más en su manifestación agresiva. Lo que es importante aquí, según lo que manifestaron los participantes, es que el maltrato a un ser vivo (la mascota) manifiesta una violencia mucho más grave o elevada que cualquier violencia verbal o golpes a objetos inanimados e indica que el sujeto es capaz de agredir físicamente a los miembros de la familia. Es como si se hubiera pasado una barrera una vez maltratado el animal, existen menos inhibiciones en lastimar a seres humanos. En otras palabras, el maltrato a los animales “socializa” al agresor con la violencia, haciéndolo más propenso a aprobar y realizar actos de crueldad hacia las personas.

Asimismo, algunos participantes manifestaron que hay veces en que el que maltrata a la mascota no es el mismo generador de la violencia en el hogar, sino los niños víctimas o testigos de esta violencia. El maltrato por parte de los padres aumenta la agresividad en el hijo porque los padres se convierten en un objeto agresivo de identificación y un modelo para aprender comportamientos agresivos. Por lo tanto, el niño aprende la conducta agresiva y la manifiesta sobre los seres inferiores a el, o sea, la mascota. Además, el niño que es tratado como un enemigo de los padres esta capacitado para considerarse como un ser malo y proyectar su malicia sobre otros.

Asimismo, los maltratos a los animales por parte de los niños en un contexto de violencia doméstica podrían ser considerados como un vehículo para controlar y infringir dolor y como una dislocación de hostilidad. La dislocación es la transferencia de deseos desde su objeto o persona original. De esta manera, la crueldad a los animales en estos chicos podría ser el resultado de sentimientos agresivos u hostiles hacia el generador de la violencia en su hogar.
En síntesis, de las entrevistas resulta que el maltrato a los animales esta presente en los casos de violencia familiar. Aun más, este maltrato podría ser considerado como un predictor de la violencia hacia algún miembro de la familia debido a que “socializa al agresor con la violencia” y lo desinhibe de agredir físicamente a un ser vivo. Asimismo, el maltrato a los animales por parte de niños, debe ser considerado seriamente puesto que es un aviso sobre la existencia de un contexto familiar de violencia.

4. Discusión y conclusiones

De la primera investigación obtuvimos información acerca de los casos de crueldad hacia los animales. Sabemos que las víctimas más comunes de maltrato son los animales de compañía o mascotas. Los perros (66%) fueron por lejos los más propensos a recibir malos tratos, seguidos por los gatos. En cuanto al tipo de crueldad, los maltratos directos e indirectos aparecieron con frecuencias muy similares. Estos datos podrían ser de gran utilidad al momento de desarrollar estrategias de prevención y castigo de la violencia hacia los animales.

En efecto, es importante difundir esta información a fin de que los miembros de la sociedad sepan que actos son inadmisibles y que en consecuencia conozcan su derecho a denunciar estas aberraciones. Asimismo, deben tenerse en cuenta a la hora de crear leyes protectoras a fin de determinar claramente las conductas a penar y sus consecuencias.

Los resultados obtenidos en esta primera investigación coinciden con los de otros estudios respecto de los animales víctimas de maltratos, en especial por considerar a los animales de compañía como los maltratados con mayor frecuencia y dentro de estos, a los perros como víctimas mucho más comunes que los gatos. Sin embargo, el estudio no encontró relación alguna entre el maltrato a los animales y el sexo del ofensor. Otros estudios han caracterizado a los hombres como el sexo más propenso a cometer crueldades hacia animales.

Nuestros resultados parecieron indicar la misma tendencia, pero las diferencias resultaron estadísticamente insignificativas. Esto pudo haber sido debido a la cantidad de denuncias en las que se omitió el sexo del ofensor, por lo que se aconseja no tomar nuestro resultado en forma tan precisa. Además del sexo, muchas otras características faltaron en los casos analizados, por lo cual, fue imposible caracterizar al agresor.

Se aconseja en el futuro crear formularios de denuncia que requieran más información sobre los autores de crueldades, a fin de poder terminar un “perfil” del abusador. La determinación de estas características podría ser de esencial importancia en la creación de estrategias de tratamiento y prevención del maltrato a los animales.

Los resultados de la segunda investigación apoyan la hipótesis de la existencia de un vínculo entre la crueldad a los animales y otros tipos de violencia interpersonal. En este sentido, se encontró que el 53.1% de los participantes que cometieron delitos violentos contra las personas reportaron haber maltratado animales durante su infancia y adolescencia, mientras que solamente el 9.7% de los participantes no violentos reportaron haber cometido este tipo de crueldad.

Del análisis estadístico de estos datos surge que esta diferencia es significativa y que por lo tanto existe una asociación entre la comisión de crueldades a animales durante la infancia y adolescencia y la posterior comisión de delitos contra las personas. Dicho de otra manera, los individuos que cometieron crueldades a animales son más propensos a cometer delitos violentos contra las personas que los individuos que nunca han maltratado animales. Los probabilidades de los individuos que maltrataron animales de cometer delitos violentos son 10.58 veces las probabilidades que tienen los individuos que nunca han maltratado animales.

Asimismo, se hallo una asociación significativa entre el hecho de haber sido testigo de peleas entre animales y la comisión de delitos violentos. En este sentido, se encontró que los individuos testigos de peleas de animales tienen el triple de probabilidades de cometer delitos violentos contra las personas que los que nunca presenciado este tipo de “espectáculos”, lo que podría implicar que la exposición a la crueldad hacia animales también influye en la posterior manifestación de violencia contra personas por parte del sujeto testigo.

Es importante señalar las limitaciones de esta investigación. En primer lugar, se trata de un estudio retrospectivo, en el cual se pide información a un grupo de individuos adultos sobre experiencias ocurridas durante su infancia y adolescencia. Esto presenta problemas relacionadas con fallas de memoria y reticencia a contar o recordar memorias dolorosas como puede ser el maltrato a algún animal. Además, el ocultamiento de la verdad se facilita por la forma de la encuesta (la respuesta se completa en un cuestionario vs. entrevista personal con otra persona). Por lo tanto, es lícito suponer que la cantidad de sujetos que maltrataron animales es mayor que el reportado.

Asimismo, es posible que según las experiencias y educación de cada sujeto particular, estos tengan distintos criterios para clasificar sus actos como “crueles”. Esto es lo que puede haber pasado respecto de la consideración de la omisión de alimentos y cuidados (definido como maltrato indirecto en la primera investigación) como maltrato. Los resultados de las encuestas revelan que la omisión en la provisión de alimentos y cuidados es un tipo de crueldad que aparece con mucha menor frecuencia (4.8%) que lo hallado en la primera investigación (51,5%). Sin embargo, es posible que muchos sujetos no consideren esto como un maltrato y por lo tanto, hayan decidido no reportarlo. He aquí la diferencia en los resultados.

Al ser esta investigación retrospectiva no es posible trazar relaciones de causalidad entre las asociaciones hechas. Es imposible saber si el maltrato a los animales es el determinante de la posterior comisión de delitos violentos por parte del sujeto, o si este maltrato fue una manifestación de una personalidad agresiva que en la adultez iba a expresarse contra seres humanos, pero obviamente existe entre estas variables una relación compleja y peligrosa. En todo caso, el estudio muestra que el maltrato a los animales es un factor de riesgo en la posterior manifestación de violencia interpersonal por parte del sujeto.

Por otra parte, los resultados de las entrevistas a los especialistas en violencia doméstica también apoyan la existencia de un vínculo entre la crueldad a los animales y la violencia interpersonal. Estos manifestaron que el maltrato a la mascota podría ser considerado como un predictor de la violencia hacia algún miembro de la familia debido a que “socializa al agresor con la violencia” y lo desinhibe de agredir físicamente a un ser vivo. Asimismo, el maltrato a los animales por parte de niños, debe ser considerado seriamente puesto que es un aviso sobre la existencia de un contexto familiar de violencia.

Estas entrevistas cuentan con la desventaja de no ser un estudio cuantitativo del que se pueda obtener resultados estadísticos exactos. Sin embargo, se trata de una investigación cualitativa que brinda resultados preliminares sobre el tema estudiado. Estos, analizados junto a los obtenidos por las encuestas en las cárceles (estudio cuantitativo) son un fuerte indicio de que el maltrato a los animales es un problema social de grandes dimensiones.

Este estudio ha demostrado las implicancias del maltrato a los animales sobre la sociedad como tal. La existencia de un vínculo entre la crueldad a los animales y otros tipos de violencia requiere la colaboración activa entre organizaciones protectoras de animales, psicólogos, médicos, psiquiatras, veterinarios, asociaciones protectoras de víctimas de violencia familiar y el sistema judicial a fin de implementar un tratamiento eficaz. En última instancia, el tratamiento de este problema, además de frenar la injusticia que acarrea sobre las víctimas de este maltrato, constituirá una herramienta esencial en la prevención de otros tipos de violencia en nuestra sociedad.

Hasta la proxima T!

4 comentarios - El Maltrato Animal Taringa-!

@samotxd
Siempre me dan ganas de darle una patada en los huevos a esos hdp que maltratan a los animales futbol
@ReconocerOscar
y con ganas hdp
samotxd dijo: Siempre me dan ganas de darle una patada en los huevos a esos hdp que maltratan a los animales &lt;span style=&quot;font-style: italic; &quot;&gt;undefined&lt;/span&gt;