ANTIGUO TESTAMENTO


GENESIS


INTRODUCCION AL GENESIS

El Génesis significa: Los comienzos. Ahí se nos habla de los antepasados del pueblo de Israel: cap. 12-50. Ahí también se nos da una primera visión de la obra salvadora de Dios en el mundo cap. 1-11.

Capítulos 12-50

Con el capítulo 12 empiezan los recuerdos de los Patriarcas, o sea, antepasados de Israel. Al comienzo de esta Historia Sagrada, que debía transformar el mundo, está una familia de creyentes: Abraham y sus hijos. Son nómadas, o sea, gente que no tiene tierra propia, sino que vive bajo carpas, acompañando sus ovejas y burros, siempre en busca de pozos y de pastos para sus rebaños. Estos migrantes, despreciados por los habitantes de la ciudad y del campo, son los que reciben la promesa de una Tierra y de una Bendición para todos los hombres del mundo.

Capítulos 1-11

Los primeros capítulos del Génesis se redactaron con el propósito de enseñarnos el sentido de la historia y del mundo en que vivimos: El universo, ¿para qué? ¿Qué es el hombre? ¿Por qué la muerte? No se trata de una historia en el sentido moderno de la palabra, pues no es la descripción de hechos históricos. Más bien son comparaciones e historias que encierran una verdad religiosa siempre actual. Los personajes de Adán, Eva, Noé… representan a los hombres de ayer y de hoy.

¿Quién escribió el Génesis?

No hubo un autor, sino varios. En el tiempo del rey Salomón (siglo X antes de Cristo) un escritor desconocido, al que se acostumbra llamar el Yavista, compuso una primera historia del pueblo de Dios, que empezaba con el relato del Paraíso. Posiblemente este hombre es el mismo que redactó la mayor parte de la historia de David en los libros de Samuel.
Para hablar de Abraham, disponía de recuerdos y leyendas que los israelitas se transmitían de padres a hijos. Para la primera parte del Génesis, en que no se trata propiamente de historia, utilizó la literatura de los Babilonios. Estos tenían, desde ya siglos, poemas referentes a la primera Pareja, el Paraíso perdido, el Diluvio… El los utilizó siglos, poemas referentes a la primera Paraje, el Paraíso perdido, el Diluvio... El los utilizó en parte, pero también los transformó profundamente, para que estas historias expresaran, a modo de comparaciones, los designios de Dios sobre su creación. Las partes del Génesis que se deben a este autor llevan en el margen una raya negra.
En el siglo IX antes de Cristo, otro autor al que se acostumbra llamar el eloísta, redactó varios recuerdos de los patriotas y de Moisés, repitiendo a veces lo que el yavista había contado en forma algo diferente. Luego, de estos dos relatos, se hizo uno solo, mezclando a veces frases de ambos cuando contaban el mismo suceso.
Mucho más tarde, cuando los judíos volvieron del Destierro a Babilonia (siglo V antes de Cristo), sus sacerdotes añadieron muchos párrafos que ponemos aquí en letra cursiva. Fueron ellos los que compusieron el poema de la creación en siete días, que principia el libro y toda la Biblia.


La creación

+ 1 1 Al principio Dios creó el cielo y la tierra. 2 La tierra estaba desierta y sin nada, y las tinieblas cubrían los abismos mientras el espíritu de Dios aleteaba sobre la superficie de las aguas.
3 Dijo Dios: <<Haya luz>>, y hubo luz. 4 Dios vio que la luz era buena y la separó de las tinieblas. 5 Dios llamó a la luz “Día” y a las tinieblas “Noche”. Y atardeció y amaneció el día Primero.
6 Dijo Dios: <<Haya un firmamento en medio de las aguas y que separe a unas aguas de otras.>> 7 Hizo Dios entonces el firmamento separando a unas aguas de otras, las que estaban encima del firmamento, de las que estaban debajo de él. 8 Y llamó Dios el firmamento Cielo.
Y así sucedió. Y atardeció y amaneció el día Segundo.
9 Dijo Dios: <<Júntense las aguas de debajo de los cielos en un solo lugar y aparezca el suelo seco.>> Y así fue.
10 Dios llamó al suelo seco “Tierra” y a la masa de agua “Mares”. Y vio Dios que todo era bueno.
11 Dijo Dios: <<Produzca la tierra pasto y hierbas que den semilla y árboles frutales que den sobre la tierra fruto con su semilla adentro.>> Y así fue. 12 La tierra produjo pasto y hierbas que dan semillas y árboles frutales que dan fruto con su semilla adentro según la especie de cada uno. Y vio Dios que esto era bueno. 13 Y atardeció y amaneció el día Tercero.
14 Dijo Dios: <<Haya lámparas en el cielo que separen el día de la noche. Sirvan de signos para distinguir tanto las estaciones como los días y los años. 15 Y que brillen en el firmamento para iluminar la tierra.>> Y así fue.
16 Hizo, pues, Dios dos grandes lámparas: una grande para presidir el día y otra más chica para presidir el día y otra más chica para presidir la noche; también hizo las estrellas. 17 Yavé las colocó en lo alto de los cielos para alumbrar la tierra, 18 para mandar al día y a la noche y separar la luz de las tinieblas. Y vio Dios que esto era bueno. 19 Y atardeció y amaneció el día Cuarto.
20 Dijo Dios: <<Llénese las aguas de seres vivientes y revoloteen aves sobre la tierra y bajo el firmamento.>> 21 Y creó Dios los grandes monstruos marinos y todos los seres que viven en el agua y todas las aves. Y vio Dios que estaba bien. 22 Los bendijo Dios, diciendo: <<Crezcan, multiplíquense y llenen las aguas del mar, y multiplíquense asimismo las aves en la tierra.>> 23 Y atardeció y amaneció el día Quinto.
24 Dijo Dios: <<Produzca la tierra animales vivientes, de diferentes especies, bestias, reptiles y animales salvajes.>> Y así fue. 25 E hizo Dios las distintas clases de animales salvajes, de bestias y de reptiles. Y vio Dios que esto era bueno.
26 Dijo Dios: <<Hagamos al hombre a nuestra imagen y semejanza. Que mande a los peces del mar y a las aves del cielo, a las bestias, a las fieras salvajes y a los reptiles que se arrastran por el suelo.>>
27 Y creó Dios al hombre a su imagen.
A imagen de Dios lo creó.
Macho y hembra los creó.
28 Dios los bendijo, diciéndoles: <<Sean fecundos y multiplíquense. Llenen la tierra y sométanla. Manden a los peces del mar, a las aves del cielo y a cuanto animal viva en la tierra.>>
29 Dijo Dios: <<Yo les entrego, para que ustedes se alimenten, toda clase de hierbas, de semilla y toda clase de árboles frutales. 30 A los animales salvajes, a las aves de los cielos y a cuanto ser viviente se mueve en la tierra, les doy para que coman pasto verde.>> 31 Y así fue. Vio Dios que todo cuanto había hecho era muy bueno. Y atardeció y amaneció el día Sexto.

2 1 Así fueron hechos el cielo y la tierra y todo lo que hay en ellos. 2 Dios terminó su trabajo el Séptimo día y descansó en este día de todo lo que había hecho. 3 Bendijo Dios este Séptimo día y lo hizo santo porque ese día él descansó de todo su trabajo de creación.
4 Este es el origen del cielo y de la tierra cuando fueron creados.


+ Este primer poema de la creación en seis días nos da respuestas fundamentales acerca de Dios, del hombre y del mundo. Esta es la razón por la cual estas páginas se colocaron al comienzo de la Biblia a pesar de que se escribieron posteriormente a la mayoría de os otros libros de la Biblia. Estas no fueron las primeras revelaciones de Dios: más bien, cuando desde ya siglos el pueblo de Dios proseguía su camino, se le dio esta enseñanza en forma de poema para que tuviera una visión más clara de dónde salió el mundo y a dónde va el hombre.

ALGUNAS RESPUESTAS CLARAS ACERCA DE LAS BASES DE LA FE

Al principio. Al principio de todo existe Dios. No el mundo, la Materia o la Naturaleza, sino Alguien que hizo todo por decisión propia suya (Is 43,10).
Dios dijo: Haya luz. Así debemos entender que toda la creación de Dios será luz. Ninguna cosa salió mala de la mano de Dios. Todo ha salido de la Palabra de Dios, es decir, de su decisión. Todo fue hecho tal como lo deseaba: Y vio Dios que era bueno. Si a nosotros algo nos parece malo en el mundo, tal vez esto se debe a que no somos capaces de comprenderlo; y si realmente es malo, la razón será que intervino otro que Dios, sea hombre o demonio (Sap 1,14; 11,20; Ecl 13,1; Stgo 1,17).
Primer día, segundo día, tercer día. El poema enumera todas las categorías de criaturas que hay en el mundo. Y cada cosa viene a su tiempo, las criaturas más perfeccionadas y con mayor grado de vida, después de las más inferiores. La obra de Dios es ordenada e innumerable. Al último día aparece el hombre, que será el rey de la creación.
Lo creó a su imagen. En medio de los animales inclinados hacia la tierra, el hombre camina erguido y mirando al cielo. Sólo el hombre estudia, conoce, ama. Sólo él tiene conciencia, en la cual habla el Espíritu de Dios. Pero, cuando la Biblia dice que Dios creó al hombre, ¿de quién habla? No del varón solo ni de la mujer sola, sino de la pareja. La imagen de Dios no es el individuo, preso de su soledad y de su soberbia, sino el encuentro de dos personas unidas por lazos de comunión y, a raíz de esto, portadoras de vida. De la misma manera que Dios es Tres Personas en un mismo ser.
La Biblia insiste: Dios hizo al hombre a su imagen y semejanza. Esto, para tener con quién trabar amistad y entablar un diálogo. Y la Biblia nos dirá cómo viene Dios a comprometerse con el hombre.
Siendo imagen de Dios, el hombre es su servidor y su encargado de gobernar el mundo: Que domine (Sir 17,4).
Multiplíquense y llenen la tierra. Dios hizo al hombre para que su vida fuera fecunda. En los primeros tiempos la Biblia recalcaba que la gran bendición de Dios consistía en tener numerosos hijos. Luego observó que lo importante no es su número, sino más bien que esos hijos sean una semilla buena (Sap 4,1). Pero nunca habló de multiplicarse en forma irresponsable. Si Dios dedicó seis días a preparar la tierra para que fuera acogedora para el hombre, ahora ningún padre puede traer hijos a la vida sin saber que éstos tendrán el sustento material, la educación y el cariño que corresponden a hijos de Dios.
Dios descansó el séptimo día. Esta comparación no quiere decir que Dios estaba cansado. Tampoco significa que Dios ahora mira de lejos su creación. Más bien debemos entender que toda la obra de Dios y el trabajo de los hombres tienen que desembocar en el día sin ocaso en que descansaremos junto a Dios, compartiendo su felicidad en el cielo. Ver también comentario de Ex 20.8.

NO TOMAR TODO AL PIE DE LA LETRA

Hay personas que creen que Dios dictó estas líneas y el autor sagrado solamente puso la tinta sin cambiar una letra de lo que Dios le hablaba. Pero no fue así como se escribió la Biblia. Por supuesto que Dios asistió al autor para que el poema saliera tal como Dios lo deseaba y para que enseñara a los hombres de todos los tiempos. Pero esto no impide que el autor escribió para la gente de su tiempo y que les habló por medio de figuras y modismos propios de la cultura de ellos. Los que ahora leemos la Biblia, debemos entrar un poco en esta cultura y estos modos de expresarse si no queremos entender al revés lo que el autor quería expresarnos.
Primer día, segundo día… ¿Debemos pensar que Dios creó el mundo en seis días como los nuestros, incluso los tres primeros días cuando todavía no existía el sol?
En realidad, el autor quiso presentar la creación como un juego escénico en que, varias veces, cae el telón y cambian los actores. Dios construye el universo que será su Templo, y lo construye solemnemente, por pasos, como en una ceremonia ordenada. A cada cosa y a cada ser viviente se le atribuye una función. Si bien el sol y la luna deben alumbrar a los mortales, no parece ser de menor importancia que sirvan para fijar el calendario y los días de fiesta dedicados a Dios.
El autor dispuso esta ceremonia en seis días para que el sábado, que entre los judíos era el día de descanso consagrado a Dios, éste pudiera descansar glorificado por su creación. Pues éste es el fin del universo y la razón de ser de la humanidad. Los israelitas llamaban sábado, o sea, descanso a ese día y consideraban su observancia como el pilar de la religión.
Haya un firmamento que separe a unas aguas de otras (v. 6). En aquel tiempo los hombres no sabían todavía que la tierra es un planeta girando alrededor del sol. Pensaban en una tierra plana, semejante a un disco y puesta sobre columnas. Estas columnas se hundían en las aguas inferiores, las que también rodeaban la tierra y formaban los océanos (ver Job 38,4-10). Por encima se extendía una gran bóveda azul, el cielo, o firmamento, de donde cuelgan las estrellas y el sol. Y por encima de este firmamento estaban, según creían ellos, las aguas superiores de las que proviene la lluvia.
En realidad, para ellos, este cielo solamente era el piso de otro mundo donde vive Dios con los ángeles. En la Biblia, cielo y tierra significan todo lo que existe: por una parte, el mundo de las cosas visibles; y también otro mundo mejor, mundo espiritual que no se puede ver.
Dios vio que esto era bueno. El autor no niega la existencia del mal en el mundo. Para los israelitas el mar y la oscuridad eran el símbolo de las fuerzas malas en el mundo. Sin embargo, estas fuerzas están ordenadas, contenidas: el mar tiene sus límites y la noche debe ceder el paso cada día a la luz.
Dijo Dios. Es claro que Dios, que es espíritu, no tiene boca ni habla emitiendo sonidos. Esta expresión Dijo Dios nos recuerda que el Creador es el mismo que nos ha dado su palabra y su Ley.
Yo les entrego toda clase de hierbas y árboles frutales. Con estas palabras el autor expresa el ideal de un mundo no violento en que ni siquiera se mataran los animales. Dios no quiere la muerte de sus criaturas. Sin embargo, posteriormente, se hará una concesión (Gén 9,3) porque Dios toma en cuenta la condición real del hombre pecador.

LA CREACION Y EL HOMBRE MODERNO

Muchas personas quieren oponer lo que dice la Biblia y lo que descubre la ciencia. En realidad, la ciencia moderna habla cada vez más de un comienzo del universo (ver La Edad de la Creación, p.7) y no tiene cómo explicarlo. Andamos, pues, muy tranquilos.
Por otra parte, ya dijimos lo que significan los seis días: no se oponen a que el universo se halla formado a lo largo de millones de siglos. Y si alguien se extraña de que el relato no se conforme a una descripción científica, digámosle que la Biblia es palabra de Dios, pero para instruir nuestra fe y no para sustituir la investigación científica.
Más a menudo se formula otra objeción: la religión, al hacer de Dios el creador del mundo y del hombre una criatura, nos acostumbra a vivir sometidos y resignados. La verdad es otra: cuando la Biblia dice que Dios es Creador de todo y es ante todos, engrandece al hombre que ya no es producto del azar, sino que viene de Dios.
La Biblia libera el espíritu humano. Los pueblos antiguos creían que la suerte del hombre dependía de los caprichos de sus dioses, y vivían resignados bajo el peso de un destino al que nadie podía escapar. En los pueblos antiguos los esfuerzos del hombre para ampliar su poder fueron paralizados por el temor a ofender a esos dioses que detenían las fuerzas de la naturaleza. Es conocida la leyenda pagana de Prometeo, castigado por haber descubierto, <<robado>>, el fuego, que pertenecía a los dioses, y haberlo entregado a los hombre, sus hermanos.
En cambio, la Biblia forma a un hombre que no tiembla ante el poder oculto de los astros (¡son lámparas al servicio de Dios!) y que no teme cualquier maldición del destino cuando investiga los secretos del universo. ¿No es un cristiano el primer hombre que marchó sobre la luna?
El relato bíblico afirma que el hombre viene de Dios. No solamente el primer hombre, sino todo hombre que nace en este mundo: no somos el producto casual de puras leyes físicas. Dios ha dispuesto los acontecimientos y los encuentros en los que se formó nuestra personalidad. Dios ha actuado mediante todas aquellas personas que despertaron nuestro espíritu.
El sexto día aparece el hombre. A partir de este momento, Dios cede el paso, por así decirlo, a su criatura predilecta, el hombre. Dios sigue creando el universo por medio de las manos, el cerebro y el corazón del hombre. Y mientras el hombre trabaja y crea, también se crea a sí mismo. Se construyen escuelas, se imprimen libros, se esbozan estructuras sociales en que cada cual es llamado a desarrollar su iniciativa y su responsabilidad.

UN MENSAJE PROFETICO

Al principio, dice el Génesis y se refiere a la creación, o sea, a lo que aparece fuera de Dios. En el principio, dice el Evangelio (Jn 1,1), y se refiere a lo que es Dios en sí mismo.
Al principio, dice el Génesis, y empiezan las criaturas, el espacio y el tiempo. Pues, antes, no había nada fuera de Dios, y ni siquiera había un <<antes>>, puesto que no había tiempo que corriera. En el comienzo, dice Juan: pero nos habla de la vida íntima de Dios, el que no conoce el tiempo ni está sometido al tiempo, sino que vive en esa plenitud permanente que llamamos eternidad. Allí no hay ni antes ni después, ni duración ni desgaste ni aburrimiento.
Hablando de la vida íntima de Dios, decimos: en el comienzo, para referirnos a la generación del Verbo o Hijo de Dios, nacido del Padre; y también decimos: en el comienzo, para hablar del Espíritu que procede del Padre y el Hijo. Pero sabemos que este comienzo es y no pasa; y cuando el Hijo y el Espíritu vuelvan a la unidad del Padre-Dios, para gozar juntos la suprema beatitud, no habrá corrido el tiempo, sino que su gozo es y permanece fuera de todo tiempo.
Al principio, dice el Génesis, hablando del acto creador, el que procede de una decisión eterna de Dios, o sea, que irradia de la vida misma y del amor mutuo de las Personas divinas. En el principio Dios se proyectó a sí mismo en su Verbo, que es su Imagen y Resplandor (Col 1,15 y Hebr 1,3); al comienzo se distribuyen en el universo las riquezas que el Padre contempló en su Hijo. Así como en él resplandece la Sabiduría del Padre, así también en el universo creado contemplamos la Sabiduría que todo lo ordenó con número, peso y medida (Sap 11,20). En el principio Dios lo dijo todo o, mejor, se dijo todo en su Hijo; asimismo, al principio aparecen, mediante una palabra suya, las criaturas que proclamarán su gloria (Sal 19).
En el principio brota el Espíritu de la comunión del Padre con su Hijo, y vuelve con ellos a la unidad divina, para el gozo mutuo de las Personas. Asimismo, al principio, se hace presente en el universo y se desliza en todas las criaturas (Sap 7,23) para ponerlas en marcha y animarlas a que vuelvan también ellas a la unidad divina.
Con el primer capítulo del Génesis abre dos caminos para nuestra reflexión. El primero es el estudio de la historia humana, historia sagrada en que Dios manifiesta su proyecto eterno de amarnos, de llevar la raza humana a su madurez y de reunirla en su Hijo hecho hombre, Cristo. El otro es la interiorización del misterio de su deslumbrante riqueza, de su sabiduría incomprensible y de su amor irresistible.
El Espíritu de Dios aleteaba sobre las aguas… para infundir en las criaturas la creatividad que les permite cooperar con Dios. Las madres, en especial, saben que Dios crea con ellas en el secreto, ya sea del cuerpo o de las conciencias. Y por el Espíritu surgen las creaciones de los artistas, de los poetas y de los hombres de Dios.
Hizo al hombre a su imagen y semejanza. Este es el hombre que vive en gracia de Dios (Ef 2,15 y 4,24). Pero nuestros pecados van borrando la imagen de Dios, tanto en el hombre como en la realidad social que construimos, dominada por la codicia y la violencia. Por esto viene el Hijo a su propia casa (Jn 1,11) para restaurar esta semejanza.
A su imagen y semejanza. Esta es una de las afirmaciones mayores de la Biblia. Pues a nadie se le ocurriría buscar una relación personal con Dios si solamente se fijara en su inmensidad o en todo lo que lo hace diferente de nosotros: ¿Cómo se preocuparía el Ser infinito por esas hormigas que somos en el inmenso universo? Pero la Biblia habla de semejanza.
Esto quiere decir primero que, cuando Dios habla, no son verdad humana, ajena a la Verdad, sino que, mediante su Palabra, recibimos de alguna manera la Verdad total que se identifica con El: tenemos capacidad para recibir a Dios mismo.
Luego el apóstol Juan afirma repetidamente que somos semejantes a Dios por cuanto lo amamos, y que la maduración del amor en nosotros nos acerca cada vez más al momento en que podemos ver a Dios y unirnos a El, hasta participar de la misma vida eterna de las Personas divinas: 1.ª Jn 3,1-6 y 7-18.
Que domine. A pesar de su fragilidad, la creatura humana ha sido escogida por Dios para ser el enlace entre El y el universo. Desde el primer momento de la creación, Dios ha dispuesto que su Hijo se haría hombre (Ef 1,1-14). A él se refieren las palabras del Salmo 8: ¿Qué es el hombre, para que te acuerdes de él? Lo coronaste de gloria y grandeza; le entregaste las obras de tus manos. (Ver 1 Cor 15,24).

Dios descansó el séptimo día y lo santificó. La creación no se acaba con la aparición del hombre trabajador, sino con el Descanso que Dios le ha preparado (Heb 3,13). Lo inauguró Jesús al resucitar al día siguiente al sábado y, por esta razón, los apóstoles escogieron el domingo para el encuentro semanal de los cristianos, dejando el sábado a los judíos que no habían creído en Cristo.


Segundo relato de la Creación

o El día en que Yavé Dios hizo la tierra y los cielos, 5 no había sobre la tierra arbusto ni ninguna planta silvestre había brotado, pues Yavé Dios no había hecho llover todavía sobre ella, ni había hombre que cultivara el suelo. 6 Sin embargo, brotó desde la tierra un manantial y regó toda su superficie.
7 Entonces, Yavé formó al hombre con polvo de la tierra, y sopló en sus narices aliento de vida, y existió el hombre con aliento y vida. 8 Luego, Yavé plantó un jardín en un lugar del Oriente llamado Edén; allí colocó al hombre que había formado. 9 Yavé hizo brotar del suelo toda clase de árboles agradables a la vista y buenos para comer. Y puso en medio el árbol de la Vida y el árbol de la Ciencia del bien y del mal.
10 Del Edén salía un río que lo regaba y se dividía en cuatro brazos. 11 El primero se llamaba Pisón, y es el que rodea la tierra de Evila, 12 donde hay oro fino, piedras preciosas y aromas. 13 El segundo río se llamaba Guijón, y es el que rodea la tierra de Cus. 14 El tercer río se llama Tigres, y es el que corre al oriente de Asiria. Y el cuarto río es el Eufrates. 15 Yavé tomó, pues, al hombre y lo puso en el jardín de Edén para que lo cultivara y lo cuidara. 16 Y Dios le dio esta orden al hombre: <<Puedes comer de cualquier árbol que haya en el jardín, 17 menos del árbol de la Ciencia del bien y del mal; porque el día que comas de él, morirás sin remedio.>>
18 Después dijo Yavé: <<No es bueno que el hombre esté solo. Haré, pues, un ser semejante a él para que lo ayude.>>
19 Yavé entonces formó de la tierra todos los animales del campo y todas las aves del cielo, y los llevó ante el hombre para que les pusiera nombre. Y cada ser viviente había de llamarse como el hombre lo había llamado.
20 El hombre puso nombre a todos los animales, a las aves del cielo y a las fieras salvajes. Pero no se encontró en ellos un ser semejante a él para que lo ayudara. 21 Entonces Yavé hizo caer en un profundo sueño al hombre y éste se durmió. Y el sacó una de sus costillas, tapando el hueco con carne. 22 De la costilla que Yavé había sacado al hombre, formó una mujer y la llevó ante el hombre. Entonces el hombre exclamó:
23 Esta sí que es hueso de mis
huesos y carne de mi carne.
Esta será llamada varona
Porque del varón ha sido tomada.
24 Por eso el hombre deja a sus padres para unirse a una mujer, y son las dos una sola carne.
25 Los dos estaban desnudos, hombre y mujer, pero no por eso se avergonzaban.

o Después del canto solemne de la creación del universo, que ocupa el primer capítulo del Génesis, la Biblia nos ofrece aquí un relato mucho más antiguo: el Hombre y la Mujer en el jardín del Eden.
Este relato podría compararse a las parábolas de Jesús, en especial a las parábolas del padre que espera la vuelta del hijo pródigo, o del rey que invita a compartir su banquete. Yavé, el Dios Santo, es representado como el propietario de un jardín maravilloso (Eden significa: Delicias) en el que le gusta pasearse cuando declina el calor del día (3,8). No es necesario imaginar un escenario muy grande: aquí solamente están los dos árboles, el Hombre y su compañera. Los animales no hacen más que pasar para someterse al Hombre (es lo que significa su nombramiento en 2,20), y la serpiente-Demonio no necesita mucho espacio, pues viene a cobijarse en el corazón del Hombre. Pero, por muy pequeño que sea el Eden de la pareja humano, lo que ahí sucede determina al final la suerte de la tierra entera. Es así como, al comienzo, la pequeña fuente del Eden es reputada alimentar los grandes ríos del mundo, en especial el Eufrates y el Guijón que distan uno del otro miles de kilómetros.
¿Debemos hablar de Adán o del Hombre? Pues en hebreo Adán significa un ser humano cualquiera. Cuando el término se utiliza como nombre propio, sin el artículo (por ejemplo en 5,1 y 5,3), ponemos Adán. Aquí en cambio la Biblia escribe <<el>> Adán, o sea el Hombre. Recordemos al respecto la palabra del gran biblista Orígenes que, viviendo en el siglo 3, ya escribía: <<En cuanto se refiere a Adán y su pecado, solamente entenderán el sentido profundo de dicha historia quienes sepan que, en idioma hebreo, Adán significa el hombre. En estos párrafos que se presentan como la historia de un tal Adán, Moisés expone su enseñanza sobre la naturaleza humana.>> Es así como Adán figura toda la raza humana: Adán eres tú también.
Este relato tan ingenuo y sencillo está lleno de palabras profundas y de enseñanzas divinos. Fíjense cómo Yavé, buen artesano y gran artista, trabaja la arcilla con sus propias manos, mirando al que todavía no lo conoce y preparándolo para que pueda recibir de su propio soplo aliento y vida. Respecto del aliento o del alma del hombre, ver el párrafo 83 del Indice: La Enseñanza Bíblica.
El hombre vive, pero por gracia de Dios cuyo soplo constantemente lo viene a despertar para que no se duerma ni recaiga ahí de donde surgió, pasando a ser entre los animales un animal más inteligente, más cruel y más desubicado que los otros. Soplo y espíritu son una sola palabra en hebreo: el Espíritu de Dios hace que el Hombre se mantenga en pie. Que si se aparta de él, en pocos minutos o en pocas generaciones vuelve el Hombre al polvo; el Hombre, o sea tú y yo, o la familia, o la sociedad. Por eso los filósofos notan que después del siglo 19 que vio las grandes proclamaciones de la muerte de Dios, el siglo 20 es el de la muerte del hombre, con su desconcierto y desesperación, con las guerras y el hambre generalizado.
El hombre tendrá que devolver a Dios todo lo que recibió de él, entre otros su soplo. Pero esto se refiere tanto a la muerte como a la divinización del Hombre ver el ejemplo de Jesús en Mt 27,50. Dios al crearnos no pensó en la muerte, sino que nos hizo semejantes a él para que algún día, viendo a Dios cara a cara, él pueda reconocerse en nosotros y amarse a sí mismo a través de nosotros, cuando pasemos a ser con él un solo espíritu (1 Cor 6,17).
El Hombre es puesto en el jardín para cultivarlo: la humanidad se va haciendo a sí misma trabajando el mundo. Y tuvo que trabajar durante muchos siglos para madurar y para saber lo que es y lo que puede. Yavé se ausenta y el Hombre se queda entre los árboles. Por una parte está el árbol de la Vida, que el Hombre puede probar mientras está en el jardín, y, al ver cómo le llega la vida, sabe que está en la verdad. Pero también está el árbol de la ciencia del bien y del mal, o sea un conocimiento de sí y del mundo que le sugiere al Hombre adueñarse de todos los frutos de la ciencia, de la técnica, de la economía y del sexo para gozar de lo que a él le parece bueno para ser libre y feliz.
No es bueno que el hombre esté solo (2,18). Dios, que no conoce la soledad, establece la división de los sexos, no porque sea necesaria para transmitir la vida, sino para promover el amor, la entrega mutua y del gozo compartido.
No se encontró entre ellos un ser semejante a él… (2,20). La procesión de los animales nos prepara para descubrir el valor irremplazable de la mujer. Ella será la compañera del hombre y no su servidora, y dios la saca de la costilla porque, de sacarla de otro lugar más arriba o más abajo, uno de los dos se sentiría inferior al otro. No obstante esta enseñanza divina, el pueblo de Israel siempre fue muy machista. Sobre este tema del machismo, ver Mal 2,15; Mt 19,5; Lc 8,1; 1 Cor 7,4; 7,10; Ef 5,31.
Adán se durmió (2,21): para que Dios realizara en él la segunda parte de su creación. Una cosa es existir como individuo; pero vivir como pareja exige de ambos como un renacer.
Y son los dos una sola carne: este modismo hebreo significa que pasan a formar un solo ser.
Estaban desnudos sin vergüenza, o sea que estaban en paz con la naturaleza y con su propio cuerpo. No sentían la rebeldía de sus instintos ni se veían torpes bajo la mirada de Dios.

LA BIBLIA Y LA EVOLUCION

¿Cómo conciliar esta creación del hombre a partir del barro de la tierra con lo que dice la ciencia sobre la evolución de los seres vivos y el origen animal de la raza humana?
Ya dimos una respuesta en el comentario del capítulo anterior en el párrafo La Creación y el hombre moderno. Pero ahora preguntamos: ¿quién escribió esta página de la Biblia? La escribió uno de los sabios que rodeaban al rey Salomón. Ese era el tiempo en que los israelitas recién llegaban a ser una nación. En torno a Salomón, esos primeros literatos de Israel escribían sus primeros libros sagrados.
Precisemos: escribían los primeros libros del pueblo de Israel. Pues desde ya quince o veinte siglos las grandes naciones vecinas de Egipto y de Babilonia tenían su literatura: leyendas, poemas religiosos y proverbios. Los sabios israelitas no empezaban de cero, sino que aprovecharon estas literaturas antiguas.
Allí se contaba cómo los dioses habían creado el mundo, cómo se habían puesto celosos de la felicidad de los humanos, cómo habían traído sobre ellos un diluvio… Los sabios de Salomón tomaron ejemplo de ellos para hablar del hombre y de Dios, pero lo hicieron a su manera. Así, por ejemplo, las leyendas afirmaban que los dioses, celosos del hombre, le habían quitado la planta de la inmortalidad con la ayuda de una serpiente astuta. Los autores de la página bíblica transformaron esta leyenda y, junto con afirmar que el hombre muere por culpa suya, hicieron de la serpiente la figura del demonio…
Podríamos multiplicar los ejemplos. Estas páginas guardaron las figuras y comparaciones de las antiguas leyendas para contestar unas preguntas fundamentales: ¿por qué existimos? ¿Cómo el hombre se encontrará a sí mismo? Pero si nosotros ahora preguntamos, como hace la ciencia: ¿cómo se formó la raza humana y cómo se relaciona con las razas animales? La Palabra de Dios no contiene nada al respecto. Y Dios deja que lo investiguemos con nuestra inteligencia: es lo que hacen los científicos.
Una última observación. Lo grande para nosotros es que cada uno reciba de Dios el espíritu que lo hace persona a imagen de Dios. Y no importa tanto que nuestro cuerpo lo debamos a padres humanos mientras que los primeros hombres federaron el suyo de antepasados animales. Además, afirmamos que la raza humana no ha salido <<por casualidad>> de una anterior raza animal. Dios es el que ha impulsado y orientado toda la evolución de los seres vivos para que aparecieran especies cada vez más perfeccionadas y con un cerebro mejor preparado, para algún día ser capaces de recibir un espíritu humano.

UN MENSAJE PROFETICO

En esta página Dios crea la pareja como una imagen de su propio ser. Más aún, pareciera que todo el orden del mundo depende del éxito de esta pareja: formarán un solo ser. Esta <<Ley del Comienzo>>, como la llama Jesús (Mt 19,8), significa mucho más que la fidelidad en el matrimonio; pues la gran novedad del Evangelio fue de manifestar el misterio de Dios que es generosidad y vida compartida entre el Padre, el Hijo y el Espíritu. De esta fuente salió la creación entera; en especial, los hombres han de superar el egoísmo innato para lograr una comunión cada día más profunda con sus semejantes.
El matrimonio es, para la inmensa mayoría de los hombres, el medio providencial, el sacramento que les permite prepararse para el encuentro definitivo con Dios. Los años de vida en común, los esfuerzos para escuchar y comprender al otro y para tomar juntos todas las decisiones, la capacidad de perdonarse, la firmeza en una fidelidad total del uno al otro, son los medios que transforman la creatura humana frágil y poco responsable y la hacen madurar.
También la creación por Dios de la pareja nos da a entender algo del misterio de Cristo y de su llegada a los hombres como el esposo de la humanidad (Mc 2,19). Del lado de Adán dormido nace Eva; del lado de Cristo muerto en cruz salió sangre y agua (Jn 19,34), lo que significaba el nacimiento de la Iglesia purificada por el agua del bautismo y la sangre de Cristo (Ef 5,26 y 31). Y el modelo de toda pareja será siempre la relación misteriosa que une a Cristo con los que somos su cuerpo, hasta que seamos con él ya no una sola carne (2,24), sino un solo espíritu (1 Cor 6,17).


La tentación y el pecado

3 1 La serpiente era la más astuta de todos los animales del campo que Yavé había hecho, y dijo a la mujer: <<¿Es cierto que Dios les ha dicho: No coman de ninguno de los árboles del jardín?>> 2 La mujer respondió: <<Podemos comer de los frutos de los árboles del jardín, 3 menos del fruto del árbol que está en medio del jardín, pues Dios nos ha dicho: No coman de él ni lo toquen siquiera, porque si lo hacen morirán.>>
4 La serpiente replicó: <<De ninguna manera morirán. 5 Es que Dios sabe muy bien que el día en que coman de él, se les abrirán a ustedes los ojos y serán como dioses y conocerán el bien y el mal.>>
6 La mujer vio que el árbol era apetitoso, que atraía la vista y que era muy bueno para alcanzar la sabiduría. Tomó de su fruto y comió y se lo pasó en seguida a su marido, que andaba con ella, quien también lo comió.
7 Entonces se les abrieron los ojos y se dieron cuenta de que estaban desnudos, y se hicieron unos taparrabos cosiendo unas hojas de higuera.
8 Oyeron después los pasos de Yavé que se paseaba por el jardín, a la hora de la brisa de la tarde. El hombre y su mujer se escondieron, para que Dios no los viera, entre los árboles del jardín. 9 Yavé Dios llamó al hombre y le dijo: <<¿Dónde estás?>> 10 Este contestó: <<Oí tu voz en el jardín y tuve miedo, porque estoy desnudo, por eso me escondí.>> Yavé replicó: 11 ¿Quién te ha hecho ver que estabas desnudo? ¿Has comido acaso del árbol que te prohibí?>> 12 El hombre respondió: <<La mujer que me diste por compañera me dio del árbol y comí.>>
13 Yavé dijo a la mujer: <<¿Qué es lo que has hecho?>>, y la mujer respondió: <<La serpiente me ha engañado y comí.>>

 La amistad sencilla del hombre con Dios se perdió con la desobediencia. El hombre libremente se ha hecho enemigo de Dios, al que debía todo. En adelante la vida del hombre en la tierra será lucha y sufrimiento, pero se le promete la victoria sobre el mal.
El relato distingue tres momentos: la tentación, el pecado y la sentencia. Y para empezar se nos presenta el Tentador, personificado en la Serpiente; éste es el Adversario de Dios, listo para envenenar su obra.
El pecado de Adán es una rebeldía contra Dios: el hombre come a pesar de que Dios había dicho: No comerás. Recordemos que los hebreos usaban la palabra comer para expresar el esfuerzo del que memoriza y repite las sentencias de los sabios. Se comen los frutos de la sabiduría (Pro 9,5; Sir 24,26). El pecado del hombre está en querer adueñarse de una sabiduría que no procede de Dios. Y por sabiduría debemos entender también: dinero, éxito, felicidad y larga vida, como en 1 R 3,11.
Algunos pretenden que el primer pecado fue un pecado sexual. La Biblia no dice nada parecido; al contrario, descubre el pecado de Adán, o sea, de la raza humana en una perversión de la mente: el hombre quiere decidir solo su destino, pero, al apartarse de Dios, corta sus propias raíces y se destruye a sí mismo.
El pecador siempre es engañado. Dos detalles expresan irónicamente la mentira del demonio:
- Se les abrirán los ojos: el hombre pensaba conquistar la Verdad; al despertar no se encuentra trasformado en Dios, sino que se siente desnudo.
- Conocerán el bien y el mal, es decir, decidirán solos lo que les conviene. En realidad, solamente lograrán la experiencia amarga del pecado.
Se dieron cuenta de que estaban desnudos. El hombre pecador se siente mal consigo mismo. El taparrabos o cualquier otro atavío que use para darse una dignidad no bastará para reconciliarlo consigo. Y se ve incapaz de soportar la mirada divina.
Se escondieron a la vista de Dios. El miedo a Dios es la consecuencia del pecado. El hombre pecador se forja una imagen falsa de Dios, como celoso de su libertad. Las fuerzas del Mal mantendrán en la humanidad esa imagen errónea de Dios: un Dios vengativo, envidioso de la felicidad del hombre. Muchas personas <<religiosas>>, en realidad no tienen mucha fe en el Padre de Jesús, pero sí temen a ese Dios falso.
Ya dijimos que Adán representa a toda la raza humana. El pecado de Adán, que quiere decidir solo su destino, es el mismo de nuestra actual civilización. En los últimos siglos, la civilización occidental ha sido llevada adelante por la fe en la capacidad del hombre para resolver todos sus problemas: desarrollo increíble de la ciencia y de la técnica, despegue industrial. Todo esto, que no era malo en sí, estaba viciado en la base por la ilusión de que el hombre se bastaba a sí mismo.

El presente siglo ha visto el fracaso de este humanismo sin Dios: el hombre ya no sabe lo que es, ni cuál es el sentido de su vida. Y no ha construido sino un mundo opresivo. Este fracaso nos recuerda que Dios nos hizo para ser hijos suyos y, desde el momento en que renegamos de nuestra vocación, somos el Adán que va a la muerte.
Otros textos bíblicos referentes a estos temas:
La serpiente antigua: Sap 2,24; Jn 8,44; 2 Cor 11,3; Ap 12,19.
El falso concepto de Dios celoso: Mt 6,7; Job 10,13; Mt 25,24.
La rebeldía contra Dios: Is 14,14; Ez 28,2; Dan 11,36; Lc 15,11; 2 Tes 2,4.
La tentación: Mt 4, 6,26; Sir 15,11; Rom 7,8; 1 Cor 10,13; Stgo 1,13.

ADAN Y EL HIJO PRODIGO

Son muchas las páginas de la Biblia que nos hablan de cómo mira Dios al hombre pecador. La más importante es, a lo mejor, la parábola del Hijo Pródigo: Lc 15,11. Dicha parábola no pretende ilustrar solamente las desgracias y el perdón de un pecador, sino que el hijo pródigo es otra vez el Hombre. Pero, mientras el Génesis hace de Adán un servidor rebelde que Dios, al final, expulsa, en la parábola el Hombre es hijo y, al final, recobra su herencia.
Adán no sabe lo que es para Dios: ¿criatura, servidor, amigo? No sabe qué abismo lo separa de Dios y, por eso, piensa rivalizar con él. Jesús, en cambio, nos enseña a ser hijos y los hijos imitan al Padre (Jn 15,19). Jesús es el Hijo y nos hace hijos: por eso nos libera.


La sentencia de Dios

+ 14 Entonces Yavé Dios dijo a la serpiente:
Por haber hecho esto, maldita seas entre todas las bestias y entre todos los animales del campo. Andarás arrastrándote, y comerás tierra todos los días de tu vida.
15 Haré que haya enemistad entre ti y la mujer, entre tu descendencia y la suya, ésta te pisará la cabeza mientras tú te abalanzarás sobre su talón.><
16 A la mujer le dijo:
<<Multiplicaré tus sufrimientos en los embarazos. Con dolor darás a luz a tus hijos, necesitarás de tu marido, y él te dominará.
17 Al hombre le dijo:
<<Por haber escuchado la voz de tu mujer y comido del árbol que Yo te había prohibido comer: Maldita sea la tierra por tu culpa. Con fatiga sacarás de ella tu alimento por todos los días de tu vida. 18 Espinas y cardos te dará, y comerás la hierba del campo. 19 Con el sudor de tu frente comerás el pan hasta que vuelvas a la tierra, pues de ella fuiste sacado. Porque eres polvo y al polvo volverás.>>
20 El hombre llamó a su mujer <<Eva>> por ser la madre de todo viviente. 21 Yavé Dios hizo para el hombre y la mujer túnicas de piel y los visitó. 22 Después dijo: <<Miren que el hombre ha venido a ser como uno de nosotros, pues se hizo juez de lo que es bueno y malo. No vaya ahora a alargar su mano y tome también del Arbol de la Vida. Pues al comer de este árbol vivirá para siempre.>>
23 Por ello lo echó del jardín del Edén, para que trabajara la tierra de donde había sido formado. 24 Y habiendo expulsado al hombre, puso querubines, al oriente del jardín del Edén, y un remolino que disparaba rayos, para guardar el camino del Arbol de la Vida.

+ La sentencia de Dios indica la situación nueva que resulta del pecado.
El hombre es expulsado del Edén. Así, pues, la vida actual del hombre, que sufre y muere lejos de Dios, no corresponde al proyecto divino. Sin embargo, Dios ha maldecido al demonio y no al hombre. No falló el plan primitivo: el hombre alcanzará su fin y compartirá la felicidad de Dios, pero eso solamente se realizará mediante la redención de Cristo.
El castigo viene de la misma naturaleza, que se rebela contra el hombre. El hombre es la criatura que tiene todo para ser feliz, pero que echa a perder sus más valiosas empresas. Las contradicciones y el sufrimiento acompañan lo que es más grande en la vida de los hombres:
- el dar a luz y educar a los hijos;
- la relación entre los esposos; el más fuerte domina al otro. De ahí viene la explotación de la mujer, que ha sido desde los comienzos <<el más grande proletario del mundo>>. El hombre la trata como un objeto y no como una persona;
- el trabajo, causa de descontento. A unos les trae la riqueza, pero no la verdadera realización de su persona. A otros los hace proletarios.
- No vaya ahora a alargar su mano. Dios quita al hombre la posibilidad que tenía de vivir para siempre. La muerte es la consecuencia normal del pecado: ¡Qué cosa más horrible sería para el hombre acumular los años, siendo cada día más esclavo de sus vicios y de sus limitaciones, más apegado a lo material, más apegado a lo material, más vacío de generosidad y de esperanza! ¿En qué pararía la vida del hombre si no pecara? Seguramente debería salir de este mundo, pero su muerte sería una entre alegre y voluntaria de su vida a Dios, como muerte del hombre pecador es un misterio de miedo y de inseguridad y se presenta como un castigo.
Sin embargo, el gesto de Yavé vistiendo a Adán y a Eva nos recuerda la misericordia de Dios que acompaña y cuida al hombre en las desgracias que este mismo se acarreó.

NO TOMAR TODO AL PIE DE LA LETRA

En el tempo en que se escribieron estas páginas, existían varios cuentos de origen pagano referentes a la situación del hombre en el mundo. En estas leyendas intervenían dioses grandes y pequeños; se hablaba de una serpiente, enemiga del hombre, y de una planta de vida que el hombre no había sabido conquistar.
Es fácil ver que el escritor del presente relato usa estas figuras, pero les da otros sentido. No debemos dar mayor importancia a la sentencia extraña: Miren que el hombre ha venido a ser como uno de nosotros…, en que pareciera que Dios tiene miedo a la competencia que le hace el hombre. El autor no creyó necesario aclarar estas expresiones ambiguas que salían directamente de una leyenda pagana. Asimismo, los querubines con el remolino que disparaba rayos aluden a ciertas figuras que se oponían a la entrada de las ciudades para alejar a los malos espíritus. Aquí estas comparaciones expresan que la humanidad pecadora esta bajo la cólera de Dios (Ef 2,3). Esto quiere decir que los hombres no pueden hallar su felicidad ni tampoco encontrar a Dios, hasta que acepten humildemente a aquél que nos liberó y que es el camino hacia la vida, Jesucristo.

EL PECADO ORIGINAL

Si a uno le enseñaron que por culpa de Adán somos condenados a vivir lejos de Dios y a morir, posiblemente le vendrán dudas. Si a uno le presentaron esta página como un relato histórico, o sea, como la historia del pecado del primer hombre, posiblemente se sentirá desconcertado por las afirmaciones de la ciencia respecto a los orígenes como un relato histórico, o sea, como la historia del pecado del primer hombre, posiblemente se sentirá desconcertado por las afirmaciones de la ciencia respecto a los orígenes del hombre: ¿Cómo atribuir un pecado de tan graves consecuencias al hombre primitivo apenas salido de la animalidad?
En realidad, las nuevas perspectivas abiertas por la ciencia dejan intactas las afirmaciones esenciales de la doctrina tradicional. Cuando hablamos de un pecado original, queremos decir:
1) que nuestros pecados no son los de individuos aislados: los pecados de nuestros mayores y de nuestro ambiente condicionan nuestra libertad desde su despertar.
2) que el ser humano, profundamente marcado por las exigencias de su cuerpo y de sus sentidos, despertados mucho antes que la razón, afirma su personalidad en forma habitual en una negación y rebeldía frente a la Ley de Dios.
3) que la libertad humana encierra un misterio desconcertante para nuestra razón. Somos hechos para participar de la vida íntima de las Personas Divinas, y de nada nos sirve reconocer a un Dios o un Ser Superior mientras no nos entregamos al Padre como hijos suyos. Pero, para alcanzar esta fe y entrega, es necesario que seamos prevenidos por Dios, el que viene personalmente a nosotros mediante su Hijo Unico, Cristo. Nunca somos los que amamos a Dios primero (1 Jn 4,10).
Por eso, entre el momento en que se despierta nuestra razón y libertad, y el momento en que Dios se manifiesta como persona, necesariamente erramos, bien queramos construirnos como personas autónomas, o nos rebelemos frente a un Dios legislador, o nos quedemos apocados y resignados, por temor a usar nuestra libertad.

CRISTO Y EL PECADO DEL MUNDO

Este misterio es el que Pablo trata de aclarar en los capítulos 1-8 de la carta a los Romanos. En ese lugar habla con fuerza del pecado de Adán, no para explicar la universalidad del pecado actual por la falta del primer hombre, sino para realzar la salvación de Cristo: Jesús es la única cabeza verdadera de la raza humana y el que la puede reunir. Al hablar de Adán, Pablo quiere personificar, de alguna manera, toda la humanidad pecadora frente a su Salvador.
Jesús <<repara el pecado de Adán>>, o sea que no viene solamente para reparar una suma de pecados individuales, sino que su cruz y su Resurrección inician en el mundo una corriente de gracia y una solidaridad en el bien que salva a toda la humanidad.
Decimos que el bautismo <<borra el pecado original>>: esto significa que, a partir del bautismo y nuestra integración a la Iglesia, esta corriente de gracia es más poderosa que la del mal que nos rodea.

LA MUJER
LAINMACULADA CONCEPCION

Al hablar de la descendencia de la Mujer, el autor pensaba en la lucha contra el mal de la humanidad, constantemente herida y por fin victoriosa.
Pero, con el tiempo, se destacó más y más la cara de un vencedor, el Hijo del Hombre, protagonista del combate decisivo.
La Mujer es la humanidad, la cual dará a luz al Salvador, a su Salvador, fecundada por la gracia de Dios (Is 45,8). De la Mujer se hablará en Apocalipsis 12. Esta figura se refiere tanto a María como a la Iglesia, pues tanto María como la Iglesia entraron en el desposorio divino: de María como la Iglesia entraron en el desposorio divino: de María nació Jesús; la Iglesia, a su vez, es la madre de todos aquellos que nacen del agua y del Espíritu y pasan a ser como un cuerpo de Cristo más amplio, que se va extendiendo poco a poco a todos los hombres.
Representamos a María aplastando la cabeza de la serpiente para expresar que Dios la preservó del mal que afecta a nuestra raza. Más todavía: para ella Dios no quiso que mediara, entre el primer instante de su concepción y la primera manifestación de Dios Padre, este lapso de tiempo en que la libertad humana anda ciega. Desde el principio, El la previno con la plenitud de su gracia para que toda su vida se ordenara y madurara según la perfección del espíritu filial. Este privilegio de María es lo que llamamos su Inmaculada Concepción.
María es la criatura perfecta, inseparable del Hijo de la mujer, Jesucristo, que Dios puso al lado de una masa de pecadores a los que ella debía socorrer. Una Mujer (Jn 2,4; 19,26) es el modelo de todos aquellos que serán salvados. Esta es la nueva Eva y la Madre de los discípulos de Jesús (Jn 19,26).


Caín y Abel

4 1 El hombre se unió a <<Eva>>, su mujer, la cual quedó embarazada y dio a luz a Caín, pues decía: <<Gracias a Yavé he podido tener un hijo.>>
2 Después dio a luz al hermano de Caín, Abel. Abel fue pastor de ovejas y Caín labrador.
3 Pasando algún tiempo, Caín presentó a Yavé una ofrenda de los frutos de la tierra. 4 También Abel le hizo una ofrenda, sacrificando los primeros nacidos de sus rebaños y quemando su grasa.
5 A Yavé le agradó Abel y su ofrenda, mientras que le desagradó Caín y la suya. Caín entonces se enojó mucho y su rostro se descompuso. 6 Yavé le dijo: <<¿Por qué te enojas y vas con la cabeza agachada? Si tú obras bien, tendrás la cabeza levantada. 7 En cambio, si haces mal, el pecado está agazapado a las puertas de tu casa. El te acecha como fiera que te persigue, pero tú debes dominarlo.>>
8 Caín dijo después a su hermano <<Vamos al campo.>> Y cuando estuvieron en el campo, Caín se lanzó contra Abel y lo mató.
9 Yavé dijo a Caín: <<¿Dónde está tu hermano Abel?>> Y él respondió: No lo sé; ¿soy acaso el guardián de mi hermano?>>
10 Entonces Yavé le dijo: <<¿Qué has hecho? Habla la sangre de tu hermano y desde la tierra grita hasta mí. 11 Por lo tanto, maldito serás, y vivirás lejos de este suelo fértil que se ha abierto para recibir la sangre de tu hermano, que tu mano derramó. 12 Cuando cultives la tierra, no te dará frutos. Andarás errante y vagabundo sobre la tierra.>>
13 Caín dijo a Yavé: <<Mi culpa es demasiado grande para soportarla. 14 Ya que tú me arrojas de esta tierra tendré que ocultarme de tu presencia y andar errante y fugitivo, vagando sobre la tierra, y cualquiera que me encuentre me matará.>> 15 Yavé le dijo: <<No será así. Si alguien te mata, yo te vengaré siete veces.>> Y Yavé puso una señal a Caín para que no lo matara el que lo encontrara. 16 Caín salió de la presencia de Yavé y habitó en el país de Nod, al oriente del Edén.

 La historia de Caín, igual que la del Paraíso terrenal, no es un relato histórico, sino un cuento religioso que nos enseña, a modo de comparación, el fondo de la condición humana. Nos descubre la violencia como factor decisivo de nuestra historia. Sus primeras víctimas son los que, como Abel, agradan a Dios (4,5). La sangre derramada clama a Dios (4,10), el que hace justicia a su manera, no como hacemos nosotros, vengativos y violentos (4,15).
La historia de Caín, al comienzo, no tenía nada que ver con la de Adán y Eva ni con su descendencia. El escritor bíblico que la recogió y la colocó en este lugar, la relacionó con lo anterior, haciendo de Caín, en forma ficticia, el hijo de Adán. (Así, pues, no cabe lugar para las preguntas tontas sobre con quién se casaron Caín y Abel: la Biblia no pretende contar los primeros pasos de la raza humana).

Esta era como la historia nacional de la tribu de los caínitas (o Quenitas: Jue 1,16; 4,17), que pasaron a integrarse en Israel. Como sucede en numerosas leyendas antiguas, Caín, el fundador de la tribu, había dado muerte a su hermano que, como tal, era su rival, pues ésta era la condición para que hubiera autoridad y ley. Luego nació una sociedad con oficios diferenciados (w. 19-22); luego, Lamec se hace el portavoz del orgullo nacional (v. 23): el pueblo sabrá desquitarse de sus agresores.

El escritor bíblico, al recoger esta leyenda, le dio otro cariz y puso el diálogo de Dios con Caín, que juzga esta violencia: <<Tú pretendías hacer justicia: ¡Equivocado! has cometido un crimen.>> Es como decimos: <<Ustedes que pretendes servir los intereses sagrados de la nación, ¿hasta cuándo eliminarán y expulsarán a quienes no están de acuerdo?>>.

Abel es, en la Biblia, el primero y el modelo de los inocentes asesinados, con esta sospecha de que los eliminaron por ser justos (Mt 23,35; Heb 11,4; Jn 8,44; 1 Jn 3,12).


Los hijos de Caín. Set

+ 17 Y Caín tuvo relaciones con su mujer, la cual dio a luz un hijo que llamó Henoc. Construyó una ciudad y la llamó Henoc, del nombre de su hijo. 18 Con el tiempo a Henoc le nació un hijo, que llamó Irad. Irad fue padre de Mavael, Mavael padre de Matusael y éste de Lamec.
19 Lamec tuvo dos mujeres: Ada y Sella. Ada dio a luz a Jabel. 20 Este fue el padre de los que habitan en cabañas y cuidan rebaños. 21 Tuvo un hermano llamado Jubal; éste fue el padre de los que tocan la cítara y la flauta.
22 Sella, por su parte, dio a luz a Tubal-Caín; ése es el que forja toda clase de herramientas de cobre y de hierro. La hermana de Tubal-Caín se llamaba Nohema.
23 Dijo, pues, Lamec a sus mujeres Ada y Sella: <<Escúchenme ustedes, mujeres de Lamec, pongan atención a mis palabras: yo he muerto a un hombre por la herida que me hizo y a un muchacho por un moretón que recibí. 24 Si Caín ha de ser vengado siete veces, Lamec ha de serlo setenta y siete veces.>>
25 Adán tuvo todavía relaciones con su mujer, la cual dio a luz un hijo a quien llamó Set, pues decía: <<Dios me ha concedido otro retoño en lugar de Abel, muerto por Caín.>>
26 A Set también le nació un hijo, al que le puso el nombre de Enós; él fue el primero que invocó a Yavé por su nombre.

+ Los autores sagrados incluyeron entre los orígenes del mundo y el comienzo de su propia historia (el llamado a Abraham) lo que sabían del pasado de la humanidad. Lo sabían a su manera, por tradiciones y leyendas.

Descendencia de Adán

5 1 Esta es la descendencia de Adán. En el día en que Dios creó al hombre, a semejanza de Dios lo creó. 2 Lo creó macho y hembra, los bendijo y les puso el nombre de Adán, es decir, Hombre.
3 Tenía Adán ciento treinta años de edad cuando tuvo un hijo a imagen y semejanza suya a quien llamó Set. 4 Después que le nació Set, Adán vivió ochocientos años y tuvo más hijos e hijas. 5 Con lo que toda la vida de Adán fue de novecientos treinta años y murió.
6 Tenía Set ciento cinco años cuando fue padre de Enós. 7 Set después que tuvo a Enós vivió ochocientos siete años y tuvo más hijos e hijas.
8 O sea, que Set murió a la edad de novecientos doce años.
9 Tenía Enós noventa años cuando fue padre de Cainán. 10 Después de que nació Cainán vivió ochocientos años y tuvo más hijos e hijas. 11 Enós, pues, tenía novecientos cinco años cuando murió.
12 Tenía Cainán setenta años cuando fue padre de Malael y, después de que nació Malael, 13 vivió Cainán ochocientos cuarenta años y tuvo más hijos e hijas. 14 Esto quiere decir que Cainán murió a los novecientos diez años.
15 Tenía Malael setenta y cinco años cuando fue padre de Jared y 16 después de que nació Jared, vivió ochocientos treinta años y tuvo más hijos e hijas. 17 Malael dejó de existir a los ochocientos noventa y cinco años.
18 Tenía Jared ciento sesenta y dos años cuando fue padre de Henoc. 19 Y vivió Jared después del nacimiento de Henoc ochocientos años y tuvo más hijos e hijas. 20 Jared expiró cuando cumplía novecientos sesenta y dos años.
21 Tenía Henoc sesenta y cinco años cuando fue padre de Matusalén. 22 Henoc anduvo con Dios y vivió después del nacimiento de Matusalén trescientos años y tuvo más hijos e hijas. 23 Con lo que toda la vida de Henoc fue de trescientos sesenta y cinco años. 24 Henoc anduvo con Dios y desapareció porque Dios se lo llevó.

o 25 Matusalén tenía ciento ochenta y dos años cuando fue padre de Lamec. 26 Y después que nació Lamec, Matusalén vivió setecientos ochenta y dos años y fue padre de más hijos e hijas.
27 Cuando Matusalén murió tenía novecientos sesenta y nueve años. 28 A la edad de ciento ochenta y dos años Lamec fue padre de un hijo 29 y le puso por nombre Noé, pues pensó: <<Este nos servirá de consuelo en medio de nuestro trabajo y del cansancio de nuestras manos, debido a la tierra que maldijo Yavé.>> 30 Vivió Lamec, después de que le nació Noé, quinientos noventa y cinco años, y fue padre de más hijos e hijas. Y cuando cumplía setecientos setenta y siete años, murió.

o ¡Matusalén vivió novecientos sesenta y nueve años! Los israelitas creyentes que escribieron esta página pensaban que sus lejanos antepasados eran mejores que sus contemporáneos. Pensaban que por haber sido mejores debían ser premiados con una vida muy larga. Varias cifras son simbólicas: notemos al paso las cifras 777 y 365. Estas listas de antepasados daban a la gente de aquel tiempo alguna idea del tiempo y de la historia; pero no por eso dejan de ser leyendas. No tomemos todo esto al pie de la letra.
Dentro de esta nómina leyendaria de los antepasados de la humanidad aparece la figura de Henoc, el justo, que Dios lleva al cielo, al igual que Elías (2 Reyes 2).