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Cartas de Juan

CARTAS DE JUAN


LA PRIMERA CARTA DE JUAN

Inseparable de su Evangelio, nos recuerda que el camino cristiano es el de una divinización, y con esto podría fortalecer a muchos que dudan. Así, por ejemplo, un joven universitario educado en la fe explica cómo llegó a ser militante marxista: <<Yo quería amar más eficazmente a mis compañeros>>.
Otro declara: <<La fe es útil para los que todavía no tienen la visión verdadera de las cosas que nos proporciona la ciencia moderna>>.
Otro busca en doctrinas orientales el medio de superar los placeres engañosos de la vida y <<entrar en comunión con lo infinito>>.
Estos tres ejemplos parecen decir que la fe, por hermosa y respetable que sea, es limitada; y que habría algo en el hombre que Cristo no satisface. Por el contrario, en esta primera carta, Juan afirma: al tener al Hijo de Dios, ustedes están en la verdad total, andan en el amor verdadero, están en comunión con Dios mismo.
Pero quizá nos engañamos a nosotros mismos cuando pretendemos estar en Cristo. Y por eso Juan precisa los criterios, las condiciones que nos permiten verificar si realmente andamos en la luz y vivimos en el amor.
De este modo, la primera carta de Juan completa su Evangelio, en el que había demostrado que al creer o no en Cristo tomamos la decisión más importante de la vida humana.
En esta carta se pueden reconocer tres partes:
- andar en la luz, 1,5-2,29;
- vivir como hijos de Dios, 3,1-4,6;
- Dios-Amor es fuente del amor, 4,7-21, y fuente de la fe, 5.


o 1 1 Lo que existía desde el principio, lo que hemos oído,
lo que hemos visto con nuestros ojos.
Lo que hemos mirado y nuestras manos han palpado
acerca del Verbo que es Vida.
2 La Vida se dio a conocer,
la hemos visto y somos testigos,
y les anunciamos la Vida Eterna.
Estaba con el Padre, y se nos apareció.
3 Lo que hemos visto y oído se lo damos a conocer,
para que estén en comunión con nosotros,
con el Padre y con su Hijo Jesucristo.
4 Y les escribimos esto para que tengan alegría perfecta.


o Juan no narrará milagros, ni revelaciones, ni secretos celosamente guardados por algunos iniciados. La verdad que él nos cuenta es a la vez más sencilla y más divina que todo esto: Dios, vida eterna, ha venido a convivir con los hombres. El Verbo: ver Jn 1,1.
En el tiempo de Cristo y de los apóstoles, el mundo romano era agitado por profundas inquietudes religiosas; y de Asia, la provincia donde vivía Juan, salían numerosas religiones y doctrinas que procuraban satisfacer la sed de verdad y de amor de los hombres. Juan opone a todas esas teorías la certeza del testigo: nosotros hemos tocado y visto.
La comunicación, es decir, la unión íntima de todos con Dios y con Cristo, vivida en una profunda alegría, esto es la Iglesia.


Andar en la luz

+ 5 Nosotros oímos, de él mismo, su mensaje
y se lo anunciamos a ustedes:
Que Dios es Luz y que en él no hay tinieblas.
6 Si decimos que estamos en comunión con él
mientras andamos en tinieblas,
somos unos mentirosos y no andamos conforme a la Verdad.
7 En cambio, si nuestra vida es Luz,
y si andamos en la Luz, como él está en la Luz,
estamos en comunión unos con otros,
y la sangre de Jesús, Hijo de Dios, nos purifica de todo pecado.
8 Si decimos: <<Nosotros no tenemos pecado>>,
nos engañamos a nosotros mismos:
y la Verdad no está en nosotros.
9 Si confesamos nuestros pecados,
El, por ser fiel y justo, nos perdonará nuestros pecados,
y nos limpiará de toda maldad.
10 Decir que no hemos pecado, sería afirmar que Dios miente:
entonces su palabra no estaría en nosotros.


+ Andar en la luz: esto es la vida del cristiano.
Más allá de las diferentes verdades que descubren los hombres, hay una luz que es la verdad total. Esta no se divide: uno está o no está en la luz. No se trata de puros conocimientos; es el hombre total el que actúa, vive, anda en la luz. La fe da la luz y nos libera de muchas trabas:
- La visión parcial del no creyente que no logra respetar los diferentes valores: por ejemplo, al buscar el orden, desconoce el ansia de justicia, o al luchar por la justicia atropella los derechos de su prójimo.
- La inquietud del que no tiene norte y acalla sus propias dudas lanzándose a una actuación desenfrenada.
- Los sectarismos que impiden ser <<hermano universal>>.
La Iglesia nos hace adquirir una visión global del hombre total. Esta es una de las riquezas que el cristiano, sobre todo el militante, debe compartir con sus compañeros.
Primer criterio para saber si andamos en la luz: ¿nos apartamos del pecado? Para entender bien lo que dice Juan, es preciso saber que quiere rebatir a algunos <<falsos profetas>>, que decían: <<Por el hecho de ser cristianos permanecemos unidos a Dios; entonces no importan los pecados que puede cometer el cuerpo>>. Juan afirma que, si uno se decide por Dios, no puede seguir entregándose al pecado. Es cierto que nadie está sin pecado; todos necesitamos de la salvación de Cristo; al confesar el pecado somos perdonados; pero el mismo perdón nos obliga más a dejar el pecado.
Juan nos invita a confesar a Dios nuestros pecados, es decir, a reconocerlos humildemente ante él, confiados en su bondad. Si no hubiera esta actitud, el sacramento de la <<confesión>> no tendría valor. Pero, al revés, confesar nuestras culpas en el sacramento de la penitencia ayuda fuertemente a tener el corazón abierto ante Dios.


Cumplir el mandamiento del amor

2 1 Hijitos míos, les escribo para que no pequen.
Pero si alguien peca, tenemos un abogado ante el Padre:
es Jesucristo, el Justo.
2 El es la víctima por nuestros pecados,
por los pecados nuestros y de todo el mundo.
3 Miren en qué conoceremos que lo conocemos a él:
si cumplimos sus mandatos.
4 Si alguien dice: <<Yo lo conozco>>, y no cumple sus mandatos,
es un mentiroso y la Verdad no está en él.
5 Mas el que guarda su palabra, ése ama perfectamente a Dios.
6 Vean en qué conoceremos que estamos en Jesucristo;
el que dice: <<Yo permanezco en él>>,
debe portarse como él se portó.
7 Hijos muy queridos, no les escribo un nuevo mandamiento,
sino que les recuerdo el mandamiento antiguo,
ese mismo que tenían desde el comienzo.
Este mandamiento antiguo es la palabra que han oído.
8 Y, sin embargo, se lo doy como mandamiento nuevo
porque fue realmente novedad en Jesucristo
y tiene que serlo también en ustedes,
porque las tinieblas se van apartando y ya brilla la luz verdadera.
9 Si alguien pretende estar en la luz y aborrece a su hermano,
está todavía en tinieblas.
10 El que ama a su hermano permanece en la luz
y no hay en él causas de tropiezo.
11 En cambio, quien odia a su hermano está en las tinieblas
y anda en tinieblas sin saber a dónde va,
pues las tinieblas lo han cegado.
12 Hijitos, les he escrito porque ya recibieron el perdón de sus pecados
por el Nombre de Jesús.
13 Padres, les escribo porque ya conocen al que es desde el principio.
Jóvenes, les escribo, porque han vencido al Malo.
14 Hijitos, les escribo porque ya conocen al Padre.
Padres, les he cristo porque conocen al que es desde el principio.
Jóvenes, les he escrito porque son fuertes
y la Palabra de Dios permanece en ustedes
que ya han vencido al Malo.


 Segundo criterio de amor a Dios: cumplir los mandamientos, los cuales se resumen en la claridad. ¿Pretendemos acaso conocer a Cristo y ser creyentes? Esto se debe medir según el amor que tengamos a nuestros hermanos. Mandamiento antiguo, es decir, el primero que aprendimos en la Iglesia; mandamiento nuevo, porque el mundo debe descubrir continuamente y en nuevos campos lo que puede el amor.

o 15 No amen al mundo ni lo que hay en él.
Si alguno ama al mundo, en ése no está el amor de Padre.
16 Pues toda la corriente del mundo es:
codicia del hombre carnal, ojos siempre ávidos
y gente que ostenta su superioridad.
Eso no viene del Padre sino que viene del mundo.
17 Pasa el mundo y toda su codicia,
mas el que hace la voluntad de Dios permanece para siempre.


o Tercer criterio: no amar al mundo. Notemos cómo Juan empieza por alegrarse con sus lectores porque conocen al Padre. No se trata de aborrecer al mundo que Cristo vino a salvar (ver comentario de Jn 3,17). Pero tenemos que reconocer en el mundo una corriente mala que viene del Malo. El mundo, según Juan, es la vida engañosa que protagonizan los hombres cuando dejan de buscar la voluntad del Padre, y se oponen a Cristo. En el mundo presente, y también en las personas, dos fuerzas conviven opuestas una a otra: lo que viene del Padre y que no pasará, y lo que fue proyectado y deseado por el hombre en los momentos en que olvidaba su condición y dignidad de hijo de Dios; codicia y soberbia que lo llevan a la muerte.
Hay algo más en esto de no amar al mundo. Aunque es bueno todo lo que viene de Dios: la luz del sol, el amor, lo que sale de la inteligencia y de las manos del hombre, sin embargo, toda la creación no vale nada si la comparamos con Dios.
Mientras consideramos el mundo como el gran regalo que Dios nos hizo y nos sentimos responsables ante él de su progreso y desarrollo, el mundo es bueno para nosotros. Pero tan pronto como lo consideramos como cosa nuestra, lo usamos o descuidamos a nuestro antojo, o pretendemos cambiarlo solos con la fuerza, se vuelve nuestro peor enemigo, ídolo que nos esclaviza, y campo de rivalidades. El cristiano se compromete en el mundo (primer caso), pero no con el mundo (segundo caso). Guarda su libertad de hijo de Dios, o deja de serlo por amor al mundo.


Rechazar al Anticristo

 18 Hijitos míos, es la última hora,
y se les dijo que llegaría un Anticristo;
pero ya han venido varios anticristos,
por donde comprobamos que ésta es la última hora.
19 Ellos salieron de entre nosotros mismos,
aunque realmente no eran de los nuestros.
Si hubieran sido de los nuestros
se habrían quedado con nosotros.
Al salir ellos, vimos claramente
Que entre nosotros no todos eran de los nuestros.
20 Pero ustedes tienen esa Unción que viene del Santo,
de manera que todos poseen la verdadera sabiduría.
21 Les escribí, no porque les falte conocer la verdad,
sino porque ya la conocen
y las mentiras no tienen nada en común con la Verdad.
22 ¿Y quién es el mentiroso sino el que niega que Jesús es el Cristo?
Este es el Anticristo, que niega a la vez al Padre y al Hijo.
23 El que niega al Hijo, también niega al Padre,
y quien reconoce al Hijo, también reconoce al Padre.
24 Que permanezca en ustedes lo que oyeron desde el principio.
Si permanece en ustedes lo que oyeron desde el principio,
también ustedes permanecerán en el Hijo y en el Padre.
25 Y esta es la promesa que él mismo prometió: la Vida eterna.
26 Les escribo esto pensando en aquellos que tratan de desviarlos.
27 En ustedes, sin embargo, permanece esa Unción
que recibieron de Jesucristo,
y no necesitan de que alguien les enseñe.
Pues esta Unción que de él viene les enseña todas las cosas,
y les habla la verdad y no la mentira.
Permanezcan en él, guardando lo que les ha enseñado.
28 Y ahora, hijitos, permanezcan en él,
para que tengamos confianza cuando aparezca en su Gloria
y no sintamos vergüenza ante él cuando venga.
29 Ustedes saben que él es el Justo;
reconozcan entonces que quien obra la justicia, ése ha nacido de Dios.


 Cuarto criterio: para estar seguros de andar en la luz debemos rechazar al Anticristo, es decir, guardar firme la fe y lo que la fe enseña. Los creyentes del tiempo de Juan sabían que en vísperas de la venida gloriosa de Cristo se presentaría un Anticristo. Juan dice: ya es anticristo el que niega que Jesús se el Cristo. Basta leer esta Carta para precisar: negar a Cristo es negar que sea Dios igual al Padre. La insistencia de Juan se justifica frente a tantos cristianos de ayer y de hoy que niegan que Cristo sea igual al Padre.
El Espíritu les ha de enseñar todo. Juan, al escribir esto, pensaba en los profetas que animaban y enseñaban a las iglesias de su tiempo: con sus palabras inspiradas, el Espíritu enseñaba a la comunidad (ver Hechos 14,21; y 1 Tes 5,19). Ahora también, el Espíritu mantiene en la verdad y enseña los criterios de la verdad al que comparte la vida de la Iglesia; pero no debemos pensar que enseña todo a cada uno individualmente.
Ustedes tienen esta Unción que viene del Santo. Juan dice que los cristianos hemos recibido de Dios una unción. No quiere hablar solamente de la unción con crisma que se da en el bautismo y en la confirmación. Cristo quiere decir precisamente <<ungido>>, no ungido con aceite, ni siquiera con óleo consagrado, sino ungido y como empapado con el Espíritu Santo de Dios, su Padre. Juan dice: ustedes, los cristianos, han recibido la misma unción, el mismo Espíritu que les da a entender todo lo referente a la fe, toda la verdad; no la vayan a perder.


o 3 1 Vean qué amor singular nos ha dado el Padre:
que no solamente nos llamamos hijos de Dios,
sino que lo somos,
y por eso el mundo no nos conoce
porque no lo conoció a él.
2 Amados, desde ya somos hijos de Dios
aunque no se ha manifestado lo que seremos al fin.
Pero ya lo sabemos: cuando él se manifieste en su Gloria
Seremos semejantes a él, porque lo veremos tal como es.
3 Cuando uno funda en él esta esperanza,
procura ser limpio como él esta esperanza,
procura ser limpio como él es limpio.
4 En cambio, si uno peca, demuestra ser un rebelde:
todo pecado es rebeldía.
5 Ustedes saben que Jesucristo vino para quitar nuestros pecados:
entonces en él no cabe el pecado,
6 y quien en él permanece no peca;
quien peca no lo ha visto ni conocido.


o Aquí empieza la segunda parte de la Carta: somos hijos de Dios y debemos vivir como tales. ¿Cómo comprobar que somos hijos de Dios? Con los mismos criterios que ya encontramos: romper con el pecado, guardar el mandamiento del amor, proclamar nuestra fe. Somos llamados hijos de Dios y lo somos de verdad: no es una palabra bonita, es una realidad.
Seremos semejantes a él. En igual forma que lo hace Pablo en 1 Cor 13, Juan afirma que seremos semejantes a Dios al compartir su amor y su conocimiento. Vale para nosotros lo que se manifestó en la transfiguración de Cristo (Mc 9): después de la vida sufrida que llevamos, como Cristo, el universo descubrirá cuáles son y qué son realmente los hombres hijos de Dios (Rom 8,19).
Cuando alguien espera de él tal cosa. Un día el Señor preguntaba familiarmente a Santo Tomás de Aquino: <<¿Qué esperas de mí por todos tus servicios?>> El contestó: <<Nada, Señor, sino a ti mismo>>.
Ya que no esperamos una recompensa inferior a Dios mismo, no hay exigencia de la fe que sea inútil. La vida que tendremos, semejantes a Dios, es cosa tan grande que el sacrificio de Cristo no estaba de más. Por mucho que nos purifiquemos de nuestros pecados y defectos, y por más que Dios nos purifique por los medios que él sabe usar con cada uno, nunca pagaremos caro el acceso a nuestra nueva casa.

Los que han nacido de Dios no pecan. Parece exagerado, pero ser hijos de Dios no es algo de fantasía: realmente hemos empezado una vida en la verdad y en el amor. Al que tiene esa vida se le hace imposible cometer el verdadero pecado: negarse decididamente a amar, a perdonar o a seguir luchando. Un padre no deja que rapten a su hijo, así Dios no deja que sus hijos vuelvan a ser esclavos del demonio y del pecado. Se lo recordamos y pedimos en el Padrenuestro: <<No nos dejes caer en tentación>>.


+ 7 Hijitos míos, no se dejen extraviar:
los que practican la justicia, ésos son justos, como Jesucristo es justo.
8 En cambio, quienes pecan pertenecen al Diablo,
porque el Diablo es pecador desde el principio:
Pero el Hijo de Dios ha vencido para deshacer las obras del Diablo.
9 Los que han nacido de Dios no pecan
porque permanece en ellos la semilla de Dios.
10 Los hijos de Dios y los del Diablo se reconocen en esto:
el que no obra la justicia no es de Dios,
y tampoco el que no ama a su hermano.
11 Pues se les enseñó desde el principio
que se amen los unos a los otros.
12 No imitemos a Caín, que mató a su hermano,
porque era del Maligno.
¿Por qué lo mató?
Porque él hacía el mal mientras su hermano hacía el bien.
13 No se extrañen, hermanos, de que nos odie el mundo,
14 pues al amar nosotros a nuestros hermanos
comprobamos que hemos pasado de la muerte a la vida.
15 El que no ama, permanece en la muerte.
El que odia a su hermano, es un asesino;
y, como lo saben ustedes,
en el asesino no permanece la Vida eterna.
16 El (Jesucristo) sacrificó su vida por nosotros
y en este hemos conocido el amor;
así, también nosotros debemos dar la vida por nuestros hermanos.
17 Cuando alguien goza de las riquezas de este mundo,
y viendo a su hermano en apuros le cierra su corazón
¿cómo permanecerá el amor de Dios en él?
18 Hijitos, no amemos con puras palabras y de labios afuera,
sino verdaderamente y con obras.
19 Esto nos dará la certeza de que somos de la verdad
y se tranquilizará nuestra conciencia delante de él
20 cada vez que nuestra conciencia nos reproche,
porque Dios es más grande que nuestra conciencia
y lo conoce todo.
21 Y si nuestra conciencia no nos condena, queridos,
acerquémonos a Dios con todo confianza.
22 Entonces, cualquier cosa que pidamos,
Dios nos escuchará, 23 ya que guardamos sus mandatos
y procuramos hacer lo que es de su agrado.
Su mandato es que creamos en el nombre de su Hijo Jesucristo
y que nos amemos los unos a los otros,
tal como él nos tiene ordenado.
24 El que guarda sus mandatos permanece en Dios y Dios en él.
Y por el Espíritu que Dios nos ha dado
sabemos que él permanece en nosotros.


+ Guardar el mandamiento del amor es el distintivo de los hijos de Dios.
La mayoría de los hombres se han acostumbrado a pensar que el mundo se divide en dos bandos opuestos. Uno mira en cada hombre a un explotador o a un explotado. Otro no conoce sino progresistas y conservadores. Otros, a blancos y negros. Juan nos dice cuál es la frontera que divide a la humanidad: los que aman y los que no aman. Por ubicarse en el campo de quienes aman, el creyente será perseguido. No le perdonarán el que no comparta los odios y sectarismos de sus compañeros o de su pueblo.
El que odia a su hermano es un asesino. Todo asesinato y toda matanza surge de muchos odios. Cuando la guerra devasta repentinamente un país, se debe a que muchos guardaron malos pensamientos contra sus semejantes, y otros todavía más numerosos, no quisieron sacrificarse para arreglar las dificultades y las tiranteces.

El amor nos acerca a Dios antes que a nadie. Será un signo de que vivimos como hijos de Dios si, a menudo y con gusto, miramos a Cristo: Deben sentirse seguros en presencia de él.

Si la conciencia nos reprocha algo, Dios es más grande que nuestra conciencia. Posiblemente, Juan quiere decir que sólo Dios conoce lo más profundo del hombre. Mejor que nosotros mismos nos puede juzgar, y nos juzga con un amor que a nosotros nos falta. Así, pues, no debemos guardar amarguras por nuestras culpas pasadas ni vivir angustiados. Después de un pecado hay que imitar a Pedro, no a Judas.

Creer en el Nombre (3,23): o sea, en la divinidad de Jesús.


No crean a todos los inspirados

4 1 Queridos míos, no se fíen de cualquier inspiración.
Examinen los espíritus para ver si vienen de Dios,
Porque muchos falsos profetas andan por el mundo.
2 El que reconoce que Cristo Jesús se hizo hombre,
habla de parte de Dios.
En esto reconocerán al que Dios inspira.
3 En cambio, si un inspirado no reconoce a Jesús,
ése no habla de parte de Dios,
sino que habla como el Anticristo.
Les fue dicho que vendría el Anticristo,
pero ya está en el mundo.
4 Ustedes, hijitos, son de Dios,
y ya tienen la victoria sobre esa gente,
porque el que está en ustedes
es más poderoso que el que está en el mundo.
5 Ellos son del mundo y los inspira el mundo,
y los del mundo los escuchan.
Nosotros somos de Dios y nos escuchan los que conocen a Dios,
6 pero aquellos que no son de Dios, no nos hacen caso.
Así reconocerán al Espíritu de la verdad
y también al espíritu del error.


Juan destacó el papel importante del Espíritu Santo para guiarnos en la verdad. Nunca el Espíritu conduce fuera de la verdad de Cristo, que se halla en las palabras de los apóstoles, que la Iglesia guarda y proclama. Nunca el Espíritu está contra Cristo. Jamás el Espíritu habla contra la Iglesia. Cuando en una parte de la Iglesia no se ven amor ni obras del Espíritu, debemos pensar que es infiel a Cristo. Pero cuando los que se dicen inspirados y <<profetas>> no se conforman a la fe de la Iglesia, es que ya no los inspira el Espíritu de Cristo.
El Espíritu habla en la Iglesia y nos hace permanecer en la fe. Los que obedecen al Espíritu <<han vencido>> las ilusiones y errores propios de los inspirados, que creen solamente en su propia inspiración. Así, el creyente se siente más fuerte que los que crean teorías a la medida de la sola razón humana.


Dios-Amor es fuente de amor

 7 Queridos míos, amémonos los unos a los otros,
porque el amor viene de Dios.
Todo el que ama ha nacido de Dios y conoce a Dios.
8 El que no ama, no ha conocido a Dios, pues Dios es amor.
9 Envió Dios a su Hijo Unico a este mundo
para darnos la Vida por medio de él.
10 Así se manifestó el amor de Dios entre nosotros.
No somos nosotros los que hemos amado a Dios
sino que él nos amó primero
y envió a su Hijo como víctima por nuestros pecados:
en esto está el amor.
11 Queridos, si tal fue el amor de Dios,
también nosotros debemos amarnos mutuamente.
12 Nadie ha visto nunca a Dios,
pero si nos amamos unos a otros, Dios permanece en nosotros,
y su amor se dilata libremente entre nosotros.
13 Dios nos ha comunicado su Espíritu;
con esto comprobamos que permanecemos en Dios
y él en nosotros.
14 Nosotros mismos hemos visto,
y declaramos que el Padre envió al Hijo para salvar al mundo.
15 Si alguien reconoce que Jesús es el Hijo de Dios,
Dios permanece en él, y él en Dios.
16 Nosotros hemos encontrado el amor de Dios
presente entre nosotros, y hemos creído en su amor.
Dios es amor.
El que permanece en el Amor, en Dios permanece,
y Dios en él.
17 En nosotros el amor alcanza su perfección
cuando miramos con confianza al Día del Juicio,
por ser ya en el mundo tal como es El.
18 En el amor no hay temor.
El amor perfecto echa fuera al temor,
pues el temor mira al castigo.
Mientras uno teme no conoce el amor perfecto.
19 Entonces amémonos nosotros, ya que él nos amó primero.
20 El que dice: <<Yo amo a Dios>>, y odia a su hermano,
es un mentiroso.
¿Cómo puede amar a Dios, a quien no ve,
si no ama a su hermano, a quien ve?
El mismo nos ordenó:
21 el que ame a Dios, ame también a su hermano.


 Aquí empieza la tercera parte de la carta: Dios-Amor es fuente del amor y de la fe. Dios es Amor. Lo repite dos veces. No somos nosotros los que primero amamos a Dios. El nos amó primero. Lo pusimos por Jesús, en él lo vimos. Nos amamos entre nosotros, precisamente por el gran amor que él nos dio.

Aquí está la respuesta a los que ambicionan un saber más elevado que la fe, un compromiso más eficaz que el compromiso cristiano; Dios es amor y se dio a conocer en un acto de amor. No hay mayor fuente de dinamismo que creer en ese amor. Es imposible procurar el reino de Dios con algo más eficaz que el amor.
Se justifica la vida que se entrega para servir con cariño a algunos abandonados, enfermos, ancianos inútiles para la sociedad. Se justifica una vida que se aparta de la vida común para dedicarse totalmente a la oración y al amor más íntimo para con Dios. Se justifican los esfuerzos humildes y diarios para poner más amor donde vivimos.


De Dios viene la fe

o 5 1 Si alguien cree que Jesús es el Enviado,
ése ha nacido de Dios;
el que ama al Padre ama también a todos los hijos de ese Padre.
2 Cuando amamos a Dios y cumplimos sus mandatos
3 tenemos la certeza de que amamos a los hijos de Dios.
4 Porque guardar los mandatos es amar a Dios;
en realidad, sus mandatos no son difíciles,
porque todo hijo nacido de Dios vence al mundo.
Y la victoria por la que vencimos al mundo es nuestra fe.
5 ¿Quién ha vencido al mundo,
sino el que cree que Jesús es el Hijo de Dios?
6 Tanto el agua como la sangre lo han señalado: Jesucristo.
No sólo el agua, sino el agua con la sangre.
Y también lo señala el Espíritu por ser el Espíritu de la verdad.
7 Son tres, entonces, los que señalan a Jesucristo:
8 El Espíritu, el agua y la sangre,
y estos tres testigos están de acuerdo.
9 Si aceptamos el testimonio de los hombres,
con mayor razón aceptamos el de Dios.
Y tenemos un testimonio de Dios:
lo que ha declarado a favor de su Hijo.
10 Si alguien cree en el Hijo de Dios,
en él permanece viva la declaración de Dios.
En cambio, quien no le cree a Dios lo tiene por mentiroso,
ya que no cree cuando Dios habla a favor de su Hijo.
11 Esa es la declaración de Dios, que nos ha dado la vida eterna,
la cual está en su Hijo.
12 El que tiene al Hijo tiene la Vida,
el que no tiene al Hijo no tiene la Vida.


o Dios-Amor es el que nos pide creer en su Hijo, y la fe es una victoria. Juan escribió el Apocalipsis para alentar a los creyentes perseguidos mostrándoles la victoria que comparten junto a Cristo por el solo hecho de creer. Aquí lo repite en otra forma.
La victoria más grande para el hombre es conquistar su herencia de hijo de Dios y alcanzar la vida eterna de Dios mismo. Esta hazaña la está cumpliendo el que cree en Jesús. Ya alcanzó la verdad, que es Dios, al reconocer a Jesús.
¿Cómo saber que amamos a los hijos de Dios? Juan ya lo dijo: se reconoce al que ama a Dios en que ama también a sus hermanos, los hombres. Pero aquí dice al revés: el que ama (bien) a sus hermanos se reconoce en que ama también a Dios. Es lo mismo que decía Jesús en el Evangelio de Juan: <<Amense unos a otros como yo los he amado>>, no de cualquier manera.
Hay muchas cosas que se llaman amor, tal vez todas tienen algo de amor, pero más o menos; el amor de Dios hacia nosotros y el amor que él nos da hacia los demás son imposibles de confundir con otros amores. El amor que procede de una comunión auténtica con Dios no se parece al amor sentimental, tan ciego e inconstante; al contrario, es eficaz, tanto para liberar al que amamos como para transformamos en Cristo.
Los versículos 6-9 señalan tres aspectos complementarios de la experiencia cristiana, los cuales se verifican primero en la persona de Jesús. Y Juan los caracteriza con tres palabras:
- agua. El agua es símbolo de limpieza y de vida nueva.
- sangre: la sangre del sacrificio, de la expiación dolorosa del pecado, la sangre de los mártires.
- Espíritu. Fuerza incontenible que anima a los testigos de Cristo; creatividad asombrosa de las personas y de las instituciones que se arraigan en la fe.
Estos tres señalan a Jesucristo y también caracterizan la salvación cristiana. Es fácil ver que tienen su correspondencia en los tres sacramentos del Bautismo, la Eucaristía y la Confirmación.


Guárdense de los ídolos

+ 13 Les escribo, entonces, todas estas cosas
para que sepan que tienen la Vida Eterna
todos los que creen en el Nombre del Hijo del Dios.
14 Por él estamos plenamente seguros:
si le pedimos algo conforme a su voluntad, él nos escuchará.
15 Sabemos que él nos atiende, cualquier cosa que le pidamos;
por tanto sabemos que ya tenemos lo que le hemos pedido.

16 El que ve a su hermano cometer un pecado,
de los que no llevan a la muerte,
ore por él y Dios dará vida a su hermano.
Hablo, por supuesto, del pecado que no lleva a la muerte,
porque también hay pecado de muerte:
por esos pecados no pido oración.
17 Toda maldad es pecado,
pero no es pecado que lleva a la muerte.
18 Sabemos que los hijos nacidos de Dios no pecan,
pues un hijo de Dios se cuida a sí mismo,
y el Maligno no puede nada contra él.

19 Sabemos que pertenecemos a Dios,
mientras el mundo entero está bajo el poder del Maligno.
20 Sabemos que el Hijo de Dios ha venido
y que nos ha dado la inteligencia
para que conozcamos lo verdadero.
Nosotros estamos en el Verdadero, en su Hijo, Jesucristo,
el que es el Dios verdadero y es Vida Eterna.

21 Hijitos, guárdense de los ídolos.


+ En esta conclusión Juan repite lo que dijo en toda la carta: ustedes que creen, sepan lo que tienen. No estimen en poco el paso que dieron al reconocer a Cristo. Exploren y busquen las riquezas que les están destinadas y que se encuentran en <<aquel que nos ama>> (Apocalipsis 1,5).
Juan distingue entre el pecado que lleva a la muerte: rechazar la fe y la verdad; y las faltas de debilidad que no apagan la esperanza ni la fe, sino que simplemente las debilitan. Debemos orar unos por otros con confianza para no caer más hondo.
El mundo entero queda bajo el poder del maligno. Como ya se dijo, ese mundo pertenece a Dios, que lo hizo bueno. Sin embargo, el <<Maligno>> lo aprovecha muy bien para engañarnos (ver 2,3-17). Lo bueno es saber apreciar todo lo grande, hermoso, fascinante del mundo; procurar hacer más perfecto cualquier rodaje del universo; pero nunca aprovechar egoístamente; nunca hacerse esclavo, ni de la comodidad que ofrece el mundo, ni de las opiniones mayoritarias: guárdense de los ídolos.


LA SEGUNDA CARTA DE JUAN

Dama elegida, Señora. Así saluda Juan a la comunidad de no sabemos qué ciudad. Elegido y santa es la Iglesia, como son elegidos de Dios y santos los que la integran.
Juan invita a una actitud muy firme y tajante frente a los que no aceptan la fe pura de los apóstoles. Al mismo tiempo recuerda la ley fundamental del cristiano, el amor.
Permanecer celosamente fieles a la verdad es amar a Cristo, que nos confió esta verdad, y servir a los hombres, que necesitan toda la verdad y no solamente la que más guste a la gente de hoy.


1 Yo, el anciano, a la dama elegida y a sus hijos, a los que amo sinceramente, así como los que han conocido la verdad, 2 a causa de esta misma verdad que está y estará siempre en nosotros.
3 Reciban gracia, misericordia y paz de Dios Padre y de su Hijo Cristo Jesús, en verdad y amor.
4 Mucho me alegré al haber encontrado hijos suyos que viven de acuerdo a la verdad, según el mandato que recibimos del Padre. 5 Y ahora, señora, te ruego –no es un mandamiento nuevo el que te escribió, sino el que tenemos desde el principio-, Que nos amemos unos a otros.
6 El amor consiste en esto: que andemos de acuerdo a sus mandamientos. Y el mandamiento es éste: que anden en el amor como ustedes lo aprendieron desde el principio.
7 Porque han venido al mundo muchos seductores que no reconocen a Jesús como el Mesías venido en la carne. Esos son impostores y anticristos. 8 Cuídense a sí mismos, para que no pierdan el fruto de sus trabajos, sino que reciban una recompensa perfecta. 9 Todo el que se sobrepasa y no se queda dentro de la doctrina de Cristo no posee a Dios. El que permanece en la doctrina, ése sí que posee al Padre y al Hijo. 10 Si alguien llega a ustedes y no trae esta doctrina, no lo reciban en sus casas, ni siquiera lo saluden. 11 Porque el que lo saluda se hace cómplice de sus malas obras.
12 Tendría muchas cosas que escribirte, pero prefiero no hacerlo con papel y tinta. Espero ir personalmente y hablarte de viva voz, para que nuestra alegría sea perfecta.
13 Te saludan los hijos de tu hermana Elegida.

LA TERCERA CARTA DE JUAN

Para los cristianos que lo conocían, el apóstol Juan no era <<san Juan>>, sino un hombre. Para cierto Diotrefes, al que había establecido responsable en no sabemos qué comunidad, Juan era un anciano molesto. Y Diotrefes, para mejor dominar en su iglesia, cortaba las relaciones.
Al contrario, Juan habla en sus tres cartas, como en el Evangelio, de esta <<comunión>> que ha de existir entre todos los cristianos. Cualquier iglesia, cualquier grupo, debe permanecer abierto a los demás, manteniendo constantes relaciones con ellos. Pablo también recalca este deber: recibir en su propia casa a los cristianos que vienen de otros lugares para estrechar los lazos de la fe común.


1 Yo, el anciano, al muy amado Gayo, al que amo sinceramente.
2 Muy querido, deseo que te resulten bien todos tus asuntos y que goces de salud corporal como gozas de la del alma. 3 Mucho me alegré con los hermanos que vinieron y que alabaron tu verdad, quiero decir la manera como vives en la verdad. 4 Nada me causa mayor alegría que saber que mis hijos viven en la verdad.
5 Hermano, obras fielmente en todo lo que haces con tus hermanos y más aún cuando son hermanos que llegan de otro lugar.
6 Ellos hablaron de tu caridad ante la iglesia reunida. Harás bien proporcionándoles, como para Dios, lo que necesitan para proseguir su viaje.
7 En realidad, por su Nombre se pusieron en camino sin aceptar nada de los paganos. 8 Debemos acoger a tales hombres haciéndonos sus cooperadores en la obra de la verdad.
9 Escribí unas palabras a la iglesia, pero Diotrefes, que está ansioso por presidirla, no reconoce nuestra autoridad. 10 Por eso, si voy, no dejaré de reprocharle su manera de actuar, pues nos desprestigia con palabras mal intencionadas. Y no contento con eso, ni siquiera recibe a los hermanos, y a los que quieren recibirlos no los deja y los expulsa de la iglesia.
11 Hermano muy querido, no imites lo malo, sino lo bueno. El que hace el bien es de Dios. El que hace el mal no conoce a Dios. 12 En cuanto a Demetrio, todos lo alaban, hasta la misma verdad. Nosotros también lo alabamos y tú sabes que, cuando recomendamos a alguien, lo hacemos según la verdad. 13 Tendría muchas cosas que decirte, pero no quiero hacerlo por escrito. 14 Espero verte dentro de poco y conversaremos cara a cara.
15 La paz sea contigo. Tus amigos te saludan. Saluda a los nuestros, a cada uno por su nombre.

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