La foja de servicios docentes de Luis D’Elía tiene sólo una página. Desde que debutó como maestro de grado, el 16 de marzo de 1981, dio clases de manera intermitente durante 4 años, 8 meses y 28 días. La última vez fue el 28 de febrero de 1988. Hace más de 20 años.

De todas maneras, D’Elía conserva un cargo como maestro titular en la escuela N° 188 de La Matanza, puesto que consiguió en 1992, cuando ya se había alejado de las aulas y daba sus primeros pasos como funcionario. Una curiosidad del ex piquetero, que siempre pide que lo llamen profesor. Durante dos décadas, empleos en ministerios, cargos electivos y algunos contactos políticos le permitieron sostener la titularidad docente, aunque sin alumno alguno a su cargo.

En noviembre de 2006, cuando Néstor Kirchner lo echó de la Subsecretaría de Tierras por apoyar a Irán en el caso AMIA, D’Elía recibió ayuda para atenuar el exilio administrativo y no volver a la docencia: Fernando Navarro, entonces jefe de los diputados bonaerenses del Frente para la Victoria, solicitó un “orden técnico” en la Dirección de Cultura y Educación. Es un trámite que habilita a cualquier maestro a prestar servicios en otras áreas, sin dar clases, pero con el cargo y el sueldo docentes.

“No trabajó para mí, pero lo pedí porque es un líder social. Su función es destacada y reconocida”, justificó Navarro. Este año, ese “orden técnico” salió de la Legislatura y volvió a la Dirección de Cultura y Educación. Estuvo allí hasta hace unos días. “Fue dado de baja”, sorprendió el viernes el jefe de la cartera, Mario Oporto, cuando LA NACIÓN le preguntó por la situación de D´Elía. Según el ministro, la decisión fue parte de una orden de "reducción y ahorro" en asesorías y pedidos especiales. "No es personal. Se trata de una política general", aclaró.

D Elía se enteró ayer. "¡Esto es un operativo en mi contra! Voy a reclamar. Tengo un convenio firmado con el Gobierno para coordinar 800 centros de alfabetización. Para eso es el orden técnico. No me lo van a sacar", reaccionó.

Sabe que tiene una urgencia: si no mantiene el beneficio o tramita una licencia sin goce de sueldo perderá el cargo. Salvo, claro, que vuelva a dar clases. En ese caso, D´Elía sería por primera vez maestro en la Escuela N° 188, que funciona desde 1991 en el corazón de El Tambo, el asentamiento que él ayudó a crear luego de una recordada toma de tierras en 1986.

El jueves pasado, LA NACIÓN quiso recorrer la escuela. "No puedo dejarlo pasar. Son órdenes de arriba", se excusó una portera antes de cerrar con ganas la ruidosa puerta de metal.

"¡Acá a Luis le tienen miedo!", se quejó después Noemí Díaz, cocinera. Eva Verón, maestra desde 1992, repetía: "Todos la conocen como la escuela de Luis, pero acá nunca dio clases".

D´Elía tiene 51 años. Hace un año que tiene edad para jubilarse, pero no puede hacerlo. La ley de previsión social pide a los docentes al menos "10 años frente a alumnos". Deberá esperar hasta 2012, cumplir 55 (la edad mínima para quienes no dan clases) y mantener el cargo.

Al frente de una clase:

No significa que nunca haya tenido alumnos. El líder social entró en el sistema educativo en 1981. Debutó con una suplencia de un mes, el 16 de marzo de ese año, en la Escuela N° 50. Mientras tanto, terminaba sus estudios como profesor en enseñanza primaria. Egresó en 1985 del Instituto Dorrego, de Morón. "Me recibí, no soy como Blumberg. Soy profesor, aunque no ejerza", se enojó ayer el líder social.

Hace más de dos décadas, a los 28 años, D´Elía ya se movía con estirpe de dirigente social. El 17 de marzo de 1986 lideró el grupo de 400 familias que tomaron las tierras fiscales de El Tambo. Organizó el asentamiento y lo transformó: aún hoy es uno de los pocos donde son comunes las calles de asfalto y las casas de material.

Pasó por varias escuelas, siempre como suplente. En la 172, pegada a El Tambo, tuvo su experiencia más larga, en 1986 y 1987. Allí lo recuerdan como un maestro "dedicado y cariñoso".

Combinaba el trabajo con tareas eclesiales de base y con la militancia en filas de la democracia cristiana. En abril de 1988, un hombre del partido, Antonio Salviolo, director de Escuelas del gobernador Antonio Cafiero, le hizo un lugar en la subsecretaría administrativa. Fue su primer cargo como funcionario.

D´Elía asumió después como uno de los 10 consejeros de Educación, máximos encargados de asesorar al jefe político del área. Una curiosidad: el hombre que firmaba las prórrogas en el puesto era su actual enemigo público número uno, Eduardo Duhalde, por entonces gobernador.

Pasado frepasista:

El ex piquetero fue consejero hasta que Carlos Álvarez lo invitó al Frepaso en 1995. En 1997 llegó a concejal en La Matanza y dejó la Dirección de Educación. Mantuvo la titularidad docente porque ocupaba, de acuerdo con la ley, un cargo de "mayor jerarquía". Tres años después, enojado con el Frepaso y el modelo económico, el concejal obtuvo notoriedad con los cortes de rutas. Allí nació el líder piquetero.

Se sumó al Polo Social, del padre Luis Farinello, y en 2001 fue candidato a diputado provincial. Obtuvo 39 mil votos y ocupó una banca hasta diciembre de 2005.

En el ínterin se volvió un personaje mordaz, dejó los piquetes por el kirchnerismo y hasta fue candidato a gobernador. El cargo electivo mantuvo a salvo su puesto docente.

En 2006, Kirchner creó para él la Subsecretaría de Tierras: otra vez fue funcionario.

Condenado al ostracismo luego de sus declaraciones proiraníes, apeló al respaldo legislativo y sostuvo la titularidad. Como no daba clases, no pudo sumar beneficios en favor de su salario. Su último sueldo fue de 1337 pesos con 76 centavos. Ahora le urge apurar la licencia o buscar la forma de seguir en carrera. De lo contrario, dos décadas después, tendrá que desempolvar, irremediablemente, sus dotes de profesor.

Lo adoran donde ejerció y le temen donde mantiene el cargo:

Paola González sonrió, miró al piso y levantó las cejas. Se esforzaba por recordar sus días de estudiante. Tiene 32 años. Fue alumna de Luis D'Elía hace 21, en la escuela N° 172 de La Matanza, cuando tenía 11.

"Era su último año como maestro, en el 87. Después ya no lo vimos. Tengo un lindo recuerdo: era compañero, dedicado y cariñoso", contó mientras retaba a uno de sus hijos, ansioso por arrebatar el florero de la mesa solitaria del living sin puertas, entre las paredes verdes fosforescentes, llenas de imágenes religiosas.

Delia, la suegra de Paola, se movía inquieta en una silla de metal. Enseguida interrumpió la charla. "¡Mis tres hijos mayores tomaron clases particulares con D Elía! A fines de los 70, antes de que entrara en la escuela. Aprendieron a leer con él. Fue una gran persona, nos ayudó mucho", dijo. Uno de sus hijos, Mario Ríos, de 34 años, es el marido de Paola.

Delia apuró palabras para terminar la historia: "Uno lo ve tan agrio en la política, dicen que es agresivo. No sé, lo será, pero afuera. Acá siempre fue amoroso". Casi toda la conversación transcurrió desbordada de elogios y amables aprobaciones. Las dos se excusaron: "En la política será otra cosa. No sabemos de eso".

Paola retomó la charla: "El prestaba libros, era recto, pero comprensivo, tenía algo especial cuando hablaba". Delia, sonriente, no pudo contenerse: "¿Le cuento algo? Les dio clases a mis hijos y nunca nos cobró. Si hoy tiene a alguien en contra, debe ser porque le dio de comer y ahora le quiere morder la mano".

En ese momento, a 15 cuadras de allí, el ánimo todavía era espeso en la escuela 188. Las porteras habían trabado la puerta del edificio e intentaban resguardarse de periodistas y fotógrafos. En el lugar donde D'Elía conserva su cargo como maestro titular nadie quería hablar.

"A Luis le tienen miedo":

Noemí Díaz, una cocinera del comedor, dijo después que era porque "a Luis le tienen miedo".

"¿No viste cómo cerraron la puerta? Acá su figura es muy fuerte, va a ser difícil que alguien diga algo", aseguró Noemí, protegida por Eva Verón, una de las maestras de la escuela. Fueron las únicas dos personas dispuestas a dar testimonio.

"¿Ustedes por qué hablan si hay tanto miedo?", preguntó LA NACIÓN. "Porque hace años que vemos las cosas. Estamos cansadas, sabemos lo que pasa", contestó Eva.

Noemí confesó tener una relación "particular" con la familia D'Elía: durante casi 8 años cuidó a sus cinco hijos. "El más chiquito tenía siete meses cuando llegué a su casa; hoy tiene 14. Los padres se iban a Cuba o a Brasil y me dejaban los nenes", contó. Agregó luego que dejó el empleo en 2000. No quiso decir más. La historia, dicen, no tuvo final feliz.

En cambio, en la escuela 172 el ambiente parecía distendido. Las cocineras hablaron de D'Elía. "¡Para mí es Luisito!", dijo Elvira Valenzuela, en la escuela desde hace dos décadas. "Hizo muchas cosas por el barrio. El que diga que no miente."

"Con nosotros no cambió nunca. Siempre fue igual", acotó Elba Rodríguez, otra cocinera, que trabaja allí desde hace 29 años. "Es una buena persona", repitió. Un minuto después, el timbre gastado de la escuela empezó a sonar. Ya no podían charlar más, había que trabajar.

fuente:http://www.lanacion.com.ar/nota.asp?nota_id=1008051