Te acordarás de todo el camino por donde te ha traído el Señor tu Dios.
Deuteronomio 8:2



Acuérdate de Jesucristo… resucitado de los muertos…
2 Timoteo 2:8



]El deber de recordar[/color]

Se habla mucho de la obligación de recordar y de transmitir a la generación que viene los grandes momentos de nuestra historia.
En el Antiguo Testamento Dios pedía a los israelitas que se acordasen de los grandes hechos de su historia y los enseñasen a sus hijos. La fiesta de la Pascua recordaba que habían sido liberados de la esclavitud de Egipto (Éxodo 12:27). Más tarde también tuvieron que transmitir el recuerdo del paso del Jordán, ese río cuyas aguas habían sido divididas para que el pueblo pasase. Los hijos de Israel tomaron doce piedras del río Jordán, las llevaron al lugar donde acamparon y las levantaron allí. “Estas piedras servirán de monumento conmemorativo a los hijos de Israel para siempre” (Josué 4:7).
Estos dos sucesos no conciernen sólo al pueblo de Israel, sino que son imágenes de un hecho que domina toda la historia de la humanidad, de los cuales debemos acordarnos. El cordero de la Pascua representa a Cristo, quien fue sacrificado y sufrió el juicio de Dios en nuestro lugar, para liberarnos de nuestras faltas, de nuestros pecados (Juan 1:29; 1 Corintios 5:7). El Jordán simboliza la muerte, cuyo poder fue vencido por Jesús en la cruz.
Pero si debemos recordar a Jesús, a Aquel que vino del cielo y sufrió por nosotros hasta morir por nuestros pecados, no es para honrar a un muerto, pues Dios lo resucitó. Recordarlo es conocerlo como nuestro Salvador vivo.