Carlos Soria murió sin condena

El gobernador de Río Negro, Carlos Ernesto Soria, murió hoy debido a las heridas causadas por un arma de fuego, en circunstancias aún no esclarecidas tras los festejos de fin de año. Soria fue titular de la SIDE en 2002 y jugó un rol fundamental en la trama de la masacre de Avellaneda.Por el Frente Popular Darío Santillán

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(Frente Dario Santillán).- Carlos Soria, quien fuera designado por Cristina Fernández como candidato a gobernador de la provincia de Rio Negro en representación del Frente para la Victoria, estaba al frente de la SIDE durante la denominada Masacre de Avellaneda, en donde como resultado de un plan represivo planificado por el gobierno de Eduardo Duhalde fueron asesinados Maximiliano Kosteki y Darío Santillán.

Soria pudo postularse a gobernador porque el gobierno nacional, cuando tuvo la oportunidad de impulsar la investigación sobre los responsables políticos de la Masacre de Avellaneda, eligió garantizar la impunidad, al punto de no abrir los archivos de la SIDE y no impulsar de ninguna manera la investigación, permitiendo que personajes como Soria y Duhalde no se presenten ante la justicia para dar explicaciones.

Soria nunca fue investigado, cuando existen sobradas pruebas que lo involucran en la existencia de un plan represivo con reuniones previas, directivas y complicidades necesarias, una autoría ideológica y responsables políticos del asesinato de Darío y Maxi. Tanto la Justicia como los sucesivos gobiernos de Néstor Kirchner y Cristina Fernández prometieron impulsar la investigación y nunca cumplieron, lo que los hace cómplices del asesino Duhalde y sus secuaces.



¿CUÁL ES LA RESPONSABILIDAD DE SORIA EN LA MASACRE DE AVELLANEDA?

El 26 de junio de 2002, mientras miles de trabajadoras y trabajadores desocupados salían a las calles a exigir trabajo, justicia y dignidad, el entonces presidente dio la orden de reprimir a los manifestantes en el Puente Pueyrredón. Dos jóvenes muertos y más de 30 heridos con balas de plomo fue el saldo de lo que se conoce como la Masacre de Avellaneda. El objetivo político aparecía claro: desarticular al movimiento popular que había protagonizando jornadas históricas como las de diciembre del 2001.

El 26 la SIDE, liderada por Soria y Oscar Rodríguez, operó como nexo entre las decisiones gubernamentales y las fuerzas de seguridad que las ejecutaron. Durante la represión y en las horas posteriores, el comisario Fanchiotti estuvo en contacto directo con la Sede Billinghurst de esta dependencia.

Tanto el 26 como al día siguiente, el gobierno apeló a la lógica de las "balas piqueteras" para explicar las muertes, justificar la represión y dar cuerpo a la causa legal levantada contra los movimientos. Soria fue quien aportó los elementos necesarios para sostener esta versión con una serie de informes producidos a partir de la infiltración de sus agentes en encuentros públicos y organizaciones populares.

En ellos se sostenía la existencia de grupos radicalizados decididos a tomar las armas y atentar contra las instituciones democráticas, teoría que debía sustentar la Causa Complot y que Álvarez y Matzkin asumieron en las conferencias dadas el 26 y 27. El 26 "los piqueteros se habían matado entre ellos" y no se trataba de un hecho aislado sino de un exponente de esta "nueva amenaza subversiva". Estrategia que el gobierno debió abandonar rápidamente, luego de que las verdaderas responsabilidades materiales de la masacre salieran a la luz.

A pesar de haber sido una de las figuras cuestionadas en aquel momento, esto no supuso ningún tipo de investigación sobre la responsabilidad de Carlos Soria, ni impidió que continuara su carrera política hasta llegar a ser gobernador por el FPV en Río Negro.


¿QUIÉN ERA CARLOS SORIA?

Soria fue tres veces diputado por el PJ hasta llegar a ser titular de la SIDE. Luego de su renuncia tras la Masacre, se postuló por el PJ para gobernador, pero sin éxito. Enquistado en el PJ de Río Negro, hasta fines de los ’90 se desempeñó como diputado a partir de sucesivas reelecciones. Pasó buena parte de su carrera a la sombra de José Luis Manzano, estrechando así su relación con Duhalde, quien en el ’99 lo nombra ministro de Seguridad Bonaerense luego de la masacre de Ramallo, en pleno contexto de "guerra contra la delincuencia" y "reforma policial". Tras la llegada de Duhalde a la presidencia dos años más tarde, lo designa al frente de la SIDE, una estructura que se encarga del espionaje y la identificación de las organizaciones populares y sus militantes. Para ello recibe, por día, 2 millones de pesos de presupuesto estatal. Amparada en el "secreto" de su misión, tiene vía libre para el uso indiscriminado de estos fondos, sin auditorías ni ningún tipo de control. La SIDE jugó un rol fundamental en la trama de la masacre de Avellaneda.