El ABC del socialismo

El ABC del socialismo


Indíce:

Introducción

Los horrores del capitalismo

Alternativas desprestigiadas

¿Qué es el socialismo?

La lucha hoy

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Introducción

Vivimos en un mundo donde las guerras, el paro y el hambre, por no mencionar muchos otros desastres, son el pan de cada día.

Ante esta situación, muchos son los que reaccionan, de una manera u otra, en contra de este estado de cosas. Pero a la vez, por desconcertante que pueda parecer, los mismos que se posicionan en contra de este o aquel problema, en la mayoría de los casos, mencionan de pasada que "no entienden de política", "que no les interesa".

En cierto sentido, esta reacción muestra un desengaño hacia la política parlamentaria, que se ve como algo que realizan unos pocos especialistas, que en innumerables casos se corrompen y sólo miran por su propio interés.

La experiencia del PSOE en el gobierno durante catorce años y el hundimiento de la URSS, que muchos en la izquierda radical veían como el paraíso en la tierra, así como la caída del muro de Berlín, han significado, para la izquierda en general, un descrédito y una perdida de valores en los que muchos creían y aún confiaban.

La existencia de Organizaciones No Gubernamentales, movimientos sociales de protesta y comités de solidaridad muestra que, a pesar de este hecho, son muchos los que piensan que este sistema no funciona tan bien y que, por lo tanto, la lucha para mejorar las condiciones de vida o la defensa de diferentes derechos sigue siendo importante.

A pesar de ello, muchos de los que están enfrascados en estas reivindicaciones piensan que las diferencias entre la izquierda y la derecha ya no son tan importantes o que ya no son tan evidentes y que, por lo tanto, la solución a los problemas que acechan al mundo ya no está en esta división ni, por supuesto, en la división entre clases sociales, sino en la personalidad, la tolerancia y la buena voluntad de los individuos.

En una situación como la actual, tras los acontecimientos del caso Pinochet, el bombardeo a Yugoslavia y la tregua de ETA ¿Qué propuestas tienen los que siguen hablando de clases sociales?

¿Se puede ser de izquierdas sin tener nada que ver con el corrupto PSOE y los asesinatos del estalinismo? ¿Realmente tenía todo esto algo que ver con el socialismo y el comunismo?

¿Tiene el socialismo aún algo que ofrecer?

Este folleto trata de contestar, de manera clara y a modo de introducción, a estas y otras preguntas que suelen aparecer en cualquier discusión sobre la situación política y social de hoy, de ayer o de mañana.

Los horrores del capitalismo

A principios de los 90 George Bush, expresidente de los EEUU, lanzó la proclama de que el mundo estaba entrando en un "Nuevo Orden Mundial". Tras la caída del muro de Berlín y la desintegración de la URSS, la promesa de una sociedad en la que iba a reinar la paz, el trabajo y una vida digna para todos se hizo más fuerte que nunca.

Hoy en día, la realidad es bastante diferente del paisaje que nos habían pintado.

La lista de desigualdades y problemas que continúan existiendo en el mundo sería lo suficientemente larga para escribir una enciclopedia completa.

Por ello únicamente analizaremos dos de los temas que más se han prometido solucionar durante este siglo y que, por supuesto, menos se han cumplido.

Guerra y armas

La guerra y su indisociable negocio de venta de armas es una de las cuestiones que mejor ejemplifica el funcionamiento y los diferentes intereses que hay en la sociedad.

El fin de la Guerra Fría y de la amenaza "comunista" no ha significado, como preconizaban sin descanso los países occidentales, un importante paso atrás en la carrera armamentística. Igual que antes, la guerra sigue siendo una buena manera de solventar, para los dirigentes, problemas sociales y económicos.

El bombardeo a Irak a finales del 98, por parte de los EEUU y Gran Bretaña con el apoyo del Estado español, ha sido un ejemplo más de cómo el petróleo y los problemas políticos internos tienen para Bill Clinton, presidente de los EEUU, y Tony Blair, primer ministro de Gran Bretaña, más importancia que todas las vidas humanas sesgadas por sus misiles.

No hay país que, de alguna manera, no tenga algún tipo de relación con la compra y venta de armas. Aznar y su gobierno, por ejemplo, continúan vendiendo armas a Turquía, país que ha sido denunciado reiteradamente por casos de tortura y persecución política de los kurdos.

Por su parte, los gobiernos europeos, enzarzados en su carrera por el Euro, desmantelan el estado de bienestar mientras siguen gastando miles de millones en los organismos militares. El mantenimiento de un ejército para, según dicen, "defendernos de los enemigos exteriores" es una prioridad que pasa por delante de la sanidad, la enseñanza o de cualquier otro servicio público.

Paro

La prioridad es otra para la mayoría de habitantes de cualquier país. Su principal enemigo es el paro. Otro hecho que, en los años cincuenta y sesenta, se nos mostraba como algo a desaparecer y que, por el contrario, se ha extendido en gran parte del mundo desde los años ochenta.

El desempleo sigue siendo la pesadilla a la que cada día se enfrentan millones de personas. A pesar de la "España que va bien" del Partido Popular, el paro en el Estado español es el doble del resto de la comunidad europea. Del 21% de parados que existen, el 42,5% son jóvenes, implicando con ello la inestabilidad y la falta de futuro para las nuevas generaciones. Además, el 85% de los jóvenes que están trabajando después de haber terminado sus estudios tienen un contrato temporal.

Una de las consecuencias que se derivan de esta situación es la escasa posibilidad de salir del hogar familiar hasta bien entrados los veinte o los treinta años. En el Estado español existen 8 millones de personas que viven, por decirlo de alguna manera, por debajo del umbral de la pobreza.

A la vez que faltan médicos, profesores o se hacen multitud de horas extras, hay una cantidad enorme de gente que se ve obligada a estar con los brazos cruzados. No es un hecho natural que el paro exista, sino que es una manera de mantener los salarios bajos y las condiciones laborales en precario.

La alternativa pasa por trabajar todos para trabajar menos y en mejores condiciones, pero esto no interesa, está claro, a los que viven del trabajo de otros.

La contradicción entre las necesidades que requiere la gente, y que no se cumplen, y el desempleo de tantas personas, que podría acabar con estas insuficiencias, tiene su explicación en un solo hecho: la obtención masiva de beneficios económicos por parte de unos pocos.

Esta finalidad es la lógica máxima de quien dirige la sociedad.

Muchas casas siguen estando vacías mientras hay gente que duerme en la calle, ¿razón?: no tienen dinero para pagarlas, miles de personas mueren de hambre mientras hay comida que se destruye, ¿razón?: no pueden permitirse comprarla y así ocurre dramáticamente con las demás desgracias que vemos a nuestro alrededor.

Respuestas del sistema

Para explicar estos hechos, quien manda en la sociedad no se queda de brazos cruzados.

Hay diferentes argumentos, aceptados por gran parte de la población durante largos períodos de tiempo, que parecen ser de "sentido común". El argumento más conocido es, sin lugar a dudas, el de la naturaleza humana.

En multitud de ocasiones se oye decir que "las guerras existen porque el hombre es violento de por sí", que hay desempleo porque "somos vagos" y que permanecen las desigualdades porque "siempre hay quien quiere más" y que, por lo tanto, "el ser humano es codicioso por naturaleza". Mediante esta lógica se llega a la conclusión de que "una sociedad igualitaria es imposible por que el hombre es el lobo del hombre".

Lo cierto es que todo parece indicar lo contrario. No hay ninguna evidencia que enseñe que la gente quiera vivir en guerra o desempleada. Más bien todo lo contrario, se prefiere la paz a la guerra, el empleo al paro.

Si en 1977 el paro afectaba al 5,6% de la población y hoy lo hace al 21%, no es porque actualmente la gente sea más vaga, sino porque estamos viviendo una crisis económica. ¡Pero qué mejor para los jefes que echar la culpa a los trabajadores diciendo que "el que no trabaja es porque no quiere"! De igual manera, la guerra siempre es presentada por los gobernantes como una lucha heroica en pro de la libertad y la justicia.

Es por ello, que al principio puede haber una explosión de entusiasmo que normalmente, al final, suele acabar en descontento y rabia.

En palabras de un opositor serbio de Milosevic, presidente de Yugoslavia, durante los bombardeos de la OTAN en abril de 1999:

"A Milosevic le da más miedo el período de posguerra que el de ahora. Lo peor para él vendrá cuando la gente se pregunte de qué van a vivir. Estamos en medio de una borrachera, pero ¿qué pasará cuando se acabe el alcohol?"

Nada parece, por tanto, indicar que la naturaleza humana esté contra de la paz y del empleo.

De la misma manera, aunque hay muchos ejemplos de egoísmo, también hay multitud de ejemplos de generosidad. Cada entrega de dinero o comida, apoyo a pensionistas embargados o donación de sangre muestra que, según el caso y el momento, todos podemos ser egoístas y/o generosos. La cuestión clave es preguntarse cuál de estas dos facetas está alentando el sistema en el que vivimos.

Ricos y pobres

La afirmación "siempre ha habido ricos y pobres" muestra perfectamente quién crea las desigualdades existentes y, a la vez, expresa que son algo que viene de lejos.

Lo cierto es que este dicho da justo en el clavo a la hora de explicar la naturaleza del capitalismo. En otras palabras, vivimos en un mundo dividido en clases sociales. Las dos clases más importantes son, por un lado, los que crean la riqueza, o sea los trabajadores, y, por otro, los que se apropian de la mayor parte de ésta, los banqueros, los empresarios y demás ricos, o sea, la burguesía. La vida es completamente diferente si naces en una u otra clase. La diferencia de oportunidades, posibilidades y aspiraciones refleja la existencia de dos mundos en una sola sociedad.

Por tanto, el "Nuevo Orden Mundial" prometido sigue basándose en la misma dinámica del capitalismo que se empezó a formar hace un par de siglos.

Las injusticias continúan porque continúan existiendo los que las provocan y se benefician de ellas. "Los ricos son ricos porque los pobres son pobres" expresa a la perfección por qué el capitalismo es un sistema inhumano de por sí, además de mostrar que la posibilidad de un capitalismo que beneficie a la mayoría es imposible. Esta afirmación sigue siendo la declaración de principios más clara y honesta de cómo la única posibilidad de crear una nueva sociedad justa e igualitaria pasa por la superación de este sistema económico.

Alternativas desprestigiadas

La alternativa al capitalismo ha sido históricamente el socialismo. También se le puede denominar anarquismo o comunismo, la finalidad es la misma, una sociedad sin clases ni opresión.

Pero hoy en día esta disyuntiva está sumamente cuestionada, no sólo por la derecha que, claro está, siempre lo ha hecho, sino por los que en alguna ocasión han tenido esperanzas en un mundo digno para todos. El socialismo y el comunismo son vistos en este momento por mucha gente o como un sueño imposible o como algo que se ha probado y no ha funcionado.

Este hecho, viene avalado, por un lado, por los resultados de todos los gobiernos "socialistas" y su "intento" de cambiar las cosas mediante el Parlamento y, por otro, por la brutal dictadura "comunista" de Stalin y compañía en la URSS.

Socialdemocracia

Hoy en día, decir que el PSOE no quiere cambiar la sociedad es obvio. Lo mismo se puede decir de cualquier otro partido socialdemócrata. Pero esta apreciación no ha sido siempre tan clara.

Además, hay que tener en cuenta también a los partidos socialdemócratas de izquierda, tipo Izquierda Unida, que mantienen una ambigüedad de discurso entre el parlamentarismo y la movilización.

Si bien los propios líderes socialdemócratas no cuestionan en ningún momento el status quo del capitalismo, esto no quita, por ejemplo, que en el 82 mucha gente votara al PSOE para conseguir "el cambio" o, hoy en día, muchos tengan esperanzas en el gobierno rojiverde de Jospin en Francia. Había grandes esperanzas, sobre todo después de salir de una dictadura fascista, en González y su partido. Desgraciadamente, la experiencia de catorce años de gobierno "socialista" ha enseñado qué límites tiene la política de amoldarse al sistema imperante.

El capitalismo con rostro humano, predicado por sus dirigentes, significó que los 800.000 puestos de trabajo que prometieron se quedaran en un ascenso de las tasas de paro, que la democratización del ex Estado franquista se convirtiera en corrupción y terrorismo de estado -véase caso GAL- o que, simplemente, aspiraciones como el derecho a un aborto libre y gratuito se olvidara para recordarlo dieciséis años más tarde, cuando se está en la oposición.

Reformismo

El reformismo, o sea, la idea preconizada de que poco a poco y sin violencia la mayoría parlamentaria de un partido "socialista" o "comunista" puede cambiar radicalmente las cosas, es muy atractiva pero de hecho imposible.

El presidente del gobierno y sus ministros cuentan poco a la hora de la verdad, ya que los que manejan la economía y el poder de la sociedad se encuentran en las direcciones de las empresas y bancos, y son éstos los que definen qué política hay que realizar.

La flexibilización del mercado laboral, con la creación de contratos de prácticas, temporales o la creación de Empresas de Trabajo Temporal, puesta en marcha con la reforma laboral del 94, bajo un gobierno "socialista", es una prueba de quien manda en la economía.

Por supuesto, a los empresarios, banqueros y demás no les vota nadie; razón por la cual el capitalismo es intrínsecamente antidemocrático. La mayoría de la sociedad no puede elegir quién va a pagarles el salario, ponerles un horario o echarles del trabajo. Políticamente esto significa que los partidos socialdemócratas pueden llegar al gobierno, pero esto no quiere decir que tengan el poder.

El ejemplo más drástico de cómo un gobierno "socialista" intentó llevar a cabo el método parlamentario para mejorar las condiciones de los trabajadores y los campesinos fue el Chile de Allende, entre 1970 y 1973. Las fuerzas opositoras, los empresarios, el ejército y el gobierno de los EEUU, no tuvieron ningún problema en eliminar un gobierno democráticamente elegido, con el golpe militar de Pinochet.

La vía parlamentaria al socialismo -tratar de reformar al estado, su policía, sus jueces o su ejército- se ha demostrado como una vía muerta, y es por ello que ya ningún partido socialdemócrata menciona la posibilidad de acabar con el capitalismo.

De esta conclusión parte la premisa de entender hasta qué punto puede ser socialista un partido en el que sus líderes no quieren conseguir el socialismo y que, una vez llegan al gobierno, se ven abocados a atacar, por los intereses del mercado, las condiciones de los propios trabajadores que les votaron.

A pesar de ello, es indudable que muchos de sus votantes y afiliados están dispuestos a movilizarse y a reivindicar y defender los derechos conseguidos con la lucha de su propia clase social.

"Comunismo"

La otra gran prueba por la que "el socialismo no sólo es inferior al capitalismo sino que es intrínsecamente dictatorial", clama la derecha, es la experiencia de los países "comunistas".

La URSS, China o Cuba se vieron o se ven para muchos en la izquierda como la alternativa a la socialdemocracia de los partidos tipo PSOE.

De hecho, la mayor parte de la historia de la URSS poco tiene que ver con lo que buscaban los trabajadores y campesinos, que llevaron a cabo la revolución rusa de 1917.

La toma del poder por parte de los trabajadores y campesinos rusos fue una medida práctica para acabar con la I Guerra Mundial y con la miseria en la que vivía la mayoría. Después de años de exilio y prisión, los bolcheviques, que habían estado trabajando para que la revolución triunfara, vieron como los trabajadores abrazaban sus propuestas políticas como la única solución real a los problemas que les afectaban.

El nuevo gobierno de los soviets, organizaciones de los trabajadores, campesinos y soldados rasos, trajo la paz, repartió la tierra entre los campesinos y dio la oportunidad de independencia a las naciones oprimidas hasta entonces por Rusia. Este país atrasado social y políticamente desarrolló en pocos años muchos derechos, como el divorcio y el aborto libre y gratuito, que aún tardarían decenios en realizarse en las "democracias" occidentales.

Esta victoria de los trabajadores era consciente de que sus posibilidades de desarrollarse y sobrevivir sólo eran posibles con la explosión de nuevas revoluciones en Europa o Asia. Hubo oportunidades como la revolución alemana, la húngara, las ocupaciones y revueltas en Italia, las grandes huelgas y manifestaciones en Gran Bretaña, etc., pero ninguna de ellas triunfó y, por tanto, dejó a la revolución rusa completamente desamparada.

Además, la guerra civil dentro de Rusia, entre los trabajadores y los que habían perdido sus privilegios, ayudados por los demás países capitalistas, destrozó la infraestructura del país.

En esta situación, al no extenderse la revolución ésta se perdió. A partir de finales de los años 20 una nueva clase social, la burocracia, desató unas medidas brutalmente austeras contra los trabajadores y los campesinos. Poco a poco, todos los derechos que se habían ganado en el 17 fueron desapareciendo. Los nuevos dirigentes apelaron al comunismo para justificar un sacrificio que sólo hacían los trabajadores y los campesinos.

En un esfuerzo para hacer callar a los revolucionarios que veían como se restablecían los viejos privilegios y se desmantelaban las conquistas obreras, el gobierno de Stalin no dudó en acabar con su vida.

Durante los años 30 la contrarrevolución fue completa: los campesinos habían sido forzados a entrar en las granjas estatales, los trabajadores tenían unas rígidas condiciones laborales, los altos cargos militares disfrutaban de grandes privilegios y las cárceles y manicomios se llenaban de cualquier persona que se opusiera a este estado de cosas. A partir de entonces, el estado soviético, pese a su nombre e imagen, pasó a comportarse como cualquier otro país capitalista.

Los partidos comunistas de todo el mundo imitaron a Moscú y se volvieron autoritarios, sin posibilidad de hacer críticas a lo que en la URSS estaba sucediendo.

Durante muchos años, la disyuntiva Washington o Moscú -capitalismo o "comunismo"- parecía la única y, por tanto, las alternativas socialistas que no aceptaban los dictados de Stalin se vieron reducidas a una pequeña proporción.

Hoy en día las cosas han cambiado bastante, ningún partido comunista se atreve a decir que aquello era tan maravilloso como ellos lo pintaban.

A pesar de todo, los partidos comunistas siguen expresando, cada vez con menos fuerza, la superioridad de esos países frente al capitalismo, sobre todo, después de la desaparición de la URSS y de la crisis que vive Cuba. La confianza, por parte de mucha de la izquierda, en estos modelos ha significado, con su caída, el desencanto, la desmoralización y la falta de una alternativa real.

La izquierda comunista se ha quedado sólo con su crítica del capitalismo y poco más. Viven más de su "honroso" pasado que de su presente y futuro.

A pesar de todo, el socialismo, como recordaban muchos de los que desenmascararon al estalinismo durante años, sigue siendo la única alternativa a este sistema. Pero para entender por qué la alternativa sigue vigente es importante comprender qué significa exactamente el socialismo, quién puede realizarlo y cómo se llega a él.

¿Qué es el socialismo?

El socialismo es una nueva sociedad basada en la desaparición de las clases sociales, en el fin de la explotación del hombre por el hombre. Esto implica la no presencia de la opresión ni de la explotación a ningún nivel. De igual manera, comporta la desaparición del Estado y de los medios con los que los privilegiados defienden sus posesiones, o sea, la policía, el ejército, las cárceles, etc.

Es imposible hacer una descripción exacta de cómo será este nuevo sistema, pero sí se puede, gracias a los acontecimientos históricos, dislumbrar algunas facetas de éste.

Socialismo


Las revoluciones pasadas enseñan que, cuando los trabajadores se han levantado contra la sociedad existente, han tomado acciones similares. En los casos más extremos, como en Rusia y el Estado español, los avances en cuanto al reparto de riqueza e igualdad de derechos entre hombres y mujeres o entre naciones fueron muy significativos.

George Orwell, escritor inglés que estuvo en la revolución española, describió a la perfección el ambiente de esta transformación social en su libro Homenaje a Catalunya:

Era la primera vez que estaba en una ciudad en la que la clase obrera ocupaba el poder. Casi todos los edificios de cierta importancia habían sido ocupados por los obreros, y sus fachadas estaban cubiertas con banderas rojas o con la bandera roja y negra de los anarquistas; en todas las paredes se veían la hoz y el martillo, y al lado las iniciales de los partidos revolucionarios... Todas las tiendas y cafés exhibían un letrero en el que se decía que habían sido colectivizados; hasta los limpiabotas habían sido colectivizados y sus cajas pintadas de rojo y negro. Los camareros y los dependientes le miraban a uno a la cara y le trataban como a un igual. Las expresiones serviles o simplemente respetuosas habían desaparecido temporalmente. Nadie decía "señor" o "don", ni siquiera "usted"; todo el mundo trataba a los demás de "camarada" y de "tú", y decía "¡Salud!" en vez de "Buenos días"... No había coches particulares, todos habían sido requisados, y todos los tranvías y los taxis y la mayoría de los demás transportes públicos, estaban pintados de rojo y negro...


Pero lo más sorprendente de todo era el aspecto del gentío. A juzgar por su apariencia exterior, era una ciudad en la que las clases adineradas habían dejado de existir. Exceptuando a un reducido número de mujeres y de extranjeros, no se veía a gente "bien vestida". Casi todo el mundo llevaba ropas muy sencillas propias de la clase trabajadora, o monos azules o alguna variante del uniforme de los milicianos. Todo aquello resultaba extraño e impresionante.

¡Imagínate lo que se podría hacer hoy en día, con una sociedad mucho más desarrollada y con una mayor potencialidad creadora de riqueza!

Socialismo internacional

La idea principal del "comunismo" de Stalin y de sus seguidores ha sido la de poder crear el socialismo en un solo país. En el nombre de esta teoría, los comunistas occidentales han estado apoyando estados dictatoriales contra sus propias clases trabajadoras ¡Los defensores de la clase trabajadora de su país ayudando a la clase explotadora de otros países! ¡Qué cruenta ironía!

La historia ha mostrado cuan errónea ha sido esta política. La posibilidad de crear esta nueva sociedad pasa por la necesidad que se desarrolle a nivel internacional. Sería impensable que los países capitalistas se cruzaran de brazos viendo como en otros países sucedían revoluciones, el peligro de que éstas influyeran a sus propias clases trabajadoras sería demasiado grande.

De este modo, una revolución socialista sería imposible que se sostuviera si no se extendiese. Y por tanto, si esto no sucediese, la revolución se vería abocada al fracaso. Los Partidos Comunistas de todo el mundo rechazan, más o menos, el pasado soviético pero olvidan preguntarse por qué "el socialismo en un país" es inviable. Aún más, rechazan el estalinismo de la URSS sin tener en cuenta las similitudes de ésta con Cuba, China o Corea del Norte.

El socialismo, por tanto, nada tiene que ver con la exURSS de Stalin, con la China de Mao o con la Cuba de Castro.

En todos estos casos, ver la diferencia entre lo que sus dirigentes decían o dicen ser y hacer y lo que realmente son y hacen es esencial para entender que representan a unos intereses muy diferentes a los de la mayoría de la sociedad.

El poder de los trabajadores

Lo que distingue al marxismo de otros movimientos políticos es el lugar donde pone el énfasis a la hora de explicar quién es el sujeto que puede transformar la sociedad.

La diferencia fundamental se encuentra en que para lograr el socialismo, éste tiene que ser realizado por "la mayoría de la sociedad en interés de la mayoría de la sociedad".

Cuando hace 150 años Marx y Engels definieron al socialismo como "la autoemancipación de los trabajadores" señalaron a estos como el sujeto revolucionario, no porque fueran los más explotados de la sociedad, los campesinos lo estaban mucho más, sino por su situación y su papel en la creación de la riqueza de este sistema. Esta idea que ha sido defendida por la izquierda durante tantos años, también se ha visto cuestionada por la socialdemocracia y por el movimiento comunista.

Por un lado, los partidos socialdemócratas han dejado de pensar sólo en los trabajadores y han tenido que defender el hecho de buscar el apoyo de empresarios y banqueros para las campañas electorales, diciendo que la clase trabajadora ya no es lo que era.

Por su parte, los partidos comunistas, bajo la influencia de las revoluciones china o cubana, se decantaron por la idea de que si los trabajadores no hacían la revolución, entonces habría que buscar un nuevo sujeto revolucionario entre el campesinado o las guerrillas.

Contradiciendo una de las principales ideas del marxismo, los llamados "marxistas" se dedicaron a prometer que "una minoría también podía lograr la transformación en interés de la mayoría".

Pero Marx no puso un interés principal en los trabajadores porque sí, sino porque era imposible acabar con las ideas que dominan la sociedad capitalista -individualismo, racismo, corrupción, etc.- si no se hacía a través del cuestionamiento y superación de estas ideas por la inmensa mayoría de la sociedad.

Este acto vendría a través de la revolución, sería imposible hacer una revolución sin que los propios trabajadores combatiesen las ideas racistas, individualistas, machistas, etc.

Si no se superan estas ideas no se podrá ganar la batalla contra la burguesía, simplemente, porque ésta los dividirá, como hace día tras día, buscando a los responsables de la crisis económica y de los problemas de la sociedad entre los inmigrantes, las mujeres, los judíos, etc. Además, a un nivel puramente práctico, la posición de los trabajadores en esta sociedad les posibilita para saber controlar una riqueza que hoy en día, entre todos, ya producen.

La clase trabajadora es revolucionaria, fundamentalmente, por su situación en el sistema capitalista. Esto hace que otras clases o grupos sociales no puedan ejercer un papel que sólo está destinado a jugar los trabajadores como clase.

Esta premisa no significa que la clase trabajadora se comporte de manera revolucionaria habitualmente, sólo lo hace en momentos concretos.

Las ideas del capitalismo, transmitidas por los medios de comunicación y por los valores familiares, educativos o religiosos, pueden mantener pasivos y sin confianza a los trabajadores durante años. Puede parecer que las ideas de los trabajadores no cambian, que la situación política es inmóvil. La realidad es otra, la conciencia de la clase trabajadora cambia en momentos cambiantes. La historia nos muestra como ha habido momentos en que la clase trabajadora ha sido muy consciente de sus intereses y ha tratado de tomar sus vidas en sus propias manos.

La alternativa revolucionaria ha surgido de las experiencias de los propios trabajadores. Marx sólo defendió la necesidad de acabar con el Estado existente, para poder llevar a cabo una transformación social de la sociedad, tras ver lo sucedido en la Comuna de París en 1871.

La alternativa revolucionaria

La disyuntiva reforma o revolución se ha planteado en cada momento en que los trabajadores han sido más conscientes políticamente.

En los momentos de calma social, cuando el capitalismo vive un periodo de boom económico, la opción revolucionaria sólo es defendida por una minoría de la sociedad.

La revolución como tal, no significa, como mucha de la izquierda proclama, el momento de la toma de poder, o sea, la insurrección. La revolución es un proceso histórico que puede durar meses, significa la toma de conciencia de la masa trabajadora de que sus intereses ya no pueden ser defendidos de manera pasiva como hasta entonces y, por tanto entienden que son ellos mismos los que tienen que jugar un papel activo en su consecución.

Ninguna revolución se ha hecho de la noche a la mañana. La clase trabajadora ha ido durante el transcurso de su propia experiencia en la lucha cuestionando, primero, partes del sistema, para acabar, si es que hay una dirección revolucionaria que muestre esta alternativa, tomando la opción de derribar al sistema entero que le domina en todas las facetas de su vida.

Como cualquier hecho histórico hay cientos de razones por los que la clase trabajadora se ha levantado. En la revolución rusa fue la terrible guerra mundial y la carestía existente y en la española, el golpe de los militares y las promesas incumplidas de la república.

La organización revolucionaria

La alternativa revolucionaria es, hoy en día, defendida por una parte minoritaria de la sociedad. Hasta muchos de los que se llaman revolucionarios no se enrojecen al decir que la revolución es un sueño bonito, pero imposible.

Este hecho no debe extrañar, sólo en momentos revolucionarios la posibilidad de un cambio de este tipo es percibido y tomado como posible por gran parte de la población. La maquinaría ideológica que está en manos de los ricos se encarga de borrar toda señal de las luchas de los trabajadores en el pasado, de las revoluciones habidas o de las victorias que se han conseguido.

Es inimaginable pensar que los ricos propietarios de la prensa, por ejemplo, vayan a publicar y a expandir ideas que van en contra de sí mismos.

Por esta razón, sólo las organizaciones revolucionarias pueden tratar de mantener viva la memoria de lo pasado a lo largo de la historia de los trabajadores. Esta tarea no se lleva a cabo por el hecho sentimental o nostálgico de recordar el pasado con orgullo, sino más bien para aprender de los errores que se cometieron y para demostrar que si hubo razones y condiciones para que ello sucediera entonces y éstas siguen existiendo hoy, eso significa, por tanto, que aún es posible la transformación de la sociedad.

Es por ello que tenemos la necesidad de recuperar la propia historia de los trabajadores, diametralmente opuesta a la que nos enseñan en las escuelas. Esa es una de las razones por las que En lucha publica su periódico y organiza sus charlas.

Necesitamos saber de las luchas que ha habido contra la monarquía y no los nombres y fechas de los monarcas. Necesitamos conocer al movimiento obrero de principios de siglo, la insurrección de 1909, la huelga de la Canadiense, la revolución de Asturias y la del 36.

Necesitamos saber de las grandes revoluciones desde el punto de vista de los pobres, de los hambrientos, de los analfabetos y no desde el punto de vista de los dictadores o de los tiranos.

Necesitamos saber todo lo posible acerca de los momentos en los que los trabajadores han tomado la historia en sus propias manos, acerca de la Comuna de París en 1871, de los primeros años de la revolución rusa, de los comités en Munich y Kiel en 1918 y 1919, en Turín en 1920, en Budapest en 1956, acerca del París de 1968, de Lisboa en 1975 o de Teherán en 1979.

Necesitamos saber cómo se pueden hacer las revoluciones, y por qué se han perdido antes. No podemos aprender estas lecciones individualmente, sólo leyendo libros en casa. Necesitamos mantener nuestra historia y nuestra memoria fresca, mediante un debate continuo entre los que quieren cambiar el mundo.

Necesitamos nuestros propios periódicos. Pero no servirán de nada si estos no pueden llegar a las manos de la gente que también odia al sistema actual. Su circulación sólo es posible vendiéndolo mano a mano. Los periódicos socialistas, al igual que los otros, necesitan de impresores, periodistas, etc., pero la diferencia con la prensa de los millonarios es que la prensa socialista necesita de gente dispuesta a sacarlos a la calle y venderlos.

De la misma manera, una organización revolucionaria no se mantiene a la espera de que llegue el día deseado, sino que participa en las luchas que se van sucediendo. Las manifestaciones, huelgas o campañas son el momento en que los que se están movilizando están cuestionando este o aquel punto del sistema y, es por ello, que las ideas cambian mucho más rápidamente. En esos momentos, se ve más claramente, por ejemplo, el papel de la policía, de los partidos parlamentarios de izquierda, de la prensa, etc.

Es por ello que los revolucionarios ven en la búsqueda de reformas, que conlleven mejoras para los trabajadores, el mejor espacio donde actuar.

La necesidad de una organización revolucionaria, por tanto, parte de un menester tanto para las luchas de hoy como para los momentos revolucionarios de mañana.

Uno no puede ser un socialista por su cuenta, parece obvio, pero aún hoy hay mucha gente que se considera socialista y no está organizada colectivamente. El socialismo es un sistema basado en la cooperación, el reparto de los recursos y la solidaridad. No podemos empezar a cambiar el mundo si todos aquellos que quieren cambiarlo no se unen a una organización socialista revolucionaria.

Para que esta organización tenga una idea de lo que está sucediendo en la clase trabajadora necesita la afiliación y participación de los miembros más conscientes y luchadores de esta clase social.

En lucha trata de ser esta organización. Somos una organización que funciona sobre la base de unir a la gente que quiere llevar a cabo una resistencia activa al capitalismo.

Concentramos nuestros esfuerzos en la gente que está luchando o en la que se está preparando para hacerlo. Tratamos de expandir nuestro entendimiento político, nuestro conocimiento de la historia, nuestro periódico, en el que animamos a la gente a resistir a los ataques del gobierno y la patronal.

A diferencia de los partidos socialdemócratas o comunistas, donde los líderes hacen lo que quieren sin contar con la base, una organización socialista revolucionario se basa en la actividad de sus propios afiliados y son éstos los que determinan la dirección del partido.

La imagen de En lucha, que algunos en la izquierda dan de nosotros, es la de fanáticos de la revolución. Pero lo cierto es que los miembros de En lucha no han nacido siendo revolucionarios. Nos hemos hecho socialistas revolucionarios porque nos ha persuadido un argumento, por desafiar al gobierno, a la policía o, sencillamente, por el ejemplo de otra persona que estaba luchando.

Si aparecemos más confiados, organizados o optimistas acerca de las posibilidades de cambiar el mundo, no es por obstinación o por tener un gran compromiso. Es porque podemos organizar alguna plataforma y sabemos que otras organizaciones la integrarán, podemos producir octavillas o periódicos, sabiendo que habrá compañeros que los venderán, podemos saber qué está pasando en otros países y recibir información de las luchas que se dan, porque formamos parte de una corriente internacional de organizaciones que se basan en la misma política de lucha contra el sistema. El conocimiento, la lucha y la solidaridad dan la necesaria confianza, que muchas veces falta a los socialistas que van por su propia cuenta.

Si la gente que dice ser socialista decide que ha llegado el momento de hacer algo para organizarse, podremos ser más fuertes y establecer más lazos de solidaridad entre los trabajadores en lucha.

En todos los casos en los que una revolución ha estallado, la presencia o ausencia de una organización revolucionaria ha sido de gran importancia para la victoria o la pérdida de ésta. Es por ello, que su creación y su participación no es una posibilidad a tener en cuenta, sino una necesidad comprobada.

La lucha hoy

Desde la llegada del Partido Popular al gobierno la política neoliberal se ha visto incrementada. Las privatizaciones de empresas estatales y de servicios públicos, las rebajas de impuestos a los ricos -IRPF- o las medidas represivas que ha utilizado contra el Movimiento de Liberación Nacional Vasco y los estudiantes, han sido la pauta a seguir.

Ante estos hechos, muchas personas han salido a la calle para protestar, para mostrar su descontento con estas medidas.

La posibilidad de defender no sólo los derechos conseguidos sino de ganar nuevas propuestas, como la jornada semanal de 35 horas, pasará por la movilización y por la fuerza que tenga la izquierda.

En ese sentido el PSOE, hasta el momento, poco ha hecho para contrarrestar la política del gobierno. No parece que vaya a convertirse en una oposición combativa, simplemente, porque en las cuestiones fundamentales está de acuerdo con Aznar y su gobierno.

Es por ello, que se abre un buen momento para la izquierda más radical a la hora de reivindicar y ganar a sus filas a gente que sí quiere movilizarse, que sí quiere luchar.

Para En lucha lo más importante, en el futuro, van a ser las propias luchas que se lleven a cabo, no los debates en el Parlamento entre gobierno y oposición.

Es por ello que en las manifestaciones para extraditar y juzgar a Pinochet, en la campaña contra la librería nazi Europa o en las muestras de apoyo y solidaridad a Egin y a la Mesa Nacional de Herri Batasuna, En lucha ha participado y trabajado para que fueran un éxito.

Nuestra principal tarea es demostrar, en la teoría y en la práctica, por qué la política de la izquierda reformista, PSOE, IU o los Partidos Comunistas, no es la mejor a la hora de luchar contra las injusticias de este sistema.

Y a la vez, exponer a todas las personas que quieren luchar, que quieren ser activas en la izquierda, que unirse a la política revolucionaria es la mejor arma, no sólo para romper algunas cadenas del capitalismo sino para ganar un mundo nuevo.

Comentarios Destacados

@Mathh +11
java_rc96 dijo:Vagos, Mantenidos y Garkas


los capitalitas que son?

individualistas, vanidosos, egoistas, ignorantes


si me tengo que quedar con uno, con el socialismo toda la vida
@1COMODIN9 -1
Egoísta el que quiere quedarse con uno, individualista el que quiere quedárselo para él, vanidoso el que piensa que es dueño de la verdad, ignorante el que piensa que esa verdad es el marxismo.
@Mathh -1
@1COMODIN9 pelotudo el que cree que la verdad la tiene por descalificar la opinión de otros.
@1COMODIN9 -1
@Mathh ¡Eso es! ustedes los marxistas simpre salen con el argumento genérico: los "capitalitas" son ésto, los burgueses aquello, el imperio yoquesé ¿por qué? porque si no hubiese enemigos imaginarios contra los cuales luchar, la responsabilidad sería de un corrupto puntual (muchos de los cuales, son socialistas, lo sé porque vivo en Venezuela) o de un ladrón específico (muchos de los cuales también son socialistas) y toda su "lucha" carecería de sentido. Ésto es, de sentido a sus pr

10 comentarios - El ABC del socialismo

@java_rc96 -16
Vagos, Mantenidos y Garkas
@Celta81 +2
Uf... re largo, interesante pero largo. Lo agrego a Favs y recomiendo.
@guille297 -6
bue! si si, sigan viviendo en un mundo que ya no existe!!
@Mathh +11
java_rc96 dijo:Vagos, Mantenidos y Garkas


los capitalitas que son?

individualistas, vanidosos, egoistas, ignorantes


si me tengo que quedar con uno, con el socialismo toda la vida
@1COMODIN9 -1
Egoísta el que quiere quedarse con uno, individualista el que quiere quedárselo para él, vanidoso el que piensa que es dueño de la verdad, ignorante el que piensa que esa verdad es el marxismo.
@Mathh -1
@1COMODIN9 pelotudo el que cree que la verdad la tiene por descalificar la opinión de otros.
@1COMODIN9 -1
@Mathh ¡Eso es! ustedes los marxistas simpre salen con el argumento genérico: los "capitalitas" son ésto, los burgueses aquello, el imperio yoquesé ¿por qué? porque si no hubiese enemigos imaginarios contra los cuales luchar, la responsabilidad sería de un corrupto puntual (muchos de los cuales, son socialistas, lo sé porque vivo en Venezuela) o de un ladrón específico (muchos de los cuales también son socialistas) y toda su "lucha" carecería de sentido. Ésto es, de sentido a sus pr
@AuKaChe +3
guille297 dijo:bue! si si, sigan viviendo en un mundo que ya no existe!!

¿El del "sueño americano" ?
@java_rc96 -2
comando01 dijo:
java_rc96 dijo:Vagos, Mantenidos y Garkas

capitalismo

Si sos socialista me alcanza para decir que sos un cara dura sin cerebro
@AuKaChe +3
java_rc96 dijo:
comando01 dijo:
java_rc96 dijo:Vagos, Mantenidos y Garkas

El ABC del socialismo

Si sos socialista me alcanza para decir que sos un cara dura sin cerebro

Si defendés el capitalismo es la comprobación de que sos un pelotudo sin razonamiento.