Guns N' Roses: El último gran exceso del rock
En 1991 los miembros de Guns N’ Roses gastaban 600 euros en coca para una noche, y sus conciertos acababan en disturbios. También era la banda más ambiciosa: hace 20 años salieron ‘Use your illusion I’ y ‘II’, los dos álbumes dobles que mataron al grupo.
Axl Rose, el vocalista de Guns N’ Roses, contonea de un lado a otro su cuerpo y agarra con fuerza el micrófono sobre el escenario, mientras canta Rocket queen, el sexual himno de la banda. Un chaleco con plumas, un pantalón recortado por debajo de sus ingles y una gorra de policía acentúan sus movimientos. Son agresivos y sensuales. A su lado, Slash y Duff McKagan, guitarrista solista y bajista del grupo, tocan con cara de cuelgue y con sus instrumentos a la altura de las rodillas. Rose rompe repentinamente la icónica estampa: “Echa a ese tío o lo haré yo”, desafía a uno de su cuerpo de seguridad. Sin más advertencias, se lanza a las primeras filas de su público y arranca la cámara de fotos a un motero que le está fotografiando sin autorización.
El pelirrojo cantante pierde sus lentillas y suelta puñetazos indiscriminados entre el público. El resto del grupo sigue tocando, como si la gresca fuera parte del espectáculo. Con la confiscada cámara en mano, Axl regresa al escenario. “Me voy a casa”, suelta a los 20.000 atónitos espectadores. Estampa el micro contra el suelo y desaparece. Se acabó la fiesta. Al menos por unos pocos minutos: el abrupto fin no sienta bien al público y arrancan unos violentos disturbios. De poco sirven las potentes mangueras de los bomberos frente a la masa enfurecida: de ahí salen 60 heridos, 16 detenidos, los instrumentos de la banda destrozados y una factura de 160.000 euros en desperfectos del recinto. Al día siguiente, este desafortunado concierto en San Luis (EE UU), el 2 de julio de 1991, lleva a Guns N’ Roses a encabezar los informativos estadounidenses. Una vez más…
“Desde que sacamos nuestro primer álbum hemos visto a un montón de bandas publicar varios discos. ¿Pero a quién le importan? Fueron grandes estrellas durante un par de telediarios, pero sólo siguen el juego de la industria musical. Nosotros no queremos eso”, sentenció Axl Rose (William Bruce Rose, 49 años, EE UU), en un reportaje en ROLLING STONE, publicado pocas semanas después del sonado incidente en San Luis. Había mucha presión en torno a Guns N’ Roses aquel verano de 1991. Su primer disco, Appetite for destruction (1987), se convirtió sin previsión alguna en un éxito millonario: pasó desapercibido al salir y un año después estaba en la cima de la lista de los álbumes más vendidos en EE UU (es el debut con mayores ventas de la historia: 28 millones de ejemplares). Cosas del boca a oreja y de un disco redondo, cargado de rock duro, punk y buenas melodías. Sus cinco creadores pasaron de vivir en una destartalada casa en Hollywood, antigua propiedad del cineasta Cecil B. DeMille, a adueñarse de MTV, la entonces todopoderosa televisión musical, tutearse con Mick Jagger o copar titulares. Y no sólo por altercados: también por supuestas posturas racistas (con su tema One in a million) o por apariciones ebrias en entregas de premios (busquen ‘Guns American Music Awards’ en YouTube)... Cuando la banda estaba a punto de lanzar su segundo trabajo con canciones nuevas, la situación era diametralmente opuesta a cuando salió su debut: los focos estaban sobre el nombre más grande y escandaloso del planeta. Pero con Use your illusion Guns N’ Roses se desmarcó de nuevo.
“No recuerdo ni un sólo día de paz entre 1990 y 1994”, revela Duff McKagan (Michael Andrew McKagan, 47 años, EE UU) en It’s so easy and other lies, su recién publicada biografía (no está en castellano). Son los años que ocupó la creación y presentación en conciertos de Use your illusion, el segundo y faraónico lanzamiento discográfico de Guns N’ Roses (no contamos Lies, de 1988: un refrito con tres canciones nuevas, versiones acústicas de sus temas y su primer ep en directo). Sólo una banda tan grande como ellos en aquella época podía sacar una colección dividida en dos discos dobles, Use your illusion I y Use your illusion II, vendidos por separado y que suman 30 canciones. “No ha habido grandes discos de rock últimamente. Serán 150 minutos de buena música”, dijo para promocionarlo su discográfica, Geffen, meses antes de publicarlo. Su extensión era también ideal para la larga duración que permitía el recién instaurado disco compacto. La jugada salió bien. Se han despachado más de 40 millones de ejemplares de ambos, se extrajeron siete singles, con sus correspondientes y costosos vídeos musicales (¿es el de November rain uno de los más pomposos de la historia?), y desembocó en una de las giras más largas de la historia del rock, de casi dos años y medio.
Pero Use your illusion I y II fue un parto complicadísimo. Los egos inflados por el éxito chocaron, la heroína y la cocaína mermaron las musas o demasiada avaricia rompió el saco. Cada protagonista de esta historia tiene su versión. Pero fue el último álbum de la formación clásica de Guns N’ Roses. Y 20 años después de salir a la calle, Use your illusion I y II permanecen como el último capítulo del rock millonario, excesivo y escandaloso; ése que anteriormente practicaron Queen, Led Zeppelin o los Rolling Stones. Porque una semana después de su publicación, el 17 de septiembre de 1991, vio la luz Nevermind, el disco de Nirvana que mató a la estrella del rock. Pero ésa es otra historia.
Paradójico. En los últimos 80, Los Ángeles, la ciudad en la que creció Guns N’ Roses, era incómoda, casi peligrosa, para nuestros protagonistas. Cuando llegó el momento de volver al hogar tras dos años en carretera con colosos como Iron Maiden, Aerosmith o Kiss, estos nuevos ricos chocaron en esta gran urbe con la rutina, la soledad y sus amplias cuentas millonarias. Y sobre todo con sus descontrolados vicios. Lo recuerda el guitarrista, Slash (Saul Hudson, 46 años, Inglaterra, hijo de una estilista afroamericana y un artista londinense) en su biografía, titulada con su nombre artístico y disponible en castellano: “Steven [Adler, batería del grupo] y Duff vivían en mi calle, pero no les veía mucho. Si hubiesen sido camellos sí lo hubiese hecho”. Cada miembro de Guns N’ Roses peleaba con su propio infierno. El de Slash, Steven Adler (Michael Coletti, 46 años, EE UU) y el guitarrista rítmico Izzy Stardlin (Jeffrey Dean Isbell, 49, EE UU) era la heroína, mientras que Duff se las veía con la cocaína y el vodka (llegó a beber su propio vómito para no desperdiciar ni una gota de alcohol, recuerda). Sólo había uno de ellos limpio: Axl Rose, más pendiente de alimentar a su ego y de visitar a su psicóloga. Él propuso que la banda fuera a Chicago (EE UU), para componer su segundo álbum como en una comuna; lejos de camellos y juergas de semanas enteras. Quería recuperar el espíritu colectivo de aquella decadente casa en Hollywood donde años atrás se gestó Appetite for destruction.
Pero en aquellos dos apartamentos alquilados en la concurrida calle Clark, en Chicago, no hubo buenas vibraciones ni creatividad. No ayudó que el teatro rentado para ensayar se encontrara encima del club rockero Metro, el lugar perfecto para pillar cocaína. Y mucho menos que no estuviesen todos los músicos allí. Los días pasaban, se acumulaban más juergas que nuevos temas y el promotor de esta convivencia apareció tres semanas después de la fecha acordada. Se armó la gran bronca: “Axl llegó, tuvo movida con una chica con la que habíamos ligado y destrozó el apartamento. […] Cuando vino Izzy y vio el percal se fue cagando leches. Dejó de estar vinculado a la banda desde ese momento, aunque no se fuera hasta dos años después”, relata Duff en su biografía. “Sentía que mis opiniones no eran tomadas en serio”, dijo Izzy a ROLLING STONES al poco de abandonar la formación, en 1991.
Finalmente Guns N’ roses sólo necesitó dos noches para componer el grueso de Use your illusion I y II, al regresar de nuevo a Los Ángeles. Con adicciones y fricciones atenuadas, y con un par de guitarras acústicas, la inspiración brotó en la casa de Slash. Allí se reunieron los músicos para hacer las canciones Locomotive, Coma, So fine... Aunque las más aclamadas de este trabajo nacieron mucho antes. You could be mine fue creada para Appetite for destruction pero se quedó fuera. Don’t cry viene de más atrás aún: está en la maqueta presentada para conseguir su primer contrato discográfico. Y November rain, la épica balada, también iba para aquel debut pero quedó descartada: con Sweet child O’Mine, el single que les hizo millonarios, el cupo romántico estaba cubierto. La espina quedó clavada en Axl por un buen tiempo. Aunque a eso llegaremos un poco más adelante.
“Guns N’ Roses echa a Steve Adler por consumo de drogas”. El titular que inundó la prensa musical a principios de julio de 1990 arrancó más de una carcajada en el mundillo rockero angelino: quienes escondían jeringuillas en el forro de sus chupas de cuero o gastaban 600 dólares en cocaína para una noche daban la patada a su batería por adicto. “Cruzó la línea: sus vicios estaban afectando al trabajo”, argumentó la banda. Las cifras acompañan la decisión: Adler escapó 22 veces del centro de rehabilitación en el que le ingresaron sus compañeros y tuvo que grabar 30 tomas de batería para el tema Civil war, su última participación en la banda y única en el proyecto Use your illusion (está en el segundo volumen). Fue sustituido por Matt Sorum, y con este anterior batería de The Cult entró el teclista Dizzy Reed, fichaje apadrinado por el vocalista. Axl se hacía poco a poco con el mando del grupo (“por influencia de su psicóloga”, asegura ahora algún ex compañero). Y lo tenía claro: debían grabar las 36 canciones que había en la recamara.
“Éramos despilfarradores con un gran trabajo por hacer”, recuerda Slash sobre las sesiones de grabación de Use your illusion I y II en los lujosos estudios Record Plant, en Los Ángeles (los mismos en que Queen inmortalizó su millonario The works, de 1984, o Lady Gaga su pasaporte al estrellato, The fame, de 2008). No hubo exceso de arreglos ni trucos de grabación. El grupo estaba dedicado y centrado. Axl sobre todo: instaló su cama y sus aparatos de gimnasio, y convirtió su sala de grabación en un improvisado apartamento. Tenía además nuevas labores entre manos: bañar en teclados las canciones del grupo. Acabaron determinando temas como Live and let die, su versión de Wings, la banda de Paul McCartney; Estranged; y, sobre todo, November rain, aquella cuenta pendiente de años atrás. Dedicó decenas de horas para crear con su sintetizador las melodramáticas cuerdas que se escuchan en esta composición, escrita por él años antes de existir Guns N’ Roses (“Suena mejor que una orquesta real”, dijo Slash). Aunque con un pero: tuvo que conformarse con los nueve minutos en que quedó recortada su obra, que originalmente se extendía hasta los 25.
“Imagina la épica de Exile on main street, de los Stones, mezclado con lo ecléctico del Álbum blanco de los Beatles, lo lunático de Alice Cooper y la gracia de Aerosmith”. Son palabras del reconocido periodista musical David Fricke, en su reseña de Use your illusion I en ROLLING STONE, publicada en octubre de 1991. Lo conciso envuelto de grandilocuencia (y con más relleno del recomendable, como suele pasar con los álbumes dobles) también sedujo a los seguidores: tras una semana en la calle se vendieron 680.000 ejemplares del primer volumen y 770.000 del segundo (a día de hoy, Use your illusion I lleva 20,8 millones de copias despachadas, mientras que su gemelo 20,4). El arte de la portada, hecho por el reconocido diseñador Mark Kostabi y basado en La escuela de Atenas, del artista renacentista Rafael Sanzio, era el mismo para ambos, sólo el color de fondo los diferenciaba: amarillo para el I y azul para el II (pronto hubo disputas entre los seguidores por cuál era la mejor de los dos). Sencillo aunque pretencioso: como su contenido.
“Mucha gente piensa que fuera del escenario pasaban cosas increíbles. En realidad, estabas solo en algún garito u hotel perdido, haciendo tiempo entre un concierto y otro”, contó Slash a Rollingstone.es, en 2010, al hablar sobre en lo que derivaron los dos volúmenes de Use your illusion. Durante casi dos años y medio el grupo recorrió el globo en un Boeing 272 privado (el mismo que usó U2 en esa época), en una gira tan excesiva como los álbumes que presentaba. Por el camino perdieron a Izzy Stradlin (se cansó de Axl, dejó la banda y fue sustituido por Gilby Clarke), al mánager con el que se hicieron enormes, Alan Niven (no le entraba bien a Axl: yates, fiestas temáticas…), muchos millones (el nuevo mánager, Doug Goldstein, era atento con las plegarias de Axl), la simpatía de los fans (Axl llegaba sistemáticamente tarde a los conciertos, algo que no ha cambiado con la actual versión de la banda, en la que sólo queda él de la formación original)... Fue el principio del fin: Guns N’ Roses fue víctima de su propia grandeza. Ni siquiera Axl supo hacerle frente.
Fuente: Guns N' Roses: El último gran exceso del rock
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4 comentarios
que buena foto y que buena la remera de Axl
MUY BUENO LA VERDAD MUY BUENO !!