Derechos de los no fumadores

El fumador pasivo tiene pocas opciones. Por lo mismo, ya es momento de que despierte y dé fuerza a sus decisiones. Si una persona opta por no fumar, bajo una profunda convicción de que su salud está primero, debe procurar que todos los ambientes en los que se desenvuelve le permitan ejercer ese derecho.
Los efectos del cigarrillo han sido analizados en extenso, demostrando que su consumo se relaciona con mayor riesgo de desarrollo de aneurismas y obstrucciones de las arterias. Un aneurisma puede avanzar sin síntomas durante muchos años, y acusar su presencia sólo cuando es demasiado tarde y está en peligro la vida de la persona. En tanto, la obstrucción progresiva de las arterias priva del vital riego sanguíneo a distintas zonas del cuerpo y, en el caso del cerebro, se vincula directamente con mayor riesgo de accidentes cerebrovasculares.
El riesgo es significativo: según la guía clínica del Minsal, sobre una población chilena de 16 millones, se estima que 12 mil sufren infarto cerebral nuevo o recurrente, 2.500 mueren por esta causa y 1.600 quedan con una vida dependiente de asistencia moderada o severa.
En general y a pesar de toda la información disponible, el fumador piensa que en su caso particular no va a pasar nada. Muchos citan la experiencia de algún familiar o conocido que vivió muchos años fumando sin complicaciones. Sin embargo, las estadísticas no mienten. Si se fuma, es altamente probable que el tabaco esté relacionado con su muerte o al menos con una disminución de la calidad de vida hacia el final de sus días. El imponer a sus vecinos no fumadores estas complicaciones no debiera ser una opción.

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