Qué debe enseñar la escuela


Qué Debe Enseñar La Escuela


El progresivo triunfo de la tecnología y de los sistemas de comunicación ha conmovido la tarea educativa y ha creado un explicable desorden y una natural perturbación en los medios pedagógicos. Eso, por un lado, ha generado desconcierto en el campo magisterial. La Unesco nos ha tenido al corriente sobre cuántas maneras tiene el proceso de manifestarse en todos los continentes.

A eso debemos agregar que la vocación magisterial se ha ido empobreciendo, razón por la que no es fácil descubrir jóvenes gozosamente interesados en buscar en el magisterio un instrumento de felicidad para lo porvenir. El deber de quienes estamos comprometidos en la brega se hace, por eso, más premioso y se nos presenta urgido de entusiasmo y de llamados cordiales a la reflexión.

El hecho de que la educación esté en crisis ha llevado a muchos a analizar las reformas que se creen imprescindibles en profesores y estudiantes, y por eso una de las preocupaciones primeras ha sido discutir cómo reformar programas. Mientras persistamos en ese error, no será fácil lograr la cura del enfermo. Necesitamos comprender, ante todo, que lo necesario es modificar nuestra concepción de la política educativa.

Las transformaciones sufridas en el campo de la técnica y de la comunicación son suficientes para comprender que no podemos mantener los criterios pedagógicos que presidieron nuestra formación. El conocimiento es hoy interdisciplinario, y más importancia tiene lo que debe aprender el alumno que lo que está en condiciones de enseñar el maestro.

Si es verdad que la educación requiere muchos ajustes, debemos comenzar por estudiar cuál es la calidad de conocimientos que el alumno debe aprender a cultivar para saberse persona. Posiblemente llegaremos a la conclusión de que muchas de las asignaturas que fueron lujo de nuestra vida escolar deberán ser reemplazadas, algunas otras necesitarán ampliar su campo de observación, y otros mundos ahora reclamarán atención.

La escuela debe aspirar a que los estudiantes aprendan a buscar el conocimiento para que, munidos de inteligencia y tesón, puedan enriquecerlo y superarlo. El mundo necesita que la escuela nos haga personas y cada país le reclama a la escuela la formación de ciudadanos. Y cuando hablamos de que habrá que reducir asignaturas, no estamos postulando su destierro. Anunciamos solamente que debemos poner al estudiante en condiciones de la formación escolar recibida.

Volveremos a reconocer el acierto de los grandes maestros renacentistas. El lenguaje, la matemáticas y la filosofía siguen siendo las materias esenciales. Y el tiempo se ha encargado de confirmar su interrelación y su interdependencia: quien falla en una asignatura mostrará su debilidad en las otras. La escuela no puede descuidar esta trilogía. No debe olvidar cómo el hombre que desconoce y no se ejercita en los valores, no podrá mostrar su verdadero lado humano. Y al recordar, con los griegos, que la educación es el objetivo fundamental de la política, descubrirá la escuela la importancia que ha ido adquiriendo la formación cívica, que servirá para que el alumno descubra el significado de la justicia, la verdad y la libertad.

La gran reforma no mira ahora al qué de nuestra tarea. Mira esencialmente al cómo. El ‘magister dixit’ carece de valor. Ahora somos un equipo en que maestros y estudiantes, en unidad, intercambiamos experiencias y entusiasmos para buscar (ayudados unos por lo aprendido, impulsados los otros por la avidez por descubrir) el conocimiento.

Aprender a buscar es ahora la consigna: la ciencia es inmensamente amplia y todos sus avances son precarios y provisionales. Eso es lo que la escuela debe enseñar ahora. Y eso requiere paciencia, buena voluntad, y tolerancia. La tolerancia es imprescindible para derrotar a la vanidad y la soberbia que están a veces atrás y entusiasman a los incautos. Reformar el sistema educativo no quiere decir, para empezar, apurar el paso. Quiere decir, en verdad, marchar cautelosamente, con seguridad. Es decir, hay que dar pasos calculados, seguros. Eso conduce a ofrecer enseñanza de calidad. En cuanto nos pongamos de acuerdo, reconoceremos que hay luz en el horizonte.


FUENTE

enseñanza


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