El Rock y la Moda

Dime cómo vistes...

Unos pantalones de terciopelo rojo y unas botas de cuero pueden ser tan elocuentes como el más poderoso riff. De Tanguito a Babasónicos, los rockeros locales han elegido con cuidado los trapos con que salen a escena. Una cuestión de imagen

Una colección de figurines y gestos que relacionen moda y rock en la Argentina debería admitir la célebre media que Tanguito usaba en su cabeza, versión arcaica de la toca con la que alisaba su peinado (el anecdotario fashion de este músico incluye el rumor de que una de sus míticas grabaciones se habría financiado con la venta del tapado de piel de su hermana), y también la fascinación por el overall o mono de una pieza, uniforme de trabajadores que en la historia de la moda apareció en 1920 y que entre 1970 y 2000 fue reverenciado por los músicos-obreros de Vox Dei, Sumo, Los Encargados y El Otro Yo.

El Rock y la Moda


Esa posible historia de la construcción rockera de una imagen también admite la factura casera y los escasos recursos para cimentar sofisticados estilos con prendas cosidas por madres o modistas y otras tomadas del boudoir de las novias y del placar de los padres. Pescado Rabioso, Emmanuel Horvilleur y Bersuit Vergarabat adhirieron al modus operandi . "En la adolescencia me paraba ante el espejo y practicaba poses con la guitarra vestido con una camisa con jabot de mi madre, emulando a Yes o Led Zeppelin -rememora Richard Coleman-; luego, ese personaje me dio aplomo para enfrentar la adrenalina del escenario." Las búsquedas en mercados preciosistas de Nueva York y Londres, pero también en rezagos del Once y anticuarios de San Telmo, enriquecieron el cruce local entre moda y rock; en esta línea de auxilio vintage , pocos destacaron más que Viuda e Hijas de Roque Enroll, Suárez, Miranda y Los Auténticos Decadentes. Recuerda el músico Daniel Melero: "Una gran parte del rock underground de los años 80 se nutrió de ropa en Anteka, una tienda de la avenida Rivadavia, en Once. Tenía un montón de ropa que no se vendió en los años 60, estaba casi sucia y lo normal era que luego la tintorería nos saliera más cara".

La exaltación de la ferretería industrial como materia prima para fabricar estética rockera es otro signo vernáculo: en 1992, ocho años antes de consagrarse como diseñadora del circuito de autor, Vero Ivaldi ideó tapados para la banda Los Brujos con caños de PVC cortados y cosidos a modo de canutillos, en una audaz cita del imaginario cinematográfico de clase B. Noemí Vázquez, una de las primeras vestuaristas rockeras, señala: "Yo era amiga de Pappo, Javier Martínez, Tango, Miguel Abuelo y casi toda la gente que se presentó en el primer concierto de rock en castellano del Teatro Apolo, producido por el sello Mandioca. Me acuerdo de sesiones de fotos con Los Abuelos en el que Pappo salía con un tapado negro mío, muy napoleónico, al que él consideraba absolutamente Hendrix Experience . Al regresar de un viaje a Londres hice mis primeros trabajos con Pappo s Blues, donde el baterista Pomo tenía un look ambiguo y genial: pantalones de terciopelo rojo de Alcasura (la tienda londinense donde se vestían Mick Jagger y David Bowie) con hileras de strass a los costados de las piernas, camiseta ajustada de mangas casi tres cuartos, lazo de raso negro en el cuello, chaqueta de cuero entallada y con cuello en punta, todo rematado con zapatos abotinados con tacón de institutriz inglesa, que le daba un aura absolutamente romántica". ¿Y Pappo, el mayor héroe de la guitarra rockera nacional? "Los looks pensados para él estaban más cerca de Jeff Beck o Frank Zappa -señala Vázquez-; camisetas ajustadas de manga larga con banderas inglesas justo a la cintura, jeans pata de elefante y botas Beatles."

En 1980, la artista plástica Renata Schussheim ofició de directora de arte para el show en Obras de Bicicletas , de Serú Girán. "Dispuse elementos sueltos sobre el escenario, hubo una bicicleta vieja y algunos muñecos que pinté de blanco -dice-. Después, por pedido de Charly García, hice el vestuario para la presentación de Piano Bar . Los músicos se vistieron con ropa que yo tenía de mis vestuarios para teatro y usamos cosas del perchero del grupo de teatro Caviar, porque no había presupuesto para vestuario. Siempre había poca plata."

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Primera dama del rock criollo, Fabiana Cantilo refuerza la comunión de escasez económica y libertad creativa a la hora de montar su vestuario. "Sin querer armé este estilo, practicaba el cualquierismo, el cualquiercosismo, siempre para mostrar mis piernas y tapar mis caderas", declara. En esa línea, el primer momento de la estética de Soda Stereo -la new wave traspolada a la Puna ( circa 1986)- es examinado por su vestuarista. "Antes no era como ahora, que uno sale y compra lo que necesita. Todo se hacía con pura creatividad y mediante soluciones caseras; recién con el pasar de los años, cuando tuvimos plata, pudimos comprar kits de maquillaje y accesorios -dice Alejandra Boquete, vestuarista, peluquera y maquilladora de Gustavo Cerati, Zeta Bosio y Charly Alberti-. Fui probando diferentes productos para ver cuál les dejaba el pelo más duro y sin que se cayera después de saltar y bailar una hora y media. Tratábamos de que el maquillaje fuera lo más resistente posible y por eso usábamos un polvo japonés de arroz que yo había traído de Nueva York y les dejaba la cara como de porcelana".

Desaliño y dandismo

A la manera de los mods -jóvenes ingleses de clase media baja que en los años 60 reverenciaron la buena sastrería y la lucieron arriba de alguna Vespa y en estado de psicodelia-, los caprichos esteticistas de los rockers argentinos suponen un modo de ascenso social a través de la vestimenta. Lo primero que aparece en los interlocutores del rock criollo es el pudor, destacan que no son expertos y que nunca hablaron del tema, pero luego, rápidamente, los varones del rock no escatiman entusiasmo al narrar sus labores con la imagen para enfrentar el escenario. En sus discursos se fusionan la coquetería masculina, la exaltación del desaliño o del dandismo, y sobre todo el uso de ropas que manifiesten el tedio ante los dictados de la moda mainstream .

De Pasto a Jessico , en la vasta discografia de Babasónicos surgieron tantos experimentos indumentarios que el título de cada álbum podría ilustrar colecciones homónimas de moda. Que el exceso de atavíos con borlas y flecos, la oda al brillo y los cristales y otros gestos barrocos apunten algunos rasgos de estilo en Babasónicos responde a que el creador de una etapa de sus vestuarios, Manolo Gamarra, tiene como oficio la realización de vidrieras para la mercería Don Botón, situada en el barrio de Once. De esa forma, los botoncitos con brillos, cintas con bieses de glitter y pespuntes rimbombantes siempre estuvieron a disposición de los atuendos con los que la banda estallaba en los escenarios. Advierte Manolo sobre el método de pruebas de vestuario: "O ellos pasaban por mi casa de Boedo y se probaban la ropa o yo los iba a ver a otra casa vecina, donde vivían. Como yo tenía el mismo talle que ellos, me probaba sobre mi propio cuerpo. Por entonces miraba mucha moda, de las colecciones de Alexander McQueen al trabajo de Thierry Mugler, y les armaba un collage con imágenes de revistas de la vanguardia inglesa de comienzos de los años 90 como i-D o The Face ".

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El músico Javier Martínez no simula su veneración por los básicos de la sastrería inglesa (a la cual, a tono con su defensa de la castellanización en las líricas, califica de "pilchas". "Los músicos de Manal, Los Gatos y Tanguito íbamos a la sastrería teatral de la avenida Córdoba entre Libertad y Talcahuano, y allí conseguíamos la típica bota Beatle con el elástico y el taco cubano -señala-. El pantalón de cuero bien hecho se lo había visto a Elvis Presley y acá lo tenía Sandro, quien en su primera época salía con botas Beatles, pantalón de napa con la raya cosida y un chaleco de cuero. Yo me lo mandé a hacer con alguien que me recomendaron en la casa de cueros López Taibo. Estuve de novio con una azafata de Aerolíneas Argentinas y de sus viajes a Londres y a San Francisco me traía ropa de Carnaby Street. Ahí yo le encargaba desde pedales de bombos hasta sacos ingleses hechos con tela de gobelino y camisas psicodélicas."

El culto al cuero negro, con su santo grial en la chaqueta de cuero Perfecto desarrollada por los hermanos Irving y Jack Schott en 1928 ingresó en los armarios de los rockeros argentinos con ciertos matices. El baterista Michel Peyronel se refiere al triunfo de este material tras su experiencia en Riff, la banda que integró junto a Pappo, Vitico y Boff. "Cuando me sumé a Riff predominaba una estética de jeans y camisetas, pero yo insistí en que trabajáramos algo más sofisticado, con tachas y cuero, más metal . Si bien a Pappo le gustaba la ropa, muchas veces me dijo: ´¿Te parece que salgamos con eso? Nos van a matar . Lo que pasaba es que yo venía de la banda que tuve en Francia, con referencias del punk."

Los años 80 fueron muy crispados y almidonados, cuenta Isabel de Sebastián, ex cantante de Metrópoli, que usaba vestidos con mangas de virulana, practicaba figuras y coreografías con medias corridas y portaligas y se calzaba pantallas de veladores a modo de tocado. Lejos del extravagario circense, también recurrió a un look inédito y elegante a la vez, con rescates de vestidos de seda negro con etiqueta Paco Jamandreu o algún Vanina de War heredado del placar de su abuela, la poeta María Teresa León, una influencia en su relación con la moda. "Mi abuela, ex mujer del poeta español Rafael Alberti, era una de las mujeres más exóticas de los años 50, viajaba mucho, de Rusia a la China, y mezclaba muy bien lo étnico con lo folclórico", declara de Sebastián.

Flavio Cianciarullo, bajista de Los Fabulosos Cadillacs, usa tanto máscaras de luchadores mexicanos como guayaberas yucatecas, atuendos que luce con Flavio y la Mandinga y también con Misterio, una banda que desde hace unos meses integra junto a su hijo de diez años. Acerca del origen del look de Los Fabulosos, en sus comienzos influenciados por las bandas de la escena inglesa de ska , señala: "La moda nos llegaba a partir de los márgenes, de la subcultura del rock; no seguíamos los designios de la revista Vogue sino que transitábamos senderos más underground de la moda. Rescatamos la movida Two Tones, que era el revival inglés del ska jamaiquino inyectado de punk rock, y nos vestíamos con Fred Perry, Levi s 501, zapatos Doc Martens o botas Dessert, porque para nosotros la ropa era muy importante. Tan importante como ensayar".



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