Ojos claros, serenos, si de un dulce mirar sois alabados, ¿por qué si me miráis airados?


Si cuanto más piadosos más bellos parecéis a quel que nos mira no me miréis con ira,
porque no parezcáis menos hermosos. ¡Ay tormentosos rabiosos!
Ojos claros, serenos, ya que así me miráis, miradme al menos.


Gutierre de Cetina (1520-1560)




Porque su risa es alegre y su sonrisa nos enamora.



Deberías enamorarte sólo de quien te roba una sonrisas, pues si alguien te ama
nunca te hara llorar lagrimas de dolor, si no de gozo. El amor debe gozarse, no sufrirse.




Porque se entusiasman.
Porque sus ojos son grandes y brillantes.
Porque aunque parecen delicadas tienen una gran fuerza.
Porque son románticas.
Porque son cariñosas.
Porque usan diminutivos cuando hablan.
Porque nos dan conversación.
Porque todas son guapas.
Porque si algo les duele lo dicen.
Porque no caminan encorvadas.
Porque aunque lloren no pierden su belleza.
Porque se preocupan por las cosas.
Porque te apoyan y consuelan.
Porque son graciosas.
Porque se enamoran.
Porque se cuidan más que nosotros.
Porque son más observadoras.
Porque les gusta el color y el diseño.
Porque nos piden ayuda.
Porque bailan mejor que nosotros.
Porque su caligrafía es redonda y hermosa.
Porque sin ellas no habría musas para los poetas, ni heroínas para las historias.
Porque se pintan los ojos y las uñas.
Porque sus zapatos son bonitos.
Porque siempre nos sorprenden.
Porque sus dedos son finos.
Porque lloran en las películas tristes.
Porque los anillos les quedan bien.
Porque sin ellas no estaríamos aquí.
Porque nos tranquilizan y nos alteran.
Porque nos llenan de alegría y nos abaten de tristeza.
Porque cantan bien.
Porque su voz es dulce.
Porque nos caen bien.
Porque salir sin ellas no se entiende.
Porque aunque lleguen tarde no nos enfadamos.
Porque nunca quieren ver el fútbol.
Porque son muy limpias.
Porque no se las puede describir.
Porque siempre salen bien en las fotos.
Porque se acuerdan de las cosas.
Porque nos hacen felices.
Porque son misteriosas.
Porque no las conocemos.
Porque no las comprendemos, pero lo intentamos.
Porque nos dicen las cosas con tacto.
Porque les gustan colores como el rosa y el azul claro.
Porque piensan los nombres de sus hijos antes de tenerlos.
Porque siempre saben qué es lo que falta.
Porque nos piden cosas.
Porque sin ellas estaríamos solos.
Porque son simpáticas y amables.
Porque son mujeres y las necesitamos.