Motivación de los asesinos seriales


Motivación de los asesinos seriales


A menudo leemos las historias de asesinos seriales y nos preguntamos ¿qué es lo que realmente los motiva? Del estudio de los perfiles es posible concluir que generalmente los asesinos suelen quedar traumados desde niños por algún tipo de acontecimiento sexual o psicológico, que hayan vivido en si vida familiar, sobre todo en la relación con sus padres. Desde niños se puede ver lo torturado de sus mentes. Suelen provocar incendios o disfrutan torturando y maltratando animales de todo tipo. Recientes estudios demostraron que el 95% de los asesinos seriales presentan daño en la parte frontal del cerebro. Este tipo de lesión los hace generalmente más agresivos y más intelectuales que el nivel promedio.


cerebro

Daño cerebral de la mayoría de los asesinos seriales


Los delirios detrás de los asesinatos sólo sirven para justificar el extremo placer que sienten al quitar la vida de un semejante y producir dolor más allá de niveles imaginables. Algunos dicen ser enviados de algún dios, mientras que otros niegan la existencia de un Creador.


Los patrones de conducta de los asesinos seriales pueden ser clasificados en asesinos organizados y desorganizados. Tres cuartas partes de estos criminales son asesinos organizados y presentan un coeficiente intelectual mucho más alto que el promedio, lo que hace que se sienten superiores a los demás. La mayoría pose apariencias físicas normales e incluso atractivas.


Es común que este tipo de criminal mantenga una doble vida por mucho tiempo, incluso años, siendo padres de familia, esposos y ciudadanos normales. Ante sus vecinos y conocidos son personas totalmente normales, inclusive ante su familia, esposa e hijos, quienes en gran cantidad de los casos desconocen totalmente las “aficiones” de su familiar.


El resto de los asesinos pueden ser clasificados como desorganizados. Este grupo actúa por impulsos repentinos, y sus actos suelen ser consecuencia de antiguas frustraciones. El acto criminal es consecuencia de su incapacidad de mediatizar estas frustraciones tempranas de su vida, y buscan el placer instantáneo e intenso que les produce matar. De alguna manera, se trata del mismo mecanismo que se registra en los adictos, o los jugadores compulsivos. Tienen un bajo nivel intelectual y su comportamiento es relajado ante los demás. Ambos grupos de asesinos, los organizados y los desorganizados, muestran una perturbadora incapacidad de sentir culpa, o remordimiento por sus crímenes.


¿Quién sabe si ese simpático extraño que nos encontramos en el bus o en la calle no es en realidad un monstruo encubierto? ¿O quizás ese vecino que saludamos regularmente? ¿Puede usted asegurarlo?


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