Cómo olvidar a tu ex pareja

¿Acabas de romper tu relación? ¿Te cuesta olvidar a tu ex pareja? ¿No puede quitarte de la cabeza los recuerdos? ¿Sientes que no puedes vivir sin su presencia? ¿Te duele que no esté junto a ti, o que haya preferido a alguien más?

No siempre las relaciones de pareja suelen ser lo que esperamos o concluir en los sueños que anhelábamos. Se dice que en el amor siempre hay uno que ama más que el otro, lo cual no es realmente un problema mientras uno sea correspondido. Sin embargo, cuando una relación termina, parece que siempre hay uno de los dos que se queda más prendado de la situación y padeciendo la ruptura.

Decir que hay una receta para olvidar a alguien es como decir que hay una receta para amar a alguien. En realidad, el amor sucede en nosotros de forma espontánea e, incluso, misteriosa. Muchas veces no podemos decidir a quién amar ni podemos explicar porque lo amamos. Y muchas veces, por más que queramos, no podemos evitar que nos ronde todo el tiempo en la cabeza y nos camine por el corazón el recuerdo. Muchas veces tardamos meses y hasta años tratando de olvidar a alguien, sin conseguirlo.

¿Por qué no se puede olvidar una persona?

El amor es uno de los más grandes misterios y, sin embargo, si podemos llegar a comprender el por qué muchas veces el amor nos duele más de lo que nos hace gozar. Si comprendemos el aspecto doloroso del amor, es muy probable que podamos despegar y dejar atrás lo que debe de quedar atrás.

Entre más se ama…. ¿más duele?

Para analizar el dolor en cuestiones afectivas, es necesario que comprendamos que, durante mucho tiempo, se ha manejado la idea de que entre más duele, más se ama. Esto no es en realidad cierto, porque si observamos el amor desde una perspectiva más grandiosa, el amor es una alegría permanente que da gozo, creatividad y mucho ánimo y atrevimiento por lo nuevo y desconocido.

Decimos que duele cuando sentimos todo lo contrario. Y lo sentimos porque muchas veces la pareja nos hace olvidarnos de nosotros mismos, y, aunque no lo notemos, tratamos de cubrir fuertes necesidades afectivas y de aceptación con ella, es decir, que mientras la tenemos nos da lo que más nos hace falta.

Cuando una relación va bien, nos sentimos amados y queridos incondicionalmente. El amor que otro ser humano nos da es un elixir para el corazón, ya que además de alimento físico, necesitamos el alimento del amor (la aceptación, la admiración, la dulzura, etc.), para sentirnos fuertes, animados y creativos. Cuando el amor no es correspondido o “nos deja”, entonces, se abre un “hueco” en nuestro corazón, el cual sólo nos avisa de que no estamos recibiendo el amor anhelado. Y nos sentiremos deprimidos, tristes: abandonados.

Un clavo no siempre saca a otro clavo

Las personas que están a nuestro alrededor suelen por lo general consolarnos diciéndonos que encontraremos a alguien más, nos quieren presentar a otras personas y nos dicen que no hagamos caso al dolor porque este pasara. Y sin embargo, para muchas personas esto no es ningún consuelo y solo provoca sentimientos de enojo, porque sabemos que no hay nadie que sustituya al amor perdido.

Y esto es cierto: aunque haya 100 millones de personas en el mundo, nosotros sólo queremos el amor de quien amamos. Y no nos interesa (al menos por el momento) que nos ame nadie más. Todos parecen poca cosa. El mundo parece muy poco.

Empezar a desprenderse

Si bien en estos momentos sólo hay una persona que vale la pena para nosotros, quizá podríamos empezar por hacer consciencia de que en realidad no necesitamos tanto a esa persona, lo que necesitamos es su aceptación, diversión, ternura, conocimiento, etc. ¡Incluso necesitamos de sus problemas, reclamos y reproches! porque eso, de alguna forma, nos hacia sentir que estábamos conectados con algo. Sentirnos conectados con alguien es algo que todos buscamos. Cuando nos desconectamos, perdemos el rumbo y el sentido.

Pero habría que ver que todo aquello que anhelamos de alguien es, en el fondo, algo que nosotros no hemos aprendido a darnos, es decir, que de algún modo nos “abandonamos” a nosotros mismos, nos olvidamos de nuestros sueños, nos dejamos de escuchar, nos perdimos de rumbo. Nos desconectamos de lo esencial.

Lo que hacemos cuando “no podemos olvidar” es estarle entregando a una persona el poder de hacernos felices y grandiosos. Si reconozco que “sin ti no soy feliz”, entonces así será. Y no seré feliz ni libre, ni aprenderé a tener relaciones más grandiosas, hasta que no reconozca que realmente yo soy la única persona que no se ira de mi vida, y que quien tiene que aprender a amarme , respetarme y admirarme soy yo.

Si dependo de otro ser humano para ser feliz, entonces siempre tendré relaciones de mucha dependencia, me dolerá cuando no me quieran, me encaprichare tratando de conseguir lo que ya se ha ido, y no podre disfrutar realmente de lo que es el amor.

El amor es una acción de compartir. Entre más feliz pueda hacerme a mi mismo, a mi misma, más podré hacer feliz a los demás, más encantadora seré y más tendré la libertad de escoger lo que realmente quiero y de permitir que las personas escojan su rumbo.

El antídoto contra el dolor-afectivo

Si te duele mucho que alguien no esté contigo, debes hacer lo posible por distraer tu atención en cosas que te gusten, inventa un mundo para ti, no te atormentes con pensamientos de que “hiciste las cosas mal”, porque eso sólo te hará sentir más pequeño y poco valioso. Debes amarte antes que a nadie más, y una de las formas de amarte es aceptarte como eres, incluso con tus debilidades y equivocaciones. Ningún ser humano podrá hacerte sentir más valioso o valiosa si tu no lo haces contigo. Y si tu te tratas con negligencia y abandono, y con sentimientos de que “no vales“, así te percibirá y trataran los demás.

Aprende a verte siempre con dignidad, no permitas cosas que no quieres sólo por mantener a alguien a tu lado. Insiste siempre en enderezar tu espalda y tu corazón. Y cada vez que duela su ausencia, explícale a tu corazón que dejar a alguien libre es la mayor muestra de amor. Si vuelve a tu lado, que lo haga porque realmente te ama y acepta así como eres.

Intentar darte felicidad cuando peor te sientes, es la mayor muestra de amor por ti. Quizá no sientas ganas de intentar nada nuevo, pero puedes empezar a animarte escuchando música, leyendo libros de comprensión emocional, enfocándote en un proyecto nuevo. No permitas que el dolor te hunda, tienes que jalar al corazón hacia lo que quieres y no hacia lo que no está. Enfocarte en tu felicidad atraerá a tu mundo una forma más libre y grandiosa de ver, sentir y vivir tu vida.