Malvinas: La otra Historia MegaPost

Para los jóvenes, Malvinas es historia del presente


Malvinas: La otra Historia MegaPost


guerra


COMO ARGENTINO, TE INVITO A QUE ESCUCHES EL HIMNO NACIONAL ARGENTINO Y DE LAS ISLAS MALVINAS MIENTRAS LEES EL POST, NO POR MI, NO POR VOS, SINO POR LOS "HÉROES DE MALVINAS"


link: http://www.youtube.com/watch?v=1BJPW8YmP_U&feature=fvst



link: http://www.youtube.com/watch?v=9DFPp3Dqjkk&feature=related


A 30 años de la guerra por la soberanía de las Islas Malvinas, un recorrido por la prensa de entonces señala que la mayoría de los medios acompañó, y en muchos casos alentó, la euforia ciudadana que despertó el desembarco.

La población se lanzó a las calles y llenó la Plaza de Mayo. Los medios llamaron a la población a manifestarse mientras el presidente Leopoldo Galtieri gritaba desde el balcón: “si quieren venir que vengan, les daremos batalla”.

Clarín titulaba el 2 de abril “Euforia popular por la recuperación de Malvinas” y La Nación se sumaba días después con un “Alborozo ciudadano por la reconquista de Malvinas”.

La Razón, el 2 de abril de 1982, horas después de iniciarse el conflicto, titulaba: "Se recupera una zona de gran riqueza" y desde Córdoba, La Voz del Interior decía: "Argentina reconquista las islas Malvinas".

El título que eligió Crónica fue "Argentinazo:¡Las Malvinas recuperadas!" y la sexta edición de La Razón afirmó en la tapa: "En las Malvinas hay gobierno argentino".

Sólo tres periodistas argentinos fueron a las Malvinas a cubrir la guerra: Nicolás Kasanzew de Canal 7, y Diego Pérez Andrade y Carlos García Malod, ambos de la agencia estatal Télam. Los medios oficiales estaban controlados por el Gobierno de facto y no dejaban filtrar ninguna noticia que se contradijera con el discurso oficial de triunfalismo.

Desde Buenos Aires, era muy limitada la información genuina que los medios podían levantar.

Las páginas de revistas como Gente o Somos se llenaron con fotos e imágenes de jóvenes de 18 años “dando la vida por la patria”, aunque no todas coincidieron en su postura frente al conflicto.

La revista Gente publicó un título simbólico, que quedó grabado en el imaginario colectivo de la Argentina: "Estamos Ganando", decía su tapa del 6 de mayo de 1982. Siete días después, el siguiente número fue titulado "Gran Bretaña asesina".

El 27 de mayo insistió con "Seguimos ganando" y detalló: "6 buques hundidos, 16 averiados, 21 aviones y 16 helicópteros derribados. Estamos destruyendo la flota británica". Por aquella época, el ejército del Reino Unido había desembarcado en San Carlos, un hecho nada alentador para los soldados argentinos.

La revista Somos también fue parte de la tendencia triunfalista. El 9 de abril de 1982 publicó un número extraordinario titulado: "Victoria ¿Y ahora qué?". El 15 de junio, cuando la derrota era una realidad innegable, el título fue "Perdimos la guerra, no perdamos el país".

La revista Humor intentó ser crítica desde la ironía. Algunos de sus titulares fueron: "Relaciones interiores, ¿nos hicieron la cama?", con un dibujo de Margaret Thatcher y Alexander Haig en la alcoba, en mayo de 1982, y "Nos invaden cada 176 años", en el mes de junio.

La revista La Semana publicó un artículo del prestigioso periodista Jack Anderson en el que se decía que el futuro de la guerra de Malvinas era, para la Argentina, poco promisorio. La visión crítica desencadenó una ola de censura gubernamental que se extendería en poco tiempo a varios medios.

El diario Buenos Aires Herald tampoco se plegó al sentir nacionalista, tal vez porque los militares no entendían inglés. Pero, ningún medio tenía una fuente propia, nadie hablaba de los muertos, ni de las condiciones en las que estaban los soldados, ni de las estrategias reales para poder ganar una guerra, que parecía perdida de antemano.

Las preguntas llegaron después, cuando hubo que anunciar la derrota y nadie pudo creerlo, ante los titulares previos que sólo hablaban de victoria.

El 14 de junio de 1982 la Junta Militar admitió la caída, que costó la vida de 649 argentinos.


Además, hoy a partir de las 17 comenzarán las vigilias de los ex combatientes llegados desde distintos puntos del país, tanto en Ushuaia como en Río Grande. El discurso de la jefa de Estado será al mediodía en la Plaza Islas Malvinas, junto a un monumento que representa el mapa del archipiélago y cerca de un cenotafio con los nombres de los caídos en combate.

En tanto, los ex combatientes iniciarán la vigilia en una carpa instalada en esa plaza, mientras que en Río Grande harán lo propio ex soldados que combatieron en las islas y representantes de los pueblos originarios acompañados por los habitantes de la ciudad. En el acto central del 2 de abril habrá cuatro o cinco oradores, incluida la Presidenta, mientras que llegarán funcionarios nacionales, embajadores, gobernadores y ex combatientes de todo el país.

En el Paseo de las Rosas se inaugurará el museo Pensar Malvinas, en tanto la bandera argentina que ondea en la Plaza será cambiada por una nueva, donada por la Administración Nacional de la Seguridad Social (Anses) y que llegará desde Buenos Aires junto a ocho ex combatientes. La enseña patria es reemplazada todos los años, ya que el fuerte viento que azota la ciudad en forma permanente, termina por dañar el paño nacional. (Télam)



malvinas


En 1966, un avión de línea argentino, secuestrado por un grupo nacionalista, aterrizó en las Islas. Los pasajeros fueron alojados por malvinenses y de esa convivencia nacieron amistades. A raíz de las noticias sobre ese hecho, el autor de esta nota trabó una estrecha relación con habitantes de Malvinas. En esa época se esbozó un acuerdo por la soberanía y nació un proceso de intercambios forjadores de una esperanza que sería destruida en 1982.



soldados


Amanece el 28 de Septiembre de 1966, sobre un disputado territorio del Atlántico sud. El frío azota la tierra, pero no mucho más que en la vecina Patagonia. En los campos de ambos lados las ovejas pastan parsimoniosamente, y de cuando en cuando son minuciosamente esquiladas. Claro está que en este caso los esquiladores hablan castellano; y en el otro, inglés.

Esa mañana, José Booth, chileno de nacimiento pero ciudadano británico por ser hijo de inglés, advierte que un avión de línea, un cuatrimotor DC 4 está sobrevolando Puerto Stanley. Vestido con su overall blanco de Jefe electricista de la "Compañía", supone que la nave está en emergencia. Deduce que se está dirigiendo hacia la pista de carreras de caballos, y subiendo a un Land Rover se dirige hacia allí.

Cuando llega encuentra la nave empantanada en el blanco suelo malvinense. Ve abrirse una de las compuertas. En menos de un minuto es introducido en ella, donde un par de docenas de jóvenes armados lo toman prisionero. Encabezaba el grupo Dardo Cabo, militante nacionalista, hijo del dirigente gremial de igual nombre. Parece que alguien del grupo quiso ejercer violencia sobre él, pero Cabo impuso orden. Le debo la vida, me dijo muchos años más tarde José, sin darme mayores explicaciones. Era el llamado Operativo Cóndor. La aventura terminó y un barco de la Armada Argentina, el Bahía Buen Suceso, el primero desde 1833, entró en Puerto Stanley y trajo al grupo de vuelta al continente.

Los pasajeros del avión ajenos al hecho fueron, por algunos días, alojados en casa de familias malvinenses. Fue el primer contacto real entre la Argentina continental y la insular desde el arrebato de las islas por Gran Bretaña. Y, por supuesto, ambos grupos pudieron verificar que la convivencia era algo posible, más allá de la disputa. Así nacieron algunas amistades que perduraron epistolarmente.

II


En 1966 la República Argentina y Gran Bretaña estaban tratando la solución del conflicto, tal como ordenaba la Resolución 2.065 de las Naciones Unidas. El plazo de la entrega era el escollo principal. 99 años pedían los ingleses, y nuestros representantes no más de tres o cuatro. El resto estaba claro.

El trato era de gobierno a gobierno. Los isleños no formaban parte del asunto, pero sus intereses, no su voluntad, estaban contemplados en el convenio que se trataba de elaborar. La palabra autodeterminación no figuraba en el texto.

III


Es necesario decir que en 1966 las Islas Malvinas eran uno de los más olvidados rincones del Imperio Británico, con un atraso real respecto a la vecina Patagonia difícil de creer. Tenían un solo medio de comunicación con el mundo, el Darwin, pequeño barco mixto de carga y pasajeros, que una vez al mes iba a Montevideo con lana, y volvía con todo lo que se necesitaba en las Islas. Desde la correspondencia hasta un par de zapatos. Y algunos escasos pasajeros. Tenía unos estrechos camarotes y muy pocas comodidades.

Había solamente un pequeño hospital, con un médico, un odontólogo y algunas enfermeras. Una escuela primaria. No tenía aeropuerto y solamente había un pequeño hidroavión que recorría las estancias. Carecían de alimentos frescos, leche y carne, salvo la de los corderos. Pese a ser una isla, el pescado no era un alimento común. Cocinaban en antiguas cocinas del siglo anterior, y quemaban turba, un maloliente semifósil que abunda en ellas. No había radio, salvo un sistema de propalación por cable. De televisión ni hablar. Contaban con teléfono y correo.

Las diversiones eran escasas. Había dos bares y el alcohol se consumía en mayor medida que la aconsejable. Era todo un problema. También un pequeño cine parroquial operado precisamente por José Booth, nuestro personaje tomado como rehén.

Más de medio centenar de isleños eran radioaficionados, y uno de ellos, Tony Hardy, fue el que difundió al mundo lo del avión de Aerolíneas aterrizado por la fuerza. José Booth también era radioaficionado y varios miembros de su familia también lo eran. La más activa era su esposa Mary.

IV


Debo manifestar que soy radioaficionado desde 1959. Los días posteriores al Operativo Cóndor, escuché a dos mujeres radioaficionadas que conversaban animadamente Cada estación de radioaficionado tienen su prefijo, por ejemplo el mío es LU2KU. Las dos primeras letras LU significan Argentina. Y la letra K significa Tucumán. Las dos mujeres hablaban castellano y por prefijo supe que una de ellas era uruguaya. La otra era VP8DR, y no me sonaba para nada el indicativo. Resultó ser el de Malvinas. Cuando terminaron de conversar, llamé a VP8DR y entramos en conversación. Era la primera vez que lo hacía con las islas. Cuando me dijo su nombre, Mary Booth, le pregunté si tenía alguna relación con José Booth, cuyas fotos habían aparecido en Panorama y otras revistas. Es mi marido, me dijo sencillamente, y me pidió si podía enviarle algunos ejemplares de publicaciones sobre el tema. Le dije que por supuesto que sí. Hasta algunas páginas de LA GACETA llegaron a Las Malvinas en ese entonces. Nació así una amistad de casi treinta años, que se interrumpió con su muerte. Hablábamos casi todos los días luego del almuerzo. Y formábamos parte de un grupo de una docena de aficionados argentinos, uruguayos, malvinenses y chilenos. Una especie de barra de amigos, reunidos por el éter.

Cuando se casó una de las hijas, Nancy, me invitaron al casamiento. Todavía era muy difícil viajar a las islas. Cuando yo me casé, hice otro tanto, y en ese día recibí de ellos un telegrama que aún guardo. Emitido en las primeras horas de la mañana, lo recibí en Villa Quinteros al mediodía.

V


A Maruja, así la llamábamos, la conocí personalmente en Montevideo en 1967. Había ido en procura de salud al Hospital Británico de aquella ciudad, después de navegar cuatro días en el Darwin, nave que me hizo conocer en esa oportunidad. Y a través de nuestras conversaciones y cartas, supe cómo estaban cambiando las Islas, y en especial las relaciones entre ambos países. Primero llegó el avión. La Armada Argentina inauguró un servicio de hidroaviones con Comodoro Rivadavia. Luego la Fuerza Aérea hizo una pista de aterrizaje y LADE puso en funcionamiento un servicio regular. Luego YPF instaló una planta de almacenaje llamada Antares. El kerosén sustituyó la turba y cocinas y estufas fabricadas en Rosario o en Córdoba se vendieron en las islas. Los isleños, me decía Maruja, estaban asombrados por su calidad. Los vehículos andaban ahora con nafta y lubricantes fabricados en el continente. Después llegó el gas y distintas mercaderías argentinas.

Los isleños comenzaron tímidamente a visitar Comodoro Rivadavia primero, y luego Bahía Blanca. Alguno más audaz conoció Buenos Aires. José operaba ahora un cine profesional. Argentinos continentales visitaban a las Islas, entre ellos un grupo de la UNT, que filmó un documental en blanco y negro.

Niños de las Islas cursaban estudios secundarios en colegios ingleses en Buenos Aires, entre ellos Sandrita Booth, la hija menor de José y Mary. Eran becarios de la Cancillería Argentina. Un Coronel González Balcarce era el tutor de todos ellos. Maruja misma, que antes iba en el Darwin a Montevideo, para chequear su salud en el Hospital Británico uruguayo, ahora iba al Británico pero de Buenos Aires. Tomaba el avión de LADE hasta Comodoro Rivadavia, y de allí seguía hasta Buenos Aires. Lo que antes significaba ocho días de navegación, ahora lo hacía en minutos. Podía ir un día y volver al siguiente. Cuando había alguna urgencia médica, aviones de la Armada hacían vuelos sanitarios especiales.

Flameaba una bandera argentina en Stanley; estaba en la oficina de LADE. Dos maestras argentinas fueron enviadas por nuestro gobierno. Al poco tiempo, una se había casado con un isleño. Y un operario de YPF lo hizo con una malvinense.

Durante los 99 años de espera, probablemente un centenar de isleños y patagónicos se habrían casado entre ellos. Habría chicos con un abuelo en Londres y otro en Río Gallegos. Y seguramente isleños estudiarían en universidades de la Argentina continental. Todo ello durante 99 largos, difíciles, pero no imposibles años. Hacía falta, claro, una paciencia especial y un gran conocimiento de las relaciones internacionales, donde el tiempo se mide en décadas o en siglos. Hacía falta una gran sabiduría. Y no la hubo.

Estaba comenzando una incruenta pero larga solución, muy larga para algunos. Para el año 98 del convenio, las Islas ya estarían integradas con el resto del país, no por papeles firmados por diplomáticos sino por lazos familiares que, en definitiva, son los que forman las naciones. La soberanía caería por propio peso.

Pero vino la guerra. Y esa es otra historia.


dolor


Escribe César González Trejo (*)


Dentro de pocos días se cumplirán 29 años de la recuperación transitoria de las Islas Malvinas, Georgias del Sur y Sandwich del Sur.

En todo el país, los Centros de Ex Soldados Combatientes en Malvinas organizarán actos en el marco del Día del Veterano de Guerra y del Caído en Malvinas, con muestras, vigilias, inauguraciones, ofrendas, acompañados por un pueblo memorioso, agradecido y con fuerte identidad.

La Presidenta Cristina Fernández de Kirchner lo hará el 2 de abril en Río Gallegos, rodeada de Familiares de Caídos y de Veteranos de Guerra, en la ciudad donde yacen los restos de Néstor Kirchner, su compañero de la vida y de la política. Podrá homenajear a los Caídos y a los Combatientes en Malvinas, con el respaldo de hechos concretos en el reconocimiento de los protagonistas más directos de la batalla de 1982, así como en la defensa de nuestros derechos soberanos en Malvinas.


No podemos decir lo mismo de otras expresiones políticas. Por ejemplo, el acto que encabezará el Jefe de Gobierno porteño, Ing. Mauricio Macri, quien convocó el día 1º de abril frente al Monumento de Plaza San Martín.

El actual Jefe de Gobierno de la Ciudad, no se enteró que el 2 de abril es feriado inamovible, gracias a que los Veteranos de Guerra y los Familiares de los Caídos luchamos por obtener la Ley que así lo determina. Él prefiere realizar el acto el viernes 1º de abril, para no perderse el descanso del sábado.

Tampoco se enteró que existe una Ley que establece un Programa de Salud para Ex Combatientes de Malvinas en su propio Gobierno, al que le retacea presupuesto y apoyo, porque “cualquier polaco se puede atender en los hospitales de la Ciudad ” (sic).

Desde que asumió, se niega a cumplir con la Ley Nacional de Educación, que prescribe adecuar los contenidos educativos a lo dispuesto en la Constitución Nacional, que define a la Causa de recuperación de Malvinas y demás territorios usurpados por Gran Bretaña como una Causa inclaudicable del pueblo argentino. En cambio, distribuye entre los alumnos primarios de la Ciudad de Bs. As., materiales didácticos donde la figura del soldado es un guardia galés.

Su olvido de los Veteranos de Guerra incluye la no aplicación de las prioridades de vivienda, o el acceso al empleo público, ambos derechos consagrados por la Constitución de la Ciudad de Buenos Aires.

No se acuerda que en la Ciudad que debería gobernar, existe el Paseo Malvinas, que rinde homenaje a los 649 Héroes Caídos en las Islas, cuyas placas y árboles se encuentran deteriorados, la capilla destruida y la llama votiva ya no existe. Se deberá a que en la zona existen “mafias de extranjeros” que atentan contra el uso del espacio público por parte de la “gente de pro”, según su xenófoba expresión ante la ocupación del Parque Indoamericano en diciembre pasado.

En su viaje a Gran Bretaña de febrero de 2009, prometió que si llega a ser Presidente de la Argentina, restablecerá las relaciones “normales” entre los dos países, mientras sus interlocutores se frotaban las manos pensando en los millones de libras que ganarán con el saqueo de nuestros recursos naturales.

Coherente con esta postura tilinga y cipaya, dio instrucciones a su legisladora Paula Bertol para concurrir en febrero de 2010 ante el besamanos en el Foreing Office, el mismo día en que el Gobierno Nacional presentaba su protesta formal ante Londres por la instalación de la plataforma de exploración petrolera Ocean Guardian, y unos días antes que la Presidenta de la Nación y el entonces Canciller Taiana obtenían en Cancún el apoyo unánime de los países latinoamericanos repudiando la nueva agresión unilateral británica.

En cuanto a la seguridad, le compró a la Policía Metropolitana uniformes idénticos a la policía londinense y equipos para realizar espionaje a ciudadanos argentinos, y no encontró mejor excusa para designar al “Fino” Palacios, que el haber recibido la recomendación de las Embajadas de Gran Bretaña e Israel.

Por cierto, los Ex Soldados Combatientes en Malvinas no deseamos ser homenajeados por el Ing. Macri, que se saca fotos con una niña pobre durante la campaña, pero reduce a su mínima expresión los presupuestos sociales de la Ciudad –que, aún así, ni siquiera ejecuta-, forma grupos de matones para sacar a los indigentes de la vía pública, y tiene atrapada a la Ciudad en una red de negocios de empresarios amigos.

Gracias, Mauricio. La memoria de los Héroes de Malvinas requiere ejemplaridad, militancia, compromiso con los más humildes, patriotismo.

Por eso, no te vamos a acompañar en tu acto de campaña. Preferimos estar el 2 de abril con los vecinos de Lugano y de Soldati, en el Paseo Malvinas del Parque Indoamericano, ese que vos abandonaste a su suerte, para echarle la culpa después a los vecinos.

Preferimos compartir el Día del Veterano de Guerra y del Caído en Malvinas con los trabajadores organizados, que pusieron su sangre para recuperar la democracia y cuyos hijos pusimos el cuerpo para recuperar las Malvinas. Con las madres que construyeron su duelo a pesar de la hipócrita y claudicante dirigencia política que, como vos, pronto formará parte del pasado.

(*) Ex Soldado Combatiente en Malvinas



sentimientos



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corazon

Por Michael Donhauser (dpa)

Londres, 31 mar (dpa) - Cuando en el Reino Unido sale el tema de las islas Malvinas, los primeros que se hacen oír son los viejos militaristas. Una mezcla de orgullo nacional y capricho, y otro poco de sentido común dominan las discusiones sobre el archipiélago 30 años después del conflicto bélico con Argentina.

Un grupo de veteranos de la guerra escribió hace poco al gobierno diciendo que el Reino Unido necesita hacerse rápidamente de un portaaviones, de lo contrario se cierne otra amenaza de un ataque de Argentina a las islas del Atlántico Sur.

El secretario de Defensa británico, Philip Hammond, desestimó esa posición al asegurar que "no hay necesidad" de "reforzar" militarmente las islas porque los aviones de la Fuerza Aérea argentina tienen más de 40 años. "Los rápidos jets británicos en las islas son más que suficientes", afirmó.

El 2 de abril de 1982, la junta militar que gobernaba argentina ocupó el archipiélago, un territorio de ultramar británico desde 1833. Los apenas 80 soldados ingleses estacionados allí no tenían ninguna chance y tuvieron que capitular.

El gobierno en Londres, liderado por la conservadora primera ministra Margaret Thatcher, se lanzó con bombos y platillos a la guerra.

Fue un conflicto bastante sangriento: alrededor de 1.000 soldados perdieron la vida. Más de 300 argentinos murieron tan sólo en el controvertido hundimiento del crucero General Belgrano. Pocas semanas después, se produjo la victoria británica.

Los argentinos tuvieron que retirarse de las Malvinas (Falklands, para los británicos), lo que supuso la estocada final para la dictadura que imponía su régimen de terror desde 1976 y permitió la transición hacia la democracia.

A pesar del ruido de sables que parece manar de algunas conversaciones, todos los expertos descartan actualmente la posibilidad de una nueva ofensiva militar por parte de Argentina.

No sólo no pareciera buscarlo el gobierno de la presidenta Cristina Fernández de Kirchner, sino que, desde el punto de vista militar, sería un suicidio. Incluso aunque lo quisiera, Argentina no tiene los medios ni la potencia militar para volver a embarcarse en un conflicto armado de esa magnitud.

Sin embargo, la victoria política final en el Atlántico Sur no parece completamente afirmada 30 años después de la guerra.

Las Malvinas son apreciadas por los británicos. La base militar en la que hasta hace poco el príncipe Guillermo cumplió una instrucción militar como piloto de helicóptero cuesta mucho dinero. El transporte y la logística son complejos y costosos. Prácticamente sólo es posible abandonar la isla por aire.

Así y todo, el primer ministro británico, David Cameron, reitera: "La voluntad de los habitantes de las islas cuenta". Y estos quieren cualquier cosa, menos ser argentinos.

Más allá de todos los juramentos de fidelidad de los políticos británicos, el experto del diario "The Guardian" Peter Preston no cree que las islas sean del Reino Unido por siempre.

"En algún momento se venderán las Falklands", dice. El precio podría ser negociado entonces en petrodólares. Hace dos años, una empresa británica descubrió petróleo en la cuenca de las Malvinas. En total, se estima que podrían hallarse allí reservas de 60.000 millones de barriles.

Argentina quiere llevarse su tajada y, según los expertos, es probable que lo logre. "Se encontrará un camino para participar a Argentina", dice Victor Bulmer-Thomas, del reconocido centro de investigación londinense Chatham House.

Por eso, Argentina presiona a Londres y a los 3.000 habitantes de las Malvinas con una pinza político-económica. Las frutas y verduras son algo bastante inusual en el clima duro de las islas del sur y deben ser importadas.

"Ellos (los argentinos) hacen de todo por complicarnos la vida", se queja Joost Pompert. El holandés vive desde hace varios años en las Malvinas y se desempeña como experto en pesca para el gobierno británico. "Ayer pagué 2,80 libras por tres bananas", dice.

Además, Buenos Aires logró dificultar el atraque de barcos con la bandera de las islas en los puertos latinoamericanos gracias a la solidaridad de los demás países. La consecuencia son los altos precios.

Argentina también puso fin a toda colaboración en la pesca, que representa el 60 por ciento de la economía de las Malvinas. "Habíamos fijado la cuota de pesca para una especie de bacalao en 50.000 toneladas y pescamos nuestras 25.000. Argentina pescó 60.000", afirma Pompert.



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¿Cómo aprenden los jóvenes sobre el conflicto del Atlántico Sur? El cine, la música, los videos, los diarios se han convertido en herramientas tan o más importantes que el clásico manual.



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Cuando a Julián Vallejo (17) le preguntan sobre el conflicto de Malvinas, él opina : "no estábamos preparados para la guerra". Y no se detiene en lo que haya visto en el colegio sobre el tema, sino en Roger Waters. "En sus recitales, en Buenos Aires, Roger Waters ha pedido que se identifiquen los cuerpos de los ex combatientes que están enterrados como NN", afirma Julián, que cursa tercer año del Polimodal en la Normal. A unas cuadras de la Normal, en la escuela Sarmiento, una alumna de la primaria llora sobre el hombro de su maestra. Le dan vuelta las imágenes de "Iluminados por el fuego", el laureado filme de Tristan Bauer que - sobre un libro de dos ex soldados- pone el foco en los suicidios de ex combatientes. Apenas dos ejemplos que muestran que, si hay un capítulo de la historia argentina que en la agenda escolar no huela a manual, este es el "Tema Malvinas". A 30 años de la guerra, las nuevas generaciones "aprenden" qué pasó el 2 de abril de 1982 desde múltiples abordajes: por el cine, por la música, por el diálogo con sus padres (muchos de los cuales crecieron cantando "Tras un manto de neblina", por los diarios y demás medios de comunicación; y por la escuela, que trata de sistematizar las vertientes que se acaban de enumerar para desarrollar un tema que es pura historia presente.

La profesora Ana Cudmani enseña en el Gymnasium y en la Sarmiento. Rescata los espacios de jornadas y talleres, como los que desarrollan los alumnos de esos colegios universitarios, desde el Centro de Estudiantes o el Club Colegial,

Sin embargo, opina que el uso de recursos como el cine debe ir acompañado por un debate posterior, con uso de bibliografía ad hoc, para contextualizar el hecho, y para que no quede sólo el impacto emocional. Añade que desde el ámbito de la enseñanza de la historia es importante encarar los contextos, los procesos. "Yo veo la guerra de Malvinas en el marco de la dictadura del 76, y las consecuencias que trajo la derrota. También lo contextualizo en el marco de los procesos de colonización", señala. Reconoce, a su vez, que la desclacificación de archivos de la guerra que eran secretos (en el caso de Estados Unidos) ofrece la posibilidad de llevar al aula mucha información nueva sobre el tema. Pero la clave, enfatiza, está en presentar en el aula los proceso históricos como problemas, como conflictos. "Yo creo que el hecho de problematizar, de hacerlos pensar, de ver distintas interpretaciones, es lo mejor de la historia", concluye.

Las voces
Desde el Club Colegial Gymnas, que organiza para este martes distintas actividades por el 2 de abril, el alumno Roberto Tagashira recuerda que en el colegio analizaron el conflicto en el marco de lo que significó el golpe de Estado del 76 ("una estrategia oportunista" para quedarse en el poder, afirma) y como parte de los procesos de descolonización. "La profesora nos recomendó el libro de (Eric) Hobsbawm "La era del imperio", sobre los procesos de descolonización", afirma Tagashira, que reconoce que le hubiera gustado "tener Malvinas como un punto del programa". "Me dejaron un libro que se llama "Pensar Malvinas", del ministerio de Educación, para que se trabaje en el aula. La idea para la jornada es pasar algún documental de canal Encuentro, desde la primera invasión inglesa a las Malvinas, en 1833, en adelante, e invitar a un especialista en Ciencias Políticas a que nos hable del tema", apunta.

En el colegio Nueva Concepción, los alumnos Horacio Medina Raed (17) y Patricio Benito (16) cuentan que el año pasado se acercaron al conflicto de Malvinas escuchando radio de la época. La idea fue del profesor de Física, Gastón Tannuré. "La propuesta era invitarlos a los chicos a hacer un ejercicio de escucha; estaba el curso en absoluto silencio, y se escuchaban audios de la época, de Galtieri, de soldados, de periodistas, de la gente de la calle opinando, de Thatcher (en inglés), de políticos y en el campo de batalla. Ha sido una doble intención: llevarlos a los chicos atrás en el tiempo y reflexionar sobre Malvinas desde la perspectiva de varios actores", recuerda Tannuré.

Desde la dirección del Nueva Concepción, la profesora de Historia Lucía Vidal opina que con esas actividades se intenta romper con el concepto del alumno pasivo. "Nos interesa que la actividad sirva para refexionar sobre la construcción de la democracia. Se busca generar conciencia crítica, más allá de la efeméride", señala.

les pregunta a Horacio y a Patricio qué es lo que más les ha impactado del conflicto de Malvinas y de los audios que escucharon en el colegio. Ellos recuerdan que entonces vieron en esos audios "el clima triunfalista primero (el "si quieren venir que vengan" de Leopoldo Fortunato Galtieri) y el de la derrota después (los comunicados del Ejército). "También me ha impresionado en su momento la decisión política de ir a la guerra. Ahora sé que fue una estrategia de la dictadura para perpetuarse en el poder. Si hubiéramos ido por la vía diplomática, hubiéramos estado más cerca de recuperar las islas", opina.

A Patricio, en cambio, le ha impresionado el destino de muchos de los ex combatientes. "Me impresiona - enfatiza - que a tantos jóvenes les han quitado la oportunidad de vivir, y muchos han regresado con vida, pero las huellas de esa guerra los persiguen para siempre".



Los ex combatientes, una figura de unión


Heroes

Para los jóvenes que militan en distintos partidos políticos, el "tema Malvinas" está más anclado en el presente que en el pasado. Y, más allá de las diferencias, hay una figura de unión, la de los ex combatientes. Y otra que perturba, la de los kelpers, aunque ello no empaña la coincidencia sobre la soberanía argentina sobre las islas.

El justicialista Christian Arroyo reivindica de cabo a rabo el accionar de la presidenta Cristina Fernández de Kirchner en torno del tema. "Pensamos lo que piensa nuestra presidenta; y no sólo es una cuestión de "bajada de línea", sino que se trata de defender lo nuestro, lo que es parte de nuestra Argentina. Más allá de que hoy esas tierras estén habitadas por ingleses, respetamos la decisión de nuestra presidenta de reclamar la soberanía, así como los actos en homenaje a los ex combatientes, que fueron jóvenes que lucharon en defensa de esa soberanía", afirma el dirigente de la Juventud Peronista.

Desde la Juventud Radical, Williams Fanlo reconoce que, en lo personal, tiene sentimientos encontrados. "Si bien la Argentina tiene legítimos reclamos sobre las islas, creo que se ha usado el tema Malvinas para politizarlo. Y hago cargo a todos los partidos políticos. La soberanía no se discute; sin embargo, si en la bandera de la soberanía estamos todos juntos, los ex combatientes están olvidados. El número de suicidos entre los ex combatientes ya supera a los que cayeron durante el combate en las islas. Estamos en deuda con los ex combatientes", afirma Fanlo, que integra la línea alfonsinista "Red Federal". Matías Zurita, de Proyecto Sur, coincide en la reivindicación de la soberanía territorial. Sin embargo, opina que el Gobierno incurre en contradicciones políticas. "No se puede declamar soberanía sobre el territorio Malvinas por un lado y entregarles a grupos concentradados la cordillera por el otro. Por un lado hay un gobierno que se declara progresista, utiliza un sentimiento nacional, apelando a un sentimiento de patrimonio, lo utiliza para ganar un debate posicional dentro del progresismo. Pero en los hechos entrega posesiones estratégicas, no solo tiene que ser soberanía territorial, sino política. Lo que nos parece es que , en pleno siglo XXI, no pueden existir actos aberrantes como el del ministro inglés diciendo que somos un país colonialista. En lo que discordamos es en el doble discurso. Para hacer soberanía hay que mirar del mar para adentro, también", señala el dirigente de Proyecto Sur.

Coincidente con Zurita, Leonardo Torrente, del Partido Obrero (PO), observa que el accionar del gobierno sobre el tema Malvinas es contradictorio. "Por un lado habla de soberanía, y por el otro está entregando recursos naturales, minería y petróleo", afirma Torrente. En lo que se diferencia respecto de los otros referentes de juventudes es en su respuesta sobre la "solución diplomática". "La negociación diplomática llevaría a una soberanía compartida, con intervención de los Estados Unidos en las negociacones, con el beneficio de los Estados Unidos y de Inglaterra sobre la pesca y el pertróleo", observa Torrente.

En parte, Facundo Cabral, desde la Juventud Justicialista Libertaria (JJ)L), comparte ese argumento. Dice que la cuestión Malvinas tiene que ver con la soberanía "tanto interna como externa"; que la guerra fue una "estrategia oportunista de una dictadura que compartía la misma política económica que los ingleses; y que expuso a una juventud que estaba lejos de tener la preparación indicada para ese tipo de conflicto, "tal como lo muestra el informe Rattenbach". Opina, además, que la vía diplomática es el ámbito adecuado para discutir el tema Malvinas. Pero que no debe quedar sólo sujeto a la ONU ("que mantiene el status quo", afirma) sino también al aporte de organismos de negociación regionales.



Ex combatientes, en "guerra" con el Estado


Los veteranos continúan reclamando mejores tratamientos médicos, subsidios y que se reconozca la tarea que cumplieron en las islas. Uno de los requerimientos es que la asistencia sea brindada por personal civil y no militar, como ocurre ahora. Tres situaciones distintas de los involucrados


Los manuales de historia aseguran que la Guerra del Atlántico Sur se inició el 2 de abril y concluyó el 14 de junio de 1982, después de que las tropas argentinas no lograran resistir la ofensiva británica en su intento por recuperar las Islas Malvinas, Georgias y Sándwich del Sur. Sin embargo, para miles de ex soldados conscriptos que participaron de una u otra manera en aquel conflicto bélico, con apenas 18 ó 19 años, la rendición de las Fuerzas Armadas lideradas por el Gobierno de facto de Leopoldo Galtieri lejos estuvo de marcar el final del combate.

En ese universo de chicos convertidos hoy en hombres, la batalla se mantiene inconclusa, ya que la Guerra de Malvinas es un tema recurrente, cotidiano, de permanente debate, mientras insisten en sus reclamos de pensiones, reconocimiento o al menos una ayuda estatal básica que les permita concentrar las energías en objetivos menos traumáticos.

También demandan, casi 30 años después de la finalización de los combates, una asistencia médica integral a cargo de personal civil -no militar, como ocurre hasta el momento- y que sirva realmente para evitar que continúe en aumento la nómina de suicidios de posguerra: 439 hasta febrero pasado, de acuerdo con la presidenta Cristina Kirchner.

Para comprender mejor la problemática derivada de la guerra es importante destacar que existen tres grandes grupos de ex soldados que entienden que el Estado nacional está en deuda con ellos:

• Los que combatieron en las islas o en su zona de influencia.

• Los que cumplieron tareas de logística y defensa del litoral marítimo durante el conflicto.

• Los que permanecieron acuartelados (en el continente), pero no viajaron al sur.

En la actualidad, sólo aquellos que cruzaron a Malvinas y enfrentaron a las tropas británicas por aire, tierra o mar en el archipiélago o en los alrededores de las islas están reconocidos formalmente como Veteranos de Guerra, con pensiones y beneficios que reciben de parte del Estado desde 1991.

De todas maneras, este grupo de ex conscriptos, al igual que los otros dos, también plantea demandas insatisfechas y exige el cumplimiento de la Ley 23.109, que determina la realización de una Convocatoria Nacional de Salud para evaluar a los soldados, más una reparación histórica con el pago de pensiones adeudadas entre 1982 y 1991. Se trata de una suma de dinero que rondaría los $ 400.000 y beneficiaría a más de 8.000 veteranos, indicó Gustavo Pirich, uno de los líderes de la agrupación "Alternativa 28 de Marzo (M28)".

Pirich sostuvo que en 2008 el actual vicepresidente de la Nación, Amadou Boudou, había reconocido esa deuda y se había comprometido a saldarla, cuando se desempeñaba como director de la Anses, pero luego desconoció ese acuerdo, por lo que unos 1.000 soldados iniciaron un juicio contra el Estado, exigiendo el pago de la recomposición histórica. Este grupo de ex combatientes reclama también al Gobierno que avance en la promulgación de un régimen jubilatorio especial, que permita a los soldados retirarse a los 45 años, tras una antigüedad laboral de dos décadas. La guerra dejó como saldo 649 muertos argentinos, pero de regreso al continente más de 1.500 veteranos incluidos en el sistema de pensiones del Estado fallecieron, muchos debido a enfermedades o porque se quitaron la vida.

En la nómina de caídos durante la guerra también figuran 17 bajas de soldados nacionales registradas en el litoral marítimo patagónico, donde unos 8.000 ex conscriptos cumplían tareas de logística y de defensa de las bases aéreas desde las que se atacaba a la flota enemiga. Esos muchachos, que en 1982 se desempeñaron bajo el mando de los mismos jefes militares que lideraban las operaciones en las Islas Malvinas, integran en la actualidad un segundo grupo de ex conscriptos que aún pugnan por reconocimiento formal de parte del Estado como Veteranos de Guerra. Estos ex soldados demandan honores y beneficios, y desde hace más de cuatro años acampan en la Plaza de Mayo, frente a la Casa Rosada, como parte de un reclamo que cuenta con el respaldo de organizaciones de derechos humanos.

Los integrantes del campamento TOAS (Teatro de Operaciones del Atlántico Sur), que días atrás realizaron una protesta en la Torre de los Ingleses, en Retiro, denuncian que en la década de 1990 un pacto "político-militar" los excluyó del universo de ex veteranos reconocidos.

Este grupo, en el que conviven paracaidistas que no llegaron a saltar en Malvinas por motivos climáticos con ex conscriptos que dicen haberse tiroteado con soldados británicos en la base área de Comodoro Rivadavia, pide el cumplimiento de las leyes 23.118 y 23.848 (en su texto original) y que el Estado reconozca que todos ellos figuran en los padrones de ex combatientes que elaboraron las Fuerzas Armadas.

Finalmente, un tercer grupo de ex conscriptos que no viajaron al sur y sólo permanecieron acuartelados durante el conflicto bélico también reclama asistencia por parte del Estado, a modo de compensación por el presunto "año psicológico producido durante aquellos meses de tensión. Se trata de los ex soldados que lograron que el ministro del Interior, Florencio Randazzo, los atendiera tras una serie de manifestaciones y cortes en la Avenida 9 de Julio, sumados a un mediático disturbio producido en marzo de 2011 después de la apertura de las sesiones ordinarias en el Congreso.


argentino


Media docena de nuevos libros sobre la guerra de las islas Malvinas han desembarcado estos días en las librerías de Buenos Aires con motivo del trigésimo aniversario del conflicto anglo-argentino, que se cumple el lunes próximo.

La efemérides acarreó además la reedición de una decena de ensayos, recopilaciones históricas e investigaciones periodísticas, como es el caso "Malvinas, la trama secreta", uno de los clásicos locales sobre el conflicto desatado el 2 de abril de 1982.

En "Lágrimas de hielo" la periodista Natasha Niebieskikwiat pone ahora al descubierto abusos y tormentos que "no pocos" soldados argentinos sufrieron de parte de sus oficiales superiores, asunto que ha llegado a la Corte Suprema de Justicia argentina para que determine si se trató de crímenes de lesa humanidad.

"El fervor popular impidió ver las carencias de los soldados argentinos, "en su mayoría prácticamente sin instrucción militar, pero para muchos de ellos el peor enemigo no estuvo en el bando contrario sino, paradójicamente, en el propio", comenta Niebieskikwiat.

Mientras, el también periodista Gonzalo Sánchez ha volcado años de investigación en el libro "Malvinas, los vuelos secretos", acerca de pilotos de Aerolíneas Argentinas que volaban a Libia, Sudáfrica e Israel para conseguir armas y traerlas al país en medio de las persecuciones de Reino Unido y sus aliados de la OTAN.

"Es una historia de heroísmo civil en medio de una dictadura feroz y una guerra absurda", comentó Sánchez.

En "Rabinos de Malvinas" Hernán Dobry saca "a la luz" la historia de los cinco religiosos que fueron enviados a las islas como apoyo espiritual para los soldados judíos, "la primera y única vez en la historia del país que un sacerdote de otra fe que no sea la católica formó parte de las Fuerzas Armadas".

"Guerra de Malvinas: imágenes de una tragedia", de Román Lejtman, se ofrece como la crónica "de una aventura militar que cambió para siempre" a Argentina e incluye "el papel de la CIA, los satélites de la Unión Soviética y la influencia de Fidel Castro y Augusto Pinochet" en el conflicto bélico.

Lejtman relata además "el hambre de los soldados argentinos, la mediocridad de los miembros de la junta militar y el robo de los millones del Fondo Patriótico" organizado para solventar la guerra y de cuyo destino desconocido nadie ha dado explicaciones.

En "Vidas marcadas, nuevas crónicas sobre Malvinas", Agustín Gallardo busca "recuperar la voz, el testimonio y las vivencias de protagonistas, testigos cercanos y actores secundarios de aquel conflicto".

La guerra, que concluyó el 14 de junio de 1982 y en la que murieron 649 soldados argentinos, 255 británicos y tres isleños, ha dado lugar a la novela histórica "Malvinas Operación Chaff - un secreto juego de espejos", del brigadier del aire Ernesto Víctor Michelli.

"Los personajes viven historias de amor y momentos de acción, sobre todo en los meses previos al conflicto y durante el tiempo en que se desarrolla", reseña el aviador militar acerca de su obra.

Después de tres décadas de la guerra se ha reeditado además "Fantasmas de Malvinas", una novela en la que el historiador Federico Lorenz cuenta las peripecias de un grupo guerrillero "en ese espacio perturbador en el que confluyen la violencia, la represión y las islas", como dice el autor.




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2 de abril

Unos 800 familiares de caídos en Malvinas viajaron durante estos 30 años a las Islas



Unos 800 familiares de caídos en la guerra de Malvinas viajaron a lo largo de estos 30 años a las islas para visitar el cementerio de Darwin y honrar la memoria de los 649 muertos durante el conflicto.

Los viajes fueron organizados por la Comisión de Familiares de Caídos en Malvinas, que congrega a unas 550 familias y es presidida por Delmira Cao, la madre del soldado maestro, Julio Cao, cuya famosa carta a sus alumnos será leída desde este año en todas las escuelas en homenaje a los caídos.

En Darwin se encuentran enterrados 237 combatientes -de los cuales 123 no están identificados- pero un monumento con enormes placas negras, inaugurado en 2009, recuerda el nombre de todos los muertos en el conflicto, incluidos los 343 tripulantes del General Belgrano, cuyos restos quedaron en el océano.

Según datos de la comisión, que tiene a su cargo la administración del cementerio, desde que terminó la guerra se realizaron un total de 27 viajes a Darwin con familiares y 2 a la zona del hundimiento del crucero.

A modo de balance de estos 30 años, el apoderado de la comisión, César Trejo, señaló que los familiares de los caídos "han transitado este tiempo con un duelo que encontró el necesario anclaje en la comprensión de que la pérdida personal tiene que ver con un proceso histórico, que nos excede a cada uno".

"Para cerrar el dolor personal hace falta esa mirada histórica, porque perder un hijo significa para cualquier persona el mismo dolor, pero cuando se encuentra un sentido en el contexto de la historia, empieza a tener una diferenciación con la muerte por un mero accidente", sostuvo en diálogo con Télam.

La comisión de familiares se conformó apenas concluida la guerra, en los mismos cuarteles o unidades militares donde padres, madres y hermanos se congregaban para buscar información sobre los seres queridos que no regresaron al continente.

"Rápidamente se materializó la necesidad de ir a las islas", recuerdó Trejo, y enseguida recordó que el primer intento fallido fue en 1983, cuando el barco Lago Lacar casi vuelca con 80 familiares a bordo por las difíciles condiciones climáticas.

Tras un largo período de negociaciones entre los gobiernos argentino y británico, el primer viaje de 381 familiares se realizó finalmente en marzo de 1991, coordinado por el Comité Internacional de la Cruz Roja.

"A partir del ´96 se hicieron viajes más cortos con vuelos charters y desde el ´99 vinieron los vuelos regulares", indicó Trejo, en referencia al acuerdo entre ambos países que reestableció los contactos aéreos semanales, con escala en Río Gallegos.

En 2009, se inauguró en Darwin un viejo anhelo de la comisión de familiares: un cenotafio que tardó 6 años en construirse en el continente, a cargo de los arquitectos Mónica Cordero y Carlos D`Aprile, y que consta de dos muros curvos de 26 metros de desarrollo y una altura de 2 metros, con 24 placas de granito que tienen grabados los nombres de los caídos en orden alfabético.

En el centro de los muros se levanta una cruz de 3 metros y en el extremo derecho se encuentra la ermita donde fue entronizada una imagen de la Virgen de Luján que recorrió 63 mil kilómetros en el continente, desde la Quiaca hasta la Base Marambio en la Antártida.

Si bien la comisión respeta el pedido de un grupo de ex combatientes -liderados por el CECIM de La Plata- de identificación de los soldados que permanecen como NN -con la leyenda "Soldado argentino sólo conocido por Dios"- advirtieron que "siempre existe el peligro latente de reabrir heridas de familiares que ya construyeron ese duelo".

"Si se convierte en un festival de huesos será algo muy oprobioso y doloroso. Vamos a acompañar el pedido sólo si existe unanimidad entre los familiares y se hace en un marco de respeto, resguardando la sensibilidad de todos", advirtió Trejo.

A diferencia de lo que piensan los ex combatientes, que solicitaron la intervención del Equipo Argentino de Antropología Forense para la identificación, los familiares sostienen que "no se puede equiparar" los muertos de Malvinas con los desaparecidos durante la dictadura militar.

"No hay un problema de identidad, sino de identificación de las tumbas. No hay desaparecidos en Malvinas y el motivo de las muertes fue distinta" explicó Trejo, aunque reconoce la existencia de abusos y torturas de soldados por parte de sus propios superiores, y que en algún caso la muerte se pudo haber producido por esos motivos.

Pese al 30 aniversario, no hay previsto para este año ningún nuevo viaje de familiares, a la espera de una definición en el tema de los vuelos regulares que llegan a las islas.

La presidenta Cristina Fernández de Kirchner apunta a renegociar con Gran Bretaña los acuerdos firmados en 1999 y, en ese marco, propuso aumentar la frecuencia de vuelos a las Malvinas pero desde Buenos Aires, y con servicios de Aerolíneas Argentinas.

"Por ahora, no vamos a hacer nada ni vamos a participar de nada que pueda ser usado por los británicos en su política de distención porque significa contradecir la política de endurecimiento del gobierno nacional para recuperar las islas", explicó el apoderado de la comisión.

En esa guerra murieron muchos argentinos, hubo también muchos heridos, y otros que aun padecen las secuelas morales de la contienda, eran muy jóvenes en su gran mayoría, y murieron defendiendo la soberanía de su patria, enarbolando una bandera que es la misma que nos acompañó cuando nuestro pueblo libró la batalla de la Independencia para consagrar una Nación libre, democrática y republicana. La misma que simboliza la unidad y la vida de nuestra Nación.

No cabe disminuir la honra a la memoria de nuestros muertos y heridos de Malvinas porque las decisiones políticas que condujeron a la guerra emanaran de una aberrante dictadura, que ilegítimamente ejercía el gobierno de la República, ni que la conducción armada fuera incorrecta. Deben permanecer eternamente en nuestra memoria las consecuencias que para nuestro pueblo tuvo el llamado conflicto del Atlántico Sur.

De la misma manera que el carácter dictatorial del gobierno argentino de entonces en nada mengua el sentido colonialista que reviste Inglaterra, manteniéndose en la ilegítima y violenta ocupación de nuestro territorio, ni la acción desleal o ilegal de los EEUU de América que, violando los acuerdos internacionales y los principios de política exterior que dicen sostener, apoyaron resueltamente al enemigo.

No olvidemos finalmente la cálida y generosa solidaridad de los pueblos hermanos de América Latina que dejaron en claro en que lugar debemos buscar apoyo los latinoamericanos.

El recuerdo del 2 de abril nos reclamará siempre, como decía Alfredo Palacios, prologando su libro sobre las Islas Malvinas, la resistencia obstinada al hecho cumplido que no es estéril, porque ha proporcionado, en primer término, un modelo y una lección para la enseñanza y el libro, y ha incorporado al derecho internacional actual la idea de que la de las Malvinas es una cuestión pendiente.

Finalmente, escribía Palacios: “¡Que los jóvenes mantengan encendido su idealismo y no entre en sus corazones ni la claudicación, ni la cobardía! Mas que toda cosa guardada, dice el Libro de los Proverbios, guarda tu propio corazón, porque de él brotan las fuentes de la vida”.

Son centenares los jóvenes cuyos restos mortales descansan en estas islas y los que aún hoy siguen sufriendo padecimientos físicos y psíquicos como consecuencia de esta guerra; por ellos y por la necesidad de proteger la memoria histórica, es que consideramos procedente:

* Ratificar, una vez más, la soberanía sobre las Islas Malvinas y demás islas del Atlántico Sur, los mares adyacentes y la porción correspondiente del Continente Antártico, derecho inalienable que no puede ser negociado de manera alguna; * Rendir homenaje a los hombres que, en defensa de su bandera y de la soberanía nacional, murieron heroicamente en la guerra de Malvinas; * Y declarar sobre la memoria de los compatriotas caídos, nuestro inquebrantable compromiso de no renunciar jamás a la justa reivindicación de esa parte del territorio argentino por medios pacíficos, es decir, con la fuerza que nos da la incontrastable legitimidad de nuestros derechos.





QUE DECÍAN LOS DIARIOS ???




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:Los héroes de malvinas no perdieron ninguna guerra. Su sangre y su honor nos devolvieron algo mucho más importante que nuestras islas, nos devolvieron la Democracia. Nos quitaron las vendas de los ojos y conquistaron nuestra libertad en el futuro. Gracias a ellos hoy podemos decidir nuestro futuro, si, con errores, con politicos que quizas no sean los mejores, pero el futuro de la Argentina NUNCA MÁS va a estar en manos de otro que no sea el PUEBLO. Honor y memoria a los veteranos y caídos



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