Dado el amor que siento por mi Córdoba y por el conservacionismo, me decidí a hacer un post bastante completo sobre lo que nos enorgullece, nos deleita y nos genera miles de incógnitas (a algunos).
En fin, el objetivo es darles a conocer sobre el legado Jesuítico que tiene desparramado en su territorio la provincia.
Todos estos monumentos, fueron declarados Patrimonio Cultural de la Humanidad (UNESCO, año 2000).


Intro básica sobre los sitios bajo el cuidado de UNESCO


Un lugar declarado Patrimonio de la Humanidad, es un sitio específico que ha sido nominado y confirmado para su inclusión en la lista mantenida por el Programa Patrimonio de la Humanidad, administrado por el Comité del Patrimonio de la Humanidad de la UNESCO.
El objetivo del programa es catalogar, preservar y dar a conocer sitios de importancia cultural o natural excepcional para la herencia común de la humanidad. Bajo ciertas condiciones, los sitios mencionados pueden obtener fondos de la fundación para la conservación del Patrimonio de la Humanidad. Fue fundado por la Convención para la protección de la herencia cultural y natural de la humanidad, que posteriormente fue adoptado por la conferencia general de la UNESCO el 16 de noviembre de 1972. Desde entonces, 184 países han ratificado la convención. La primera ciudad catalogada como "Patrimonio Cultural de la Humanidad" fue Quito en 1978, conjuntamente con la ciudad polaca de Cracovia.
Al año 2008, el catálogo consta de un total de 878 sitios, de los cuales 679 son culturales, 174 naturales y 25 mixtos, distribuidos en 145 países.
Cada sitio Patrimonio de la Humanidad pertenece al país en el que se localiza, pero se considera en el interés de la comunidad internacional y debe ser preservado para las futuras generaciones. La protección y la conservación de estos sitios son una preocupación de los 184 países que apoyan al Patrimonio de la Humanidad.


Manzana Jesuítica de Córdoba Ciudad


Córdoba: Histórica y Hermosa

“En Virtud y Letras”, así rezaba el emblema definido por San Ignacio de Loyola, padre fundador de la Compañía de Jesús, que marcó la misión evangelizadora y educativa en tierras americanas.
El 20 de marzo de 1599, las autoridades del Cabildo le donaron a la Orden Jesuita la manzana destinada originalmente a las monjas, para levantar allí su casa.
Años antes, en los mismos terrenos, los franciscanos habían erigido, con el esfuerzo de todos los pobladores, una ermita.
Por entonces, y según algunos relatos de la época, Córdoba albergaba a unos trescientos vecinos y alrededor de diez mil indígenas.
Así, el padre Rector Juan Romero tomó posesión de la actual Manzana Jesuítica, situada entre las calles Obispo Trejo, Duarte y Quirós, Caseros y la avenida Vélez Sársfield, en la que se emplazaba sólo la ermita que figuraba en la escritura de donación.


1 - Iglesia de la Compañía de Jesús y Capilla Doméstica


Córdoba


En 1606, sólo siete años más tarde de la adjudicación, ya se habían levantado los cuartos para la vivienda y una nueva capilla para reemplazar a la ermita. La Capilla Doméstica era un exquisito santuario que abarcaba el actual hall de ingreso de la Iglesia y cuya construcción finalizó aparentemente en el año 1668. Como característica arquitectónica muestra un increíble techo, armado con gruesas cañas tacuaras y recubierto de cueros de vaca posteriormente pintados. También se destaca el retablo, obra del arquitecto italiano Brassanelli, en el que sin dudas los artistas indígenas han puesto su sello.
En cuanto a la imponente Iglesia, su construcción sólo pudo lograrse gracias a la donación de un dilecto hijo de Córdoba: Manuel Cabrera, nieto del fundador de la ciudad.
Existen dudas sobre la fecha exacta del inicio de la edificación del templo, que se remonta a casi un siglo antes de la construcción de las estancias cordobesas. En este sentido, se encuentran varias piedras sapo (esteatita) inscriptas con los años en el que fueron terminadas las distintas etapas. A pesar de las imprecisiones, todos los indicios hacen presuponer que la Iglesia de la Compañía fue empezada hacia 1650 y su principal creador fue Felipe Lemaire, un ingenioso francés, constructor naval. Su idea era la de armar una estructura íntegramente de madera con forma de quilla de barco invertida. Para ello, viajó a las misiones del Paraguay para elegir personalmente las maderas que se utilizaron en el techo.
A ambos laterales de la nave principal, entre la nave del crucero y las torres, se erigieron dos capillas: la de los españoles a la izquierda, y la de los Naturales a la derecha.
Finalmente, después de la consagración en el año 1671, el templo fue decorado por innumerables artistas, entre finales del siglo XVII y comienzos del XVIII. Algunas de estas obras sufrieron un incendio en 1961.
Después de la expulsión de los jesuitas (1767) algunos elementos fueron sacados del templo: la puerta cancel que ahora se aprecia en la Catedral; el frontal de plata emplazado en la Iglesia de Santo Domingo y el tabernáculo que pasó primero a la Catedral y luego a la Iglesia de Tulumba

patrimonio

UNESCO


2- Colegio Monserrat


Año 2000


Por la segunda mitad del siglo XVII, la Universidad de los hijos de Loyola difundía su prestigio en todo el continente americano. Sin embargo, no contaban todavía con un Seminario o Colegio Convictorio y la importante afluencia de jóvenes que llegaban a Córdoba para estudiar, motivó su creación.
En 1687, el presbítero Ignacio Duarte y Quiróz firmó la escritura de donación a favor de la Compañía de Jesús, entre los que se encontraba la Estancia de Caroya.
Después de varios años de intentos y tratativas, el Colegio Convictorio Nuestra Señora de Monserrat abrió el 6 de abril de 1693, ocupando la antigua casa de los Duarte. Ésta constaba de un patio y siete habitaciones y fue agrandada a partir de nuevas donaciones, avanzando sobre la manzana.
Los días en el Convictorio no se parecían a los de un colegio actual. Los primeros alumnos del Monserrat eran internados en él, llevando una vida de tipo conventual, con actividades y horarios rígidos, saliendo hasta las aulas de la Universidad para escuchar sus lecciones y pasando sus vacaciones en la Estancia de Caroya. Y, como al Monserrat y a su fundador Duarte y Quiróz les habían otorgado las armas del monarca, los alumnos fueron conocidos por reyunos o colegiales del rey.
Prontamente sus instalaciones se vieron desbordadas por la gran afluencia de estudiantes y a comienzos del siglo XVIII se realizaron ampliaciones sobre la construcción original, la cual se llevó a un total de tres patios rodeados de habitaciones.
En el sótano del Colegio Monserrat, actual Museo Obispo Fray José Antonio de San Alberto, funcionó la segunda imprenta del territorio del Río de la Plata (la primera estaba en las misiones guaraníes). Esta imprenta constituyó un verdadero hito en la historia del Colegio y de los jesuitas en Córdoba que, sin embargo, tuvo muy corta vida porque desde sus primeras publicaciones, realizadas en 1766, hasta las últimas transcurrió sólo un año, hasta que la expulsión de la Orden obligó a cerrarla.
Luego de la expulsión, el Colegio Convictorio de Monserrat quedó bajo supervisión de la Junta de Temporalidades y la Orden de los Franciscanos se hizo cargo de la enseñanza. En 1782, el por entonces obispo de Córdoba Fray José Antonio de San Alberto, promovió el traslado del colegio a la actual esquina de Trejo y Duarte y Quiróz, y reformuló sus estatutos para no dejar vestigios de la educación jesuita, conforme a la orden del Virrey Vértiz.
Los acontecimientos de 1810 en adelante, que signaron el destino de nuestra República, fueron protagonizados por alumnos egresados del Monserrat: los doctores Juan José Castelli, Juan José Paso, Deán Gregorio Funes, Pedro Ignacio de Castro Barros, José Ignacio Gorriti y Eduardo Pérez Bulnes, entre otros.
Desde 1820 y por poco más de tres décadas, las direcciones tanto del Monserrat como de la Universidad, estuvieron a cargo de autoridades provinciales. Luego pasó a depender de la Nación a través de un decreto firmado en 1854 por Salvador María del Carril, vicepresidente de Urquiza y egresado del Monserrat.
Los cambios y transformaciones del escenario político nacional y provincial siguieron marcando el destino del Colegio y la Universidad. Durante la presidencia de Domingo F. Sarmiento (1868-1874) y la del monserratense Nicolás Avellaneda (1874-1880), la ex Manzana Jesuítica experimentó un notable crecimiento con científicos y profesores provenientes del extranjero, que impulsaron fuertemente el desarrollo de las ciencias, creándose en 1869 la Academia Nacional de Ciencias.
En 1907, bajo la presidencia de otro egresado del Monserrat, José Figueroa Alcorta (1906-1910), el Colegio Monserrat volvió a incorporarse a la Universidad Nacional, institución a la que estuvo ligado desde su creación.


manzana jesuitica


3 - La Universidad


estancias jesuiticas

Estatua en honor al Obispo Trejo y Sanabria


Luego de asentarse en la manzana, en 1599, los jesuitas se dedicaron a su misión: el apostolado y la educación.
Córdoba había sido elegida por varios motivos, principalmente su estratégica ubicación: en medio de las tres gobernaciones políticas (Paraguay, del Tucumán y Chile) que abarcaba la Provincia Jesuítica del Paraguay.
Nacía en el año 1610 el Colegio Máximo, donde se impartían inicialmente las cátedras de Teología (Moral), Latín (Humanidades) y una tercera referida a Artes (Filosofía).
En 1613, el Consejo de Indias y el Rey Felipe III aprobaron la facultad de otorgar grados académicos a la Compañía de Jesús en América y Filipinas.
Durante varias décadas los jesuitas enfrentaron el desafío de llevar adelante el Colegio Máximo con escasez de recursos y la continua llegada de jóvenes dispuestos a estudiar. El desarrollo de los emprendimientos rurales, las estancias jesuíticas, se destinaba a mantener todas las actividades de la manzana.
Entre 1735 y 1742 se realizaron nuevas obras de ampliación del Colegio Máximo, consistentes en dos plantas que poseían como elemento distintivo las bóvedas construidas por el arquitecto Giovanni A. Bianchi.
Tras la expulsión en 1767, la Universidad corrió igual suerte que el Colegio Monserrat, quedando bajo la dirección de los franciscanos, que también se dedicaban a la educación pero sin la capacidad de otorgar grados académicos.
Iniciado el siglo XIX, la Universidad pasó primero al gobierno provincial y después a manos de la Nación. En la etapa del gobierno de Urquiza, el ministro Santiago Derqui estableció un régimen de becas nacionales para que cada provincia enviara a cinco jóvenes a estudiar a Córdoba.
Los años transcurrían y el centro de altos estudios mantenía su prestigio, sostenido por toda la comunidad educativa.
A partir de 1860, el edificio de la Universidad fue reformado y decorados sus claustros: se abrieron la actual puerta principal, sobre la calle Obispo Trejo, y el jardín botánico del patio principal.
Artífice de los principales cambios en la educación académica del país, la Universidad de Córdoba cobijaba a jóvenes idealistas que por el año 1917 plantearon su rebeldía. En medio de una sociedad cordobesa cada vez más politizada, el por entonces rector Julio Deheza procedió al cierre del Internado del Hospital Nacional de Clínicas y lo comunicó al gobierno de Hipólito Yrigoyen, declarando los estudiantes la huelga general el 13 de marzo de 1918. El 11 de abril, el gobierno federal dispone la intervención de la Universidad y la reforma de sus estatutos, sobreviniendo numerosos incidentes dentro y fuera del claustro.
En junio, la Federación Universitaria Argentina reunida en Córdoba declara una huelga estudiantil nacional, con los objetivos de cambiar los obsoletos planes de estudios, propugnar la autonomía universitaria, el cogobierno y la elección democrática de las autoridades. La Reforma Universitaria de 1918 que se gestó en Córdoba y se irradió a todo el país, también repercutió en el continente americano.
En el marco de la declaración de Patrimonio Cultural de la Humanidad de la UNESCO, se realizaron distintas reformas en la sede del antiguo Rectorado y se creó el Museo de la Universidad.
Después de 315 años de vida, promociones enteras de estudiantes continúan siendo educados en "virtud y letras", los principios erigidos por los hijos de Loyola.


Las Estancias Jesuíticas


Córdoba: Histórica y Hermosa


Para que la misión evangelizadora y educadora pensada por San Ignacio de Loyola pudiera concretarse, necesitaban generar sus propios recursos. Fue así que entre los siglos XVII y principios del XVIII, la orden ignaciana, para lograr el mantenimiento de la Manzana Jesuítica, adquirió o construyó seis estancias en la región serrana: Caroya (1616), Jesús María (1618), Santa Catalina (1622), Alta Gracia (1643), La Candelaria (1683) y San Ignacio (1725). Esta última, ya desaparecida, estaba ubicada en la zona de Calamuchita.

1 - Estancia Jesuítica de Colonia Caroya - 1616


Córdoba


La Estancia Caroya fue el primer establecimiento rural organizado por la Compañía en 1616.
Fue adquirida en 1661 por el presbítero Ignacio Duarte Quirós (fundador del Colegio Convictorio Monserrat), quien la donó para sostenimiento del dicho Colegio y para que la casa sirviera de residencia de vacaciones para los internos del mismo. Entre 1814 y 1816 fue utilizada como fábrica de armas para el Ejército del Norte durante las guerras de la Independencia Nacional y en 1854 pasa a propiedad del Gobierno Nacional. En 1878 sirvió de residencia a los primeros inmigrantes friulanos que fundaron Colonia Caroya. Actualmente la Estancia es Monumento Histórico Nacional y Provincial.
Comprende la residencia organizada alrededor de un amplio claustro central, la capilla, el perchel, el tajamar, los restos del molino y de las acequias y de las áreas dedicadas a quinta. La Estancia se ubica en el sector oeste de la planta urbana de la ciudad de Colonia Carazo, 44 kilómetros al norte de la ciudad de Córdoba por ruta nacional Nº9.



patrimonio


UNESCO


2 - Estancia Jesuítica de Jesús María - 1618


Año 2000


La Estancia Jesús María fue el segundo núcleo productivo del sistema organizado por la Compañía de Jesús a partir 1618.
Esta estancia se caracterizó por su producción vitivinícola, que se ha prolongado en el tiempo constituyendo una característica de la zona.
El lugar incluye la iglesia, la residencia y la bodega, los restos de antiguos molinos, el perchel y el tajamar. Han desaparecido las construcciones destinadas a las habitaciones de indios y esclavos, así como los campos de cultivos y pastoreo. La iglesia, nave única abovedada, posee un exterior sobrio destacándose su importante cúpula central, ricamente ornamentada con bellos relieves en su interior, y la elegante espadaña de piedra ubicada junto a la sacristía.
Todo el complejo, hoy sede del Museo Jesuítico Nacional, se encuentra al noroeste de la planta urbana de la ciudad de Jesús María, 48 kilómetros al norte de la ciudad de Córdoba por ruta nacional Nº 9.


manzana jesuitica



3 - Estancia Jesuítica de Santa Catalina - 1622


estancias jesuiticas


Esta Estancia, fundada en 1622, es la más grande del conjunto que conforma el Patrimonio de la Humanidad.
Fue el gran centro de producción agropecuaria (con miles de cabezas de ganado vacuno, ovino y mular), amen del obraje con sus telares y aparejos, la herrería, la carpintería, el batan, los dos molinos, el gran tajamar y su alimentación subterránea de agua que venía desde Ongamira, en las sierras a varios kilómetros de distancia. Comprende la iglesia monumental, con su fachada barroca de influencia centroeuropea, la residencia con sus tres patios y locales anexos, las ruinas del noviciado, la ranchería (las habitaciones para esclavos), el tajamar, los restos de acequias y molinos.
Esta estancia se halla en un paraje rural a unos 20 kilómetros al noroeste de la ciudad de Jesús María, a 70 kilómetros de la ciudad de Córdoba por ruta nacional Nº 9 hasta Jesús María y luego por camino provincial secundario


Córdoba: Histórica y Hermosa


4 - Estancia Jesuítica de Alta Gracia - 1643

Córdoba


El templo es hoy la iglesia de la ciudad y en la residencia funciona el Museo Nacional "Casa del Virrey Liniers". Además, se destaca el famoso tajamar que ha pasado a ser un elemento que identifica a la ciudad de Alta Gracia.
Los Jesuitas desarrollaron construcciones que sirvieron a los fines productivos buscados. Así lo demuestra la creación de un obraje destinado a la producción textil, aunque la agricultura y la ganadería, en especial el comercio de mulas, fueron las bases de su economía.
La estancia incluye la iglesia, con su destacada fachada barroca, la residencia con sus patios locales anexos, el obraje, el tajamar, las ruinas del molino y el antiguo horno en el primer paredón del sistema de acequias. Se ubica en el corazón de la ciudad de Alta Gracia, frente a la plaza central, a 36 kilómetros al sudeste de la ciudad de Córdoba.


patrimonio


5 - Estancia Jesuítica de La Candelaria - 1683

UNESCO


La Estancia La Candelaria está enclavada en plena sierra.
Organizada y consolidada a partir de 1683, constituyó el mejor ejemplo de un establecimiento rural serrano productor de ganadería extensiva, fundamentalmente mular, destinado al tráfico de bienes desde y hacia el Alto Perú.
Comprende la Capilla, la residencia y los locales anexos, las ruinas de la ranchería (habitaciones destinadas a los esclavos), los corrales y los restos del tajamar, el molino y las acequias. Se trata de una tipología única de la provincia de Córdoba, constituyendo una situación intermedia entre fortín y residencia con santuario. Permite el desarrollo de un programa de turismo cultural rural y de naturaleza, con diversas actividades.
Esta estancia se ubica en el departamento Cruz del Eje, al noroeste del territorio provincial, aproximadamente a 220 kilómetros de la ciudad de Córdoba por ruta nacional Nº 38 y a 73 kilómetros de la ciudad de Cruz del Eje.

Año 2000


Bueno gente, ésa es la info, acompañada por lindas fotos.
Fuentes:
www.welcomeargentina.com/estancias
www.misioncordoba.tv
apuntes míos de la facu
Algunas de las fotos pertenecen a viajes de la facu o relevamientos en la ciudad.

Saludos Taringueros, y no se olviden de comentar!