Cuando estamos en el lecho de la muerte y otra una mano nos sujeta nuestra mano es un detalle que nos confirma que no estamos solos, que alguien nos acompaña hacia lo desconocido.
Cuando las propiedades ya no cuentan, cuando la salud desaparece, cuando nuestra vida se extingue... es curioso que el calor de un gesto es mucho más que todas las posesiones materiales y culturales que hemos ido almacenando con el tiempo.
Cuando nuestro cuerpo se va descomponiendo cuando, cuando el espíritu de la vida nos va abandonando poco a poco, cuando nos enfrentamos “solos” al igual que cuando nacemos y nos encaminamos a una nueva dimensión.
Cuando la ciencia ya no puede hacer más por nosotros, cuando dependemos de unas medicinas para seguir tratando de retrasar el caos y la desorganización de nuestro organismo, nuestro cuerpo ya no lo forman una serie de órganos perfectos en él que cada uno cumple solo y exclusivamente su función.
Aquel organismo del que siempre habíamos pensado que dirigíamos y que en los momentos de la muerte nos damos cuenta que nuestro Yo siempre había sido una ilusión... es en ese momento cuando necesitamos de una mano amiga.ahi es donde se extiende una mano amiga tratando de suavizar tu dolor.
2 comentarios
no, podría meditar. Eso ayuda mucho, segun dicen