Mitos Griegos - Cuarta Parte
La Odisea
La historia que narra ocurre luego de la caída de Troya en una guerra en la que Ulises, también conocido como Odiseo, se había destacado por lograr con su mente lo que no pudo lograrse por la fuerza.
Penélope y Telémaco:
Habiendo pasado diez años desde la caída Troya, Odiseo todavía no pudo volver a su hogar en el reino de Ítaca en Grecia. Mientras tanto Penélope, su esposa, resistía a los pretendientes que la cortejaban e intentaban convencerla de que el héroe griego había muerto.
Ayudada por Mentor, amigo fiel de Odiseo, Penélope crió al príncipe Telémaco, hijo de Odiseo. Telémaco anhelaba desesperadamente expulsar a los pretendientes de su madre, pero no tenía la confianza ni la experiencia para luchar contra ellos. Uno de los pretendientes, Antinoo, planeaba asesinar al joven príncipe y así eliminar el único obstáculo en su plan de dominar el palacio.

Lo que no sabían los pretendientes es que Odiseo aún estaba vivo en la isla Ogigia, de la bella ninfa Calipso, quien enamorada de él lo mantenía allí encarcelado. Ulises deseaba volver con su esposa e hijo pero no tenía forma de escapar.
Mientras los dioses del Monte Olimpo debatían el destino de Odiseo, la diosa Atenea decidió ayudar a Telémaco. Disfrazada de un amigo del padre de Ulises, lleva al príncipe a Pilos y Esparta, donde los reyes Néstor y Melenao, compañeros de Odiseo durante la guerra, le informan que su padre sigue vivo y atrapado en la isla de Calipso. Telémaco planea volver a su casa en Ítaca, pero Antinoo y los otros pretendientes lo esperaban con una emboscada con la que planeaban matarlo al llegar al puerto.

Mientras tanto, para rescatar a Odiseo, el dios de los dioses Zeus decide enviar a Hermes, quien logra persuadir a la ninfa Calipso de que permita a su prisionero construir un barco y abandonar la isla de Ogigia. De esta forma Odiseo recupera su libertad.

En su camino a Ítaca, Odiseo naufraga junto a la costa de Feacio y es rescatado por la joven Nausica, que se enamora de él y lo conduce al palacio de su padre, el rey Alcino. Durante la fiesta celebrada en su honor, Odiseo revela su verdadera identidad y cuenta a sus anfitriones las peripecias por las que tuvo que pasar durante la guerra de Troya y las desaventuras que le impidieron volver a Ítaca.
Los Cicones:
Luego de finalizar la guerra de Troya, él atacó por sorpresa Ismaro, ciudad de los cicones. Odiseo y sus hombres mataron a los cicones que se cruzaron en su camino, mientras quemaban las ciudades pertenecientes a los mismos y capturaban a sus mujeres; pero más tarde, por detenerse más de lo debido disfrutando del botin de guerra, llegaron refuerzos que atacaron a los invasores aqueos, matando a muchos de ellos. Esto forzó a Odiseo y a sus hombres a que huyeran en sus barcos, ahora con sus tripulaciones un tanto reducidas. Después de que escaparan, transcurrieron nueve días con un intenso temporal.
El pais de los Lotófagos:
Al décimo dia descubrieron, por fin, la costa de los lotófagos, los comedores de frutos de loto. Los hombres de Odiseo desembarcaron, extrajeron agua fresca de los pozos y prepararon la comida. Pero Odiseo estaba intrigado, la curiosidad no le dejaba reposar, deseaba averiguar qué clase de hombres habitaban aquella tierra. Por este motivo envió algunos de sus hombres a que explorasen el terreno.
Los exploradores se pusieron inmediatamente en camino y llegaron hasta donde habitaban los lotófagos. Éstos, muy hospitalarios, invitaron inmediatamente a aquellos extranjeros y los alimentaron. Los invitaron a probar los frutos de loto, dulces como la miel y tentadores. Tan pronto como los emisarios de Odiseo hubieron probado los embriagadores frutos de loto, dejaron de pensar en su misión y en el regreso a la patria. Sólo deseaban permanecer para siempre en compañía de los lotófagos, renunciando a su patria. El olvido se había apoderado de ellos.
Al comprobar Odiseo que sus emisarios no regresaban, la intranquilidad hizo mella en él. Quiso ir personalmente a buscar a sus amigos y los encontró felices y despreocupados entre los lotófagos. Pero el héroe arrastró por la fuerza a sus compañeros; nada se lo impidió, ni su obstinada negativa ni sus lágrimas. Los ató al banco de remeros de las naves para que no pudiesen huir y regresar con los lotófagos; tan grande era el seductor poder de éstos.
Odiseo ordenó luego que todos embarcasen rápidamente para no verse también él seducido por los tentadores halagos de los comedores de frutos de loto, olvidando entonces su verdadero objetivo: el regreso a su patria. Una profunda tristeza embargaba a todos, pero empujaron las naves al agua y remaron con fuerza hasta alcanzar mar abierta, muy, muy lejos ya del tentador País del Olvido.
Odiseo y Polifemo:
Posteriormente, llegaron a la isla de los cíclopes.En una caverna se encontraron con Polifemo, hijo de Poseidón. El gigante cíclope Polifemo atrapó a Odiseo y sus marineros en una cueva y se dispuso a comerlos uno por uno. Ante semejante perspectiva, Odiseo “el astuto”, aprovechando grandes fuentes llenas de uvas, junto a sus marineros, hace vino patero y se lo convida a Polifemo.
Polifemo, contento con el hallazgo, mientras bebe le pregunta el nombre a Odiseo, aclarándole que se lo comerá a lo último. Odiseo mientras hace todo el vino patero posible le dice: mi nombre es Nadie.
Polifemo, luego de beber muchos litros de ese vino patero, ya borracho se duerme tan profundamente que no puede impedir que Odiseo y sus hombres, con un gran palo que despuntan y queman en la punta, le claven el palo ardiente en su único ojo dejándolo ciego.
Polifemo con terrible dolor despierta ciego y empieza a manotear buscando a los hombres para vengarse. Odiseo le grita pegándose a un costado de la roca que cierra la salida de la caverna : -Yo: Nadie te he quemado.
Polifemo, furioso, golpea la roca despejando la salida, por donde Odiseo y sus hombres huyen hacia su barco y escapan.
Polifemo sale tropezando tras ellos y grita, pidiendo a los otros Ciclopes, ayuda, cuando los otros de lejos le preguntan que sucede Polifemo grita: Nadie me ha quemado el ojo.
Los otros cíclopes no entienden y piensan: debe estar loco y se retiran pues Nadie ataca a Polifemo.

Eolo, el dios del viento:
Odiseo, extraviado durante su regreso a Ítaca, fue a parar a los dominios de Eolo.
Éste acogió hospitalariamente al héroe y le obsequió, encerrados en sus odres, con los vientos contrarios a la ruta que debía seguir para navegar hasta su hogar.
Además, ordenó a Céfiro que acompañara a las naves para impulsarlas en la dirección correcta. La advertencia fue muy clara: si querían llegar a casa, no debían abrir los odres.
Una vez en el barco, los acompañantes de Odiseo, algunos por curiosidad, otros por recelo, aprovechando el sueño de su jefe incumplieron las órdenes de Eolo y desataron una horrible tempestad que duró varios días. A duras penas llegaron a la tierra de los Lestrigones, gigantes que comían carne humana como los cíclopes. A
medida que los barcos llegaban los hacían pedazos y se comían a la tripulación. Así acabaron con casi todos los expedicionarios. Sólo se salvó la embarcación de Odiseo ya que antes de entrar al puerto se dio cuenta de lo que ocurría, y se alejó.
Odiseo acudió entonces a Eolo para pedirle perdón por la desastrosa falta que habían cometido sus hombres, y a rogarle que volviera a encerrar en los odres a los vientos desfavorables. Pero Eolo, furioso por la irresponsabilidad, lo que hizo fue quitarles el viento Céfiro y expulsarles de sus islas.

La isla de Circe:
Luego de largos días y largas noches de navegación, llegan a la isla Aea en Cólquide, donde habita, en un palacio de mármol, la maga Circe. Los hombres enviados por Odiseo en exploración son recibidos por ésta, pero en el vino que ella les ofrece ha vertido un filtro que, a un gesto de la hechicera, transforma a los aqueos en cerdos. Odiseo se entera de la nueva por boca de Euríloco, el único que ha escapado al sortilegio. Gracias a un brebaje que Hermes (Mercurio) le suministra, Odiseo se vuelve invulnerable a estos sortilegios y obliga a la hechicera, amenazándola con su espada, a devolver a sus compañeros su primitivo aspecto.
Durante un año los navegantes descansan en la dulce isla encantada, gozando de los cuidados y placeres que les prodiga Circe, quien enseña a Odiseo el método para revelar el porvenir; único entre todos los mortales, descenderá al sombrío reino de los muertos y podrá interrogar al adivino Tiresias, el más sabio de cuantos sabios han existido.

Descenso a los infiernos:
Tras llegar al país de los Cimerios y realizar el sacrificio de varias ovejas, Odiseo visita la morada de Hades para consultar con el adivino Tiresias, quien le profetizó un difícil regreso a Ítaca. A su encuentro salieron todos los espectros, que quisieron beber la sangre de los animales sacrificados. Odiseo se la dio en primer lugar a Tiresias, luego a su madre Anticlea y también bebieron la sangre varias mujeres destacadas y algunos combatientes que habían muerto durante la guerra de Troya.
Odiseo sabe ahora lo que le espera: el nefasto canto de las sirenas, las acechanzas de Caribdis y Escila, la tentación de los rebaños del Sol.

Las Sirenas, Escila y Caribdis:
De manera que en el momento en que el navío llega a las proximidades de la Isla Dichosa, donde cantan las sirenas para atraer a los marinos y luego devorarlos, Odiseo tapa con cera los oídos de sus compañeros y él mismo se hace atar al mástil; seducido al oír el melodioso canto, hace esfuerzos desesperados por arrojarse al mar, pero sus compañeros, imposibilitados de percibirlo, reman vigorosamente y todos logran escapar al peligro.
Dos inmensas rocas se perfilan en el horizonte; sobre una de ellas, Escila yergue sus seis cabezas armadas de poderosos colmillos; oculto bajo la otra roca está Caribdis, quien tres veces por día aspira el agua del mar y devora los navíos, con sus tripulantes y todo aquello que acierta a pasar en las proximidades. Odiseo sabe que Caribdis es, de los dos, el más terrible, y lleva su embarcación hasta rozar la roca de Escila.
La pared rocosa, desierta y desnuda parece no ofrecer ningún peligro, pero los colmillos amenazadores aparecen sobre el puente del navío y arrebatan a seis de sus tripulantes, que desaparecen en una anfractuosidad de la roca. Lamentando la pérdida de sus camaradas, los marinos reman vigorosamente y sin descanso.

La Isla de Helios. Ogigia
Aparece la seductora costa de Sicilia. Los viajeros avistan las blancas terneras de Helios (el Sol), que pastan en los prados bañados por el mar.
Odiseo previene a sus compañeros contra la horrible suerte que espera a quien ose dar muerte a uno de esos animales. Pero dos días más tarde, aprovechando una de sus breves ausencias, e impulsados por el hambre, sus hombres degüellan a los animales de mayor tamaño y se disponen a asarlos. Odiseo vuelve al poco tiempo de producida la matanza, comprende inmediatamente, y se lamenta de su suerte y de la de sus compañeros.
Cuando la nave vuelve a partir, una negra nube oscurece el cielo, el viento barre las llanuras marinas, el rayo de Zeus cae sobre el mástil y precipita a los marinos en el mar embravecido. El hijo de Laertes se ve nuevamente solo, frente a las horribles fauces de Caribdis; logra salvarse asiéndose a las ramas de una higuera que pendían sobre el agua, y por algunos instantes que le parecieron interminables, esperó que las olas le devolvieran el mástil y la quilla de su barco.
Apenas advierte los restos del naufragio, se ‘deja caer sobre ellos, y remando con sus propias manos se aleja del lugar. Durante nueve días el náufrago se abandona al mar; a la noche del décimo siente que las vigas a las que se aferra tocan tierra firme; agotado, hace pie en una isla desconocida. Entre los escollos, las olas, dejadas ahora tras de sí, producen un. ruido infernal. Tendido sobre la playa, el héroe añora su patria lejana y tal vez perdida para siempre.
Odiseo fue arrastrado hasta la costa de Ogigia donde Calipso, la bella ninfa del mar, se enamoró de él y lo mantuvo prisionero durante ocho años, prometiéndole buena suerte e inmortalidad. Finalmente, Atenea intercedió ante los dioses y estos convencieron a la ninfa de que lo liberara.

Los feacios despiden a Odiseo. Llegada a Ítaca
Justo cuando comenzaba a ver el final de su viaje, Odiseo se topa con otra desgracia: el dios Poseidón, enfurecido por la humillación que le había infligido a su hijo Polifemo, envió una violenta tormenta que le hizo naufragar en la costa de Feacio. Y así es como termina la narración de Odiseo ante el rey Alcino quien, conmovido, le proporciona un barco para que pueda volver a Ítaca.
Acompañado por navegantes feacios, llega a Ítaca. Atenea le disfraza de vagabundo para evitar ser reconocido. Por consejo de la diosa, va a pedir ayuda a su porquerizo, Eumeo, el cual le informa de la arrogancia de los pretendientes de Penélope y de la fidelidad de ésta.
Atenea aconseja al joven Telémaco salir de Esparta y regresar a su hogar.Gracias a la ayuda de la diosa, el joven consigue eludir la trampa que los pretendientes le habían preparado a la entrada de la isla. Una vez en tierra, se dirige por consejo de la diosa a la casa de Eumeo, donde conoce al supuesto mendigo. Cuando Eumeo marcha a casa de Penélope a darle la noticia del regreso de su hijo, Odiseo revela su identidad a Telémaco, asegurándole que en verdad es su padre, a quien no ve desde hace veinte años. Tras un fuerte abrazo, planean la venganza, con la ayuda de Zeus y Atenea.
Oculto por su disfraz, Odiseo llega al palacio donde nadie lo reconoce excepto su fiel perro Argos y su antigua sirvienta Euriclea. Penélope cuenta al mendigo el engaño con el que había conseguido evitar la elección de un nuevo esposo entre sus muchos pretendientes: les prometía elegirlo una vez que hubiese terminado de tejer la mortaja para su suegro Laertes pero deshacía cada noche el trabajo realizado el día anterior. El ardid le funcionó hasta que una criada la traicionó, y Penélope no tuvo más remedio que completar su trabajo. La vuelta de Odiseo se produce en el momento en que los pretendientes intentan forzarla a tomar una decisión.
El certamen del arco
Aparece Penélope con un arco que Odiseo dejó en casa a su marcha a Troya. Promete a los pretendientes que se casará con aquel que consiga hacer pasar la flecha por los ojos de doce hachas alineadas. Uno tras otro, los pretendientes lo intentan, pero ni siquiera son capaces de tensar el arco. Odiseo pide participar en la prueba, ante la negativa de los demás. Tras la insistencia de Telémaco, le es permitido intentarlo. Con suma facilidad, Odiseo tensa el arco y consigue hacer pasar la flecha por los ojos de las hachas, ante el asombro de los presentes. A la señal de su padre, Telémaco se arma, preparándose para la lucha final.

La venganza
Antinoo, jefe de los pretendientes, se encuentra bebiendo cuando Odiseo le atraviesa la garganta con una lanza, dándole muerte. Ante las quejas de los demás, Odiseo responde con amenazadoras palabras, y los pretendientes temen por sus vidas. Se inicia la feroz lucha, con los numerosos pretendientes por un lado y Odiseo, su hijo y sus dos fieles criados por otro. Melantio, infiel cabrero de Odiseo, consigue armas, pero gracias a la ayuda de Atenea, todos aquellos que traicionaron a Odiseo van muriendo uno por uno. Los esclavos son colgados del cuello en el patio del palacio, mientras que Melantio es cortado en pedazos para que se lo coman los perros. Odiseo manda a Euriclea que haga fuego y limpie el patio con azufre. La esclava avisa a las mujeres que fueron fieles al héroe, que abrazan a su amo.

Penélope reconoce a Odiseo.
Después de que Odiseo matase a los pretendientes que se hospedaban en su casa, Odiseo manda a los presentes que vistan sus mejores trajes y bailen, para que los vecinos no sospechen de lo ocurrido. Con la ayuda de Euriclea, el héroe se presenta a Penélope, pero ella no le reconoce ya que ella estaba convencida de que él estaba muerto y el aspecto que tenía en ese momento no era el mismo que cuando se marchó a la guerra. Entonces, Odiseo describe el lecho conyugal del matrimonio, y cómo lo hizo él mismo de un olivo. Penélope, convencida ya, abraza a su esposo, que le narra sus aventuras, como por ejemplo el enfrentamiento que tuvo con Polifemo, el monstruo de Escila, cuando Circe convirtió en animales a todos sus marineros y así sucesivamente. Finalmente le cuenta que aún tendrá que hacer otro viaje, antes de terminar su vida en una tranquila vejez.

El pacto.
Las almas de los muertos viajan al Hades, donde cuentan lo ocurrido a Agamenón y Aquiles, compañeros del héroe en la expedición de los aqueos a Troya. Odiseo marcha a casa de su padre, Laertes, que se encuentra trabajando en la huerta. El hombre se encuentra envejecido y apenado por la larga ausencia de su hijo. Para ser reconocido, Odiseo le muestra la cicatriz y recuerda los árboles que en su infancia le regaló su padre. Mientras, los familiares de los pretendientes se juntan en asamblea, y piden venganza por la muerte de los suyos. Odiseo, su hijo y su padre, que se encuentran en la casa de éste, aceptan el reto, y da comienzo la lucha. Laertes dispara una lanza que mata al padre de Antinoo. Pero en ese momento cesa la lucha. Interviene la diosa Atenea, que anima a los itacenses a llegar a un pacto, para que juntos vivan en paz durante los años venideros.

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