Una de las adicciones más comunes de los varones es la masturbación. La adicción a la masturbación es la necesidad compulsiva de masturbarse. Es tan fuerte que el adicto no tiene la capacidad de mantenerse sobrio sin masturbarse. El proceso es el mismo que en cualquier otra actividad sexual adictiva (pornografía, homosexualidad, visitas a prostíbulos, visitas a saunas, etc.). Recurrir a la pornografía es usualmente uno de los principales precursores de la masturbación, pero pueden serlo las historias eróticas, homo-eróticas, y los videos “románticos”.



Contrariamente a las adicciones químicas (drogas, alcohol, tabaco), la masturbación es una adicción de proceso. En este tipo de adicción, la euforia, el clímax (el kick) llega como consecuencia de la liberación de endorfina y otras substancias similares en el cerebro. Estas substancias son producidas por el organismo propio. Cuando la mente y el cerebro se acostumbran a niveles elevados de estas substancias, procura obtener (o hacer producir al cuerpo) con mayor frecuencia una fuente de las mismas.

Se convierte en una sed que no se sacia.



Aspectos físicos: Como dijimos anteriormente, una vez que el cerebro se acostumbra a los químicos liberados por el orgasmo, comienza a ansiarlos. Entonces, el adicto aprende a llegar al clímax con mayor rapidez y con mayor frecuencia. (Se de gente que se masturba al menos cinco veces al día). Además el adicto se acostumbra a las sensaciones asociadas a la masturbación, y luego las actividades sexuales normales no le satisfacen (hay por ahí tantos maridos adictos). Ejercitando, le adicto se vuelve experto en actividades sexuales cortas, rápidas y con clímaxes rápidos/inmediatos. Esto por supuesto aftecta la sexualidad de pareja a la larga.

Aspectos Emocionales: La masturbación en si misma es egoísta y centrada en uno mismo. Cuando alguien se masturba, se acostumbra a tener sexo consigo mismo, pues no hay la necesidad ni la responsabilidad de satisfacer a otro. Como el sexo se convierte en un medio de obtener las necesidades físicas, se ignora la necesidad de la esposa/pareja y esto acarrea problemas relacionales. La esposa se vuelve un simple objeto sexual, destruyendo de esta forma la imagen de Dios en la pareja. Desde el punto de vista cristiano, la mayoría de las actividades masturbativas (adictivas) están acompañadas de lujuria (gay o hétero o una combinación de ambas), por lo tanto, la masturbación en esos casos es pecaminosa.