Escenas de la vida burguesa (Pablo Alabarces)

Aunque Pablo Alabarces nunca me cayo muy bien es una persona que de lo suyo sabe mucihisimo... muy interesante para escuchar o leer...

Y ademas, pensando que esta misma contratapa hay dias que la escribe Peña... esto es un lujo!!!


Escenas de la vida burguesa


La combinación de las vacaciones de invierno, vivir a cincuenta metros de un cine, una oferta irrenunciable de un supermercado y alguna tentación masoquista se desplegó en todo su dolor yendo a ver High School Musical.

La combinación de las vacaciones de invierno, vivir a cincuenta metros de un cine, una oferta irrenunciable de un supermercado y alguna tentación masoquista se desplegó en todo su dolor hace unos días, yendo a ver High School Musical al Rivera Indarte de Flores. Esos elementos precisaron de un catalizador: en este caso fue Laura, exactamente once años hoy, autodenominada “futura actriz internacional” y a la que le enviamos un sonoro beso en un nuevo aniversario de su fundación. Laura es la falsa sobrina que nunca falta cuando a uno le fallan los hijos como excusa; los míos me permitieron asistir a la reconversión de Disney y al estallido de Pixar en los noventa, pero hoy están más interesados en otras cosas, que aún no sé cuáles son.

Lo cierto es que con Laura fuimos al cine, para contemplar asombrados a algún centenar de niñas cantándose todas las canciones de la película. Dije niñas: no abundaban los varoncitos, lo que no significa que sean mejores públicos –en la sala de al lado daban 100% lucha, otro bodrio magnífico y postelevisivo, mucho más masculino que el que nos ocupa. Parece ser que a los varones no los convocaba ni siquiera la presencia de Liz Solari, tan bella como pésima actriz. En fin, “actriz”… una de las cosas a las que hemos tenido que acostumbrarnos en la cultura argentina es que los rótulos se ponen y se sacan con una liviandad estremecedora; cualquiera que circula por la tele o por el cine vernáculo, en cualquier oficio, inmediatamente se autotitula “artista”, porque resulta que el espectáculo mediático es arte.

En fin; sería tema para otra discusión si no estuviera vinculado a que el bodrio en cuestión, la “jaiesculmiúsical”, participó entusiastamente de ese sistema, armando sus elencos con un casting hecho programa televisivo, reproduciendo el esquema básico de todo el “arte” argentino contemporáneo: que lo puede hacer cualquiera, en tanto sea adecuada y oportunamente descubierto por la tele en alguno de sus programas ad hoc, Bailando/Patinando/Cantando, Gran Hermano, High School Musical, Talento argentino (otro bodrio, pero con buena prensa, por un extraño milagro de esos que pasan seguido). Pero no fui al cine para hablar de la tele y el arte; bueno, uno no va a ver ese cine para hablar de arte.

Como con algo me tenía que quedar, elegí a Andrea Del Boca, la única que da en el clavo paródico. Porque no hay ninguna posibilidad de entender esta película, este “producto artístico”, fuera de la parodia: y Del Boca actúa una parodia de sí misma. El resto, en cambio, incluso los actores “serios”, parece creer en lo que hace, pone las caras adecuadas (Mauricio Dayub, por ejemplo, en el momento más dramático de la película, pone cara de “papá preocupado por el dinero pero mucho más por la felicidad de su hijo que es lo único que importa, mire”). Pero los guionistas locales, sometidos al comando de la Disney, decidieron que era posible filmar una narración sin conflicto y nos ahorraron hasta el más pequeño, por lo que las caras serias no abundan. Lo que hay son catálisis que unen los cuadros musicales; el que quiera ver otra cosa, parece afirmar el productor, que busque el video de Chachi Telesco en la web. A la Chachi la echaron del casting por tener sexo.

Y es la mejor metáfora de la película: no hay sexo, no hay conflicto, no hay disturbios alimentarios (una chica gordita, nada más, en el fondo; los alumnos de la escuela comen ensalada y beben jugos), no hay política, no hay religión, no hay diferencia de clases (apenas un par de servidores, un repartidor y un paseador de perros, que no se distinguen de los protagonistas), no hay drogas legales ni legales (ni una birrita, ni un porrito, ni un mísero puchito). La película es el mejor ejemplo de una afirmación metodológica y teórica: los textos culturales no reflejan nada, sino que inventan mundos. En este caso, un mundo burgués perfecto; pero tan perfecto, que ni siquiera representa a los hijos de esa misma burguesía, que como todos sabemos beben, fuman, se drogan, tienen sexo y maltratan a los diferentes. Este fragmento de la cultura de masas argentina postula un mundo definitivamente feliz: un mundo inexistente, donde los blumberg cantan y bailan con los blumberg sin negritos ni drogas de diseño acechando y donde los seres humanos y humanas se reproducen por cigüeña, lo que evita el embarazo adolescente y la tentación abortista.

Un mundo Disney, en suma: una perfecta fantasía burguesa. Parece mentira, treinta y cinco años después, que tengamos que homenajear al libro Para leer al Pato Donald, de Ariel Dorfman y Armand Mattelart, tan setentista y a la vez tan actual.

Fuente: CRITICA DIGITAL

2 comentarios - Escenas de la vida burguesa (Pablo Alabarces)

@Carlos206
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