Todavía no se recupera la opinión pública mexicana del asesinato de cuatro periodistas en Veracruz, cuando los ojos del país giraron de nuevo hacia el norte, a la frontera con Estados Unidos. Y no es que hasta ayer no hubiera muertos, que los había: 20 en Durango; 12 en Sinaloa; 2 en Guerrero; los de Veracruz…). Pero la imagen de nueve cuerpos colgados de un puente en Tamaulipas ha congelado la sonrisa de un país que se desayuna cada mañana con una tragedia más sangrienta y macabra que la anterior.

Los cadáveres de nueve personas aparecieron ayer colgados en Nuevo Laredo, en el noreste de México, con señales de haber sido torturados, según fuentes oficiales. Lo más trágico es que las “fuentes oficiales” eran más prescindibles que nunca. Porque los cuerpos de los cinco hombres y cuatro mujeres, con los ojos vendados y colgados de un puente, estuvieron exhibidos durante horas en uno de los cruces viales más importantes de esta ciudad del Estado de Tamaulipas, considerado el “retrete” del país, según algunos analistas.

El cártel de los Zetas se atribuyó las ejecuciones de este grupo de sicarios del Cártel del Golfo, según la pancarta que dejaron también colgada junto a los cadáveres. “Así me los voy a ir acabando a todos los pendejos que mandes a calentar la plaza…” advertía el letrero.

Los soldados que patrullan la ciudad no habían terminado de limpiar la zona cuando encontraron los cuerpos de otras catorce personas decapitadas y metidas en bolsas negras dentro de un vehículo. Sus cabezas aparecieron a varias calles de ahí, dentro de heladeras portátiles y muy cerca del Ayuntamiento local.

Actualmente los Zetas se enfrentan a tiro limpio con el Cártel del Golfo, aliado del de Sinaloa, para arrebatarles el control del narcotráfico en este estratégico punto, fronterizo con Texas, por el que pasan armas, drogas, emigrantes y hasta órganos humanos para el tráfico ilegal. Una ciudad clave para la distribución de droga hacia la costa este de Estados Unidos.

La violencia se ha disparado en Nuevo Laredo desde que el mes pasado aparecieron 14 cuerpos descuartizados en un vehículo estacionado. Fue la tarjeta de presentación de Joaquín ‘el Chapo’ Guzmán, líder del cártel de Sinaloa, para anunciar que había llegado a la ciudad para limpiarla de “Zetas”.

El recrudecimiento coincide con una mayor presión del Ejército contra líderes de ese grupo criminal. De hecho, el rumor que corre entre el “crimen organizado” es que el Gobierno mexicano, ante la imposibilidad de ganar militarmente esta “guerra”, estaría favoreciendo al cartel de Sinaloa (del ‘Chapo Guzmán’) en su lucha contra los Zetas, más impopulares entre la población civil que otros grupos delictivos, ya que al tráfico de droga han sumado la extorsión hasta a los niveles más humildes. El Ejército mexicano asumió desde hace un año las labores de seguridad pública en Nuevo Laredo debido a la corrupción de las policías que actuaban en la zona.

Desde que en noviembre de 2006 el presidente Felipe Calderón llegó al poder, la guerra entre y contra los cárteles de la droga ha dejado 50.000 muertos en todo el país. Según las autoridades, el 90 por ciento de las víctimas están relacionadas con el crimen organizado.

Sin embargo, la versión oficial se da de bruces una y otra vez con una realidad que señala que cada vez mueren más inocentes . Este último jueves, cuando se celebraba el Día de la Libertad de Prensa, aparecieron en un canal de aguas negras de Veracruz los cuerpos de tres periodistas locales y cinco días antes había sido estrangulada en su casa Regina Martínez, corresponsal de la revista Proceso en Veracruz, fronteriza con Tamaulipas y el nuevo “epicentros del terror” para los periodistas, según las asociaciones de prensa de todo el mundo, movilizadas en su reclamo de mayor protección.